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La Biblia — Nuevo Testamento • Versión King James, texto de lectura del Nombre Sagrado

Conservado íntegramente: texto de lectura del proceso canónico local, construido a partir de la fuente verificada de la KJV (Project Gutenberg #10) bajo la ley de edición del Nombre Sagrado de David (2026-10-11). Todas las representaciones de «Lord» en el Nuevo Testamento fueron marcadas para la revisión de David en las listas de marcas de la construcción.

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La Edición Restaurada del Editor es un testimonio independiente: el máster editorial recuperado de este libro (el Máster Editorial del Nuevo Testamento v05, recuperado el 2026-10-17), ofrecido como descarga junto al texto de lectura de esta página — no es el mismo texto que la página de lectura. El máster es anterior a las decisiones de David sobre el Nombre Sagrado del 2026-10-11 y sigue su convención de nombres anterior (God → Elohim; el título Lord → Sovereign; el «lord» humano → master); la página de lectura sigue las decisiones actuales. El estado del propio máster: Mateo y Marcos verificados y congelados; Lucas–Apocalipsis con revisión contextual pendiente. Este PDF es la edición en inglés.

Capítulo 1

1 El principio del evangelio de Yeshua Mesías, el Hijo de Yahweh;

2 Como está escrito en los profetas: He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz, el cual preparará tu camino delante de ti.

3 La voz de uno que clama en el desierto: Preparad el camino de Yeshua, enderezad sus sendas.

4 Juan bautizaba en el desierto, y predicaba el bautismo de arrepentimiento para la remisión de los pecados.

5 Y salían a él toda la tierra de Judea, y los de Jerusalén, y todos eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.

6 Y Juan estaba vestido de pelo de camello, y con un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y comía langostas y miel silvestre;

7 Y predicaba, diciendo: Viene tras mí uno más poderoso que yo, cuya correa de calzado no soy digno de desatar agachándome.

8 Yo ciertamente os he bautizado con agua; pero él os bautizará con el Espíritu Santo.

9 Y aconteció en aquellos días, que Yeshua vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán.

10 Y luego, al subir del agua, vio los cielos abiertos, y el Espíritu como una paloma que descendía sobre él:

11 Y vino una voz del cielo, diciendo: Tú eres mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.

12 Y inmediatamente el Espíritu le impulsó al desierto.

13 Y estuvo allí en el desierto cuarenta días, tentado por Satanás; y estaba con las fieras; y los ángeles le servían.

14 Ahora bien, después de que Juan fue puesto en prisión, Yeshua vino a Galilea, predicando el evangelio del reino de Yahweh,

15 Y diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Yahweh se ha acercado: arrepentíos, y creed en el evangelio.

16 Ahora bien, andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés su hermano echando una red en el mar; porque eran pescadores.

17 Y Yeshua les dijo: Venid en pos de mí, y haré que lleguéis a ser pescadores de hombres.

18 Y luego, dejando sus redes, le siguieron.

19 Y cuando había pasado un poco más adelante de allí, vio a Jacobo, el hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, que también estaban en la barca remendando sus redes.

20 Y luego los llamó; y ellos dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, y fueron en pos de él.

21 Y entraron en Capernaúm; y luego, en el día de reposo, él entró en la sinagoga, y enseñaba.

22 Y se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.

23 Y había en la sinagoga de ellos un hombre con un espíritu inmundo; y gritó,

24 Diciendo: Déjanos; ¿qué tenemos que ver contigo, Yeshua de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres: el Santo de Yahweh.

25 Y Yeshua le reprendió, diciendo: Cállate, y sal de él.

26 Y cuando el espíritu inmundo le hubo sacudido, y clamado a gran voz, salió de él.

27 Y todos se asombraron, de tal manera que se preguntaban entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es esta? Porque con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen.

28 Y inmediatamente su fama se difundió por toda la región de alrededor de Galilea.

29 Y enseguida, cuando salieron de la sinagoga, entraron en la casa de Simón y Andrés, con Jacobo y Juan.

30 Pero la suegra de Simón yacía enferma con fiebre, y enseguida le hablaron de ella.

31 Y él vino, y la tomó de la mano, y la levantó; e inmediatamente la fiebre la dejó, y ella les servía.

32 Y al atardecer, cuando el sol se puso, le trajeron a todos los que estaban enfermos, y a los que estaban poseídos por demonios.

33 Y toda la ciudad se reunió a la puerta.

34 Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera a muchos demonios; y no permitía que los demonios hablaran, porque le conocían.

35 Y en la mañana, levantándose mucho antes del amanecer, salió, y se fue a un lugar solitario, y allí oraba.

36 Y Simón y los que estaban con él fueron en pos de él.

37 Y cuando le hubieron hallado, le dijeron: Todos te buscan.

38 Y él les dijo: Vamos a los pueblos vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido.

39 Y predicaba en las sinagogas de ellos por toda Galilea, y echaba fuera demonios.

40 Y vino a él un leproso, rogándole, e hincándose de rodillas ante él, y diciéndole: Si quieres, puedes limpiarme.

41 Y Yeshua, movido a compasión, extendió su mano, y le tocó, y le dice: Quiero; sé limpio.

42 Y tan pronto como hubo hablado, inmediatamente la lepra se apartó de él, y quedó limpio.

43 Y le encargó rigurosamente, y enseguida le envió lejos;

44 Y le dice: Mira, no digas nada a nadie; sino ve por tu camino, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza aquellas cosas que Moisés mandó, para testimonio a ellos.

45 Pero él salió, y comenzó a publicarlo mucho, y a divulgar el asunto, de tal manera que Yeshua ya no podía entrar abiertamente en la ciudad, sino que estaba fuera en lugares desiertos; y venían a él de todas partes.

Capítulo 2

1 Y entró de nuevo en Capernaúm después de algunos días; y se oyó que estaba en casa.

2 Y enseguida se reunieron muchos, de tal manera que ya no había lugar para recibirlos, ni aun a la puerta; y les predicaba la palabra.

3 Y vinieron a él, trayendo a un paralítico, que era llevado por cuatro.

4 Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo donde él estaba; y habiéndolo abierto, bajaron el lecho en que yacía el paralítico.

5 Y al ver Yeshua la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.

6 Pero estaban allí sentados algunos de los escribas, y cavilaban en sus corazones,

7 ¿Por qué habla este así blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Yahweh?

8 Y enseguida, conociendo Yeshua en su espíritu que cavilaban de esta manera dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué caviláis estas cosas en vuestros corazones?

9 ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados; o decir: Levántate, y toma tu lecho, y anda?

10 Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados, (dijo al paralítico,)

11 A ti te digo: Levántate, y toma tu lecho, y vete a tu casa.

12 Y enseguida se levantó, y tomando el lecho, salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron a Yahweh, diciendo: Nunca hemos visto tal cosa.

13 Y salió de nuevo junto al mar; y toda la multitud venía a él, y les enseñaba.

14 Y al pasar, vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y levantándose, le siguió.

15 Y aconteció que, estando Yeshua a la mesa en casa de él, muchos publicanos y pecadores estaban también a la mesa juntamente con Yeshua y sus discípulos; porque había muchos, y le habían seguido.

16 Y los escribas y los fariseos, viéndole comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron a sus discípulos: ¿Cómo es que él come y bebe con los publicanos y pecadores?

17 Y oyéndolo Yeshua, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos: no he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.

18 Y los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunaban; y vinieron, y le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunan, y tus discípulos no ayunan?

19 Y Yeshua les dijo: ¿Acaso pueden ayunar los que están de bodas, mientras el esposo está con ellos? Entretanto que tienen al esposo con ellos, no pueden ayunar.

20 Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces ayunarán en aquellos días.

21 Nadie cose un pedazo de paño nuevo en un vestido viejo; de otra manera, el remiendo nuevo tira de lo viejo, y la rotura se hace peor.

22 Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y el vino se derrama, y los odres se pierden; sino que el vino nuevo debe ser echado en odres nuevos.

23 Y aconteció que él pasaba por los sembrados en el día de reposo; y sus discípulos, andando, comenzaron a arrancar espigas.

