El Testamento de Abraham
Versión 1 — La Recensión Más Larga
El Testamento de Abraham Traducido por W.A. Craigie, De Ante-Nicene Fathers, Vol. 9. Editado por Allan Menzies. (Buffalo, NY: Christian Literature Publishing Co., 1896.)
Versión 1 1. Abraham vivió la medida de su vida, novecientos noventa y cinco años, y habiendo vivido todos los años de su vida en quietud, mansedumbre y justicia, el justo era sumamente hospitalario; pues, plantando su tienda en las encrucijadas junto al encino de Mamre, recibía a todos, tanto ricos como pobres, reyes y gobernantes, los mutilados y los indefensos, amigos y extraños, vecinos y viajeros; a todos por igual acogía el devoto, santo, justo y hospitalario Abraham; a todos — sobre él, sin embargo, vino la suerte común, inexorable y amarga de la muerte, y el fin incierto de la vida. Por tanto, Yahweh Yahweh, llamando a su arcángel Miguel, le dijo: Desciende, capitán en jefe Miguel, hasta Abraham y háblale acerca de su muerte, para que ponga en orden sus asuntos, porque lo he bendecido como las estrellas del cielo y como la arena a la orilla del mar, y está en abundancia de larga vida y de muchas posesiones, y se está haciendo sumamente rico. Más que todos los hombres, además, es justo en toda bondad, hospitalario y amoroso hasta el fin de su vida; pero ve, arcángel Miguel, hasta Abraham, mi amigo amado, y anúnciale su muerte y asegúrale así: En este tiempo partirás de este mundo vano, y dejarás el cuerpo, e irás a tu propio Yahweh entre los buenos.
2. Y el capitán en jefe partió de delante del rostro de Yahweh, y descendió hasta Abraham, al encino de Mamre, y encontró al justo Abraham en el campo cercano, sentado junto a yuntas de bueyes para arar, junto con los hijos de Masek y otros siervos, en número de doce. Y he aquí que el capitán en jefe vino a él, y Abraham, al ver al capitán en jefe Miguel que venía de lejos, semejante a un guerrero muy apuesto, se levantó y salió a su encuentro como era su costumbre, recibiendo y acogiendo a todos los extraños. Y el capitán en jefe lo saludó y dijo: Salud, padre muy honrado, alma justa escogida de Yahweh, verdadero hijo del celestial. Abraham dijo al capitán en jefe: Salud, guerrero muy honrado, brillante como el sol y el más hermoso entre todos los hijos de los hombres; eres bienvenido; por tanto te ruego, en tu presencia, que me digas de dónde ha venido la juventud de tu edad; enséñame, a mí tu suplicante, de dónde y de qué ejército y de qué viaje ha venido hasta aquí tu hermosura. El capitán en jefe dijo: Yo, oh justo Abraham, vengo de la gran ciudad. He sido enviado por el gran rey para ocupar el lugar de un buen amigo suyo, porque el rey lo ha llamado. Y Abraham dijo: Ven, mi señor, ve conmigo hasta mi campo. El capitán en jefe dijo: Voy; y entrando en el campo de la labranza, se sentaron junto a la compañía. Y Abraham dijo a sus siervos, los hijos de Masek: Id a la manada de caballos y traed dos caballos, tranquilos, mansos y dóciles, para que yo y este forastero nos sentemos sobre ellos. Pero el capitán en jefe dijo: No, mi señor Abraham, que no traigan caballos, porque me abstengo de sentarme jamás sobre bestia alguna de cuatro patas. ¿No es mi rey rico en mucha mercadería, teniendo poder tanto sobre los hombres como sobre toda clase de ganado? Pero me abstengo de sentarme jamás sobre bestia alguna de cuatro patas. Vayamos, pues, oh alma justa, caminando con ligereza hasta llegar a tu casa. Y Abraham dijo: Amén, así sea.
3. Y mientras avanzaban desde el campo hacia su casa, junto a aquel camino se alzaba un ciprés, y por mandato de Yahweh el árbol gritó con voz humana, diciendo: Santo, santo, santo es Yahweh Yahweh, que se llama a sí mismo para los que lo aman; pero Abraham ocultó el misterio, pensando que el capitán en jefe no había oído la voz del árbol. Y acercándose a la casa se sentaron en el patio, e Isaac, al ver el rostro del ángel, dijo a Sarah su madre: Mi señora madre, he aquí, el hombre que está sentado con mi padre Abraham no es hijo de la raza de los que habitan en la tierra. E Isaac corrió, y lo saludó, y se postró a los pies del Incorpóreo, y el Incorpóreo lo bendijo y dijo: Yahweh Yahweh te concederá su promesa que hizo a tu padre Abraham y a su descendencia, y te concederá también la preciosa oración de tu padre y de tu madre. Abraham dijo a Isaac su hijo: Hijo mío Isaac, trae agua del pozo y tráemela en el recipiente, para que lavemos los pies de este forastero, porque está cansado, habiendo venido a nosotros desde un largo viaje. E Isaac corrió al pozo y sacó agua en el recipiente y se la trajo a ellos, y Abraham se acercó y lavó los pies del capitán en jefe Miguel, y el corazón de Abraham se conmovió, y lloró sobre el forastero. E Isaac, al verlos llorar, también lloró, y el capitán en jefe, capitán en jefe cayó sobre el recipiente en el agua de la palangana y se convirtieron en piedras preciosas. Y Abraham, al ver la maravilla, y asombrado, tomó las piedras en secreto, y ocultó el misterio, guardándolo consigo en su corazón.
4. Y Abraham dijo a Isaac su hijo: Ve, hijo mío amado, a la cámara interior de la casa y adórnala. Extiende allí para nosotros dos lechos, uno para mí y otro para este hombre que es nuestro huésped hoy. Prepara allí para nosotros un asiento y un candelero y una mesa con abundancia de todo bien. Embellece la cámara, hijo mío, y extiende debajo de nosotros lino y púrpura y lino fino. Quema allí todo incienso precioso y excelente, y trae plantas de dulce aroma del jardín y llena nuestra casa con ellas. Enciende siete lámparas llenas de aceite, para que nos regocijemos, porque este hombre que es nuestro huésped hoy es más glorioso que reyes o gobernantes, y su apariencia sobrepasa a todos los hijos de los hombres. E Isaac preparó bien todas las cosas, y Abraham, tomando al arcángel Miguel, entró en la cámara, y ambos se sentaron sobre los lechos, y entre ellos colocó una mesa con abundancia de todo bien. Entonces el capitán en jefe se levantó y salió, como si por necesidad de su vientre para hacer aguas, y ascendió al cielo en un abrir y cerrar de ojos, y se presentó ante Yahweh, y le dijo: Yahweh y Maestro, que tu poder sepa que soy incapaz de recordar a ese hombre justo su muerte, porque no he visto sobre la tierra un hombre como él, compasivo, hospitalario, justo, veraz, devoto, que se abstiene de toda mala obra. Y ahora sabe, Yahweh, que no puedo recordarle su muerte. Y Yahweh dijo: Desciende, capitán en jefe Miguel, hasta mi amigo Abraham, y haz todo lo que él te diga, y come con él lo que él coma. Y enviaré mi Espíritu Santo sobre su hijo Isaac, y pondré el recuerdo de su muerte en el corazón de Isaac, para que aun él en un sueño vea la muerte de su padre, e Isaac relate el sueño, y tú lo interpretes, y él mismo conocerá su fin. Y el capitán en jefe dijo: Yahweh, todos los espíritus celestiales son incorpóreos, y ni comen ni beben, y este hombre ha puesto ante mí una mesa con abundancia de todos los bienes terrenales y corruptibles. Ahora, Yahweh, ¿qué haré? ¿Cómo le escaparé, sentándome a una misma mesa con él? Yahweh dijo: Desciende hasta él, y no te preocupes por esto, porque cuando te sientes con él, enviaré sobre ti un espíritu devorador, y consumirá de tus manos y por tu boca todo lo que haya en la mesa. Regocíjate junto con él en todo, solo interpreta bien las cosas de la visión, para que Abraham conozca la hoz de la muerte y el fin incierto de la vida, y disponga de todas sus posesiones, porque lo he bendecido más que la arena del mar y como las estrellas del cielo.