24 Y los fariseos le dijeron: He aquí, ¿por qué hacen en el día de reposo lo que no es lícito?

25 Y él les dijo: ¿Nunca leísteis lo que hizo David, cuando tuvo necesidad, y tuvo hambre, él, y los que con él estaban?

26 Cómo entró en la casa de Yahweh en días de Abiatar el sumo sacerdote, y comió los panes de la proposición, que no es lícito comer sino a los sacerdotes, y aun dio a los que con él estaban?

27 Y les dijo: El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo:

28 Por tanto, el Hijo del hombre es Yeshua también del día de reposo.

Capítulo 3

1 Y entró de nuevo en la sinagoga; y había allí un hombre que tenía una mano seca.

2 Y le acechaban, si le sanaría en el día de reposo, para poder acusarle.

3 Y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate y ponte en medio.

4 Y les dijo: ¿Es lícito en los días de reposo hacer bien, o hacer mal? ¿Salvar la vida, o quitarla? Pero ellos callaban.

5 Y mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y su mano fue restaurada sana como la otra.

6 Y saliendo los fariseos, enseguida tomaron consejo con los herodianos contra él, para destruirle.

7 Pero Yeshua se retiró con sus discípulos al mar; y le siguió una gran multitud de Galilea, y de Judea,

8 Y de Jerusalén, y de Idumea, y del otro lado del Jordán; y los de alrededor de Tiro y de Sidón, una gran multitud, al oír cuán grandes cosas hacía, vinieron a él.

9 Y dijo a sus discípulos que le tuviesen siempre lista una barca pequeña, a causa de la multitud, para que no le oprimiesen.

10 Porque había sanado a muchos, de manera que se le echaban encima para tocarle, cuantos tenían plagas.

11 Y los espíritus inmundos, al verle, se postraban delante de él, y daban voces, diciendo: Tú eres el Hijo de Yahweh.

12 Y él les reprendía mucho para que no le descubriesen.

13 Y subió a un monte, y llamó a sí a los que él quiso; y vinieron a él.

14 Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar,

15 Y para que tuviesen poder para sanar enfermedades, y para echar fuera demonios:

16 A Simón, a quien puso por sobrenombre Pedro;

17 A Jacobo, hijo de Zebedeo, y a Juan, hermano de Jacobo, a quienes puso por sobrenombre Boanerges, que es: Hijos del trueno:

18 Y a Andrés, y a Felipe, y a Bartolomé, y a Mateo, y a Tomás, y a Jacobo, hijo de Alfeo, y a Tadeo, y a Simón el cananista,

19 Y a Judas Iscariote, el que le entregó; y vinieron a casa.

20 Y se reunió de nuevo la multitud, de modo que ni aun podían comer pan.

21 Y cuando lo oyeron los suyos, salieron para prenderle; porque decían: Está fuera de sí.

22 Y los escribas que habían venido de Jerusalén decían: Tiene a Beelzebú, y por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios.

23 Y llamándolos a sí, les decía en parábolas: ¿Cómo puede Satanás echar fuera a Satanás?

24 Y si un reino está dividido contra sí mismo, tal reino no puede permanecer.

25 Y si una casa está dividida contra sí misma, tal casa no puede permanecer.

26 Y si Satanás se levanta contra sí mismo, y se divide, no puede permanecer, sino que ha llegado su fin.

27 Ninguno puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si antes no le ata; y entonces podrá saquear su casa.

28 En verdad os digo: Todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera que sean con que blasfemaren:

29 Pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que está en peligro de condenación eterna.

30 Porque decían: Tiene espíritu inmundo.

31 Vinieron entonces sus hermanos y su madre, y quedándose fuera, enviaron a él, llamándole.

32 Y la multitud estaba sentada alrededor de él, y le dijeron: He aquí, tu madre y tus hermanos están fuera, y te buscan.

33 Y él les respondió, diciendo: ¿Quién es mi madre, o mis hermanos?

34 Y mirando alrededor a los que estaban sentados en torno a él, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos.

35 Porque todo aquel que hace la voluntad de Yahweh, ese es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.

Capítulo 4

1 Y comenzó de nuevo a enseñar junto al mar; y se reunió junto a él una gran multitud, de tal manera que entró en una barca, y se sentó en el mar; y toda la multitud estaba en la tierra junto al mar.

2 Y les enseñaba por parábolas muchas cosas, y les decía en su doctrina,

3 Oíd: He aquí, salió el sembrador a sembrar;

4 Y aconteció, al sembrar, que una parte cayó junto al camino, y vinieron las aves del cielo y la comieron.

5 Y otra parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y enseguida brotó, porque no tenía profundidad de tierra:

6 Pero cuando salió el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó.

7 Y otra parte cayó entre espinos, y los espinos crecieron, y la ahogaron, y no dio fruto.

8 Y otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto que brotó y creció; y produjo, unos a treinta, y otros a sesenta, y otros a ciento.

9 Y les dijo: El que tiene oídos para oír, oiga.

10 Y cuando estuvo solo, los que estaban cerca de él con los doce le preguntaron sobre la parábola.

11 Y les dijo: A vosotros os es dado saber el misterio del reino de Yahweh; pero a los que están fuera, todas estas cosas les son hechas en parábolas:

12 Para que viendo, vean, y no perciban; y oyendo, oigan, y no entiendan; no sea que se conviertan, y les sean perdonados sus pecados.

13 Y les dijo: ¿No sabéis esta parábola? ¿Cómo, pues, entenderéis todas las parábolas?

14 El sembrador siembra la palabra.

15 Y estos son los de junto al camino, donde se siembra la palabra; pero después que la oyen, enseguida viene Satanás, y quita la palabra que fue sembrada en sus corazones.

16 Y estos son asimismo los que fueron sembrados en pedregales; los cuales, cuando han oído la palabra, enseguida la reciben con gozo;

17 Y no tienen raíz en sí mismos, sino que duran solo por un tiempo; después, cuando viene la tribulación o la persecución por causa de la palabra, enseguida tropiezan.

18 Y estos son los que fueron sembrados entre espinos; tales como oyen la palabra,

19 Y los afanes de este mundo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entrando, ahogan la palabra, y se hace infructuosa.

20 Y estos son los que fueron sembrados en buena tierra; tales que oyen la palabra, y la reciben, y dan fruto, unos a treinta, otros a sesenta, y otros a ciento.

21 Y les dijo: ¿Acaso se trae una lámpara para ponerla debajo del almud, o debajo de la cama? ¿No es para ponerla en el candelero?

22 Porque no hay nada oculto, que no haya de ser manifestado; ni nada ha sido guardado en secreto, sino para que salga a luz.

23 Si alguno tiene oídos para oír, oiga.

24 Y les dijo: Mirad lo que oís: con la medida con que medís, os será medido a vosotros; y a vosotros que oís, más os será dado.

25 Porque al que tiene, le será dado; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.

26 Y dijo: Así es el reino de Yahweh, como cuando un hombre echa semilla en la tierra;

27 Y duerme, y se levanta de noche y de día, y la semilla brota y crece, sin que él sepa cómo.

28 Porque de suyo la tierra produce fruto; primero hierba, luego espiga, después el grano lleno en la espiga.

29 Y cuando el fruto está producido, enseguida mete la hoz, porque la siega ha llegado.

30 Y dijo: ¿A qué compararemos el reino de Yahweh? ¿O con qué parábola lo compararemos?

31 Es como un grano de mostaza, que, cuando se siembra en la tierra, es la más pequeña de todas las semillas que hay en la tierra:

32 Pero después de sembrado, crece, y se hace mayor que todas las hortalizas, y echa grandes ramas; de tal manera que las aves del cielo pueden morar bajo su sombra.

33 Y con muchas parábolas como estas les hablaba la palabra, conforme a lo que podían oír.

34 Y sin parábola no les hablaba; y cuando estaban solos, declaraba todas las cosas a sus discípulos.

35 Y aquel mismo día, cuando anocheció, les dijo: Pasemos al otro lado.

36 Y despidiendo a la multitud, le tomaron tal como estaba en la barca. Y había también con él otras barcas pequeñas.

37 Y se levantó una gran tempestad de viento, y las olas golpeaban en la barca, de tal modo que ya se anegaba.

38 Y él estaba en la popa de la barca, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?

39 Y levantándose él, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza.

40 Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo es que no tenéis fe?

41 Y tuvieron gran temor, y se decían el uno al otro: ¿Qué clase de hombre es este, que aun el viento y el mar le obedecen?

Capítulo 5

1 Y vinieron al otro lado del mar, a la región de los gadarenos.

2 Y cuando salió de la barca, enseguida le salió al encuentro, de los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo,

3 Que tenía su morada entre los sepulcros; y nadie podía atarle, ni aun con cadenas:

4 Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, y las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y los grillos desmenuzados; y nadie podía dominarle.

5 Y siempre, de día y de noche, andaba en los montes y en los sepulcros, gritando, e hiriéndose con piedras.

6 Y cuando vio a Yeshua de lejos, corrió, y le adoró,

7 Y clamando a gran voz, dijo: ¿Qué tengo yo contigo, Yeshua, Hijo del Yahweh altísimo? Te conjuro por Yahweh, que no me atormentes.

8 Porque le decía: Sal de este hombre, espíritu inmundo.

9 Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y él respondió, diciendo: Legión me llamo; porque somos muchos.

10 Y le rogaba mucho que no los enviase fuera de aquella región.

11 Y estaba allí, cerca de los montes, un gran hato de puercos paciendo.

12 Y todos los demonios le rogaron, diciendo: Envíanos a los puercos, para que entremos en ellos.

13 Y enseguida Yeshua les dio permiso. Y los espíritus inmundos salieron, y entraron en los puercos; y el hato se precipitó por un despeñadero al mar, (eran como dos mil;) y en el mar se ahogaron.

14 Y los que apacentaban los puercos huyeron, y lo contaron en la ciudad, y en los campos. Y salieron para ver qué era lo que había sucedido.

15 Y vienen a Yeshua, y ven al que había sido atormentado por el demonio, y que había tenido la legión, sentado, y vestido, y en su juicio cabal; y tuvieron miedo.

16 Y los que lo habían visto les contaron cómo le había acontecido al que había tenido el demonio, y también lo de los puercos.

17 Y comenzaron a rogarle que se fuese de sus contornos.

18 Y al entrar él en la barca, el que había estado endemoniado le rogaba que le dejase estar con él.

19 Pero Yeshua no le permitió, sino que le dijo: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas Yeshua ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti.

20 Y se fue, y comenzó a publicar en Decápolis cuán grandes cosas Yeshua había hecho con él; y todos se maravillaban.

21 Y cuando Yeshua hubo pasado de nuevo en la barca al otro lado, se reunió a él una gran multitud; y él estaba junto al mar.

22 Y he aquí, vino uno de los principales de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vio, se postró a sus pies,

23 Y le rogaba mucho, diciendo: Mi hijita está agonizando; te ruego que vengas y pongas las manos sobre ella, para que sea salva; y vivirá.

24 Y Yeshua fue con él; y le seguía una gran multitud, y le apretaban.

25 Y una mujer, que padecía de flujo de sangre desde hacía doce años,

26 Y había sufrido mucho de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor,

27 Cuando oyó hablar de Yeshua, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto.

28 Porque decía: Si tocare solamente sus vestidos, seré salva.

29 Y enseguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en su cuerpo que estaba sana de aquel azote.

30 Y Yeshua, conociendo enseguida en sí mismo que poder había salido de él, volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos?

31 Y sus discípulos le dijeron: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado?

32 Y él miraba alrededor para ver a la que había hecho esto.

33 Pero la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad.

34 Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote.

35 Y mientras él aún hablaba, vinieron de casa del principal de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas más al Maestro?

36 Y tan pronto como Yeshua oyó la palabra que se decía, dijo al principal de la sinagoga: No temas, cree solamente.

37 Y no permitió que nadie le siguiese, sino Pedro, y Jacobo, y Juan, hermano de Jacobo.

38 Y vino a casa del principal de la sinagoga, y vio el alboroto, y a los que lloraban y lamentaban mucho.

39 Y entrando, les dijo: ¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no está muerta, sino que duerme.

40 Y se burlaban de él. Pero él, echando fuera a todos, tomó al padre y a la madre de la niña, y a los que estaban con él, y entró donde la niña yacía.

41 Y tomó a la niña por la mano, y le dijo: Talita cumi; que interpretado es: Niña, a ti te digo, levántate.

42 Y enseguida la niña se levantó, y andaba; porque tenía doce años. Y se espantaron grandemente.

43 Y él les encargó mucho que nadie lo supiese; y mandó que se le diese de comer.

Capítulo 6

1 Y salió de allí, y vino a su tierra; y le siguen sus discípulos.

2 Y cuando llegó el día de reposo, comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos, oyéndole, se admiraban, diciendo: ¿De dónde tiene este estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, que aun tales maravillas son hechas por sus manos?

3 ¿No es este el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, y de José, y de Judas, y de Simón? ¿Y no están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban en él.

4 Pero Yeshua les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra, y entre sus parientes, y en su casa.

5 Y no pudo hacer allí ninguna obra poderosa, salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos.

6 Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos. Y recorría las aldeas de alrededor, enseñando.

7 Y llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos; y les dio poder sobre los espíritus inmundos;

8 Y les mandó que nada llevasen para el camino, sino solamente bordón; ni alforja, ni pan, ni dinero en el cinto:

9 Sino que calzasen sandalias; y no vistiesen dos túnicas.

10 Y les dijo: Dondequiera que entréis en una casa, permaneced allí hasta que salgáis de aquel lugar.

11 Y cualquiera que no os reciba, ni os oiga, al salir de allí, sacudid el polvo que está debajo de vuestros pies, para testimonio contra ellos. En verdad os digo: Será más tolerable para Sodoma y Gomorra en el día del juicio, que para aquella ciudad.

12 Y saliendo, predicaban que los hombres se arrepintiesen.

13 Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y los sanaban.

14 Y oyó el rey Herodes de él; (porque su nombre se había hecho notorio;) y dijo: Juan el Bautista ha resucitado de los muertos, y por eso actúan en él estos poderes.

15 Otros decían: Es Elías. Y otros decían: Es un profeta, o como uno de los profetas.

16 Pero cuando Herodes lo oyó, dijo: Es Juan, a quien yo degollé; él ha resucitado de los muertos.

17 Porque el mismo Herodes había enviado y prendido a Juan, y le había atado en la cárcel por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano; porque se había casado con ella.

18 Porque Juan decía a Herodes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano.

19 Por eso Herodías le guardaba rencor, y quería matarle; pero no podía:

20 Porque Herodes temía a Juan, sabiendo que era varón justo y santo, y le guardaba a salvo; y oyéndole, hacía muchas cosas, y le escuchaba de buena gana.

21 Y venido un día oportuno, en que Herodes, en la fiesta de su cumpleaños, daba una cena a sus príncipes, y a los tribunos, y a los principales de Galilea;

22 Y entrando la hija de la misma Herodías, y danzando, y agradando a Herodes y a los que estaban con él a la mesa, el rey dijo a la muchacha: Pídeme lo que quieras, y yo te lo daré.

23 Y le juró: Todo lo que me pidas, te daré, hasta la mitad de mi reino.

24 Y saliendo ella, dijo a su madre: ¿Qué pediré? Y ella dijo: La cabeza de Juan el Bautista.

25 Y entrando enseguida con prisa al rey, pidió, diciendo: Quiero que ahora mismo me des en un plato la cabeza de Juan el Bautista.

26 Y el rey se entristeció mucho; pero a causa del juramento, y de los que estaban con él a la mesa, no quiso desecharla.

27 Y enseguida el rey envió a un verdugo, y mandó que fuese traída su cabeza; y él fue, y le degolló en la cárcel,

28 Y trajo su cabeza en un plato, y la dio a la muchacha; y la muchacha la dio a su madre.

29 Y cuando lo oyeron sus discípulos, vinieron, y tomaron su cadáver, y lo pusieron en un sepulcro.

30 Y los apóstoles se reunieron con Yeshua, y le contaron todo, tanto lo que habían hecho, como lo que habían enseñado.

31 Y él les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco; porque eran muchos los que iban y venían, y ni aun tenían tiempo para comer.

32 Y se fueron solos en una barca a un lugar desierto.

33 Y la gente los vio ir, y muchos le conocieron, y corrieron allí a pie de todas las ciudades, y llegaron antes que ellos, y se reunieron a él.