5. Entonces el capitán en jefe descendió a la casa de Abraham, y se sentó con él a la mesa, e Isaac les servía. Y cuando terminó la cena, Abraham oró según su costumbre, y el capitán en jefe oró junto con él, y cada uno se acostó a dormir en su lecho. E Isaac dijo a su padre: Padre, yo también quisiera dormir contigo en esta cámara, para que yo también oiga tu discurso, porque amo oír la excelencia de la conversación de este hombre virtuoso. Abraham dijo: No, mi
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[5, concluido] hijo, sino ve a tu propia cámara y duerme en tu propio lecho, no sea que seamos molestos para este hombre. Entonces Isaac, habiendo recibido la oración de ellos, y habiéndolos bendecido, fue a su propia cámara y se acostó en su lecho. Pero Yahweh echó el pensamiento de la muerte en el corazón de Isaac como en un sueño, y hacia la tercera hora de la noche Isaac despertó y se levantó de su lecho, y vino corriendo a la cámara donde su padre dormía junto con el arcángel. Isaac, por tanto, al llegar a la puerta clamó, diciendo: Padre mío Abraham, levántate y ábreme pronto, para que entre y me cuelgue de tu cuello, y te abrace antes de que te lleven lejos de mí. Abraham, por tanto, se levantó y le abrió, e Isaac entró y se colgó de su cuello, y comenzó a llorar a gran voz. Abraham, por tanto, conmovido en el corazón, también lloró a gran voz, y el capitán en jefe, viéndolos llorar, lloró también. Sara, estando en su cuarto, oyó el llanto de ellos, y vino corriendo hasta ellos, y los halló abrazándose y llorando. Y Sara dijo con llanto: Mi señor Abraham, ¿qué es esto que lloras? Dime, mi señor, ¿acaso este hermano que ha sido hospedado por nosotros este día te ha traído noticias de Lot, el hijo de tu hermano, de que ha muerto? ¿Es por esto que te afliges así? El capitán en jefe respondió y le dijo: No, mi hermana Sara, no es como dices, sino que tu hijo Isaac, me parece, vio un sueño, y vino a nosotros llorando, y nosotros al verlo fuimos conmovidos en nuestros corazones y lloramos.
6. Entonces Sara, al oír la excelencia de la conversación del capitán en jefe, conoció enseguida que era un ángel de Yahweh quien hablaba. Sara, por tanto, hizo señas a Abraham para que saliera hacia la puerta, y le dijo: Mi señor Abraham, ¿sabes quién es este hombre? Abraham dijo: No lo sé. Sara dijo: Tú conoces, mi señor, a los tres hombres del cielo que fueron hospedados por nosotros en nuestra tienda junto al encino de Mamre, cuando mataste el cabrito sin mancha, y pusiste una mesa delante de ellos. Después que la carne fue comida, el cabrito se levantó de nuevo, y mamó de su madre con gran gozo. ¿No sabes, mi señor Abraham, que por promesa nos dieron a Isaac como fruto del vientre? De estos tres hombres santos, este es uno. Abraham dijo: Oh Sara, en esto dices la verdad. Gloria y alabanza de nuestro Yahweh y el Padre. Porque tarde en la noche, cuando lavé sus pies en la palangana, dije en mi corazón: Estos son los pies de uno de los tres hombres que lavé entonces; y sus lágrimas que cayeron en la palangana entonces se convirtieron en piedras preciosas. Y sacudiéndolas de su regazo, se las dio a Sara, diciendo: Si no me crees, mira ahora estas. Y Sara, al recibirlas, se postró y saludó y dijo: Gloria sea a Yahweh que nos muestra cosas maravillosas. Y ahora sabe, mi señor Abraham, que hay entre nosotros la revelación de alguna cosa, sea mala o buena.
7. Y Abraham dejó a Sara, y entró en la cámara, y dijo a Isaac: Ven acá, hijo mío amado, dime la verdad, qué fue lo que viste y qué te aconteció, que viniste tan apresuradamente a nosotros. — E Isaac, respondiendo, comenzó a decir: Vi, mi señor, en esta noche el sol y la luna sobre mi cabeza, rodeándome con sus rayos y dándome luz. Mientras contemplaba esto y me regocijaba, vi el cielo abierto, y un hombre que llevaba luz descendió de él, resplandeciendo más que siete soles. Y este hombre, semejante al sol, vino y quitó el sol de mi cabeza, y subió a los cielos de donde había venido, pero yo me afligí grandemente porque me quitó el sol. Después de un poco, mientras yo aún me dolía y estaba muy turbado, vi a este hombre salir del cielo por segunda vez, y me quitó también la luna de sobre mi cabeza, y lloré grandemente e invoqué a aquel hombre de luz, y dije: No, mi señor, me quites mi gloria; ten piedad de mí y óyeme, y si me quitas el sol, déjame entonces la luna. Él dijo: Deja que sean llevados arriba al rey, porque él los desea allí. Y me los quitó, pero dejó los rayos sobre mí. El capitán en jefe dijo: Oye, oh justo Abraham; el sol que tu hijo vio eres tú, su padre, y la luna igualmente es Sara, su madre. El hombre que lleva luz y que descendió del cielo, este es el enviado de Yahweh que ha de tomar tu alma justa de ti. Y ahora sabe, oh muy honrado Abraham, que en este tiempo dejarás esta vida mundana, y pasarás a Yahweh. Abraham dijo al capitán en jefe: ¡Oh la más extraña de las maravillas! ¿Y ahora eres tú el que ha de tomar mi alma de mí? El capitán en jefe le dijo: Yo soy el capitán en jefe Miguel, que está delante de Yahweh, y fui enviado a ti para recordarte tu muerte, y entonces partiré a él como me fue mandado. Abraham dijo: Ahora sé que eres un ángel de Yahweh, y que fuiste enviado para tomar mi alma, pero no iré contigo; sino haz todo lo que te sea mandado.
8. El capitán en jefe, al oír estas palabras, desapareció inmediatamente, y ascendiendo al cielo se presentó ante Yahweh, y contó todo lo que había visto en la casa de Abraham; y el capitán en jefe dijo también esto a su Yahweh: Así dice tu amigo Abraham: No iré contigo, sino haz todo lo que te sea mandado; y ahora, oh Yahweh Todopoderoso, ¿manda algo tu gloria y tu reino inmortal? Yahweh dijo al capitán en jefe Miguel: Ve a mi amigo Abraham una vez más, y háblale así: Así dice Yahweh tu Yahweh, el que te trajo a la tierra de la promesa, que te bendijo más que la arena del mar y más que las estrellas del cielo, que abrió el seno de esterilidad de Sara, y te concedió a Isaac como fruto del vientre en la vejez: En verdad te digo que bendiciendo te bendeciré, y multiplicando multiplicaré tu descendencia, y te daré todo lo que me pidas, porque yo soy Yahweh tu Yahweh, y además de mí no hay otro. Dime por qué te has rebelado contra mí, y por qué hay aflicción en ti, y por qué te rebelaste contra mi arcángel Miguel. ¿No sabes que todos los que han venido de Adán y Eva han muerto, y que ninguno de los profetas ha escapado de la muerte? Ninguno de los que gobiernan como reyes es inmortal; ninguno de tus antepasados ha escapado del misterio de la muerte. Todos han muerto, todos han partido al Hades, todos son recogidos por la hoz de la muerte. Pero sobre ti no he enviado la muerte, no he sufrido que ninguna enfermedad mortal venga sobre ti, no he permitido que la hoz de la muerte te encuentre, no he permitido que las redes del Hades te envuelvan, nunca he deseado que te encuentres con mal alguno. Sino que para buen consuelo te he enviado a mi capitán en jefe Miguel, para que conozcas tu partida del mundo, y pongas tu casa en orden, y todo lo que te pertenece, y bendigas a Isaac, tu hijo amado. Y ahora sabe que he hecho esto no deseando afligirte. ¿Por qué, pues, has dicho a mi capitán en jefe: No iré contigo? ¿Por qué has hablado así? ¿No sabes que si doy permiso a la muerte y ella viene sobre ti, entonces vería si vendrías o no?