34 Y saliendo Yeshua, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas.

35 Y cuando ya era muy avanzada la hora, sus discípulos se acercaron a él, y dijeron: El lugar es desierto, y la hora ya muy avanzada:

36 Despídelos, para que vayan a los campos y aldeas de alrededor, y compren pan para sí; porque no tienen qué comer.

37 Y respondiendo él, les dijo: Dadles vosotros de comer. Y ellos le dijeron: ¿Que vayamos y compremos pan por doscientos denarios, y les demos de comer?

38 Él les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Id, y vedlo. Y al saberlo, dijeron: Cinco, y dos peces.

39 Y les mandó que hiciesen recostar a todos por grupos sobre la hierba verde.

40 Y se recostaron por grupos, de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta.

41 Y tomando los cinco panes y los dos peces, levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió los panes, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante de ellos; y repartió los dos peces entre todos.

42 Y comieron todos, y se saciaron.

43 Y recogieron doce cestas llenas de pedazos, y de los peces.

44 Y los que comieron de los panes eran como cinco mil hombres.

45 Y enseguida hizo a sus discípulos entrar en la barca, e ir delante de él a Betsaida, al otro lado, entretanto que él despedía a la multitud.

46 Y después de despedirlos, se fue al monte a orar.

47 Y cuando anocheció, la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra.

48 Y les vio remar con gran fatiga; porque el viento les era contrario; y cerca de la cuarta vigilia de la noche vino a ellos andando sobre el mar, y quería adelantárseles.

49 Y viéndole ellos andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma, y gritaron:

50 Porque todos le veían, y se turbaron. Pero enseguida habló con ellos, y les dijo: Tened ánimo; yo soy, no temáis.

51 Y subió a ellos en la barca, y se calmó el viento; y ellos se asombraron en gran manera, y se maravillaban.

52 Porque aún no habían entendido lo de los panes, por cuanto su corazón estaba endurecido.

53 Y terminada la travesía, vinieron a la tierra de Genesaret, y arribaron a la orilla.

54 Y saliendo ellos de la barca, enseguida la gente le conoció,

55 Y recorrieron toda aquella región de alrededor, y comenzaron a traer en lechos a los que estaban enfermos, adonde oían que él estaba.

56 Y dondequiera que entraba, en aldeas, o en ciudades, o en campos, ponían a los enfermos en las calles, y le rogaban que les dejase tocar siquiera el borde de su manto; y todos los que le tocaban quedaban sanos.

Capítulo 7

1 Y se reunieron junto a él los fariseos, y algunos de los escribas, que habían venido de Jerusalén.

2 Y cuando vieron a algunos de sus discípulos comer pan con manos impuras, es decir, sin lavar, los condenaban.

3 Porque los fariseos, y todos los judíos, aferrándose a la tradición de los ancianos, si no se lavan muchas veces las manos, no comen.

4 Y volviendo de la plaza, si no se lavan, no comen. Y hay otras muchas cosas que han recibido para guardar, como los lavamientos de los vasos de beber, y de los jarros, y de los utensilios de metal, y de las mesas.

5 Entonces los fariseos y escribas le preguntaron: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme a la tradición de los ancianos, sino que comen pan con manos sin lavar?

6 Y respondiendo él, les dijo: Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: Este pueblo con los labios me honra, pero su corazón está lejos de mí.

7 Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres.

8 Porque dejando el mandamiento de Yahweh, os aferráis a la tradición de los hombres, como los lavamientos de jarros y de vasos; y hacéis otras muchas cosas semejantes.

9 Y les dijo: Bien invalidáis el mandamiento de Yahweh para guardar vuestra tradición.

10 Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente:

11 Pero vosotros decís: Si un hombre dijere a su padre o a su madre: Es Corbán, es decir, mi ofrenda, todo aquello con que hubieras podido ser beneficiado por mí; quedará libre.

12 Y no le dejáis hacer más por su padre o por su madre;

13 Invalidando la palabra de Yahweh con vuestra tradición que habéis transmitido; y hacéis muchas cosas semejantes a estas.

14 Y llamando a sí a toda la multitud, les dijo: Oídme todos, y entended:

15 Nada hay fuera del hombre, que entrando en él, le pueda contaminar; sino lo que sale de él, eso es lo que contamina al hombre.

16 Si alguno tiene oídos para oír, oiga.

17 Y cuando se apartó de la multitud y entró en casa, sus discípulos le preguntaron sobre la parábola.

18 Y él les dijo: ¿También vosotros estáis así sin entendimiento? ¿No entendéis que todo lo que de fuera entra en el hombre, no le puede contaminar;

19 Porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y sale a la letrina, purificando todos los alimentos?

20 Y dijo: Lo que del hombre sale, eso contamina al hombre.

21 Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios,

22 Los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la blasfemia, el orgullo, la insensatez:

23 Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.

24 Y levantándose de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón, y entrando en una casa, quiso que nadie lo supiese; pero no pudo esconderse.

25 Porque una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo, luego que oyó de él, vino y se postró a sus pies:

26 La mujer era griega, y sirofenicia de nación; y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio.

27 Pero Yeshua le dijo: Deja primero que se sacien los hijos; porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos.

28 Y ella respondió y le dijo: Sí, Yeshua; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos.

29 Y él le dijo: Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija.

30 Y cuando llegó a su casa, halló que el demonio había salido, y a su hija acostada en la cama.

31 Y volviendo a salir de la región de Tiro, vino por Sidón al mar de Galilea, pasando por en medio de la región de Decápolis.

32 Y le trajeron un sordo y tartamudo, y le rogaron que le pusiese la mano encima.

33 Y tomándole aparte de la multitud, metió sus dedos en sus oídos, y escupiendo, tocó su lengua;

34 Y levantando los ojos al cielo, gimió, y le dijo: Efata, es decir: Sé abierto.

35 Y enseguida fueron abiertos sus oídos, y se desató la ligadura de su lengua, y hablaba bien.

36 Y les encargó que a nadie lo dijesen; pero cuanto más les encargaba, tanto más lo divulgaban;

37 Y en gran manera se maravillaban, diciendo: Bien lo ha hecho todo; hace a los sordos oír, y a los mudos hablar.

Capítulo 8

1 En aquellos días, como había una gran multitud, y no tenían qué comer, Yeshua llamó a sus discípulos, y les dijo:

2 Tengo compasión de la multitud, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer:

3 Y si los enviara en ayunas a sus casas, se desmayarán en el camino; porque algunos de ellos han venido de lejos.

4 Y sus discípulos le respondieron: ¿De dónde podrá alguien saciar a estos de pan aquí en el desierto?

5 Y él les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete.

6 Y mandó a la multitud que se recostase en tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias, los partió, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y ellos los pusieron delante de la multitud.

7 Y tenían también unos pocos pececillos; y habiendo bendecido, mandó que también los pusiesen delante.

8 Y comieron, y se saciaron; y recogieron de los pedazos que habían sobrado, siete canastas.

9 Y los que habían comido eran como cuatro mil; y los despidió.

10 Y enseguida, entrando en la barca con sus discípulos, vino a la región de Dalmanuta.

11 Y salieron los fariseos, y comenzaron a disputar con él, pidiéndole señal del cielo, tentándole.

12 Y gimiendo en su espíritu, dijo: ¿Por qué pide señal esta generación? En verdad os digo: No se dará señal a esta generación.

13 Y dejándolos, volvió a entrar en la barca, y se fue a la otra ribera.

14 Y habían olvidado de traer pan, y no tenían sino un pan consigo en la barca.

15 Y él les encargó, diciendo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos, y de la levadura de Herodes.

16 Y discutían entre sí, diciendo: Es porque no trajimos pan.

17 Y entendiéndolo Yeshua, les dijo: ¿Qué discutís, porque no tenéis pan? ¿No entendéis aún, ni comprendéis? ¿Aún tenéis endurecido vuestro corazón?

18 ¿Teniendo ojos, no veis? ¿Y teniendo oídos, no oís? ¿Y no recordáis?

19 Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas cestas llenas de pedazos recogisteis? Ellos dijeron: Doce.

20 Y cuando los siete entre cuatro mil, ¿cuántas canastas llenas de pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Siete.