9. Y el capitán en jefe, recibiendo las exhortaciones de Yahweh, descendió hasta Abraham, y al verlo, el justo se postró sobre su rostro en tierra como muerto, y el capitán en jefe le contó todo lo que había oído del Altísimo. Entonces el santo y justo Abraham, levantándose con muchas lágrimas, cayó a los pies del Incorpóreo, y le suplicó, diciendo: Te suplico, capitán en jefe de las huestes de arriba, ya que te has dignado enteramente venir tú mismo a mí, pecador y en todo tu siervo indigno, te suplico aun ahora, oh capitán en jefe, que lleves mi palabra una vez más al Altísimo, y le dirás: Así dice Abraham tu siervo: Yahweh, Yahweh, en toda obra y palabra que te he pedido me has oído, y has cumplido todo mi consejo. Ahora, Yahweh, no resisto tu poder, porque yo también sé que no soy inmortal, sino mortal. Ya que, por tanto, a tu mandato todas las cosas ceden, y temen y tiemblan ante el rostro de tu poder, yo también temo, pero te pido una petición, y ahora, Yahweh y Maestro, oye mi oración, porque mientras aún estoy en este cuerpo deseo ver toda la tierra habitada, y todas las creaciones que estableciste con una palabra, y cuando vea estas, entonces si partiere de la vida estaré sin tristeza. Así que el capitán en jefe volvió de nuevo, y se presentó ante Yahweh, y le contó todo, diciendo: Así dice tu amigo Abraham: Deseé contemplar toda la tierra en mi vida antes de morir. Y el Altísimo, oyendo esto, mandó de nuevo al capitán en jefe Miguel, y le dijo:
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[9, concluido] Toma una nube de luz, y los ángeles que tienen poder sobre los carros, y desciende, toma al justo Abraham sobre un carro de los querubines, y exáltalo en el aire del cielo para que contemple toda la tierra.
10. Y el arcángel Miguel descendió y tomó a Abraham sobre un carro de los querubines, y lo exaltó en el aire del cielo, y lo llevó sobre la nube junto con sesenta ángeles, y Abraham ascendió sobre el carro sobre toda la tierra. Y Abraham vio el mundo como era en aquel día: unos arando, otros guiando carretas, en un lugar hombres apacentando rebaños, y en otro vigilándolos de noche, y danzando y jugando y tañendo arpas, en otro lugar hombres pleiteando y contendiendo en juicio, en otra parte hombres llorando y recordando a los muertos. Vio también a los recién casados recibidos con honra, y en una palabra vio todas las cosas que se hacen en el mundo, tanto buenas como malas. Abraham, por tanto, pasando sobre ellos, vio a hombres que llevaban espadas, empuñando en sus manos espadas afiladas, y Abraham preguntó al capitán en jefe: ¿Quiénes son estos? El capitán en jefe dijo: Estos son ladrones, que intentan cometer homicidio, y robar y quemar y destruir. Abraham dijo: Yahweh, Yahweh, oye mi voz, y manda que bestias feroces salgan del bosque y los devoren. Y aun mientras hablaba, salieron bestias feroces del bosque y los devoraron. Y vio en otro lugar a un hombre con una mujer cometiendo fornicación el uno con el otro, y dijo: Yahweh, Yahweh, manda que la tierra se abra y los trague, y enseguida la tierra se hendió y los tragó. Y vio en otro lugar a hombres horadando una casa, y llevándose posesiones de otros hombres, y dijo: Yahweh, Yahweh, manda que descienda fuego del cielo y los consuma. Y aun mientras hablaba, descendió fuego del cielo y los consumió. Y enseguida vino una voz del cielo al capitán en jefe, diciendo así: Oh capitán en jefe Miguel, manda que el carro se detenga, y aparta a Abraham para que no vea toda la tierra, porque si contempla a todos los que viven en maldad, destruirá toda la creación. Porque he aquí, Abraham no ha pecado, y no tiene piedad de los pecadores, pero yo he hecho el mundo, y no deseo destruir a ninguno de ellos, sino que espero la muerte del pecador, hasta que se convierta y viva. Sino toma a Abraham a la primera puerta del cielo, para que vea allí los juicios y las recompensas, y se arrepienta de las almas de los pecadores que ha destruido.
11. Así que Miguel volvió el carro y llevó a Abraham al oriente, a la primera puerta del cielo; y Abraham vio dos caminos, el uno angosto y estrecho, el otro ancho y espacioso, y allí vio dos puertas, la una ancha en el camino ancho, y la otra angosta en el camino angosto. Y fuera de las dos puertas vio allí a un hombre sentado sobre un trono dorado, y la apariencia de aquel hombre era terrible, como la de Yahweh. Y vieron muchas almas conducidas por ángeles y llevadas dentro por la puerta ancha, y otras almas, pocas en número, que eran llevadas por los ángeles por la puerta angosta. Y cuando el maravilloso que estaba sentado sobre el trono de oro vio a pocos entrar por la puerta angosta, y a muchos entrar por la ancha, enseguida aquel maravilloso se arrancó los cabellos de su cabeza y los lados de su barba, y se arrojó al suelo desde su trono, llorando y lamentándose. Pero cuando vio a muchas almas entrar por la puerta angosta, entonces se levantó del suelo y se sentó sobre su trono con gran gozo, regocijándose y exultando. Y Abraham preguntó al capitán en jefe: Mi señor capitán en jefe, ¿quién es este hombre muy maravilloso, adornado con tal gloria, que a veces llora y se lamenta, y a veces se regocija y exulta? El incorpóreo dijo: Este es el primer creado, Adán, que está en tal gloria, y mira sobre el mundo porque todos nacen de él, y cuando ve a muchas almas ir por la puerta angosta, entonces se levanta y se sienta sobre su trono regocijándose y exultando de gozo, porque esta puerta angosta es la de los justos, que lleva a la vida, y los que entran por ella van al Paraíso. Por esto, pues, el primer creado, Adán, se regocija, porque ve a las almas ser salvadas. Pero cuando ve a muchas almas entrar por la puerta ancha, entonces se arranca los cabellos de su cabeza, y se arroja al suelo llorando y lamentándose amargamente, porque la puerta ancha es la de los pecadores, que lleva a la destrucción y al castigo eterno. Y por esto el primer formado, Adán, cae de su trono llorando y lamentándose por la destrucción de los pecadores, porque son muchos los que se pierden, y pocos los que se salvan, porque en siete mil apenas se halla una alma salvada, siendo justa y sin mancha.
12. Mientras él aún me decía estas cosas, he aquí dos ángeles, de aspecto fogoso, y de ánimo sin piedad, y de mirada severa, y conducían a miles de almas, azotándolas sin piedad con correas de fuego. El ángel echó mano de una alma, y condujeron a todas las almas dentro por la puerta ancha a la destrucción. Así que nosotros también fuimos junto con los ángeles, y vinimos dentro de aquella puerta ancha, y entre las dos puertas estaba un trono de aspecto terrible, de cristal terrible, resplandeciente como fuego, y sobre él estaba sentado un hombre maravilloso, brillante como el sol, semejante al Hijo de Yahweh. Delante de él estaba una mesa como de cristal, toda de oro y lino fino, y sobre la mesa había un libro, su grosor de seis codos, y su anchura de diez codos, y a su derecha y a su izquierda estaban dos ángeles sosteniendo papel y tinta y pluma. Delante de la mesa estaba sentado un ángel de luz, sosteniendo en su mano una balanza, y a su izquierda estaba sentado un ángel todo fogoso, sin piedad y severo, sosteniendo en su mano una trompeta, teniendo dentro de ella fuego que todo lo consume con el cual probar a los pecadores. El hombre maravilloso que estaba sentado sobre el trono juzgaba y sentenciaba él mismo a las almas, y los dos ángeles de la derecha y de la izquierda escribían, el de la derecha las justicias y el de la izquierda las maldades. El de delante de la mesa, que sostenía la balanza, pesaba las almas, y el ángel fogoso, que sostenía el fuego, probaba las almas. Y Abraham preguntó al capitán en jefe Miguel: ¿Qué es esto que contemplamos? Y el capitán en jefe dijo: Estas cosas que ves, santo Abraham, son el juicio y la recompensa. Y he aquí el ángel sosteniendo el alma en su mano, y la trajo ante el juez, y el juez dijo a uno de los ángeles que le servían: Ábreme este libro, y hállame los pecados de esta alma. Y abriendo el libro halló sus pecados y sus justicias igualmente equilibrados, y no la entregó ni a los atormentadores, ni a los que eran salvados, sino que la puso en medio.