21 Y les dijo: ¿Cómo es que aún no entendéis?

22 Y vino a Betsaida; y le trajeron un ciego, y le rogaron que le tocase.

23 Y tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima, y le preguntó si veía algo.

24 Y él, mirando, dijo: Veo a los hombres como árboles, que andan.

25 Luego le puso de nuevo las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio a todos claramente.

26 Y le envió a su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas a nadie en la aldea.

27 Y salió Yeshua, y sus discípulos, hacia las aldeas de Cesarea de Filipo; y en el camino preguntó a sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo?

28 Y ellos respondieron: Juan el Bautista; y otros, Elías; y otros, Uno de los profetas.

29 Y él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Y respondiendo Pedro, le dijo: Tú eres el Mesías.

30 Y les encargó que a nadie dijesen de él.

31 Y comenzó a enseñarles que le era necesario al Hijo del hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días.

32 Y hablaba esta palabra claramente. Y Pedro le tomó aparte, y comenzó a reconvenirle.

33 Pero él, volviéndose y mirando a los discípulos, reprendió a Pedro, diciendo: Quítate de delante de mí, Satanás; porque no pones la mira en las cosas de Yahweh, sino en las de los hombres.

34 Y llamando a la multitud con sus discípulos también, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.

35 Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; pero todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.

36 Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?

37 ¿O qué dará el hombre en rescate de su alma?

38 El que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.

Capítulo 9

1 Y les dijo: En verdad os digo: Que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Yahweh que ha venido con poder.

2 Y seis días después, Yeshua tomó consigo a Pedro, y a Jacobo, y a Juan, y los llevó aparte solos a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos.

3 Y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos como la nieve, tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos.

4 Y les apareció Elías con Moisés, y hablaban con Yeshua.

5 Y Pedro respondió y dijo a Yeshua: Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí; y hagamos tres enramadas: una para ti, y una para Moisés, y una para Elías.

6 Porque no sabía lo que hablaba; porque estaban espantados.

7 Y vino una nube que les hizo sombra, y una voz salió de la nube, diciendo: Este es mi Hijo amado; a él oíd.

8 Y enseguida, cuando miraron alrededor, no vieron a nadie más, sino a Yeshua solo con ellos.

9 Y descendiendo ellos del monte, les encargó que a nadie dijesen lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre hubiese resucitado de entre los muertos.

10 Y retuvieron la palabra en sí mismos, discutiendo entre sí qué sería aquello de resucitar de entre los muertos.

11 Y le preguntaron, diciendo: ¿Por qué dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?

12 Y respondiendo él, les dijo: Elías a la verdad viene primero, y restaura todas las cosas; ¿y cómo está escrito del Hijo del hombre, que debe padecer mucho y ser tenido en nada?

13 Pero os digo: Que Elías ya vino, y le hicieron todo lo que quisieron, como está escrito de él.

14 Y cuando vino a los discípulos, vio una gran multitud alrededor de ellos, y a los escribas disputando con ellos.

15 Y enseguida toda la gente, viéndole, se asombró, y corriendo a él, le saludaron.

16 Y preguntó a los escribas: ¿Qué disputáis con ellos?

17 Y respondió uno de la multitud, y dijo: Maestro, traje a ti a mi hijo, que tiene un espíritu mudo;

18 Y dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que lo echasen fuera, y no pudieron.

19 Y respondiendo él, dijo: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os habré de soportar? Traédmelo.

20 Y se lo trajeron; y cuando le vio, enseguida el espíritu le sacudió con violencia; y cayendo en tierra, se revolcaba, echando espumarajos.

21 Y preguntó a su padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él dijo: Desde niño.

22 Y muchas veces le echa en el fuego y en las aguas, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos.

23 Yeshua le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible.

24 Y enseguida el padre del niño clamó, y dijo con lágrimas: Yeshua, creo; ayuda mi incredulidad.

25 Cuando Yeshua vio que la gente se agolpaba, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él.

26 Y el espíritu, clamando y sacudiéndole con violencia, salió de él; y él quedó como muerto, de modo que muchos decían: Está muerto.

27 Pero Yeshua, tomándole de la mano, le enderezó; y se levantó.

28 Y cuando entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros no pudimos echarle fuera?

29 Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno.

30 Y salieron de allí, y pasaron por Galilea; y no quería que nadie lo supiese.

31 Porque enseñaba a sus discípulos, y les decía: El Hijo del hombre será entregado en manos de hombres, y le matarán; pero después de muerto, resucitará al tercer día.

32 Pero ellos no entendían esta palabra, y tenían miedo de preguntarle.

33 Y llegó a Capernaúm; y cuando estuvo en casa, les preguntó: ¿Qué disputabais entre vosotros en el camino?

34 Mas ellos callaron; porque en el camino habían disputado entre sí sobre quién había de ser el mayor.

35 Entonces él se sentó y llamó a los doce, y les dijo: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos.

36 Y tomó a un niño, y lo puso en medio de ellos; y tomándole en sus brazos, les dijo:

37 El que recibe en mi nombre a un niño como este, me recibe a mí; y el que a mí me recibe, no me recibe a mí sino al que me envió.

38 Y Juan le respondió diciendo: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía.

39 Pero Yeshua dijo: No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre, que luego pueda decir mal de mí.

40 Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.

41 Porque cualquiera que os diere un vaso de agua en mi nombre, porque vosotros sois del Mesías, de cierto os digo que no perderá su recompensa.

42 Y cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino, y que se le arrojase en el mar.

43 Si tu mano te fuere ocasión de caer, córtala; mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado:

44 Donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.

45 Y si tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo; mejor te es entrar a la vida cojo, que teniendo dos pies ser echado en el infierno, al fuego que no puede ser apagado:

46 Donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.

47 Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar en el reino de Yahweh con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al fuego del infierno:

48 Donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.

49 Porque todos serán salados con fuego, y todo sacrificio será salado con sal.

50 Buena es la sal; mas si la sal se hace insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros mismos; y tened paz los unos con los otros.

Capítulo 10

1 Levantándose de allí, vino a la región de Judea y al otro lado del Jordán; y volvió el pueblo a juntarse a él, y de nuevo les enseñaba como solía.

2 Y se acercaron los fariseos y le preguntaron, para tentarle, si era lícito al marido repudiar a su mujer.

3 Él, respondiendo, les dijo: ¿Qué os mandó Moisés?

4 Ellos dijeron: Moisés permitió escribir carta de divorcio, y repudiarla.

5 Y respondiendo Yeshua, les dijo: Por la dureza de vuestro corazón os escribió este mandamiento;

6 pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Yahweh.

7 Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer,

8 y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno.

9 Por tanto, lo que Yahweh juntó, no lo separe el hombre.

10 En casa volvieron los discípulos a preguntarle de lo mismo,

11 y les dijo: Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella;

12 y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio.

13 Y le presentaban niños para que los tocase; y los discípulos reprendían a los que los presentaban.

14 Viéndolo Yeshua, se indignó, y les dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Yahweh.

15 De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Yahweh como un niño, no entrará en él.

16 Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía.

17 Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?

18 Yeshua le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino solo uno, Yahweh.

19 Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre.

20 Él entonces, respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud.

21 Entonces Yeshua, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, toma tu cruz, y sígueme.

22 Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.

23 Entonces Yeshua, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Yahweh los que tienen riquezas!

24 Los discípulos se asombraron de sus palabras; pero Yeshua, respondiendo de nuevo, les dijo: Hijos, ¡cuán difícil les es entrar en el reino de Yahweh a los que confían en las riquezas!

25 Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Yahweh.

26 Ellos se asombraban aun más, diciendo entre sí: ¿Quién, pues, podrá ser salvo?

27 Entonces Yeshua, mirándolos, dijo: Para los hombres es imposible, mas para Yahweh, no; porque todas las cosas son posibles para Yahweh.

28 Entonces Pedro comenzó a decirle: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido.

29 Respondió Yeshua y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio,

30 que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero, la vida eterna.

31 Pero muchos primeros serán postreros, y los postreros, primeros.

32 Iban por el camino subiendo a Jerusalén; y Yeshua iba delante, y ellos se asombraron; y le seguían con miedo. Entonces volvió a tomar a los doce, y comenzó a decirles las cosas que le habían de sobrevenir,

33 diciendo: He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte, y le entregarán a los gentiles;

34 y le escarnecerán, le azotarán, y escupirán en él, y le matarán; mas al tercer día resucitará.

35 Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se le acercaron, diciendo: Maestro, querríamos que nos hagas lo que pidiéremos.

36 Él les dijo: ¿Qué queréis que os haga?

37 Ellos le dijeron: Concédenos que en tu gloria nos sentemos el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda.

38 Entonces Yeshua les dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo bebo, o ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado?

39 Ellos dijeron: Podemos. Yeshua les dijo: A la verdad, del vaso que yo bebo, beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados;

40 pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino que será para aquellos para quienes está preparado.

41 Cuando lo oyeron los diez, comenzaron a enojarse contra Jacobo y contra Juan.

42 Mas Yeshua, llamándolos, les dijo: Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de los gentiles se enseñorean de ellos, y sus grandes ejercen sobre ellos potestad.

43 Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor,

44 y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos.

45 Porque el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

46 Entonces vinieron a Jericó; y al salir de Jericó él y sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando.

47 Y oyendo que era Yeshua de Nazaret, comenzó a dar voces y a decir: ¡Yeshua, Hijo de David, ten misericordia de mí!

48 Y muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!

49 Entonces Yeshua, deteniéndose, mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: Ten confianza; levántate, te llama.

50 Él entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Yeshua.

51 Respondiendo Yeshua, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Yeshua, que recobre la vista.

52 Y Yeshua le dijo: Ve, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Yeshua en el camino.

Capítulo 11

1 Cuando se acercaban a Jerusalén, junto a Betfagé y a Betania, frente al monte de los Olivos, envió dos de sus discípulos,

2 y les dijo: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego que entréis en ella, hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado; desatadlo y traedlo.

3 Y si alguien os dijere: ¿Por qué hacéis eso? decid que Yeshua lo necesita, y enseguida lo enviará aquí.

4 Fueron, y hallaron el pollino atado afuera a la puerta, en el recodo del camino, y lo desataron.

5 Y unos de los que estaban allí les dijeron: ¿Qué hacéis desatando el pollino?

6 Ellos entonces les dijeron como Yeshua había mandado; y los dejaron.

7 Y trajeron el pollino a Yeshua, y echaron sobre él sus mantos, y se sentó sobre él.

8 También muchos tendían sus mantos por el camino, y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían por el camino.

9 Y los que iban delante y los que venían detrás daban voces, diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre de Yahweh!

10 ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene en el nombre de Yahweh! ¡Hosanna en las alturas!

11 Y entró Yeshua en Jerusalén, y en el templo; y habiendo mirado alrededor todas las cosas, como ya anochecía, se fue a Betania con los doce.

12 Al día siguiente, cuando salieron de Betania, tuvo hambre.

13 Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella algo; pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, pues no era tiempo de higos.

14 Entonces Yeshua respondió y le dijo: Nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos.

15 Vinieron, pues, a Jerusalén; y entrando Yeshua en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo; y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas;

16 y no consentía que nadie atravesase el templo llevando utensilio alguno.

17 Y les enseñaba, diciendo: ¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.

18 Y lo oyeron los escribas y los principales sacerdotes, y buscaban cómo matarle; porque le tenían miedo, por cuanto todo el pueblo estaba admirado de su doctrina.

19 Pero al llegar la noche, salió de la ciudad.

20 Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces.

21 Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.

22 Respondiendo Yeshua, les dijo: Tened fe en Yahweh.

23 Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.

24 Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.

25 Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas.

26 Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas.

27 Volvieron entonces a Jerusalén; y andando él por el templo, vinieron a él los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos,

28 y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas, y quién te dio autoridad para hacer estas cosas?

29 Yeshua, respondiendo, les dijo: Os haré yo también una pregunta; respondedme, y os diré con qué autoridad hago estas cosas.

30 El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres? Respondedme.

31 Entonces ellos discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis?

32 Y si decimos, de los hombres... temían al pueblo, porque todos tenían a Juan como un verdadero profeta.

33 Así que, respondiendo, dijeron a Yeshua: No sabemos. Entonces respondiendo Yeshua, les dijo: Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas.

Capítulo 12

1 Entonces comenzó a decirles por parábolas: Un hombre plantó una viña, la cercó de vallado, cavó un lugar para el lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos.

2 Y a su tiempo envió un siervo a los labradores, para que recibiese de los labradores del fruto de la viña.

3 Mas ellos, tomándole, le golpearon, y le enviaron con las manos vacías.

4 Volvió a enviarles otro siervo; pero apedreándole, le hirieron en la cabeza, y lo enviaron escarnecido.

5 Volvió a enviar otro, y a este lo mataron; y a otros muchos, golpeando a unos y matando a otros.

6 Por último, teniendo aún un hijo suyo, amado, lo envió también a ellos, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo.

7 Mas aquellos labradores dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y la heredad será nuestra.

8 Y tomándole, lo mataron, y lo echaron fuera de la viña.

9 ¿Qué, pues, hará el señor de la viña? Vendrá, y destruirá a los labradores, y dará su viña a otros.

10 ¿Ni aun esta escritura habéis leído: La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo;

11 Esto fue hecho por Yahweh, y es cosa maravillosa a nuestros ojos?

12 Y procuraban prenderle, pero temían a la multitud; porque entendían que decía contra ellos aquella parábola; y dejándole, se fueron.

13 Y le enviaron algunos de los fariseos y de los herodianos, para que le sorprendiesen en alguna palabra.

14 Viniendo ellos, le dijeron: Maestro, sabemos que eres hombre de verdad, y que no te cuidas de nadie; porque no miras la apariencia de los hombres, sino que con verdad enseñas el camino de Yahweh. ¿Es lícito dar tributo a César, o no?

15 ¿Daremos, o no daremos? Mas él, conociendo la hipocresía de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Traedme la moneda, para que la vea.

16 Ellos se la trajeron; y les dijo: ¿De quién es esta imagen y la inscripción? Y ellos le dijeron: De César.

17 Respondiendo Yeshua, les dijo: Dad a César lo que es de César, y a Yahweh lo que es de Yahweh. Y se maravillaron de él.

18 Entonces vinieron a él los saduceos, que dicen que no hay resurrección; y le preguntaron, diciendo:

19 Maestro, Moisés nos escribió que si el hermano de alguno muriere y dejare esposa, pero no dejare hijos, que su hermano se case con ella, y levante descendencia a su hermano.

20 Hubo siete hermanos: el primero tomó esposa, y murió sin dejar descendencia.

21 Y el segundo se casó con ella, y murió, y tampoco dejó descendencia; y el tercero, de la misma manera.

22 Y así los siete la tuvieron, y no dejaron descendencia; y después de todos murió también la mujer.

23 En la resurrección, pues, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será ella mujer? Porque los siete la tuvieron por mujer.

24 Entonces respondiendo Yeshua, les dijo: ¿No erráis por esto, porque ignoráis las Escrituras, y el poder de Yahweh?

25 Porque cuando resuciten de los muertos, ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles que están en los cielos.

26 Pero respecto a que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés cómo le habló Yahweh en la zarza, diciendo: Yo soy el Yahweh de Abraham, el Yahweh de Isaac y el Yahweh de Jacob?

27 Él no es Yahweh de muertos, sino Yahweh de vivos; así que vosotros mucho erráis.

28 Acercándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos?

29 Yeshua le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; Yahweh nuestro Yahweh es un solo Yahweh:

30 Y amarás a Yahweh tu Yahweh con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el primer mandamiento.

31 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que estos.

32 Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Yahweh, y no hay otro fuera de él;

33 y el amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento, con toda el alma, y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y sacrificios.

34 Yeshua entonces, viendo que había respondido sabiamente, le dijo: No estás lejos del reino de Yahweh. Y ya ninguno se atrevía a preguntarle.

35 Enseñando Yeshua en el templo, decía: ¿Cómo dicen los escribas que el Mesías es hijo de David?

36 Porque el mismo David dijo por el Espíritu Santo: Yahweh dijo a mi Yeshua: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.

37 David mismo le llama Yeshua; ¿cómo, pues, es su hijo? Y el pueblo común le oía de buena gana.

38 Y les decía en su doctrina: Guardaos de los escribas, que gustan de andar con largas ropas, y aman las salutaciones en las plazas,

39 y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas;

40 que devoran las casas de las viudas, y por pretexto hacen largas oraciones. Estos recibirán mayor condenación.