13. Y Abraham dijo: Mi señor capitán en jefe, ¿quién es este juez muy maravilloso? ¿Y quiénes son los ángeles que escriben? ¿Y quién es el ángel semejante al sol, que sostiene la balanza? ¿Y quién es el ángel fogoso que sostiene el fuego? El capitán en jefe dijo: ¿Ves, muy santo Abraham, al hombre terrible sentado sobre el trono? Este es el hijo del primer creado, Adán, que es llamado Abel, a quien el malvado Caín mató, y está sentado así para juzgar a toda la creación, y examina a hombres justos y pecadores. Porque Yahweh ha dicho: Yo no os juzgaré, sino que todo hombre nacido de hombre será juzgado. Por tanto le ha dado a él el juicio, para juzgar al mundo hasta su grande y gloriosa venida, y entonces, oh justo Abraham, es el juicio perfecto y la recompensa, eterna e inmutable, que nadie puede alterar. Porque todo hombre ha venido del primer creado, y por tanto son juzgados primero aquí por su hijo, y en la segunda venida serán juzgados por las doce tribus de Israel, todo aliento y toda criatura. Pero la tercera vez serán juzgados por Yahweh Yahweh de todo, y entonces, en verdad, el fin de aquel juicio está cerca, y la sentencia es terrible, y no hay nadie que libre. Y ahora por tres tribunales se hace el juicio del mundo y la recompensa, y por esta razón un asunto no es confirmado finalmente por uno o dos testigos, sino que por tres testigos todo será establecido. Los dos ángeles de la mano derecha y de la izquierda, estos son los que escriben los pecados y las justicias, el de la mano derecha escribe las justicias, y el de la izquierda los pecados. El ángel semejante al sol, sosteniendo la balanza en su mano, es el arcángel Dokiel, el justo pesador, y pesa las justicias y los pecados con la
justicia de Yahweh. El ángel fogoso y sin piedad, sosteniendo el fuego en su mano, es el arcángel Puruel, que tiene poder sobre el fuego, y prueba las obras de los hombres por medio del fuego, y si el fuego consume la obra de algún hombre, el ángel del juicio lo arrebata inmediatamente, y lo lleva lejos al lugar de los pecadores, un lugar muy amargo de castigo. Pero si el fuego aprueba la obra de alguno, y no se apodera de ella, aquel hombre es justificado, y el ángel de justicia lo toma y lo lleva arriba para ser salvado en la suerte de los justos. Y así, muy justo Abraham, todas las cosas en todos los hombres son probadas por el fuego y la balanza.
14. Y Abraham dijo al capitán en jefe: Mi Yahweh el capitán en jefe, el alma que el ángel sostenía en su mano, ¿por qué fue juzgada para ser puesta en medio? El capitán en jefe dijo: Escucha, justo Abraham. Porque el juez halló sus pecados y sus justicias iguales, no la entregó ni al juicio ni a ser salvada, hasta que venga el juez de todo. Abraham dijo al capitán en jefe: ¿Y qué falta aún para que el alma sea salvada? El capitán en jefe dijo: Si obtiene una justicia sobre sus pecados, entra en la salvación. Abraham dijo al capitán en jefe: Ven acá, capitán en jefe Miguel, hagamos oración por esta alma, y veamos si Yahweh nos oye. El capitán en jefe dijo: Amén, así sea; e hicieron oración y súplica por el alma, y Yahweh los oyó, y cuando se levantaron de su oración no vieron el alma parada allí. Y Abraham dijo al ángel: ¿Dónde está el alma que sostenías en medio? Y el ángel respondió: Ha sido salvada por tu justa oración, y he aquí un ángel de luz la ha tomado y la ha llevado arriba al Paraíso. Abraham dijo: Glorifico el nombre de Yahweh, el Altísimo, y su misericordia inconmensurable. Y Abraham dijo al capitán en jefe: Te suplico, capitán en jefe, subamos a la casa, e invoquemos aún a Yahweh, y supliquemos su compasión, y roguemos su misericordia por las almas de los pecadores a quienes antes, en mi ira, maldije y destruí, a quienes la tierra devoró, y las bestias feroces desgarraron en pedazos, y el fuego consumió por mis palabras. Ahora sé que he pecado ante Yahweh nuestro Yahweh. Y, oh Miguel, capitán en jefe de la hueste del cielo, te suplico, invoquemos a Yahweh con lágrimas para que me perdone mis pecados, y me los conceda. Y el capitán en jefe lo oyó, e hicieron súplica ante Yahweh, y cuando lo hubieron invocado por un largo espacio, vino una voz del cielo diciendo: Abraham, Abraham, he escuchado tu voz y tu oración, y te perdono tu pecado, y a aquellos que piensas que destruí los he llamado arriba y los he traído a la vida por mi excesiva bondad, porque por un tiempo los he retribuido en juicio, y a los que destruyo viviendo sobre la tierra, no los retribuiré en la muerte.
15. Y la voz de Yahweh dijo también al capitán en jefe Miguel: Miguel, mi siervo, vuelve a Abraham a su casa, porque he aquí su fin se ha acercado, y la medida de su vida se ha cumplido, para que ponga todas las cosas en orden, y entonces tómalo y tráelo a mí. Y el capitán en jefe, volviendo el carro y la nube, llevó a Abraham a su casa, y entrando en su cámara se sentó sobre su lecho. Y Sara su esposa vino y abrazó los pies del Incorpóreo, y habló humildemente, diciendo: Te doy gracias, mi Yahweh, porque has traído a mi Yahweh Abraham, porque he aquí pensábamos que había sido llevado de nosotros. Y su hijo Isaac también vino y cayó sobre su cuello, y de la misma manera todos sus siervos y siervas rodearon a Abraham y lo abrazaron, glorificando a Yahweh. Y el Incorpóreo les dijo: Escuchad, justo Abraham. He aquí tu esposa Sara, he aquí también tu hijo amado Isaac, he aquí también tus siervos y siervas alrededor de ti. Haz disposición de todo lo que tienes, porque el día se ha acercado en el cual partirás del cuerpo e irás a Yahweh de una vez para siempre. Abraham dijo: ¿Lo ha dicho Yahweh, o lo dices tú de ti mismo? El capitán en jefe respondió: Escucha, justo Abraham. Yahweh ha mandado, y yo te lo digo. Abraham dijo: No iré contigo. El capitán en jefe, al oír estas palabras, salió enseguida de la presencia de Abraham, y subió a los cielos, y se presentó ante Yahweh el Altísimo, y dijo: Yahweh Todopoderoso, he aquí he cumplido su petición. Le he mostrado tu poder, y toda la tierra y el mar que está bajo el cielo. Le he mostrado el juicio y la recompensa por medio de nube y carros, y he mostrado a mi amigo Abraham y dije al ángel: ¿Acaso no iré contigo?, di así de nuevo: No iré contigo. El arcángel dijo: Yahweh Todopoderoso, él dice así, y me abstengo de poner manos sobre él, porque desde el principio es tu amigo, y ha hecho todas las cosas agradables a tu vista. No hay hombre como él sobre la tierra, ni siquiera Job el hombre maravilloso, y por tanto me abstengo de poner manos sobre él. Manda, por tanto, Rey Inmortal, qué se ha de hacer.
16. Entonces el Altísimo dijo: Llámame acá a la Muerte, que es llamada el semblante sin vergüenza y la mirada sin piedad. Y Miguel el incorpóreo, el arcángel, fue a la Muerte. Ven acá, dijo Yahweh. La Muerte, al oír esto, se estremeció y tembló, estando poseída de gran terror, y viniendo con gran temor se presentó ante el Padre invisible, estremeciéndose, gimiendo y temblando. El Altísimo le dijo: Oh Muerte, ven acá, tú, amarga suerte del mundo, esconde tu fiereza, cubre tu corrupción, y echa lejos de ti tu amargura, y ponte tu hermosura y toda tu gloria, y desciende hasta Abraham mi amigo, y tómalo y tráelo a mí. Pero ahora también te digo que no lo aterrorices, sino tráelo con calma, porque él es mi propio amigo. Habiendo oído esto, la Muerte salió de la presencia del Altísimo, y se puso un manto de gran resplandor, e hizo su apariencia semejante al sol, y se hizo hermosa y bella sobre los hijos de los hombres, asumiendo la forma de un arcángel, teniendo sus mejillas flameando con fuego, y partió hasta Abraham. Ahora el justo Abraham, saliendo de su cámara, se sentó bajo los árboles de Mamre, sosteniendo su barbilla en su mano, y esperando la venida del arcángel Miguel. Y he aquí, un olor de dulce fragancia vino a él, y un resplandor de luz, y Abraham se volvió y vio a la Muerte venir hacia él en gran gloria y hermosura. Y Abraham se levantó y salió a su encuentro, pensando que era el capitán en jefe de Yahweh, y la Muerte, al contemplarlo, lo saludó, diciendo: Regocíjate, muy honrado Abraham, oh origen de los padres, compañero muy deseable, alma justa, verdadero amigo del Altísimo, ¡salve, tú que eres de la tierra! El ángel santo dijo a la Muerte: ¡Salve, tú que eres de la tierra! Abraham dijo al sol, ayudador muy glorioso, portador de luz, hombre maravilloso, ¿de dónde viene tu gloria a nosotros, y quién eres tú, y de dónde vienes? Entonces la Muerte dijo: Muy justo Abraham, he aquí te digo la verdad. Yo soy la amarga suerte de la muerte. Abraham le dijo: No, sino que tú eres la hermosura del mundo, tú eres la gloria y la hermosura de los ángeles y de los hombres, tú eres más hermoso en forma que todo otro, ¿y dices: Yo soy la amarga suerte de la muerte, y no más bien dices: Yo soy lo más hermoso de toda cosa buena? La Muerte dijo: Te digo la verdad. Lo que Yahweh me ha mostrado, también te lo digo a ti. Abraham dijo: ¿Para qué has venido acá? La Muerte dijo: Por tu alma santa he venido. Entonces Abraham dijo: Sé lo que quieres decir, pero no iré contigo; y la Muerte guardó silencio y no le respondió ni una palabra.
17. Entonces Abraham se levantó, y entró en su casa, y la Muerte también lo acompañó allí. Y Abraham subió a su cámara, y la Muerte subió con él. Y Abraham se acostó sobre su lecho, y la Muerte vino y se sentó junto a sus pies. Entonces Abraham dijo: Apártate, apártate de mí, porque deseo descansar sobre mi lecho. La Muerte dijo: No me apartaré hasta que tome tu espíritu de ti. Abraham le dijo: Por Yahweh el inmortal te encargo que me digas la verdad. ¿Eres tú la muerte? La Muerte le dijo: Yo soy la Muerte. Yo soy el destructor del mundo. Abraham dijo: Te suplico, ya que eres la Muerte, dime si vienes así a todos con tal hermosura y gloria y belleza. La Muerte dijo: No, mi Yahweh Abraham, porque tus justicias, y el mar ilimitado de
tu hospitalidad, y la grandeza de tu amor hacia Yahweh se ha convertido en una corona sobre mi cabeza, y en hermosura y gran paz y mansedumbre me acerco a los justos y en gran paz y en gran corrupción y fiereza y la mayor amargura me acerco a los pecadores. Te suplico, por tanto, escúchame, y muestra tu fiereza y toda tu corrupción y amargura. Y la Muerte dijo: No puedes contemplar mi fiereza, muy justo Abraham, y no podrás contemplar toda tu fiereza por ningún medio. Abraham dijo: Pero podré contemplarla por el poder de mi Yahweh que está en mí conmigo. Entonces la Muerte le mostró su hermosura y belleza y toda su gloria y la forma con que estaba vestido, y se puso sobre sí un manto de tirano, e hizo su apariencia sombría y más feroz que toda clase de bestias feroces, y más inmunda que toda inmundicia. Y le mostró a Abraham siete cabezas fogosas de serpientes y catorce rostros, (uno) de fuego flameante, uno de gran fiereza, uno de oscuridad, y un rostro muy sombrío de víbora, y un rostro de un precipicio muy terrible, y un rostro más feroz que un áspid, y un rostro de un león muy terrible, y un rostro de cerasta y basilisco. Le mostró también un rostro de espada de fuego y un rostro que llevaba espada, y un rostro de un gran relámpago terrible de trueno espantoso. Le mostró también otro rostro de un mar espantoso, y un río que corría con fiereza, y un perro terrible de tres cabezas, y una copa mezclada con venenos, y en breve le mostró la gran fiereza y la amargura insoportable, y toda alma mortal que olió el olor de la Muerte. Y por la gran amargura y fiereza había siete mil siervas en número, unas siete mil, y el justo Abraham entró en indiferencia de muerte, de modo que su espíritu le falló.
18. Y el todo santo Abraham, viendo estas cosas así, dijo a la Muerte: Te suplico, Muerte que todo lo destruyes, esconde tu fiereza, y ponte tu hermosura y la forma que tenías antes. Y la Muerte le mostró su fiereza, y se puso su hermosura que tenía antes. Y Abraham dijo a la Muerte: ¿Por qué has hecho esto, que has matado a todos mis siervos y siervas? ¿Te ha enviado Yahweh acá hoy para este fin? La Muerte dijo: No, mi Yahweh Abraham, no es como dices, sino que por tu causa fui enviado acá. Abraham dijo a la Muerte: ¿Cómo, pues, han muerto estos? ¿No lo ha hablado Yahweh? La Muerte dijo: Cree, muy justo Abraham, que esto también es maravilloso, que no fuiste llevado con ellos. Sin embargo te digo la verdad: si la mano derecha de Yahweh no hubiera estado contigo en aquel tiempo, tú también habrías partido de esta vida. El justo Abraham dijo: Ahora sé que he entrado en indiferencia de la Muerte, de modo que mi espíritu falla, pero te suplico, Muerte que todo lo destruyes, ya que mis siervos han muerto antes de su tiempo, ven, oremos a Yahweh nuestro Yahweh para que nos oiga y levante a los que murieron por tu fiereza antes de su tiempo. La Muerte dijo: Amén, así sea. Por tanto Abraham se levantó y cayó sobre el rostro de tierra en oración, y la Muerte junto con él, y Yahweh envió un espíritu de vida sobre los que estaban muertos y fueron vivificados de nuevo. Entonces el justo Abraham dio gloria a Yahweh.
19. Y subiendo a su cámara se acostó, y la Muerte vino y se presentó ante él. Y Abraham le dijo: Apártate de mí, porque deseo descansar, porque mi espíritu está en indiferencia. La Muerte dijo: No me apartaré de ti hasta que tome tu alma. Y Abraham, con semblante austero y mirada airada, dijo a la Muerte: ¿Quién te ha mandado decir esto? Dices estas palabras de ti mismo con jactancia, y no iré contigo hasta que el capitán en jefe Miguel venga a mí, y yo iré con él. Pero esto también te digo: si deseas que te acompañe, explícame todos tus cambios, las siete cabezas fogosas de serpientes y qué es el rostro del precipicio, y qué la espada afilada, y qué el río que ruge fuertemente, y qué el mar tempestuoso que brama tan fieramente. Enséñame también el trueno insoportable, y el relámpago terrible, y la copa de mal olor mezclada con venenos. Enséñame acerca de todas estas cosas. Y la Muerte respondió: Escucha, justo Abraham. Por siete edades destruyo el mundo y llevo a todos abajo al Hades, reyes y gobernantes, ricos y pobres, esclavos y hombres libres. Convoyo al fondo del Hades, y por esto te mostré las siete cabezas de serpientes. El rostro de fuego te lo mostré porque muchos mueren consumidos por el fuego, y contemplan la muerte por medio de un rostro de fuego. El rostro del precipicio te lo mostré, porque muchos hombres mueren descendiendo de las copas de los árboles o de precipicios terribles y perdiendo su vida, y ven la muerte en forma de un precipicio terrible. El rostro de la espada te lo mostré porque muchos son muertos en guerras por la espada, y ven la muerte como una espada. El rostro del gran río que corre te lo mostré porque muchos son ahogados y perecen arrebatados por el cruce de muchas aguas y llevados por grandes ríos, y ven la muerte antes de su tiempo. El rostro del mar airado y bramando. Te lo mostré porque muchos en el mar, cayendo en grandes oleajes y naufragando, son tragados y contemplan la muerte como el mar. El trueno insoportable y el relámpago terrible te los mostré porque muchos hombres en el momento de la ira se encuentran con trueno insoportable y relámpago terrible que viene a apoderarse de los hombres, y ven la muerte así. Te mostré también las bestias fieras venenosas, áspides y basiliscos, leopardos y leones y cachorros de leones, osos y víboras, y en breve el rostro de toda bestia fiera te mostré, muy justo, porque muchos hombres son destruidos por bestias fieras, y otros por serpientes venenosas, sierpes y áspides y cerastas y basiliscos y víboras, exhalan su vida y mueren. Te mostré también las copas destructoras mezcladas con veneno, porque muchos hombres, a quienes otros hombres dan veneno a beber, parten enseguida inesperadamente.