41 Estando Yeshua sentado delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho.

42 Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un cuadrante.

43 Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca;

44 porque todos han echado de lo que les sobra; pero esta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento.

Capítulo 13

1 Saliendo del templo, le dijo uno de sus discípulos: Maestro, mira qué piedras, y qué edificios.

2 Yeshua, respondiendo, le dijo: ¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra, que no sea derribada.

3 Y se sentó en el monte de los Olivos, frente al templo. Y Pedro, Jacobo, Juan y Andrés le preguntaron aparte:

4 Dinos, ¿cuándo serán estas cosas? ¿Y qué señal habrá cuando todas estas cosas hayan de cumplirse?

5 Yeshua, respondiéndoles, comenzó a decir: Mirad que nadie os engañe;

6 porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Mesías; y engañarán a muchos.

7 Mas cuando oigáis de guerras y de rumores de guerras, no os turbéis, porque es necesario que suceda así; pero aún no es el fin.

8 Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá terremotos en muchos lugares, y habrá hambres y alborotos; principios de dolores son estos.

9 Pero mirad por vosotros mismos; porque os entregarán a los concilios, y en las sinagogas os azotarán; y delante de gobernadores y de reyes os llevarán por causa de mí, para testimonio a ellos.

10 Y es necesario que el evangelio sea predicado antes a todas las naciones.

11 Pero cuando os trajeren para entregaros, no os preocupéis por lo que habéis de decir, ni lo penséis, sino lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo.

12 Y el hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y se levantarán los hijos contra los padres, y los matarán.

13 Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, este será salvo.

14 Pero cuando veáis la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel, puesta donde no debe estar (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea huyan a los montes.

15 El que esté en la azotea, no descienda a la casa, ni entre para tomar algo de su casa;

16 y el que esté en el campo, no vuelva atrás a tomar su capa.

17 Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días!

18 Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno;

19 porque aquellos días serán de tribulación cual nunca ha habido desde el principio de la creación que Yahweh creó hasta este tiempo, ni la habrá.

20 Y si Yahweh no hubiese acortado aquellos días, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos que él escogió, acortó aquellos días.

21 Entonces si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Mesías; o, mirad, allí está; no le creáis.

22 Porque se levantarán falsos mesías y falsos profetas, y harán señales y prodigios, para engañar, si fuese posible, aun a los escogidos.

23 Mas vosotros mirad; os lo he dicho todo antes.

24 Pero en aquellos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor,

25 y las estrellas del cielo caerán, y las potencias que están en los cielos serán conmovidas.

26 Entonces verán al Hijo del hombre, que vendrá en las nubes con gran poder y gloria.

27 Y entonces enviará sus ángeles, y juntará a sus escogidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.

28 De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca;

29 así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas.

30 De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.

31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

32 Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre.

33 Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo.

34 Es como el hombre que yéndose lejos, dejó su casa, y dio autoridad a sus siervos, y a cada uno su obra, y al portero mandó que velase.

35 Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana;

36 para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo.

37 Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad.

Capítulo 14

1 Dos días después era la pascua, y la fiesta de los panes sin levadura; y buscaban los principales sacerdotes y los escribas cómo prenderle con engaño y matarle.

2 Pero decían: No durante la fiesta para que no se haga alboroto en el pueblo.

3 Pero estando él en Betania, en casa de Simón el leproso, y sentado a la mesa, vino una mujer con un vaso de alabastro de perfume de nardo puro de mucho precio; y quebrando el vaso de alabastro, se lo derramó sobre su cabeza.

4 Y hubo algunos que se enojaron dentro de sí, y dijeron: ¿Para qué se ha hecho este desperdicio de perfume?

5 Porque podía haberse vendido por más de trescientos denarios, y haberse dado a los pobres. Y murmuraban contra ella.

6 Pero Yeshua dijo: Dejadla, ¿por qué la molestáis? Buena obra me ha hecho.

7 Siempre tendréis a los pobres con vosotros, y cuando queráis les podréis hacer bien; pero a mí no siempre me tendréis.

8 Esta ha hecho lo que podía; porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura.

9 De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que esta ha hecho, para memoria de ella.

10 Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, fue a los principales sacerdotes para entregárselo.

11 Ellos, al oírlo, se alegraron, y prometieron darle dinero. Y Judas buscaba oportunidad para entregarle.

12 El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, cuando sacrificaban el cordero de la pascua, sus discípulos le dijeron: ¿Dónde quieres que vayamos a preparar para que comas la pascua?

13 Y envió dos de sus discípulos, y les dijo: Id a la ciudad, y os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle,

14 y donde entrare, decid al señor de la casa: El Maestro dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua con mis discípulos?

15 Y él os mostrará un gran aposento alto ya dispuesto; preparad allí para nosotros.

16 Fueron sus discípulos, y entraron en la ciudad, y hallaron como les había dicho; y prepararon la pascua.

17 Y cuando llegó la noche, vino él con los doce.

18 Y cuando se sentaron a la mesa, mientras comían, dijo Yeshua: De cierto os digo que uno de vosotros, que come conmigo, me va a entregar.

19 Entonces ellos comenzaron a entristecerse, y a decirle uno por uno: ¿Seré yo? Y otro: ¿Seré yo?

20 Él, respondiendo, les dijo: Es uno de los doce, el que moja el pan en el plato conmigo.

21 A la verdad el Hijo del hombre va, según está escrito de él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido.

22 Y mientras comían, Yeshua tomó pan y bendijo, y lo partió y les dio, diciendo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.

23 Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio; y bebieron de ella todos.

24 Y les dijo: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada.

25 De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo en el reino de Yahweh.

26 Cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos.

27 Entonces Yeshua les dice: Todos os escandalizaréis de mí en esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas serán dispersadas.

28 Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea.

29 Entonces Pedro le dijo: Aunque todos se escandalicen, yo no lo haré.

30 Y le dijo Yeshua: De cierto te digo que hoy, en esta noche, antes que el gallo haya cantado dos veces, me negarás tres veces.

31 Mas él con mayor insistencia decía: Si me fuere necesario morir contigo, no te negaré. Y de la misma manera decían también todos.

32 Vinieron, pues, a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, mientras yo oro.

33 Y tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a entristecerse y a angustiarse.

34 Y les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí y velad.

35 Yéndose un poco adelante, se postró en tierra, y oró que si fuese posible, pasase de él aquella hora.

36 Y decía: Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú.

37 Vino luego y los halló durmiendo; y dijo a Pedro: Simón, ¿duermes? ¿No has podido velar una hora?

38 Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.

39 Otra vez fue y oró, diciendo las mismas palabras.

40 Al volver, otra vez los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño; y no sabían qué responderle.

41 Vino la tercera vez, y les dijo: Dormid ya, y descansad. Basta, la hora ha venido; he aquí, el Hijo del hombre es entregado en manos de los pecadores.

42 Levantaos, vamos; he aquí, se acerca el que me entrega.

43 Luego, hablando él aún, vino Judas, que era uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes y de los escribas y de los ancianos.

44 Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo bese, ese es; prendedle, y llevadle con seguridad.

45 Y cuando vino, se acercó luego a él, y le dijo: Maestro, Maestro; y le besó.

46 Entonces ellos le echaron mano, y le prendieron.

47 Pero uno de los que estaban allí, sacando la espada, hirió al siervo del sumo sacerdote, cortándole la oreja.

48 Y respondiendo Yeshua, les dijo: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y con palos para prenderme?

49 Cada día estaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis; pero es así, para que se cumplan las Escrituras.

50 Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron.

51 Pero cierto joven le seguía, cubierto el cuerpo con una sábana; y le prendieron;

52 mas él, dejando la sábana, huyó desnudo.

53 Trajeron, pues, a Yeshua al sumo sacerdote; y se reunieron todos los principales sacerdotes y los ancianos y los escribas.

54 Y Pedro le siguió de lejos hasta dentro del patio del sumo sacerdote; y estaba sentado con los guardias, y se calentaba al fuego.

55 Y los principales sacerdotes y todo el concilio buscaban testimonio contra Yeshua, para entregarle a la muerte; pero no lo hallaban.