20. Abraham dijo: Te suplico, ¿hay también una muerte inesperada? Dime. La Muerte dijo: En verdad, en verdad, te digo en la verdad de Yahweh que hay setenta y dos muertes. Una es la muerte justa, que compra su tiempo fijado, y muchos hombres en una hora entran en la muerte siendo entregados a la tumba. He aquí, te he dicho todo lo que has preguntado; ahora te digo, muy justo Abraham, que despidas todo consejo, y ceses de preguntar nada de una vez para siempre, y ven, ve conmigo, como Yahweh y juez de todo me ha mandado. Abraham dijo a la Muerte: Apártate de mí aún un poco, para que descanse en mi lecho, porque estoy muy desfallecido de corazón, porque desde que he estado contigo mis ojos, mi fuerza me ha fallado, todos los miembros de mi carne me parecen un peso como de plomo, y mi espíritu está afligido en gran manera. Apártate por un poco; porque he dicho que no puedo soportar ver tu forma. Entonces Isaac su hijo vino y cayó sobre su pecho llorando, y su esposa Sara vino y abrazó sus pies, lamentándose amargamente. Vinieron también sus siervos y siervas y rodearon su lecho, lamentándose grandemente. Y Abraham entró en indiferencia de muerte, y la Muerte dijo a Abraham: Ven, toma mi mano derecha, y vengan a ti el buen ánimo y la vida y la fuerza. Porque la Muerte engañó a Abraham, y él tomó su mano derecha, y enseguida su alma se adhirió a la mano de la Muerte. E inmediatamente el arcángel Miguel vino con una multitud de ángeles y tomó su alma preciosa en sus manos en un lienzo tejido divinamente, y cuidaron el cuerpo del justo Abraham con ungüentos y perfumes divinos hasta el tercer día después de su muerte, y lo enterraron en la tierra de la promesa, el encino de Mamre, pero los ángeles recibieron su alma preciosa, y ascendieron al cielo, cantando el himno de tres veces santo a Yahweh el Yahweh de todo, y la pusieron allí para adorar a Yahweh y Padre. Y después que gran alabanza y gloria hubieron sido dadas a Yahweh, y Abraham se postró para adorar, vino la voz sin mancha de Yahweh y Padre diciendo así: Toma, por tanto, a mi amigo Abraham al Paraíso, donde están los tabernáculos de mis justos, y las moradas de mis santos Isaac y Jacob en su seno, donde no hay aflicción, ni tristeza, ni suspiro, sino paz y regocijo y vida sin fin. (Y también nosotros, mis hermanos amados, imitemos la hospitalidad del patriarca Abraham, y alcancemos su modo virtuoso de vida, para que seamos tenidos por dignos de la vida eterna, glorificando al
[El Testamento de Abraham, Versión 1 concluida; comienza la Versión 2]
Padre, Hijo y Espíritu Santo, a quienes sean la gloria y el poder para siempre. Amén.)
Versión 2 — La Recensión Más Corta
1. Aconteció que, cuando los días de la muerte de Abraham se acercaron, Yahweh dijo a Miguel: Levántate y ve a Abraham, mi siervo, y dile: Partirás de la vida, porque ¡he aquí! los días de tu vida temporal se han cumplido; para que ponga su casa en orden antes de morir.
2. Y Miguel fue y vino a Abraham, y lo halló sentado delante de sus bueyes para arar, y era de apariencia sumamente viejo, y tenía a su hijo en sus brazos. Abraham, por tanto, al ver al arcángel Miguel, se levantó del suelo y lo saludó, no sabiendo quién era, y le dijo: Yahweh te preserve. Sea próspero tu viaje contigo. Y Miguel le respondió: Eres bondadoso, buen padre. Abraham respondió y le dijo: Ven, acércate a mí, hermano, y siéntate un poco, para que mande traer una bestia para que vayamos a mi casa, y descanses conmigo, porque es hacia la tarde, y en la mañana levántate y ve a donde quieras, no sea que alguna bestia mala te encuentre y te haga daño. Y Miguel preguntó a Abraham, diciendo: Dime tu nombre, antes de que entre en tu casa, no sea que te sea gravoso. Abraham respondió y dijo: Mis padres me llamaron Abram, y Yahweh me nombró Abraham, diciendo: Levántate y parte de tu casa, y de tu parentela, y ve a la tierra que te mostraré. Y cuando partí a la tierra que Yahweh me mostró, me dijo: Tu nombre ya no será llamado Abram, sino que tu nombre será Abraham. Miguel respondió y le dijo: Perdóname, padre mío, hombre experimentado de Yahweh, porque soy un forastero, y he oído de ti que fuiste cuarenta estadios y trajiste un cabrito y hospedaste ángeles en tu casa, para que descansaran allí. Hablando así juntos, se levantaron y fueron hacia la casa. Y Abraham llamó a uno de sus siervos, y le dijo: Ve, tráeme una bestia para que el forastero se siente sobre ella, porque está cansado de su viaje. Y Miguel dijo: No molestes al joven, sino vayamos con ligereza hasta llegar a la casa, porque amo tu compañía.
3. Y levantándose fueron, y cuando se acercaron a la ciudad, como a tres estadios de ella, hallaron un gran árbol que tenía trescientas ramas, semejante a un tamarisco. Y oyeron una voz de sus ramas cantando: Santo eres tú, porque has guardado el propósito para el cual fuiste enviado. Y Abraham oyó la voz, y ocultó el misterio en su corazón, diciendo dentro de sí: ¿Qué es el misterio que he oído? Cuando entró en la casa, Abraham dijo a sus siervos: Levantaos, salid a los rebaños, y traed tres ovejas, y matadlas pronto, y preparadlas para que comamos y bebamos, porque este día es una fiesta para nosotros. Y los siervos trajeron las ovejas, y Abraham llamó a su hijo Isaac, y le dijo: Hijo mío Isaac, levántate y pon agua en el recipiente para que lavemos los pies de este forastero. Y él lo trajo como le fue mandado, y Abraham dijo: Percibo, y así será, que en esta palangana nunca más lavaré los pies de ningún hombre que venga a nosotros como huésped. E Isaac, al oír a su padre decir esto, lloró, y le dijo: Padre mío, ¿qué es esto que dices? ¿Es esta mi última vez de lavar los pies de un forastero? Y Abraham, al ver a su hijo llorando, también lloró en gran manera, y Miguel, al verlos llorar, lloró también, y las lágrimas de Miguel cayeron sobre el recipiente y se convirtieron en una piedra preciosa.
4. Cuando Sara, estando dentro en su casa, oyó el llanto de ellos, salió y dijo a Abraham: Yahweh, ¿por qué es que lloras así? Abraham respondió, y le dijo: No es ningún mal. Entra en tu casa, y haz tu propio trabajo, no sea que seamos molestos para el hombre. Y Sara se fue, estando a punto de preparar la cena. Y el sol se acercó a ponerse, y Miguel salió de la casa, y fue llevado arriba a los cielos para adorar ante Yahweh, porque a la puesta del sol todos los ángeles adoran a Yahweh y el mismo Miguel es el primero de los ángeles. Y todos lo adoraron, y fue cada uno a su propio lugar, pero Miguel habló ante Yahweh y dijo: Yahweh, mándame ser interrogado ante tu gloria santa. Y Yahweh dijo a Miguel: Anuncia todo lo que quieras. Y el Arcángel respondió y dijo: Yahweh, tú me enviaste a Abraham para decirle: Parte de tu cuerpo, y deja este mundo; Yahweh te llama, y no me atrevo, Yahweh, a revelarme a él, porque él es tu amigo, y un hombre justo, y uno que recibe a los forasteros. Pero te suplico, Yahweh, manda que el recuerdo de la muerte de Abraham entre en su propio corazón, y no me mandes a mí decírselo, porque es gran brusquedad decir: Deja el mundo, y especialmente dejar el propio cuerpo, porque tú lo creaste desde el principio para tener piedad de las almas de todos los hombres. Entonces Yahweh dijo a Miguel: Levántate y ve a Abraham, y hospédate con él, y todo lo que lo veas comer, come también, y donde él duerma, duerme allí también. Porque echaré el pensamiento de la muerte de Abraham en el corazón de Isaac su hijo en un sueño.
5. Entonces Miguel entró en la casa de Abraham aquella noche, y los halló preparando la cena, y comieron y bebieron y se alegraron. Y Abraham dijo a su hijo Isaac: Levántate, hijo mío, y extiende el lecho del hombre para que duerma, y pon la lámpara sobre el candelero. E Isaac hizo como su padre le mandó, e Isaac dijo a su padre: Yo también vengo a dormir junto a ti. Abraham le respondió: No, hijo mío, no sea que seamos molestos para este hombre, sino ve a tu propia cámara y duerme. E Isaac, no deseando desobedecer el mandato de su padre, se fue y durmió en su propia cámara.
6. Y aconteció que hacia la séptima hora de la noche Isaac despertó, y vino a la puerta de la cámara de su padre, clamando y diciendo: Abre, padre, para que te toque antes de que te lleven lejos de mí. Abraham se levantó y le abrió, e Isaac entró y se colgó del cuello de su padre llorando y abrazándolo con lamentos. Y Abraham lloró junto con su hijo, y Miguel, al verlos llorar, lloró igualmente. Y Sara, al oírlos llorar, llamó desde su alcoba, diciendo: Mi Yahweh Abraham, ¿por qué es este llanto? ¿Te ha dicho el forastero de Lot, el hijo de tu hermano, que ha muerto? ¿O nos ha acontecido alguna otra cosa? Miguel respondió y dijo a Sara: No, Sara, no he traído noticias de Lot, pero conocí tu bondad de corazón, en la que sobresales sobre todos los hombres de la tierra, y Yahweh te ha recordado. Entonces Sara dijo a Abraham: ¿Cómo te atreves a llorar cuando el hombre de Yahweh ha venido a ti, y por qué han derramado lágrimas tus ojos, pues hoy hay gran regocijo? Abraham le dijo: ¿Cómo sabes que este es un hombre de Yahweh? Sara respondió y dijo: Porque digo y declaro que este es uno de los tres hombres que fueron hospedados en el encino de Mamre, cuando uno de los siervos fue y trajo un cabrito y tú lo mataste, y dijiste: Levántate, prepara para que comamos con estos hombres en nuestra casa. Abraham respondió y dijo: Has percibido bien, oh mujer, porque yo también, cuando lavé sus pies, supe en mi corazón que estos eran los pies que había lavado en el encino de Mamre, y cuando comencé a preguntar acerca de su viaje, me dijo: Voy a preservar a Lot tu hermano de los hombres de Sodoma, y entonces conocí el misterio.
7. Y Abraham dijo a Miguel: Dime, hombre de Yahweh, y muéstrame por qué has venido acá. Y Miguel dijo: Tu hijo Isaac te lo mostrará. Y Abraham dijo a su hijo: Hijo mío amado, dime lo que has visto hoy en tu sueño, y te asustaste. Relátamelo. Isaac respondió a su padre: Vi en mi sueño el sol y la luna, y había una corona sobre mi cabeza, y vino del cielo un hombre de gran tamaño, y resplandeciendo como la luz que es llamada el padre de la luz. Tomó el sol de mi cabeza, y sin embargo dejó los rayos atrás conmigo. Y lloré y dije: Te suplico, mi Yahweh, no quites la gloria de mi cabeza, y la luz de mi casa, y toda mi gloria. Y el
y la luna y las estrellas se lamentaron, diciendo: No quites la gloria de nuestro poder. Y aquel hombre resplandeciente respondió y me dijo: No llores porque tomo la luz de tu casa, porque es tomada de la aflicción al reposo, de un estado bajo a uno alto; lo levantan de un lugar angosto a uno ancho; lo levantan de la oscuridad a la luz. Y le dije: Te suplico, Yahweh, también los rayos con ella. Él me dijo: Hay doce horas del día, y entonces tomaré todos los rayos. Cuando el hombre resplandeciente dijo esto, vi el sol de mi casa ascendiendo al cielo, pero no vi más, y aquel sol era como si fueras tú, mi padre. Y Miguel dijo a Abraham: Tu hijo Isaac ha hablado verdad, porque tú irás, y serás llevado arriba a los cielos, pero tu cuerpo permanecerá en la tierra, hasta que se cumplan siete mil edades, porque en toda carne se levantará. Ahora, por tanto, Abraham, pon tu casa en orden, y a tus hijos, porque has oído plenamente lo que es necesario acerca de ti. Abraham respondió y dijo a Miguel: Te suplico, Yahweh, si he de partir de mi cuerpo, deseé ser llevado en mi cuerpo para que vea las criaturas que Yahweh Yahweh ha creado en el cielo y en la tierra. Miguel respondió y dijo: Esto no es para que yo lo haga, pero diré a Yahweh de esto, y si se me manda te mostraré todas estas cosas.
8. Y Miguel subió al cielo, y habló ante Yahweh acerca de Abraham, y Yahweh respondió a Miguel: Ve y lleva a Abraham en el cuerpo, y muéstrale todas las cosas, y todo lo que te diga hazlo con él como con mi amigo. Así que Miguel salió y llevó a Abraham en el cuerpo sobre una nube, y lo llevó al río Océano.
12. [numeración según lo impreso] Y después que Abraham hubo visto el lugar del juicio, la nube lo llevó abajo sobre el firmamento inferior, y Abraham, mirando hacia abajo sobre la tierra, vio a un hombre cometiendo adulterio con una mujer casada. Y Abraham, volviéndose, dijo a Misterio, con un gran clamor: ¡Maldad! Pero, Yahweh, envía fuego del cielo para consumirlos. Y enseguida descendió fuego y los consumió, porque Yahweh había dicho a Miguel: Haz todo lo que Abraham te pida que hagas por él. Y Abraham miró de nuevo, y vio a otros hombres injuriando a sus compañeros, y dijo: Que la tierra se abra y los trague, y mientras hablaba la tierra los tragó vivos. De nuevo la nube lo llevó a otro lugar, y Abraham vio a algunos que iban a un lugar desierto para cometer homicidio, y dijo: Que salgan bestias feroces del desierto, y los desgarren en pedazos, y en aquella misma hora salieron bestias feroces del desierto, y los devoraron. Entonces Yahweh Yahweh habló a Miguel, diciendo: Aparta a Abraham a su propia casa, y déjalo recorrer toda la creación que he hecho, porque no tiene compasión de los pecadores, pero yo tengo compasión de los pecadores para que se vuelvan y vivan, y se arrepientan de sus pecados y sean salvados.
8. [numeración según lo impreso] Y Abraham miró y vio dos puertas, la una pequeña y la otra grande, y entre las dos puertas estaba sentado un hombre sobre un trono de gran gloria, y una multitud de ángeles alrededor de él, y estaba llorando, y de nuevo riendo, pero su llanto excedía su risa siete veces. Y Abraham dijo a Miguel: ¿Quién es este que está sentado entre las dos puertas en gran gloria, que a veces ríe, y a veces llora, y su llanto excede su risa siete veces? Y Miguel dijo a Abraham: ¿No sabes quién es? Y él dijo: No, Yahweh. Y Miguel dijo a Abraham: ¿Ves estas dos puertas, la pequeña y la grande? Estas son las que llevan a la vida y a la destrucción. Este hombre que está sentado entre ellas es Adán, el primer hombre que Yahweh creó, y lo puso en este lugar para ver toda alma que parte del cuerpo, ya que todos son de él. Cuando, por tanto, lo ves llorando, sabe que ha visto a muchas almas ser llevadas a la destrucción, pero cuando lo ves riendo, ha visto a muchas almas ser llevadas a la vida. ¿Ves cómo su llanto excede su risa? Ya que ve a la mayor parte del mundo ser llevada por la puerta ancha a la destrucción, por tanto su llanto excede su risa siete veces.
9. Y Abraham dijo: ¿Y el que no puede entrar por la puerta angosta, no puede entrar en la vida? Entonces Abraham lloró, diciendo: ¡Ay de mí!, ¿qué haré? porque soy un hombre ancho de cuerpo, ¿y cómo podré entrar por la puerta angosta, por la cual un muchacho de quince años no puede entrar? Miguel respondió y dijo a Abraham: No temas, padre, ni te aflijas, porque entrarás por ella sin impedimento, y todos los que son como tú. Y mientras Abraham estaba y se maravillaba, he aquí un ángel de Yahweh conduciendo a sesenta mil almas de pecadores a la destrucción. Y Abraham dijo a Miguel: ¿Van todas estas a la destrucción? Y Miguel le dijo: Sí, pero vayamos y busquemos entre estas almas, si se halla entre ellas siquiera una justa. Y cuando fueron, hallaron a un ángel sosteniendo en su mano una alma de una mujer de entre estas sesenta mil, porque había hallado sus pecados pesando igualmente con todas sus obras, y no estaban ni en movimiento ni en reposo, sino en un estado intermedio; pero a las otras almas las llevó a la destrucción. Abraham dijo a Miguel: Yahweh, ¿es este el ángel que quita las almas del cuerpo o no? Miguel respondió y dijo: Esta es la muerte, y él las lleva al lugar del juicio, para que el juez las pruebe.
10. Y Abraham dijo: Mi señor, te suplico que me lleves al lugar del juicio para que yo también vea cómo son juzgadas. Entonces Miguel tomó a Abraham sobre una nube, y lo llevó al Paraíso, y cuando vino al lugar donde estaba el juez, el ángel vino y dio aquella alma al juez. Y el alma dijo: Señor, ten misericordia de mí. Y el juez dijo: ¿Cómo tendré misericordia de ti, cuando tú no tuviste misericordia de tu hija que tuviste, el fruto de tus entrañas? ¿Por qué la mataste? Ella respondió: No, Señor, no se ha hecho matanza por mí, sino que mi hija ha mentido sobre mí. Pero el juez mandó que viniera el que escribía los registros, y he aquí querubines llevando dos libros. Y estaba con ellos un hombre de estatura sumamente grande, teniendo sobre su cabeza tres coronas, y la una corona era más alta que las otras dos. Estas son llamadas las coronas del testimonio. Y el hombre tenía en su mano una pluma de oro, y el juez le dijo: Exhibe el pecado de esta alma. Y aquel hombre, abriendo uno de los libros de los querubines, buscó el pecado del alma de la mujer y lo halló. Y el juez dijo: Oh alma desdichada, ¿por qué dices que no has hecho homicidio? ¿No fuiste, después de la muerte de tu esposo, y cometiste adulterio con el esposo de tu hija, y la mataste? Y la convenció también de sus otros pecados, todos los que había hecho durante su juventud. Oyendo estas cosas, la mujer clamó, diciendo: ¡Ay de mí!, todos los pecados que hice en el mundo los olvidé, pero aquí no fueron olvidados. Entonces la llevaron también y la entregaron a los atormentadores.
11. Y Abraham dijo a Miguel: Señor, ¿quién es este juez, y quién es el otro, que convence los pecados? Y Miguel dijo a Abraham: ¿Ves al juez? Este es Abel, que primero testificó, y Yahweh lo trajo acá para juzgar, y el que da testimonio aquí es el maestro del cielo y de la tierra, y el escriba de la justicia, Enoc, porque Yahweh los envió acá para escribir los pecados y las justicias de cada uno. Abraham dijo: ¿Y cómo puede Enoc llevar el peso de las almas, no habiendo visto la muerte? ¿O cómo puede dar sentencia a todas las almas? Miguel dijo: Si él da sentencia acerca de las almas, no es permitido; pero Enoc mismo no da sentencia, sino que es Yahweh quien lo hace, y él no tiene más que hacer que solo escribir. Porque Enoc oró a Yahweh diciendo: No deseo, Yahweh, dar sentencia sobre las almas, no sea que sea gravoso para alguien; y Yahweh dijo a Enoc: Te mandaré que escribas los pecados del alma que hace expiación y ella entrará en la vida, y si el alma no hace expiación y no se arrepiente, hallarás sus pecados escritos y ella será echada en castigo. Y hacia la hora novena Miguel trajo a Abraham de vuelta a su
[El Testamento de Abraham, Versión 2, concluida]
[continuado de la página 525] casa. Pero Sara su esposa, no viendo qué había sido de Abraham, fue consumida de aflicción, y entregó el espíritu, y después del regreso de Abraham él la halló muerta, y la enterró.
13. Pero cuando el día de la muerte de Abraham se acercó, Yahweh Yahweh dijo a Miguel: La Muerte no se atreverá a acercarse para quitar el alma de mi siervo, porque él es mi amigo, sino ve y adorna a la Muerte con gran hermosura, y envíalo así a Abraham, para que lo vea con sus ojos. Y Miguel enseguida, como le fue mandado, adornó a la Muerte con gran hermosura, y lo envió así a Abraham para que lo viera. Y se sentó cerca de Abraham, y Abraham, al ver a la Muerte sentada cerca de él, tuvo temor con un gran temor. Y la Muerte dijo a Abraham: ¡Salve, alma santa! ¡Salve, amigo de Yahweh Yahweh! ¡Salve, consuelo y hospedaje de viajeros! Y Abraham dijo: Bienvenido seas, siervo del Altísimo. Yahweh. Te suplico, dime quién eres; y entrando en mi casa participa de comida y bebida, y apártate de mí, porque desde que te he visto sentado cerca de mí mi alma ha sido turbada. Porque no soy en absoluto digno de acercarme a ti, porque tú eres un espíritu exaltado y yo soy carne y sangre, y por tanto no puedo soportar tu gloria, porque veo que tu hermosura no es de este mundo. Y la Muerte dijo a Abraham: Te digo que en toda la creación que Yahweh ha hecho, no se ha hallado uno como tú, porque aun el mismo Yahweh, escudriñando, no ha hallado tal sobre toda la tierra. Y Abraham dijo a la Muerte: ¿Cómo te atreves a mentir? Porque veo que tu hermosura no es de este mundo. Y la Muerte dijo a Abraham: No pienses, Abraham, que esta hermosura es mía, o que vengo así a todo hombre. No, sino que si alguno es justo como tú, así tomo coronas y vengo a él, pero si es un pecador vengo en gran corrupción, y de su pecado hago una corona para mi cabeza, y los sacudo con gran temor, de modo que quedan consternados. Abraham, por tanto, le dijo: ¿Y de dónde viene tu hermosura? Y la Muerte dijo: No hay otro más lleno de corrupción que yo. Abraham le dijo: ¿Y eres tú en verdad el que es llamado Muerte? Él le respondió y dijo: Yo soy el nombre amargo. Estoy llorando....
14. Y Abraham dijo a la Muerte: Muéstranos tu corrupción. Y la Muerte manifestó su corrupción; y tenía dos cabezas, la una tenía el rostro de una serpiente y por ella algunos mueren enseguida por áspides, y la otra cabeza era como una espada; por ella algunos mueren por la espada como por arcos. En aquel día los siervos de Abraham murieron por temor de la Muerte, y Abraham, al verlos, oró a Yahweh, y él los levantó. Pero Yahweh volvió y quitó el alma de Abraham como en un sueño, y el arcángel Miguel la tomó arriba a los cielos. E Isaac enterró a su padre junto a su madre Sara, glorificando y alabando a Yahweh, porque a él se debe la gloria, la honra y la adoración, del Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por toda la eternidad. Amén.