56 Porque muchos decían falso testimonio contra él, mas sus testimonios no concordaban.

57 Entonces levantándose unos, dieron falso testimonio contra él, diciendo:

58 Nosotros le hemos oído decir: Yo derribaré este templo hecho a mano, y en tres días edificaré otro hecho sin mano.

59 Pero ni aun así concordaban en el testimonio.

60 Entonces el sumo sacerdote, levantándose en medio, preguntó a Yeshua, diciendo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican estos contra ti?

61 Mas él callaba, y nada respondía. El sumo sacerdote le volvió a preguntar, y le dijo: ¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Bendito?

62 Y Yeshua le dijo: Yo soy; y veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del poder, y viniendo en las nubes del cielo.

63 Entonces el sumo sacerdote, rasgando su vestidura, dijo: ¿Qué más necesidad tenemos de testigos?

64 Habéis oído la blasfemia; ¿qué os parece? Y todos ellos le condenaron, declarándole ser digno de muerte.

65 Y algunos comenzaron a escupirle, y a cubrirle el rostro y a darle de puñetazos, y a decirle: Profetiza. Y los guardias le daban de bofetadas.

66 Estando Pedro abajo, en el patio, vino una de las criadas del sumo sacerdote;

67 y cuando vio a Pedro que se calentaba, mirándole, dijo: También tú estabas con Yeshua de Nazaret.

68 Mas él negó, diciendo: No le conozco, ni sé lo que dices. Y salió a la entrada; y cantó el gallo.

69 Y la criada, viéndole otra vez, comenzó a decir a los que estaban allí: Este es de ellos.

70 Pero él negó otra vez. Y poco después, los que estaban allí dijeron otra vez a Pedro: Verdaderamente tú eres de ellos; porque eres galileo, y tu manera de hablar es semejante a la de ellos.

71 Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco a este hombre de quien habláis.

72 Y el gallo cantó la segunda vez. Entonces Pedro se acordó de las palabras que Yeshua le había dicho: Antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces. Y pensando en esto, lloraba.

Capítulo 15

1 Muy de mañana, habiendo tenido consejo los principales sacerdotes con los ancianos, con los escribas y con todo el concilio, llevaron a Yeshua atado, y le entregaron a Pilato.

2 Pilato le preguntó: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y respondiendo él, le dijo: Tú lo dices.

3 Y los principales sacerdotes le acusaban mucho; pero él nada respondía.

4 Pilato le preguntó otra vez, diciendo: ¿Nada respondes? Mira de cuántas cosas testifican contra ti.

5 Mas Yeshua ni aun con eso respondió; de modo que Pilato se maravillaba.

6 Ahora bien, en el día de la fiesta les soltaba un preso, cualquiera que pidiesen.

7 Y había uno que se llamaba Barrabás, preso con sus compañeros de motín que habían cometido homicidio en una revuelta.

8 Y viniendo la multitud, comenzó a pedir que hiciese como siempre les había hecho.

9 Y Pilato les respondió diciendo: ¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos?

10 Porque conocía que por envidia le habían entregado los principales sacerdotes.

11 Mas los principales sacerdotes incitaron a la multitud para que les soltase más bien a Barrabás.

12 Respondiendo Pilato, les dijo otra vez: ¿Qué, pues, queréis que haga del que llamáis Rey de los judíos?

13 Y ellos volvieron a dar voces: ¡Crucifícale!

14 Pilato les decía: ¿Pues qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aun más: ¡Crucifícale!

15 Y Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó a Barrabás, y entregó a Yeshua, después de azotarle, para que fuese crucificado.

16 Entonces los soldados le llevaron dentro del atrio, esto es, al pretorio, y convocaron a toda la compañía.

17 Y le vistieron de púrpura, y poniéndole una corona tejida de espinas,

18 comenzaron luego a saludarle: ¡Salve, Rey de los judíos!

19 Y le golpeaban en la cabeza con una caña, y le escupían, y puestos de rodillas le hacían reverencias.

20 Después de haberle escarnecido, le desnudaron la púrpura, y le pusieron sus propios vestidos, y le sacaron para crucificarle.

21 Y obligaron a uno que pasaba, Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que venía del campo, a que llevase su cruz.

22 Y le llevaron a un lugar llamado Gólgota, que traducido es: Lugar de la Calavera.

23 Y le dieron a beber vino mezclado con mirra; mas él no lo tomó.

24 Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes sobre ellos para ver qué se llevaría cada uno.

25 Era la hora tercera cuando le crucificaron.

26 Y el título escrito de su causa era: EL REY DE LOS JUDÍOS.

27 Y con él crucificaron a dos ladrones, uno a su derecha, y el otro a su izquierda.

28 Y se cumplió la Escritura que dice: Y fue contado con los inicuos.

29 Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza y diciendo: ¡Bah! tú que derribas el templo, y en tres días lo reedificas,

30 sálvate a ti mismo, y desciende de la cruz.

31 De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciendo, se decían unos a otros, con los escribas: A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar.

32 Que el Mesías, Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, para que veamos y creamos. También los que estaban crucificados con él le injuriaban.

33 Cuando vino la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena.

34 Y a la hora novena Yeshua clamó a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabactani? que traducido es: Yahweh mío, Yahweh mío, ¿por qué me has desamparado?

35 Y algunos de los que estaban allí, cuando lo oyeron, dijeron: He aquí, llama a Elías.

36 Y corrió uno, y empapó una esponja en vinagre, y la puso en una caña, y le dio a beber, diciendo: Dejad; veamos si viene Elías a bajarle.

37 Y Yeshua, clamando a gran voz, expiró.

38 Y el velo del templo se rasgó en dos, desde arriba hasta abajo.

39 Y cuando el centurión, que estaba frente a él, vio que, habiendo clamado así, expiró, dijo: Verdaderamente este hombre era el Hijo de Yahweh.

40 También había mujeres mirando de lejos, entre las cuales estaban María Magdalena, y María la madre de Jacobo el menor y de José, y Salomé;

41 (Las cuales también, cuando él estaba en Galilea, le seguían, y le servían;) y muchas otras que habían subido con él a Jerusalén.

42 Y ya al atardecer, porque era la preparación, es decir, la víspera del día de reposo,

43 José de Arimatea, un consejero honorable, que también esperaba el reino de Yahweh, vino, y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Yeshua.

44 Y Pilato se maravilló de que ya hubiese muerto; y llamando al centurión, le preguntó si hacía ya algún tiempo que había muerto.

45 Y enterado por el centurión, dio el cuerpo a José.

46 Y él compró una sábana de lino fino, y lo bajó, y lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que había sido cavado en una peña, y rodó una piedra a la puerta del sepulcro.

47 Y María Magdalena y María la madre de José miraban dónde era puesto.

Capítulo 16

1 Y cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, y María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas, para venir a ungirle.

2 Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el sol.

3 Y decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la puerta del sepulcro?

4 Y cuando miraron, vieron removida la piedra; porque era muy grande.

5 Y entrando en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, vestido con una larga vestidura blanca; y se asustaron.

6 Y él les dice: No os asustéis: buscáis a Yeshua de Nazaret, el que fue crucificado: ha resucitado; no está aquí: he aquí el lugar donde le pusieron.

7 Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea: allí le veréis, como os dijo.

8 Y ellas salieron aprisa, y huyeron del sepulcro; porque les había sobrevenido temblor y espanto: ni decían nada a nadie; porque tenían miedo.

9 Ahora bien, habiendo Yeshua resucitado por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios.

10 Y ella fue, y lo hizo saber a los que habían estado con él, que estaban tristes y llorando.

11 Y ellos, cuando oyeron que vivía, y que había sido visto por ella, no creyeron.

12 Después de esto apareció en otra forma a dos de ellos, que iban de camino al campo.

13 Y ellos fueron, y lo hicieron saber a los demás; ni tampoco a ellos creyeron.

14 Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado.

15 Y les dijo: Id por todo el mundo, y predicad el evangelio a toda criatura.

16 El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.

17 Y estas señales seguirán a los que creen; En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas;

18 Tomarán serpientes en las manos; y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.

19 Así que, después que Yeshua les hubo hablado, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Yahweh.

20 Y ellos salieron, y predicaron en todas partes, obrando Yeshua con ellos, y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén.