Job
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Capítulo 1
1 Había un hombre en la tierra de Uz, cuyo nombre era Job; y aquel hombre era perfecto y recto, temeroso de Yahweh, y apartado del mal.
2 Y le nacieron siete hijos y tres hijas.
3 Su hacienda también era de siete mil ovejas, y tres mil camellos, y quinientas yuntas de bueyes, y quinientas asnas, y una servidumbre muy grande; de modo que este hombre era el más grande de todos los hombres de oriente.
4 Y sus hijos iban y hacían banquetes en sus casas, cada uno en su día; y enviaban y llamaban a sus tres hermanas para comer y beber con ellos.
5 Y acontecía que, cuando los días de sus banquetes habían pasado, Job enviaba y los santificaba, y se levantaba de mañana y ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos: porque Job decía: Quizá mis hijos han pecado, y han maldecido a Yahweh en sus corazones. Así hacía Job continuamente.
6 Hubo un día cuando los hijos de Yahweh vinieron a presentarse delante de Yahweh, y Satanás vino también entre ellos.
7 Y Yahweh dijo a Satanás: ¿De dónde vienes? Entonces Satanás respondió a Yahweh, y dijo: De rodear la tierra, y de andar por ella.
8 Y Yahweh dijo a Satanás: ¿Has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, hombre perfecto y recto, temeroso de Yahweh, y apartado del mal?
9 Entonces Satanás respondió a Yahweh, y dijo: ¿Acaso teme Job a Yahweh de balde?
10 ¿No le has cercado alrededor a él, y a su casa, y a todo lo que tiene por todos lados? Has bendecido la obra de sus manos, y su hacienda ha aumentado en la tierra.
11 Pero extiende ahora tu mano, y toca todo lo que tiene, y te maldecirá en tu rostro.
12 Y Yahweh dijo a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu poder; solamente no pongas tu mano sobre él. Así salió Satanás de la presencia de Yahweh.
13 Y un día aconteció que sus hijos y sus hijas comían y bebían vino en casa de su hermano el primogénito:
14 Y vino un mensajero a Job, y dijo: Los bueyes araban, y las asnas pacían junto a ellos:
15 Y los sabeos cayeron sobre ellos, y se los llevaron; sí, han matado a los criados a filo de espada; y solo yo escapé para darte la noticia.
16 Mientras él aún hablaba, vino también otro, y dijo: El fuego de Yahweh cayó del cielo, y quemó las ovejas, y los criados, y los consumió; y solo yo escapé para darte la noticia.
17 Mientras él aún hablaba, vino también otro, y dijo: Los caldeos formaron tres escuadrones, y cayeron sobre los camellos, y se los llevaron, sí, y mataron a los criados a filo de espada; y solo yo escapé para darte la noticia.
18 Mientras él aún hablaba, vino también otro, y dijo: Tus hijos y tus hijas comían y bebían vino en casa de su hermano el primogénito:
19 Y he aquí, vino un gran viento del desierto, y azotó las cuatro esquinas de la casa, y cayó sobre los jóvenes, y han muerto; y solo yo escapé para darte la noticia.
20 Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró,
21 Y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá: Yahweh dio, y Yahweh ha quitado; bendito sea el nombre de Yahweh.
22 En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Yahweh necedad.
Capítulo 2
1 Hubo otro día cuando los hijos de Yahweh vinieron a presentarse delante de Yahweh, y Satanás vino también entre ellos para presentarse delante de Yahweh.
2 Y Yahweh dijo a Satanás: ¿De dónde vienes? Y Satanás respondió a Yahweh, y dijo: De rodear la tierra, y de andar por ella.
3 Y Yahweh dijo a Satanás: ¿Has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, hombre perfecto y recto, temeroso de Yahweh, y apartado del mal? y todavía retiene su integridad, aunque tú me incitaste contra él, para destruirlo sin causa.
4 Y Satanás respondió a Yahweh, y dijo: Piel por piel, sí, todo lo que el hombre tiene dará por su vida.
5 Pero extiende ahora tu mano, y toca su hueso y su carne, y te maldecirá en tu rostro.
6 Y Yahweh dijo a Satanás: He aquí, él está en tu mano; mas guarda su vida.
7 Salió entonces Satanás de la presencia de Yahweh, e hirió a Job con una sarna maligna desde la planta de su pie hasta la coronilla de su cabeza.
8 Y tomó para sí un tiesto para rascarse con él; y estaba sentado en medio de ceniza.
9 Entonces le dijo su mujer: ¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Yahweh, y muérete.
10 Y él le dijo: Como suele hablar cualquiera de las mujeres insensatas, has hablado. ¿Qué? ¿Recibiremos de Yahweh el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios.
11 Y tres amigos de Job, Elifaz temanita, Bildad suhita, y Zofar naamatita, luego que oyeron todo este mal que le había sobrevenido, cada uno vino de su lugar; porque habían concertado juntos venir a condolerse con él y a consolarlo.
12 Los cuales, alzando los ojos desde lejos, no lo conocieron, y lloraron a gritos; y cada uno rasgó su manto, y esparcieron polvo sobre sus cabezas hacia el cielo.
13 Así se sentaron con él en tierra por siete días y siete noches, y ninguno le hablaba palabra, porque veían que su dolor era muy grande.
Capítulo 3
1 Después abrió Job su boca, y maldijo su día.
2 Y Job habló, y dijo:
3 Perezca el día en que yo nací, y la noche en que se dijo: Varón es concebido.
4 Sea aquel día sombrío, y no cuide de él Yahweh desde arriba, ni claridad sobre él resplandezca.
5 Aféenlo tinieblas y sombra de muerte; repose sobre él nublado, que lo haga horrible como un día caliginoso.
6 Apodérese de aquella noche la oscuridad; no sea contada entre los días del año, ni entre en el número de los meses.
7 He aquí, sea aquella noche solitaria, no venga en ella canción alguna.
8 Maldíganla los que maldicen el día, los que se aprestan para levantar su llanto.
9 Oscurézcanse las estrellas de su alba; espere la luz, y no venga, ni vea los párpados de la mañana:
10 Porque no cerró las puertas del vientre de mi madre, ni escondió de mis ojos la miseria.
11 ¿Por qué no morí yo en la matriz, o expiré al salir del vientre?
12 ¿Por qué me recibieron las rodillas? ¿y a qué los pechos para que mamase?
13 Pues ahora estaría yo acostado, y reposaría; dormiría, y entonces tendría descanso,
14 Con los reyes y con los consejeros de la tierra, que edifican para sí lugares desolados;
15 O con los príncipes que poseen el oro, que llenan sus casas de plata:
16 O como un abortivo escondido no hubiera yo sido, como los niños que nunca vieron la luz.
17 Allí los impíos dejan de perturbar, y allí descansan los de agotadas fuerzas.
18 Allí reposan juntos los cautivos; no oyen la voz del capataz.
19 Allí están el chico y el grande; y el siervo libre de su señor.
20 ¿Por qué se da luz al trabajado, y vida a los de ánimo amargado;
21 Que esperan la muerte, y ella no llega, aunque la buscan más que tesoros escondidos;
22 Que se alegran sobremanera, y se gozan cuando hallan el sepulcro?
23 ¿Por qué se da luz al hombre cuyo camino es oculto, y a quien Yahweh ha cercado?
24 Porque antes de mi pan viene mi suspiro, y mis gemidos se derraman como aguas.
25 Porque el temor que me espantaba me ha venido, y lo que temía me ha acontecido.
26 No he tenido paz, no me aseguré, ni estuve reposado; no obstante, me vino turbación.
Capítulo 4
1 Entonces respondió Elifaz temanita, y dijo:
2 Si probáremos a hablarte, te será molesto; pero ¿quién podrá detener las palabras?
3 He aquí, tú enseñabas a muchos, y fortalecías las manos débiles.
4 Al que tropezaba enderezaban tus palabras, y esforzabas las rodillas que decaían.
5 Mas ahora que el mal ha venido sobre ti, te desalientas; y cuando ha llegado hasta ti, te turbas.
6 ¿No es tu temor, tu confianza, tu esperanza, y la integridad de tus caminos?
7 Recuerda ahora, te ruego: ¿qué inocente se ha perdido jamás? ¿o dónde han sido destruidos los rectos?
8 Como yo he visto, los que aran iniquidad y siembran injuria, la siegan.
9 Perecen por el aliento de Yahweh, y por el soplo de su ira son consumidos.
10 Los rugidos del león, y los bramidos del león fiero, y los dientes de los leoncillos son quebrantados.
11 El león viejo perece por falta de presa, y los hijos de la leona son esparcidos.
12 El asunto también me era a mí oculto; mas mi oído ha percibido algo de ello.
13 En imaginaciones de visiones nocturnas, cuando el sueño cae sobre los hombres,
14 Me sobrevino un espanto y un temblor, que estremeció todos mis huesos.
15 Y un espíritu pasó por delante de mí, que hizo erizar el pelo de mi carne.
16 Se paró, pero no distinguí su aspecto: una imagen estaba delante de mis ojos, hubo silencio, y oí una voz, que decía:
17 ¿Será el hombre mortal más justo que Yahweh? ¿Será el varón más puro que su Hacedor?
18 He aquí, en sus siervos no confía, y notó necedad en sus ángeles:
19 ¡Cuánto más en los que habitan en casas de lodo, cuyos cimientos están en el polvo, y que serán quebrantados por la polilla!
20 De la mañana a la tarde son destruidos, y perecen para siempre, sin que haya quien lo considere.
21 ¿No perece con ellos su hermosura? Mueren, y sin sabiduría.
Capítulo 5
1 Llama ahora, ¿habrá quien te responda? ¿y a cuál de los santos te volverás?
2 Es cierto que al insensato lo mata la ira, y al codicioso lo consume la envidia.
3 Yo he visto al insensato que echaba raíces, y al momento maldije su habitación.
4 Sus hijos estarán lejos de la seguridad, y en la puerta serán quebrantados, y no habrá quien los libre.
5 Su mies comerán los hambrientos, y la sacarán de entre las espinas, y el salteador devorará su hacienda.
6 Porque la aflicción no sale del polvo, ni la molestia brota de la tierra.
7 Pero como las chispas se levantan para volar por el aire, así el hombre nace para la aflicción.
8 Ciertamente yo buscaría a Yeshua, y encomendaría a Yahweh mi causa:
9 El cual hace cosas grandes e inescrutables, y maravillas sin número:
10 Que da la lluvia sobre la faz de la tierra, y envía las aguas sobre los campos:
11 Que pone a los humildes en altura, y a los enlutados levanta a seguridad.
12 Que frustra los pensamientos de los astutos, para que sus manos no hagan nada provechoso.
13 Que prende a los sabios en la astucia de ellos, y el consejo de los perversos es trastornado.
14 De día tropiezan con tinieblas, y a mediodía andan a tientas como de noche.
15 Así libra de la espada al pobre, de la boca de los impíos, y de la mano violenta.
16 Y así hay esperanza para el pobre, y la iniquidad cerrará su boca.
17 He aquí, bienaventurado es el hombre a quien Yahweh castiga; por tanto, no menosprecies la corrección del Todopoderoso.
18 Porque él es quien hace la llaga, y él la vendará; él hiere, y sus manos curan.
19 En seis tribulaciones te librará, y en siete no te tocará el mal.
20 En el hambre te salvará de la muerte, y del poder de la espada en la guerra.
21 Del azote de la lengua serás encubierto; no temerás la destrucción cuando viniere.
22 De la destrucción y del hambre te reirás, y no temerás de las fieras del campo.
23 Pues aun con las piedras del campo tendrás tu pacto, y las fieras del campo estarán en paz contigo.
24 Sabrás que hay paz en tu tienda; visitarás tu morada, y no pecarás.
25 Asimismo echarás de ver que tu descendencia es mucha, y tu prole como la hierba de la tierra.
26 Llegarás en la vejez a la sepultura, como la gavilla de trigo que se recoge a su tiempo.
27 He aquí, esto lo hemos inquirido, y es así; óyelo, y conócelo para tu bien.
Capítulo 6
1 Pero Job respondió y dijo:
2 ¡Oh, que pesasen justamente mi queja y mi tormento, y se alzasen igualmente en balanza!
3 Porque pesarían ahora más que la arena del mar; por eso mis palabras han sido precipitadas.
4 Porque las saetas del Todopoderoso están en mí, cuyo veneno bebe mi espíritu; y terrores de Yahweh me combaten.
5 ¿Acaso gime el asno montés junto a la hierba? ¿Muge el buey junto a su pienso?
6 ¿Se comerá lo desabrido sin sal? ¿Habrá gusto en la clara del huevo?
7 Las cosas que mi alma no quería tocar, son ahora mi alimento de dolor.
8 ¡Quién me diera que viniese mi petición, y que Yahweh me otorgase lo que deseo!
9 ¡Que pluguiera a Yahweh quebrantarme; que soltara su mano, y acabara conmigo!
10 Sería aún mi consuelo, sí, me gozaría en el dolor sin que él perdonara; porque no he encubierto las palabras del Santo.
11 ¿Cuál es mi fuerza, para que aún espere? ¿Y cuál mi fin, para que prolongue mi vida?
12 ¿Es mi fuerza la de las piedras, o es mi carne de bronce?
13 ¿No tengo yo ayuda para mí, y todo auxilio ha huido de mí?
14 El atribulado debe gozar de compasión de su amigo; pero abandona el temor del Todopoderoso.
15 Mis hermanos han engañado como un torrente; pasaron como las corrientes de los arroyos;
16 Que están oscuros a causa del hielo, y en los que se esconde la nieve;
17 Que al tiempo del calor son desvanecidos, y al entrar el ardor desaparecen de su lugar.
18 Se apartan de la senda de su camino, suben a lo vacío, y perecen.
19 Miraron los caminantes de Temán, los caminantes de Sabá esperaron en ellos.
20 Pero fueron avergonzados por su esperanza; porque vinieron hasta aquí, y se hallaron confusos.
21 Porque ahora habéis venido a ser como ellos; veis mi quebranto, y teméis.
22 ¿Os he dicho yo: Traedme, o, De vuestra hacienda dadme recompensa?
23 ¿O, Libradme de la mano del enemigo? ¿o, Redimidme de la mano de los poderosos?
24 Enseñadme, y yo callaré; hacedme entender en qué he errado.
25 ¡Cuán eficaces son las palabras rectas! Pero ¿qué reprende vuestra censura?
26 ¿Pensáis censurar las palabras, y los discursos de un desesperado, que son como el viento?
27 Sí, sobre el huérfano echáis suertes, y caváis un hoyo para vuestro amigo.
28 Ahora, pues, si queréis, miradme, y ved si miento en vuestro rostro.
29 Volved ahora, y no haya iniquidad; volved aún, mi justicia está en ello.
30 ¿Hay iniquidad en mi lengua? ¿No puede mi paladar discernir las cosas perversas?
Capítulo 7
1 ¿No es acaso milicia la vida del hombre sobre la tierra, y sus días como los días del jornalero?
2 Como el siervo suspira por la sombra, y como el jornalero espera el fruto de su trabajo;
3 Así yo he recibido meses de calamidad, y noches de trabajo me han sido asignadas.
4 Cuando estoy acostado, digo: ¿Cuándo me levantaré, y se acabará la noche? Y estoy harto de inquietudes hasta el alba.
5 Mi carne está vestida de gusanos y de costras de polvo; mi piel hendida y abominable.
6 Y mis días fueron más veloces que la lanzadera del tejedor, y fenecieron sin esperanza.
7 Acuérdate que mi vida es un soplo, y que mi ojo no volverá a ver el bien.
8 Los ojos de los que me ven, no me verán más; tus ojos pondrás en mí, y dejaré de ser.
9 Como la nube se desvanece y se va, así el que desciende al sepulcro no subirá;
10 No volverá más a su casa, ni su lugar le conocerá más.
11 Por tanto, no refrenaré mi boca; hablaré en la angustia de mi espíritu, me quejaré con la amargura de mi alma.
12 ¿Soy yo el mar, o una ballena, para que me pongas guarda?
13 Cuando digo: Mi lecho me consolará, mi cama atenuará mis quejas;
14 Entonces me atemorizas con sueños, y me aterras con visiones.
15 Y así mi alma tuvo por mejor la estrangulación, y la muerte más que mi vida.
16 Lo aborrezco; no he de vivir para siempre; déjame, pues, porque mis días son vanidad.
17 ¿Qué es el hombre, para que lo engrandezcas, y para que pongas sobre él tu corazón?
18 ¿Y lo visites todas las mañanas, y a cada momento lo pruebes?
19 ¿Hasta cuándo no apartarás de mí tu mirada, y no me soltarás siquiera hasta que trague mi saliva?
20 Si he pecado, ¿qué puedo hacerte a ti, oh Guarda de los hombres? ¿Por qué me pones por blanco tuyo, hasta convertirme en una carga para mí mismo?
21 ¿Y por qué no quitas mi rebelión, y perdonas mi iniquidad? Porque ahora dormiré en el polvo, y si me buscares de mañana, ya no existiré.
Capítulo 8
1 Respondió Bildad suhita, y dijo:
2 ¿Hasta cuándo hablarás tales cosas, y las palabras de tu boca serán como un viento fuerte?
3 ¿Acaso pervertirá Yahweh el juicio, o el Todopoderoso pervertirá la justicia?
4 Si tus hijos pecaron contra él, él los ha echado fuera por su rebelión.
5 Si tú buscaras temprano a Yeshua, y suplicaras al Todopoderoso;
6 Si fueres limpio y recto, ciertamente luego se despertará por ti, y hará prosperar la morada de tu justicia.
7 Y aunque tu principio haya sido pequeño, tu postrer estado será muy grande.
8 Porque pregunta ahora a las generaciones pasadas, y dispónte para inquirir de sus padres;
9 (Porque nosotros somos de ayer, y nada sabemos, siendo nuestros días sobre la tierra como sombra:)
10 ¿No te enseñarán ellos, te hablarán, y de su corazón sacarán palabras?
11 ¿Crece el junco sin lodo? ¿Crece el prado sin agua?
12 Aun en su verdor, y sin haber sido cortado, se seca antes que toda hierba.
13 Así son las sendas de todos los que se olvidan de Yahweh; y la esperanza del impío perecerá:
14 Cuya esperanza será cortada, y su confianza será como una casa de araña.
15 Se apoyará sobre su casa, mas no permanecerá ella; se asirá de ella, mas no subsistirá.
16 Es como árbol verde delante del sol, y sus renuevos salen sobre su huerto.
17 Se van entretejiendo sus raíces junto a una fuente, y se enlazan en un lugar pedregoso.
18 Si lo arrancaren de su lugar, este le negará entonces, diciendo: Nunca te vi.
19 He aquí, este será el gozo de su camino, y de la tierra de donde se han levantado, otros brotarán.
20 He aquí, Yahweh no aborrece al perfecto, ni apoya la mano de los malignos.
21 Aún llenará tu boca de risa, y tus labios de júbilo.
22 Los que te aborrecen serán vestidos de confusión; y la habitación de los impíos perecerá.
Capítulo 9
1 Respondió Job, y dijo:
2 Ciertamente yo sé que es así: ¿y cómo se justificará el hombre con Yahweh?
3 Si quisiere contender con él, no le podrá responder a una cosa entre mil.
4 Él es sabio de corazón, y poderoso en fuerzas; ¿quién se endureció contra él, y le fue bien?
5 Que remueve los montes, y no saben que los trastorna en su furor.
6 Que muda la tierra de su lugar, y hace temblar sus columnas.
7 Que manda al sol, y no sale; y sella las estrellas.
8 Que extiende solo los cielos, y anda sobre las olas del mar.
9 Que hizo la Osa, el Orión y las Pléyades, y los lugares secretos del sur.
10 Que hace cosas grandes e incomprensibles, y maravillas que no tienen cuento.
11 He aquí que él pasará delante de mí, y yo no lo veré; pasará, y no lo entenderé.
12 He aquí, arrebatará; ¿quién le puede detener? ¿Quién le dirá: Qué haces?
13 Si Yahweh no retirare su ira, los ayudadores soberbios se abaten debajo de él.
14 ¿Cuánto menos le responderé yo, y hablaré con él palabras escogidas?
15 Aunque yo fuera justo, no respondería, sino que rogaría a mi juez.
16 Si yo le invocara, y él me respondiera, aún no creeré que haya escuchado mi voz.
17 Porque me ha quebrado con tempestad, y ha aumentado mis heridas sin causa.
18 No me ha concedido que recobre mi aliento, sino que me ha llenado de amarguras.
19 Si hablo de poder, he aquí que él es poderoso; y si de juicio, ¿quién me señalará tiempo para comparecer?
20 Si yo me justificase, me condenaría mi boca; si me dijese perfecto, esto me haría inicuo.
21 Aunque fuese yo perfecto, no conocería mi alma; aborrecería mi vida.
22 Una cosa es, por tanto la dije: Al perfecto y al impío él los consume.
23 Si el azote mata de repente, se ríe del sufrimiento de los inocentes.
24 La tierra es entregada en manos de los impíos, y él cubre el rostro de sus jueces; si no, ¿dónde está, y quién es él?
25 Mis días han sido más ligeros que un correo; huyeron, y no vieron el bien.
26 Pasaron cual naves veloces; como el águila que se arroja sobre la presa.
27 Si digo: Olvidaré mi queja, dejaré mi triste semblante, y me esforzaré:
28 Temo todos mis dolores; sé que no me tendrás por inocente.
29 Si he de ser impío, ¿para qué trabajaré en vano?
30 Si me lavase con aguas de nieve, y limpiase mis manos con la mayor pureza;
31 Todavía me hundirías en el cieno, y mis propias vestiduras me abominarían.
32 Porque no es hombre como yo, para que yo le responda, y vengamos juntamente a juicio.
33 No hay entre nosotros mediador alguno, que ponga su mano sobre ambos.
34 Quite él de sobre mí su vara, y no me atemorice su miedo:
35 Entonces hablaré, y no le temeré; porque en este estado no estoy en mí mismo.
Capítulo 10
1 Está mi alma aburrida de mi vida; daré libre curso a mi queja, hablaré con amargura de mi alma.
2 Diré a Yahweh: No me condenes; hazme entender por qué contiendes conmigo.
3 ¿Te parece bien que oprimas, que desprecies la obra de tus manos, y que favorezcas los designios de los impíos?
4 ¿Acaso tienes ojos de carne, o ves como ve el hombre?
5 ¿Son tus días como los días del hombre, o tus años como los tiempos de los hombres,
6 Para que inquieras mi iniquidad, y busques mi pecado?
7 Sobre la base de que tú sabes que no soy impío, y que no hay quien de tu mano me libre.
8 Tus manos me hicieron y me formaron juntamente en derredor, ¿y así me deshaces?
9 Acuérdate ahora que como a lodo me diste forma; ¿y en polvo me has de volver?
10 ¿No me vaciaste como leche, y como queso me cuajaste?
11 Me vestiste de piel y carne, y me tejiste con huesos y nervios.
12 Vida y misericordia me concediste, y tu cuidado guardó mi espíritu.
13 Y estas cosas tienes guardadas en tu corazón; yo sé que están cerca de ti.
14 Si peque, entonces tú me observas, y no me tendrás por limpio de mi iniquidad.
15 Si fuere impío, ¡ay de mí! Y si fuere justo, no levantaré mi cabeza, estando hastiado de deshonra, y de verme afligido;
16 Porque crece. Tú me cazas como a león fiero, y ya vuelves a mostrarte maravilloso contra mí.
17 Renuevas contra mí tus pruebas, y aumentas conmigo tu furor como un ejército en relevo.
18 ¿Por qué me sacaste de la matriz? Hubiera yo expirado, y ningún ojo me habría visto.
19 Fuera como si nunca hubiera sido, llevado desde el vientre a la sepultura.
20 ¿No son pocos mis días? Cesa, pues, y déjame, para que tome un poco de alivio,
21 Antes que vaya para no volver, a la tierra de tinieblas y de sombra de muerte;
22 Tierra de oscuridad, lóbrega como sombra de muerte y sin orden, y cuya luz es como densas tinieblas.
Capítulo 11
1 Respondió Zofar naamatita, y dijo:
2 ¿Las muchas palabras no han de tener respuesta? ¿Y el hombre que habla mucho será justificado?
3 ¿Harán tus falacias callar a los hombres? ¿Harás escarnio y no habrá quien te avergüence?
4 Tú dices: Mi doctrina es pura, y yo soy limpio delante de tus ojos.
5 Mas ¡oh, quién diese que Yahweh hablase, y abriese sus labios contra ti,
6 Y te declarase los secretos de la sabiduría, que son dobles de lo que te imaginas! Conoce, pues, que Yahweh te ha olvidado algo de tu iniquidad.
7 ¿Descubrirás tú los secretos de Yahweh? ¿Llegarás tú a la perfección del Todopoderoso?
8 Es más alta que los cielos; ¿qué harás? Es más profunda que el Seol; ¿cómo la conocerás?
9 Su dimensión es más extensa que la tierra, y más ancha que el mar.
10 Si él pasa, y encierra, o si congrega, ¿quién le impedirá?
11 Porque él conoce a los hombres vanos; ve asimismo la iniquidad, ¿y no hará caso?
12 El hombre vano se hará entendido, aunque el hombre nazca como el pollino del asno montés.
13 Si tú dispusieres tu corazón, y extendieres a él tus manos;
14 Si alguna iniquidad hubiere en tu mano, y la echares de ti, y no consintieres que more en tu casa la injusticia;
15 Entonces levantarás tu rostro limpio de mancha, y serás fuerte, y nada temerás;
16 Y olvidarás tu miseria, o te acordarás de ella como de aguas que pasaron;
17 La vida te será más clara que el mediodía; aunque oscureciere, será como la mañana.
18 Tendrás confianza, porque hay esperanza; mirarás alrededor, y dormirás seguro.
19 Te acostarás, y no habrá quien te espante; y muchos buscarán tu favor.
20 Pero los ojos de los malos se consumirán, y no tendrán refugio; y su esperanza será dar el último suspiro.
Capítulo 12
1 Respondió Job, y dijo:
2 Ciertamente vosotros sois el pueblo, y con vosotros morirá la sabiduría.
3 También tengo yo entendimiento como vosotros; no soy yo menos que vosotros; ¿y quién habrá que no pueda decir otro tanto?
4 Yo soy uno del que su prójimo se mofa, que invoca a Yeshua, y él le responde; el justo y perfecto es escarnecido.
5 Aquel cuyos pies van a resbalar es como una lámpara despreciada de aquel que está a sus anchas.
6 Prosperan las tiendas de los ladrones, y los que provocan a Yahweh viven seguros; en cuya mano Yahweh trae abundancia.
7 Y en efecto, pregunta ahora a las bestias, y ellas te enseñarán; a las aves de los cielos, y ellas te lo mostrarán;
8 O habla a la tierra, y ella te enseñará; los peces del mar también te lo declararán.
9 ¿Qué cosa de todas estas no entiende que la mano de Yahweh la hizo?
10 En su mano está el alma de todo viviente, y el hálito de todo el género humano.
11 Ciertamente el oído prueba las palabras, y el paladar gusta lo que uno come.
12 En los ancianos está la ciencia, y en la larga edad la inteligencia.
13 Con él está la sabiduría y el poder; suyo es el consejo y la inteligencia.
14 Si él derriba, no hay quien edifique; encerrará al hombre, y no habrá quien le abra.
15 Si él detiene las aguas, todo se seca; y si las envía, destruyen la tierra.
16 Con él está el poder y la sabiduría; suyo es el que yerra, y el que hace errar.
17 Él hace andar despojados de consejo a los consejeros, y entontece a los jueces.
18 Él rompe las coyundas de los tiranos, y les ata una soga a sus lomos.
19 Él lleva despojados a los príncipes, y trastorna a los poderosos.
20 Él impide el hablar a los que dicen verdad, y quita a los ancianos el consejo.
21 Él derrama menosprecio sobre los príncipes, y debilita la fuerza de los poderosos.
22 Él descubre las profundidades de las tinieblas, y saca a luz la sombra de muerte.
23 Él multiplica las naciones, y las destruye; esparce a las naciones, y las vuelve a reunir.
24 Él quita el entendimiento a los jefes del pueblo de la tierra, y los hace vagar como por un yermo sin camino.
25 Van a tientas, como en tinieblas y sin luz, y los hace errar como borrachos.
Capítulo 13
1 He aquí que todas estas cosas han visto mis ojos, y oído y entendido mis oídos.
2 Como vosotros lo sabéis, lo sé yo también; no soy menos que vosotros.
3 Mas yo hablaré con el Todopoderoso, y quiero razonar con Yeshua.
4 Porque ciertamente vosotros sois fraguadores de mentira; sois todos vosotros médicos nulos.
5 ¡Oh, si callaseis por completo, porque esto os fuera sabiduría!
6 Oíd ahora mi razonamiento, y estad atentos a los argumentos de mis labios.
7 ¿Hablaréis iniquidad por Yahweh? ¿Hablaréis por él engaño?
8 ¿Haréis acepción de personas en su favor? ¿Contenderéis vosotros por Yahweh?
9 ¿Sería bueno que él os escudriñase? ¿Os burlaréis de él como quien se burla de algún hombre?
10 Él os reprochará duramente, si en lo oculto hacéis acepción de personas.
11 ¿No os espantará su grandeza, y no caerá sobre vosotros su pavor?
12 Vuestras máximas son como refranes de ceniza, y vuestros baluartes como baluartes de lodo.
13 Escuchadme, dejadme, y hablaré yo, y que venga sobre mí lo que venga.
14 ¿Por qué quitaré yo mi carne con mis dientes, y pondré mi vida en mi mano?
15 He aquí, aunque él me matare, en él esperaré; no obstante, defenderé delante de él mis caminos.
16 Él mismo será también mi salvación, porque el impío no llegará a su presencia.
17 Escuchad con atención mi razonamiento, y mi declaración con vuestros oídos.
18 He aquí ahora, yo he preparado mi juicio, y sé que seré justificado.
19 ¿Quién es el que contenderá conmigo? Porque si ahora yo callara, moriría.
20 A lo menos dos cosas no hagas conmigo; entonces no me esconderé de tu rostro:
21 Aparta de mí tu mano, y no me asombre tu terror.
22 Llama luego, y yo responderé; o yo hablaré, y respóndeme tú.
23 ¿Cuántas iniquidades y pecados tengo yo? Hazme entender mi transgresión y mi pecado.
24 ¿Por qué escondes tu rostro, y me cuentas por tu enemigo?
25 ¿Hoja arrebatada has de quebrantar, y una paja seca has de perseguir?
26 Porque escribes contra mí amarguras, y me haces cargo de los pecados de mi juventud.
27 Pones además mis pies en el cepo, y observas todos mis caminos, trazando una marca junto a las plantas de mis pies.
28 Y mi cuerpo se va gastando como de polilla, como un vestido que roe la polilla.
Capítulo 14
1 El hombre nacido de mujer, corto de días, y hastiado de sinsabores,
2 Sale como una flor y es cortado, y huye como la sombra y no permanece.
3 ¿Y sobre este tal abres tus ojos, y me llevas a juicio contigo?
4 ¿Quién hará limpio a lo inmundo? Nadie.
5 Si sus días están determinados, y el número de sus meses está cerca de ti, y le pusiste límites de los cuales no pasará;
6 Si tú lo abandonas, él descansará, y gozará como el jornalero su día.
7 Porque si el árbol fuere cortado, aún queda de él esperanza; retoñará aún, y sus renuevos no faltarán.
8 Si se envejeciere en la tierra su raíz, y su tronco fuere muerto en el polvo,
9 Al percibir el agua reverdecerá, y hará copa como planta nueva.
10 Mas el hombre morirá, y será cortado; perecerá el hombre, ¿y dónde estará él?
11 Como las aguas se van del mar, y el río se agota y se seca:
12 Así el hombre yace, y no se levantará: hasta que los cielos no existan más, no despertarán, ni serán levantados de su sueño.
13 ¡Oh, si me escondieras en el sepulcro, si me guardaras en secreto, hasta que pasara tu ira, si me señalaras un tiempo determinado, y te acordaras de mí!
14 Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir? Todos los días de mi tiempo señalado esperaré, hasta que venga mi relevo.
15 Llamarás, y yo te responderé: tendrás afecto a la obra de tus manos.
16 Porque ahora cuentas mis pasos: ¿no velas sobre mi pecado?
17 Mi transgresión está sellada en un saco, y coses mi iniquidad.
18 Y ciertamente el monte que cae se deshace, y la peña es removida de su lugar.
19 Las aguas desgastan las piedras: tú arrasas con sus crecientes las cosas que crecen del polvo de la tierra; y destruyes la esperanza del hombre.
20 Prevaleces para siempre contra él, y él pasa: cambias su rostro, y lo despides.
21 Sus hijos llegan a honra, y él no lo sabe; y son abatidos, pero él no lo percibe de ellos.
22 Mas su carne sobre él tendrá dolor, y su alma dentro de él se lamentará.
Capítulo 15
1 Entonces respondió Elifaz temanita, y dijo:
2 ¿Hablará el hombre sabio vana sabiduría, y llenará su vientre con viento del oriente?
3 ¿Disputará con palabras sin provecho, o con razonamientos con los que no puede hacer ningún bien?
4 Sí, tú desechas el temor, y refrenas la oración delante de Yeshua.
5 Porque tu boca declara tu iniquidad, y escoges la lengua de los astutos.
6 Tu propia boca te condena, y no yo: sí, tus propios labios testifican contra ti.
7 ¿Eres tú el primer hombre que nació? ¿o fuiste hecho antes que los collados?
8 ¿Has oído el consejo secreto de Yahweh? ¿y restrinjes la sabiduría para ti solo?
9 ¿Qué sabes tú, que nosotros no sepamos? ¿qué entiendes tú, que no esté en nosotros?
10 Con nosotros están también los encanecidos y los muy ancianos, mucho mayores que tu padre.
11 ¿Son pequeñas para ti las consolaciones de Yeshua? ¿hay alguna cosa secreta contigo?
12 ¿Por qué te arrebata tu corazón? ¿y qué guiñan tus ojos,
13 Que vuelves tu espíritu contra Yahweh, y dejas salir tales palabras de tu boca?
14 ¿Qué es el hombre, para que sea limpio? ¿y el nacido de mujer, para que sea justo?
15 He aquí, en sus santos no confía; sí, los cielos no están limpios delante de sus ojos.
16 ¿Cuánto más abominable e inmundo es el hombre, que bebe la iniquidad como agua?
17 Te mostraré, óyeme; y lo que he visto declararé;
18 Lo que los sabios han contado de sus padres, y no lo han encubierto:
19 A quienes solos fue dada la tierra, y ningún extranjero pasó entre ellos.
20 El hombre impío se duele con dolor todos sus días, y el número de años está escondido para el opresor.
21 Un sonido espantoso está en sus oídos: en la prosperidad el destruidor vendrá sobre él.
22 No cree que volverá de las tinieblas, y está aguardado por la espada.
23 Vaga errante por pan, diciendo: ¿Dónde está? Sabe que el día de tinieblas está preparado a su mano.
24 La tribulación y la angustia le asustarán; prevalecerán contra él, como un rey preparado para la batalla.
25 Porque extendió su mano contra Yahweh, y se fortaleció contra el Todopoderoso.
26 Corre contra él, aun sobre su cerviz, sobre los gruesos broqueles de sus escudos:
27 Porque cubre su rostro con su grosura, y hace pliegues de grasa en sus ijares.
28 Y habita en ciudades desoladas, y en casas que ningún hombre habita, que están a punto de convertirse en montones.
29 No será rico, ni su hacienda permanecerá, ni prolongará la perfección de ella sobre la tierra.
30 No saldrá de las tinieblas; la llama secará sus ramas, y por el aliento de su boca se irá.
31 No confíe el engañado en la vanidad: porque vanidad será su recompensa.
32 Será cumplido antes de su tiempo, y su rama no reverdecerá.
33 Sacudirá su agraz como la vid, y arrojará su flor como el olivo.
34 Porque la congregación de los hipócritas será desolada, y el fuego consumirá las tiendas del cohecho.
35 Conciben maldad, y dan a luz vanidad, y su vientre prepara engaño.
Capítulo 16
1 Entonces Job respondió y dijo:
2 Muchas cosas semejantes he oído: consoladores molestos sois todos vosotros.
3 ¿Tendrán fin las palabras vanas? ¿o qué te envalentona para que respondas?
4 También yo podría hablar como vosotros: si vuestra alma estuviera en lugar de mi alma, podría amontonar palabras contra vosotros, y mover mi cabeza contra vosotros.
5 Pero yo os fortalecería con mi boca, y el movimiento de mis labios aliviaría vuestro dolor.
6 Aunque hablo, mi dolor no se alivia: y aunque me abstengo, ¿en qué soy aliviado?
7 Pero ahora él me ha fatigado: has desolado toda mi compañía.
8 Y me has llenado de arrugas, lo cual es testigo contra mí: y mi flaqueza levantándose en mí da testimonio a mi rostro.
9 Me despedaza en su ira, el que me aborrece: cruje sus dientes contra mí; mi enemigo agudiza sus ojos contra mí.
10 Han abierto contra mí su boca; me han herido en la mejilla con afrenta; se han juntado contra mí.
11 Yahweh me ha entregado a los impíos, y me ha puesto en manos de los malvados.
12 Yo estaba tranquilo, pero él me ha quebrantado: también me ha tomado por el cuello, y me ha sacudido en pedazos, y me ha puesto por blanco suyo.
13 Sus arqueros me rodean, parte mis riñones, y no perdona; derrama mi hiel por tierra.
14 Me quebranta con quebranto tras quebranto, corre contra mí como un gigante.
15 He cosido cilicio sobre mi piel, y he profanado mi cuerno en el polvo.
16 Mi rostro está sucio de llorar, y sobre mis párpados está la sombra de muerte;
17 Sin haber injusticia en mis manos: también mi oración es pura.
18 Oh tierra, no cubras mi sangre, y no tenga lugar mi clamor.
19 También ahora, he aquí, mi testigo está en el cielo, y mi registro está en lo alto.
20 Mis amigos me escarnecen: pero mi ojo derrama lágrimas ante Yeshua.
21 ¡Oh, si alguien pudiera abogar por un hombre con Yahweh, como un hombre aboga por su prójimo!
22 Cuando vengan unos pocos años, entonces iré por el camino de donde no volveré.
Capítulo 17
1 Mi aliento está corrompido, mis días se extinguen, los sepulcros están listos para mí.
2 ¿No están conmigo los escarnecedores? ¿y no permanece mi ojo en la provocación de ellos?
3 Pon ahora, séme fiador contigo; ¿quién es el que estrechará su mano conmigo?
4 Porque has escondido su corazón del entendimiento: por tanto no los exaltarás.
5 El que habla lisonja a sus amigos, aun los ojos de sus hijos desfallecerán.
6 Él me ha hecho también refrán del pueblo; y antes yo era como un pandero.
7 Mi ojo también se ha oscurecido a causa del dolor, y todos mis miembros son como una sombra.
8 Los rectos se asombrarán de esto, y el inocente se levantará contra el hipócrita.
9 El justo también perseverará en su camino, y el de manos limpias será más y más fuerte.
10 Pero en cuanto a todos vosotros, volved, y venid ahora: porque no puedo hallar un hombre sabio entre vosotros.
11 Mis días han pasado, mis propósitos se han interrumpido, aun los pensamientos de mi corazón.
12 Cambian la noche en día: la luz es corta a causa de las tinieblas.
13 Si espero, el sepulcro es mi casa: he hecho mi cama en las tinieblas.
14 He dicho a la corrupción: Tú eres mi padre: al gusano: Tú eres mi madre, y mi hermana.
15 ¿Y dónde está ahora mi esperanza? En cuanto a mi esperanza, ¿quién la verá?
16 Descenderán a los cerrojos del abismo, cuando nuestro descanso juntamente sea en el polvo.
Capítulo 18
1 Entonces respondió Bildad suhita, y dijo:
2 ¿Cuánto pasará antes que pongáis fin a las palabras? Entended, y después hablaremos.
3 ¿Por qué somos contados como bestias, y reputados viles a vuestros ojos?
4 Él se despedaza en su ira: ¿será abandonada la tierra por ti? ¿y será removida la peña de su lugar?
5 Sí, la luz del impío será apagada, y la centella de su fuego no brillará.
6 La luz será tinieblas en su tienda, y su lámpara será apagada con él.
7 Los pasos de su fortaleza serán estrechados, y su propio consejo lo derribará.
8 Porque es echado en una red por sus propios pies, y anda sobre una trampa.
9 El lazo lo prenderá por el calcañar, y el salteador prevalecerá contra él.
10 El lazo está puesto para él en la tierra, y una trampa para él en el camino.
11 Los terrores le asustarán por todos lados, y lo impulsarán a sus pies.
12 Su fuerza estará hambrienta, y la destrucción estará lista a su lado.
13 Devorará la fuerza de su piel: aun el primogénito de la muerte devorará su fuerza.
14 Su confianza será arrancada de su tienda, y lo llevará al rey de los terrores.
15 Habitará en su tienda, porque no es suya: azufre será esparcido sobre su morada.
16 Sus raíces se secarán abajo, y arriba su rama será cortada.
17 Su memoria perecerá de la tierra, y no tendrá nombre en la calle.
18 Será lanzado de la luz a las tinieblas, y expulsado del mundo.
19 No tendrá hijo ni sobrino entre su pueblo, ni ningún remanente en sus moradas.
20 Los que vengan después de él se asombrarán de su día, como los que fueron antes se espantaron.
21 Ciertamente tales son las moradas del impío, y este es el lugar del que no conoce a Yahweh.
Capítulo 19
1 Entonces Job respondió y dijo:
2 ¿Hasta cuándo vejareis mi alma, y me quebrareis en pedazos con palabras?
3 Diez veces me habéis afrentado: no os avergonzáis de que os hagáis extraños conmigo.
4 Y si en verdad he errado, mi error permanece conmigo mismo.
5 Si en verdad os engrandecéis contra mí, y alegáis contra mí mi afrenta:
6 Sabed ahora que Yahweh me ha derribado, y me ha rodeado con su red.
7 He aquí, clamo por el agravio, pero no soy oído: clamo a gritos, pero no hay juicio.
8 Él ha cercado mi camino para que no pueda pasar, y ha puesto tinieblas en mis sendas.
9 Me ha despojado de mi gloria, y ha quitado la corona de mi cabeza.
10 Me ha destruido por todos lados, y me he ido: y mi esperanza ha arrancado como un árbol.
11 También ha encendido su ira contra mí, y me cuenta como uno de sus enemigos.
12 Sus tropas vienen juntas, y levantan su camino contra mí, y acampan alrededor de mi tienda.
13 Ha puesto a mis hermanos lejos de mí, y mis conocidos verdaderamente se han apartado de mí.
14 Mis parientes me han fallado, y mis amigos íntimos me han olvidado.
15 Los que moran en mi casa, y mis criadas, me cuentan por extraño: soy un extranjero a sus ojos.
16 Llamé a mi siervo, y no me dio respuesta; le supliqué con mi boca.
17 Mi aliento es extraño a mi mujer, aunque supliqué por causa de los hijos de mi propio cuerpo.
18 Sí, los niños pequeños me despreciaron; me levanté, y hablaron contra mí.
19 Todos mis amigos íntimos me aborrecieron: y los que yo amaba se han vuelto contra mí.
20 Mi hueso está pegado a mi piel y a mi carne, y he escapado con la piel de mis dientes.
21 Tened piedad de mí, tened piedad de mí, oh vosotros mis amigos; porque la mano de Yahweh me ha tocado.
22 ¿Por qué me perseguís como Yahweh, y no estáis satisfechos con mi carne?
23 ¡Oh, si mis palabras fueran ahora escritas! ¡Oh, si fueran impresas en un libro!
24 ¡Que fueran grabadas con pluma de hierro y plomo en la peña para siempre!
25 Porque yo sé que mi Redentor vive, y que al fin se levantará sobre la tierra:
26 Y aunque después de mi piel los gusanos destruyan este cuerpo, aun en mi carne veré a Yeshua:
27 A quien veré por mí mismo, y mis ojos lo contemplarán, y no otro; aunque mis riñones se consuman dentro de mí.
28 Pero vosotros deberíais decir: ¿Por qué lo perseguimos, viendo que la raíz del asunto se halla en mí?
29 Temed la espada: porque la ira trae los castigos de la espada, para que sepáis que hay un juicio.
Capítulo 20
1 Entonces respondió Zofar naamatita, y dijo:
2 Por eso mis pensamientos me hacen responder, y por esto me apresuro.
3 He oído la reprensión de mi afrenta, y el espíritu de mi entendimiento me hace responder.
4 ¿No sabes esto de antiguo, desde que el hombre fue puesto sobre la tierra,
5 Que el triunfo del impío es breve, y la alegría del hipócrita solo por un momento?
6 Aunque su excelencia suba a los cielos, y su cabeza alcance a las nubes;
7 Con todo perecerá para siempre como su propio estiércol: los que lo han visto dirán: ¿Dónde está?
8 Volará como un sueño, y no será hallado: sí, será ahuyentado como una visión de la noche.
9 El ojo también que lo vio no lo verá más; ni su lugar lo contemplará más.
10 Sus hijos buscarán complacer a los pobres, y sus manos restituirán sus bienes.
11 Sus huesos están llenos del pecado de su juventud, que yacerá con él en el polvo.
12 Aunque la maldad sea dulce en su boca, aunque la esconda debajo de su lengua;
13 Aunque la guarde, y no la deje; sino que la retenga aún dentro de su boca:
14 Con todo su comida en sus entrañas se vuelve, es hiel de áspides dentro de él.
15 Ha tragado riquezas, y las vomitará de nuevo: Yahweh las echará fuera de su vientre.
16 Chupará el veneno de áspides: la lengua de la víbora lo matará.
17 No verá los ríos, los arroyos, los torrentes de miel y de manteca.
18 Lo que trabajó restituirá, y no lo tragará: según su hacienda será la restitución, y no se gozará en ello.
19 Porque ha oprimido y ha abandonado a los pobres; porque ha tomado con violencia una casa que no edificó;
20 Ciertamente no sentirá sosiego en su vientre, no salvará nada de lo que deseó.
21 No quedará nada de su comida; por tanto ningún hombre esperará sus bienes.
22 En la plenitud de su abundancia estará en estrechez: toda mano del impío vendrá sobre él.
23 Cuando esté a punto de llenar su vientre, Yahweh echará sobre él el furor de su ira, y la hará llover sobre él mientras come.
24 Huirá del arma de hierro, y el arco de acero lo atravesará.
25 Es sacada, y sale del cuerpo; sí, la espada reluciente sale de su hiel: terrores están sobre él.
26 Todas las tinieblas estarán escondidas en sus lugares secretos: un fuego no soplado lo consumirá; le irá mal al que quede en su tienda.
27 El cielo revelará su iniquidad; y la tierra se levantará contra él.
28 El producto de su casa se irá, y sus bienes se derramarán en el día de su ira.
29 Esta es la porción del hombre impío de parte de Yahweh, y la heredad señalada para él por Yahweh.
Capítulo 21
1 Pero Job respondió y dijo:
2 Escuchad atentamente mi razonamiento, y sea esto vuestras consolaciones.
3 Permitidme que hable; y después que haya hablado, seguid burlándoos.
4 En cuanto a mí, ¿es mi queja al hombre? Y si así fuera, ¿por qué no debería turbarse mi espíritu?
5 Miradme, y asombraos, y poned vuestra mano sobre vuestra boca.
6 Aun cuando recuerdo tengo miedo, y el temblor se apodera de mi carne.
7 ¿Por qué viven los impíos, envejecen, sí, son poderosos en fuerza?
8 Su descendencia está establecida a su vista con ellos, y su prole delante de sus ojos.
9 Sus casas están a salvo del temor, ni está la vara de Yahweh sobre ellos.
10 Su toro engendra, y no falla; su vaca pare, y no aborta su becerro.
11 Envían a sus pequeños como un rebaño, y sus niños danzan.
12 Toman el pandero y el arpa, y se regocijan al sonido del órgano.
13 Pasan sus días en prosperidad, y en un momento descienden al sepulcro.
14 Por tanto dicen a Yeshua: Apártate de nosotros; porque no deseamos el conocimiento de tus caminos.
15 ¿Qué es el Todopoderoso, para que le sirvamos? ¿y qué provecho tendremos, si oramos a él?
16 He aquí, su bien no está en su mano: el consejo de los impíos está lejos de mí.
17 ¡Cuántas veces es apagada la lámpara de los impíos! ¿y cuántas veces viene su destrucción sobre ellos! Yahweh distribuye dolores en su ira.
18 Son como paja delante del viento, y como tamo que la tormenta arrebata.
19 Yahweh guarda su iniquidad para sus hijos: le recompensa, y él lo sabrá.
20 Sus ojos verán su destrucción, y beberá de la ira del Todopoderoso.
21 Porque ¿qué placer tendrá en su casa después de él, cuando el número de sus meses sea cortado por la mitad?
22 ¿Enseñará alguien conocimiento a Yahweh? Viendo que él juzga a los que están en alto.
23 Uno muere en su plena fuerza, estando del todo tranquilo y en reposo.
24 Sus pechos están llenos de leche, y sus huesos están humedecidos con tuétano.
25 Y otro muere en amargura de su alma, y nunca come con placer.
26 Yacerán igualmente en el polvo, y los gusanos los cubrirán.
27 He aquí, yo conozco vuestros pensamientos, y los designios que injustamente imagináis contra mí.
28 Porque decís: ¿Dónde está la casa del príncipe? ¿y dónde están las moradas de los impíos?
29 ¿No habéis preguntado a los que pasan por el camino? ¿y no conocéis sus señales,
30 Que el impío es reservado para el día de la destrucción? Serán traídos al día de la ira.
31 ¿Quién declarará su camino en su rostro? ¿y quién le retribuirá lo que ha hecho?
32 Con todo será llevado al sepulcro, y permanecerá en la tumba.
33 Los terrones del valle le serán dulces, y todo hombre irá tras él, como innumerables hay antes de él.
34 ¿Cómo, pues, me consoláis en vano, viendo que en vuestras respuestas queda falsedad?
Capítulo 22
1 Entonces Elifaz temanita respondió y dijo:
2 ¿Puede un hombre ser provechoso a Yahweh, como el que es sabio puede ser provechoso a sí mismo?
3 ¿Tiene algún placer el Todopoderoso, en que seas justo? ¿o es ganancia para él, que hagas perfectos tus caminos?
4 ¿Te reprenderá por temor a ti? ¿entrará contigo en juicio?
5 ¿No es grande tu maldad? ¿y tus iniquidades infinitas?
6 Porque has tomado prenda de tu hermano sin causa, y has despojado de su ropa a los desnudos.
7 No has dado agua al cansado para beber, y has negado el pan al hambriento.
8 Pero en cuanto al hombre poderoso, él tenía la tierra; y el hombre honorable habitaba en ella.
9 Has enviado a las viudas vacías, y los brazos de los huérfanos han sido quebrados.
10 Por tanto lazos están alrededor de ti, y un temor repentino te turba;
11 O tinieblas, que no puedes ver; y abundancia de aguas te cubre.
12 ¿No está Yahweh en la altura del cielo? Y mira la altura de las estrellas, ¡cuán altas son!
13 Y tú dices: ¿Cómo sabe Yahweh? ¿Podrá juzgar a través de la nube oscura?
14 Nubes espesas son una cubierta para él, para que no vea; y anda en el circuito del cielo.
15 ¿Has marcado el camino antiguo que han hollado los hombres impíos?
16 Los cuales fueron cortados fuera de tiempo, cuyo fundamento fue inundado con un diluvio:
17 Los cuales dijeron a Yeshua: Apártate de nosotros: ¿y qué puede hacer el Todopoderoso por ellos?
18 Sin embargo él llenó sus casas de bienes: pero el consejo de los impíos está lejos de mí.
19 Los justos lo ven, y se alegran: y los inocentes se ríen de ellos con escarnio.
20 Mientras nuestra hacienda no es cortada, sino que el fuego consume el remanente de ellos.
21 Familiarízate ahora con él, y ten paz: con ello te vendrá el bien.
22 Recibe, te ruego, la ley de su boca, y pon sus palabras en tu corazón.
23 Si te vuelves al Todopoderoso, serás edificado, alejarás la iniquidad lejos de tus tiendas.
24 Entonces pondrás oro como polvo, y el oro de Ofir como las piedras de los arroyos.
25 Sí, el Todopoderoso será tu defensa, y tendrás plata en abundancia.
26 Porque entonces tendrás tu deleite en el Todopoderoso, y alzarás tu rostro a Yeshua.
27 Harás tu oración a él, y él te oirá, y pagarás tus votos.
28 También decretarás una cosa, y te será establecida: y la luz brillará sobre tus caminos.
29 Cuando los hombres sean abatidos, entonces dirás: Hay levantamiento; y él salvará a la persona humilde.
30 Él librará la isla de los inocentes: y es librada por la pureza de tus manos.
Capítulo 23
1 Entonces Job respondió y dijo:
2 Aun hoy es mi queja amarga: mi azote es más pesado que mi gemido.
3 ¡Oh, si yo supiera dónde hallarlo! ¡Si pudiera llegar aun a su tribunal!
4 Ordenaría mi causa delante de él, y llenaría mi boca de argumentos.
5 Sabría las palabras con que me respondería, y entendería lo que me diría.
6 ¿Abogaría contra mí con su gran poder? No; sino que pondría fuerza en mí.
7 Allí el justo podría disputar con él; así sería librado para siempre de mi juez.
8 He aquí, voy hacia adelante, pero él no está allí; y hacia atrás, pero no puedo percibirlo:
9 A la mano izquierda, donde él obra, pero no puedo contemplarlo: se esconde a la mano derecha, para que no pueda verlo:
10 Pero él conoce el camino que tomo: cuando me haya probado, saldré como oro.
11 Mi pie ha seguido sus pasos, su camino he guardado, y no me he apartado.
12 Tampoco me he apartado del mandamiento de sus labios; he estimado las palabras de su boca más que mi alimento necesario.
13 Pero él es de un solo parecer, ¿y quién podrá hacerlo cambiar? Y lo que su alma desea, aun eso hace.
14 Porque él cumplirá lo que está determinado para mí: y muchas cosas semejantes están con él.
15 Por tanto estoy turbado ante su presencia: cuando considero, tengo miedo de él.
16 Porque Yahweh ablanda mi corazón, y el Todopoderoso me turba:
17 Porque no fui cortado antes de las tinieblas, ni él ha cubierto las tinieblas de mi rostro.
Capítulo 24
1 ¿Por qué, viendo que los tiempos no están escondidos del Todopoderoso, los que lo conocen no ven sus días?
2 Algunos remueven los linderos; arrebatan con violencia los rebaños, y se alimentan de ellos.
3 Se llevan el asno de los huérfanos, toman en prenda el buey de la viuda.
4 Apartan a los necesitados del camino: los pobres de la tierra se esconden juntamente.
5 He aquí, como asnos monteses en el desierto, salen a su trabajo; madrugando por presa: el desierto les da alimento para ellos y para sus hijos.
6 Siegan cada uno su grano en el campo: y recogen la vendimia del impío.
7 Hacen que el desnudo pase la noche sin ropa, que no tienen cubierta en el frío.
8 Están mojados con los aguaceros de los montes, y abrazan la peña por falta de abrigo.
9 Arrancan al huérfano del pecho, y toman prenda del pobre.
10 Hacen que ande desnudo sin ropa, y quitan la gavilla al hambriento;
11 Los cuales hacen aceite dentro de sus muros, y pisan sus lagares, y sufren sed.
12 Los hombres gimen desde la ciudad, y el alma de los heridos clama: sin embargo Yahweh no les imputa necedad.
13 Ellos son de los que se rebelan contra la luz; no conocen sus caminos, ni permanecen en sus sendas.
14 El homicida, levantándose con la luz, mata al pobre y al necesitado, y en la noche es como un ladrón.
15 El ojo también del adúltero aguarda el crepúsculo, diciendo: Ningún ojo me verá: y disfraza su rostro.
16 En la oscuridad socavan las casas, que habían señalado para sí en el día: no conocen la luz.
17 Porque la mañana es para ellos aun como sombra de muerte: si alguien los conoce, están en los terrores de la sombra de muerte.
18 Él es veloz como las aguas; su porción es maldita en la tierra: no contempla el camino de las viñas.
19 La sequía y el calor consumen las aguas de la nieve: así el sepulcro a los que han pecado.
20 El vientre lo olvidará; el gusano se alimentará dulcemente de él; no será recordado más; y la maldad será quebrada como un árbol.
21 Trata mal a la estéril que no da a luz: y no hace bien a la viuda.
22 También arrastra a los poderosos con su poder: se levanta, y ningún hombre está seguro de la vida.
23 Aunque le sea dado estar en seguridad, en la que descansa; sin embargo sus ojos están sobre sus caminos.
24 Son exaltados por un poco, pero desaparecen y son abatidos; son quitados del camino como todos los demás, y cortados como las cabezas de las espigas.
25 Y si no es así ahora, ¿quién me hará mentiroso, y hará que mi palabra no valga nada?
Capítulo 25
1 Entonces respondió Bildad suhita, y dijo:
2 El dominio y el temor están con él, él hace la paz en sus alturas.
3 ¿Tienen número sus ejércitos? ¿Y sobre quién no se levanta su luz?
4 ¿Cómo, pues, puede el hombre ser justificado con Yahweh? ¿o cómo puede ser limpio el nacido de mujer?
5 He aquí aun hasta la luna, y no brilla; sí, las estrellas no son puras a sus ojos.
6 ¿Cuánto menos el hombre, que es un gusano? ¿y el hijo del hombre, que es un gusano?
Capítulo 26
1 Pero Job respondió y dijo:
2 ¿Cómo has ayudado al que no tiene poder? ¿Cómo has salvado el brazo que no tiene fuerza?
3 ¿Cómo has aconsejado al que no tiene sabiduría? ¿Y cómo has declarado abundantemente la cosa tal como es?
4 ¿A quién has proferido palabras? ¿Y de quién es el espíritu que salió de ti?
5 Las cosas muertas son formadas debajo de las aguas, y los habitantes de ellas.
6 El infierno está desnudo delante de él, y la destrucción no tiene cubierta.
7 Él extiende el norte sobre el lugar vacío, y cuelga la tierra sobre nada.
8 Ata las aguas en sus nubes espesas; y la nube no se rompe debajo de ellas.
9 Él retiene el rostro de su trono, y extiende su nube sobre él.
10 Ha rodeado las aguas con límites, hasta que el día y la noche llegan a su fin.
11 Las columnas del cielo tiemblan y se asombran ante su reprensión.
12 Divide el mar con su poder, y con su entendimiento hiere a los soberbios.
13 Con su espíritu ha adornado los cielos; su mano ha formado la serpiente tortuosa.
14 He aquí, estas son partes de sus caminos: ¡pero cuán pequeña porción se oye de él! Mas el trueno de su poder, ¿quién lo puede entender?
Capítulo 27
1 Además Job continuó su parábola, y dijo:
2 Vive Yahweh, que ha quitado mi juicio; y el Todopoderoso, que ha afligido mi alma;
3 Todo el tiempo que mi aliento esté en mí, y el espíritu de Yahweh esté en mis narices;
4 Mis labios no hablarán maldad, ni mi lengua proferirá engaño.
5 Yahweh no permita que yo os justifique: hasta que muera no quitaré mi integridad de mí.
6 Mi justicia retengo firmemente, y no la soltaré: mi corazón no me reprochará mientras viva.
7 Sea mi enemigo como el impío, y el que se levanta contra mí como el injusto.
8 Porque ¿cuál es la esperanza del hipócrita, aunque haya ganado, cuando Yahweh le quite su alma?
9 ¿Oirá Yahweh su clamor cuando la tribulación venga sobre él?
10 ¿Se deleitará en el Todopoderoso? ¿Invocará siempre a Yeshua?
11 Yo os enseñaré por la mano de Yahweh: lo que está con el Todopoderoso no lo encubriré.
12 He aquí, todos vosotros lo habéis visto; ¿por qué, pues, os habéis hecho así enteramente vanos?
13 Esta es la porción del hombre impío con Yahweh, y la heredad de los opresores, que recibirán del Todopoderoso.
14 Si sus hijos fueren multiplicados, será para la espada: y su descendencia no se saciará de pan.
15 Los que de él quedaren serán sepultados en muerte: y sus viudas no llorarán.
16 Aunque amontone plata como polvo, y prepare vestidos como barro;
17 Él los preparará, pero el justo se vestirá de ellos, y el inocente repartirá la plata.
18 Edificó su casa como la polilla, y como una cabaña que el guarda hace.
19 El rico se acostará, pero no será recogido: abrirá sus ojos, y ya no existirá.
20 Terrores se apoderarán de él como aguas, una tempestad lo arrebatará en la noche.
21 El viento solano lo llevará, y partirá: y como tormenta lo arrojará fuera de su lugar.
22 Porque Yahweh arrojará sobre él, y no perdonará: en vano querrá huir de su mano.
23 Los hombres batirán las palmas sobre él, y lo silbarán fuera de su lugar.
Capítulo 28
1 Ciertamente hay una veta para la plata, y un lugar para el oro donde lo afinan.
2 El hierro es tomado de la tierra, y el bronce es fundido de la piedra.
3 Él pone fin a las tinieblas, y escudriña toda perfección: las piedras de la oscuridad, y la sombra de muerte.
4 El torrente irrumpe lejos del habitante; aguas olvidadas del pie: se secan, se alejan de los hombres.
5 En cuanto a la tierra, de ella sale el pan: y debajo de ella es removida como si fuera fuego.
6 Sus piedras son el lugar de los zafiros: y tiene polvo de oro.
7 Hay una senda que ninguna ave conoce, y que el ojo del buitre no ha visto:
8 Los cachorros del león no la han hollado, ni el león fiero ha pasado por ella.
9 Él extiende su mano sobre la roca; trastorna los montes desde la raíz.
10 Él abre ríos entre las rocas; y su ojo ve toda cosa preciosa.
11 Él detiene los torrentes para que no desborden; y lo que está oculto saca a la luz.
12 Mas ¿dónde se hallará la sabiduría? ¿y dónde está el lugar de la inteligencia?
13 El hombre no conoce su precio; ni se halla en la tierra de los vivientes.
14 El abismo dice: No está en mí: y el mar dice: No está conmigo.
15 No puede obtenerse por oro, ni la plata será pesada por su precio.
16 No puede ser estimada con el oro de Ofir, con el ónice precioso, ni con el zafiro.
17 El oro y el cristal no pueden igualarla: y su cambio no será por joyas de oro fino.
18 No se hará mención del coral, ni de las perlas: porque el precio de la sabiduría es sobre los rubíes.
19 El topacio de Etiopía no la igualará, ni será estimada con oro puro.
20 ¿De dónde, pues, viene la sabiduría? ¿y dónde está el lugar de la inteligencia?
21 Puesto que está escondida de los ojos de todo viviente, y oculta a las aves del aire.
22 La destrucción y la muerte dicen: Hemos oído su fama con nuestros oídos.
23 Yahweh entiende su camino, y él conoce su lugar.
24 Porque él mira hasta los confines de la tierra, y ve debajo de todo el cielo;
25 Para dar peso a los vientos; y él pesa las aguas por medida.
26 Cuando él hizo un decreto para la lluvia, y un camino para el relámpago del trueno:
27 Entonces la vio, y la declaró; la preparó, sí, y la escudriñó.
28 Y dijo al hombre: He aquí, el temor de Yahweh, eso es sabiduría; y apartarse del mal es inteligencia.
Capítulo 29
1 Además Job continuó su parábola, y dijo,
2 ¡Oh, si yo fuera como en los meses pasados, como en los días cuando Yeshua me guardaba;
3 Cuando su candela resplandecía sobre mi cabeza, y cuando a su luz yo caminaba a través de las tinieblas;
4 Como yo era en los días de mi juventud, cuando el secreto de Yeshua estaba sobre mi tienda;
5 Cuando el Todopoderoso aún estaba conmigo, cuando mis hijos estaban alrededor de mí;
6 Cuando yo lavaba mis pasos con manteca, y la roca me derramaba ríos de aceite;
7 Cuando yo salía a la puerta a través de la ciudad, cuando yo preparaba mi asiento en la calle!
8 Los jóvenes me veían, y se escondían: y los ancianos se levantaban, y se ponían de pie.
9 Los príncipes dejaban de hablar, y ponían su mano sobre su boca.
10 Los nobles guardaban silencio, y su lengua se pegaba al paladar.
11 Cuando el oído me oía, entonces me bendecía; y cuando el ojo me veía, daba testimonio de mí:
12 Porque yo libraba al pobre que clamaba, y al huérfano, y al que no tenía quien le ayudara.
13 La bendición del que estaba a punto de perecer venía sobre mí: y yo hacía cantar de gozo el corazón de la viuda.
14 Me vestía de justicia, y ella me vestía: mi juicio era como un manto y una diadema.
15 Yo era ojos para el ciego, y pies era yo para el cojo.
16 Yo era padre para los pobres: y la causa que no conocía la escudriñaba.
17 Y yo quebraba las quijadas del inicuo, y arrancaba el despojo de sus dientes.
18 Entonces yo decía: Moriré en mi nido, y multiplicaré mis días como la arena.
19 Mi raíz se extendía junto a las aguas, y el rocío reposaba toda la noche sobre mi rama.
20 Mi gloria era fresca en mí, y mi arco se renovaba en mi mano.
21 A mí los hombres me escuchaban, y esperaban, y guardaban silencio ante mi consejo.
22 Después de mis palabras no hablaban de nuevo; y mi discurso destilaba sobre ellos.
23 Y me esperaban como a la lluvia; y abrían su boca ampliamente como para la lluvia tardía.
24 Si yo me reía con ellos, no lo creían; y la luz de mi rostro no abatían.
25 Yo escogía su camino, y me sentaba como jefe, y habitaba como un rey en el ejército, como uno que consuela a los que lloran.
Capítulo 30
1 Pero ahora los que son más jóvenes que yo se burlan de mí, cuyos padres yo habría desdeñado poner con los perros de mi rebaño.
2 Sí, ¿de qué podría aprovecharme la fuerza de sus manos, en quienes la vejez había perecido?
3 Por la necesidad y el hambre estaban solitarios; huían al desierto en tiempo anterior desolado y yermo.
4 Que cortaban malvas junto a los arbustos, y raíces de enebro para su comida.
5 Eran echados de entre los hombres, (gritaban tras ellos como tras un ladrón;)
6 Para habitar en los barrancos de los valles, en cuevas de la tierra, y en las rocas.
7 Entre los arbustos rebuznaban; bajo las ortigas se juntaban.
8 Eran hijos de necios, sí, hijos de hombres viles: eran más viles que la tierra.
9 Y ahora soy su canción, sí, soy su refrán.
10 Me aborrecen, huyen lejos de mí, y no se contienen de escupir en mi rostro.
11 Porque él ha soltado mi cuerda, y me ha afligido, ellos también han soltado el freno delante de mí.
12 A mi mano derecha se levanta la juventud; empujan mis pies, y alzan contra mí los caminos de su destrucción.
13 Desbaratan mi senda, promueven mi calamidad, no tienen ayudador.
14 Vinieron sobre mí como una ancha brecha de aguas: en la desolación se revolcaron sobre mí.
15 Terrores se han vuelto sobre mí: persiguen mi alma como el viento: y mi bienestar pasa como una nube.
16 Y ahora mi alma se derrama sobre mí; los días de aflicción se han apoderado de mí.
17 Mis huesos son taladrados en mí en la estación de la noche: y mis tendones no toman descanso.
18 Por la gran fuerza de mi enfermedad mi vestidura es cambiada: me ciñe como el cuello de mi túnica.
19 Él me ha arrojado al lodo, y he venido a ser como polvo y ceniza.
20 Clamo a ti, y tú no me oyes: me pongo de pie, y tú no me consideras.
21 Te has vuelto cruel para conmigo: con tu mano fuerte te opones contra mí.
22 Me levantas al viento; me haces cabalgar sobre él, y disuelves mi sustancia.
23 Porque yo sé que me llevarás a la muerte, y a la casa señalada para todo viviente.
24 Sin embargo él no extenderá su mano al sepulcro, aunque ellos clamen en su destrucción.
25 ¿No lloré yo por el que estaba en apuros? ¿no se entristeció mi alma por el pobre?
26 Cuando yo esperaba el bien, entonces me vino el mal: y cuando esperaba la luz, vinieron las tinieblas.
27 Mis entrañas hirvieron, y no reposaron: los días de aflicción me salieron al encuentro.
28 Anduve enlutado sin el sol: me levanté, y clamé en la congregación.
29 Soy hermano de dragones, y compañero de búhos.
30 Mi piel se ha ennegrecido sobre mí, y mis huesos son quemados con calor.
31 Mi arpa también se ha vuelto en luto, y mi órgano en voz de los que lloran.
Capítulo 31
1 Hice un pacto con mis ojos; ¿por qué, pues, había de pensar yo en una doncella?
2 Porque ¿qué porción de Yahweh hay desde arriba? ¿y qué heredad del Todopoderoso desde lo alto?
3 ¿No es destrucción para el impío? ¿y un castigo extraño para los que obran iniquidad?
4 ¿No ve él mis caminos, y cuenta todos mis pasos?
5 Si yo he andado con vanidad, o si mi pie se ha apresurado al engaño;
6 Sea yo pesado en una balanza justa para que Yahweh conozca mi integridad.
7 Si mi paso se ha apartado del camino, y mi corazón ha andado tras mis ojos, y si alguna mancha se ha pegado a mis manos;
8 Entonces siembre yo, y coma otro; sí, sea desarraigada mi descendencia.
9 Si mi corazón ha sido engañado por una mujer, o si he acechado a la puerta de mi prójimo;
10 Entonces muela mi mujer para otro, y otros se inclinen sobre ella.
11 Porque esto es un crimen abominable; sí, es una iniquidad que debe ser castigada por los jueces.
12 Porque es un fuego que consume hasta la destrucción, y desarraigaría todo mi aumento.
13 Si yo desprecié la causa de mi siervo o de mi sierva, cuando ellos contendían conmigo;
14 ¿Qué haré entonces cuando Yahweh se levante? y cuando él visite, ¿qué le responderé?
15 ¿No hizo a él el que me hizo a mí en el vientre? ¿y no nos formó uno mismo en el vientre?
16 Si yo he negado a los pobres su deseo, o he hecho desfallecer los ojos de la viuda;
17 O he comido mi bocado yo solo, y el huérfano no ha comido de él;
18 (Porque desde mi juventud él fue criado conmigo, como con un padre, y yo la he guiado desde el vientre de mi madre;)
19 Si yo he visto a alguno perecer por falta de vestido, o a algún pobre sin cobertura;
20 Si sus lomos no me bendijeron, y si no fue calentado con el vellón de mis ovejas;
21 Si yo alcé mi mano contra el huérfano, cuando vi mi ayuda en la puerta:
22 Entonces caiga mi brazo de mi omóplato, y sea quebrantado mi brazo desde el hueso.
23 Porque la destrucción de parte de Yahweh era un terror para mí, y a causa de su alteza yo no podía soportarla.
24 Si yo he hecho del oro mi esperanza, o he dicho al oro fino: Tú eres mi confianza;
25 Si yo me regocijé porque mi riqueza era grande, y porque mi mano había adquirido mucho;
26 Si yo contemplé el sol cuando resplandecía, o la luna andando en brillo;
27 Y mi corazón ha sido seducido en secreto, o mi boca ha besado mi mano:
28 Esto también sería una iniquidad que debe ser castigada por el juez: porque yo habría negado a Yahweh que está arriba.
29 Si yo me regocijé en la destrucción del que me aborrecía, o me enaltecí cuando el mal lo halló:
30 Ni tampoco he permitido que mi boca peque deseando una maldición para su alma.
31 Si los hombres de mi tienda no dijeron: ¡Oh, si tuviéramos de su carne! no podemos saciarnos.
32 El extranjero no pasaba la noche en la calle: sino que yo abría mis puertas al viajero.
33 Si yo cubrí mis transgresiones como Adán, escondiendo mi iniquidad en mi seno:
34 ¿Temí yo a una gran multitud, o me aterrorizó el desprecio de las familias, que guardé silencio, y no salí de la puerta?
35 ¡Oh, si alguien me oyera! he aquí, mi deseo es que el Todopoderoso me responda, y que mi adversario hubiera escrito un libro.
36 Ciertamente yo lo llevaría sobre mi hombro, y me lo ceñiría como una corona.
37 Yo le declararía el número de mis pasos; como un príncipe me acercaría a él.
38 Si mi tierra clama contra mí, o sus surcos igualmente se quejan;
39 Si yo he comido sus frutos sin dinero, o he hecho que sus dueños pierdan su vida:
40 Crezcan abrojos en lugar de trigo, y cizaña en lugar de cebada. Las palabras de Job han terminado.
Capítulo 32
1 Así cesaron estos tres hombres de responder a Job, porque él era justo ante sus propios ojos.
2 Entonces se encendió la ira de Eliú hijo de Baraquel el buzita, de la familia de Ram: contra Job se encendió su ira, porque se justificaba a sí mismo más bien que a Yahweh.
3 También contra sus tres amigos se encendió su ira, porque no habían hallado respuesta, y sin embargo habían condenado a Job.
4 Ahora bien, Eliú había esperado hasta que Job hubiera hablado, porque ellos eran mayores que él.
5 Cuando Eliú vio que no había respuesta en la boca de estos tres hombres, entonces su ira se encendió.
6 Y Eliú hijo de Baraquel el buzita respondió y dijo: Yo soy joven, y vosotros sois muy ancianos; por lo cual tuve temor, y no me atreví a mostraros mi opinión.
7 Yo dije: Los días hablarán, y la multitud de años enseñará sabiduría.
8 Pero hay un espíritu en el hombre: y la inspiración del Todopoderoso les da entendimiento.
9 Los hombres grandes no siempre son sabios: ni los ancianos entienden el juicio.
10 Por tanto yo dije: Escuchadme; yo también mostraré mi opinión.
11 He aquí, yo esperé vuestras palabras; presté oído a vuestras razones, mientras vosotros buscabais qué decir.
12 Sí, yo os presté atención, y, he aquí, no hubo ninguno de vosotros que convenciera a Job, o que respondiera a sus palabras:
13 Para que no digáis: Hemos hallado sabiduría: Yahweh lo derriba, no el hombre.
14 Ahora bien, él no ha dirigido sus palabras contra mí: ni yo le responderé con vuestros discursos.
15 Ellos se asombraron, no respondieron más: dejaron de hablar.
16 Cuando yo había esperado, (porque no hablaban, sino que se quedaron quietos, y no respondieron más;)
17 Yo dije: Yo también responderé mi parte, yo también mostraré mi opinión.
18 Porque estoy lleno de materia, el espíritu dentro de mí me constriñe.
19 He aquí, mi vientre es como vino que no tiene salida; está pronto a reventar como odres nuevos.
20 Hablaré, para que pueda ser aliviado: abriré mis labios y responderé.
21 No me permitáis, os ruego, aceptar la persona de ningún hombre, ni dar títulos lisonjeros al hombre.
22 Porque no sé dar títulos lisonjeros; al hacerlo mi Hacedor pronto me quitaría.
Capítulo 33
1 Por tanto, Job, te ruego, oye mis discursos, y escucha todas mis palabras.
2 He aquí, ahora he abierto mi boca, mi lengua ha hablado en mi boca.
3 Mis palabras serán de la rectitud de mi corazón: y mis labios pronunciarán conocimiento claramente.
4 El espíritu de Yahweh me ha hecho, y el aliento del Todopoderoso me ha dado vida.
5 Si puedes responderme, pon tus palabras en orden delante de mí, ponte de pie.
6 He aquí, yo soy conforme a tu deseo en lugar de Yahweh: yo también soy formado del barro.
7 He aquí, mi terror no te hará temer, ni mi mano será pesada sobre ti.
8 Ciertamente tú has hablado a mi oído, y yo he oído la voz de tus palabras, que decían,
9 Yo soy limpio sin transgresión, soy inocente; ni hay iniquidad en mí.
10 He aquí, él halla ocasiones contra mí, me cuenta por su enemigo,
11 Pone mis pies en el cepo, él observa todas mis sendas.
12 He aquí, en esto no eres justo: yo te responderé, que Yahweh es mayor que el hombre.
13 ¿Por qué contiendes contra él? porque él no da cuenta de ninguno de sus asuntos.
14 Porque Yahweh habla una vez, sí dos veces, y el hombre no lo percibe.
15 En un sueño, en una visión de la noche, cuando el sueño profundo cae sobre los hombres, en dormitaciones sobre la cama;
16 Entonces él abre los oídos de los hombres, y sella su instrucción,
17 Para que aparte al hombre de su propósito, y esconda la soberbia del hombre.
18 Él detiene su alma de la fosa, y su vida de perecer por la espada.
19 Él es también castigado con dolor sobre su cama, y la multitud de sus huesos con fuerte dolor:
20 De modo que su vida aborrece el pan, y su alma la comida delicada.
21 Su carne es consumida, que no puede verse; y sus huesos que no se veían sobresalen.
22 Sí, su alma se acerca al sepulcro, y su vida a los destructores.
23 Si hubiere con él un mensajero, un intérprete, uno entre mil, para mostrar al hombre su rectitud:
24 Entonces él le es misericordioso, y dice: Líbralo de descender a la fosa: he hallado un rescate.
25 Su carne será más fresca que la de un niño: volverá a los días de su juventud:
26 Él orará a Yeshua, y él le será favorable: y verá su rostro con gozo: porque él devolverá al hombre su justicia.
27 Él mira sobre los hombres, y si alguno dice: He pecado, y he pervertido lo que era recto, y no me aprovechó;
28 Él librará su alma de ir a la fosa, y su vida verá la luz.
29 He aquí, todas estas cosas obra Yeshua muchas veces con el hombre,
30 Para hacer volver su alma de la fosa, para ser iluminado con la luz de los vivientes.
31 Presta atención, oh Job, escúchame: guarda silencio, y yo hablaré.
32 Si tienes algo que decir, respóndeme: habla, porque deseo justificarte.
33 Si no, escúchame: guarda silencio, y yo te enseñaré sabiduría.
Capítulo 34
1 Además Eliú respondió y dijo,
2 Oíd mis palabras, oh hombres sabios; y prestadme oído, vosotros que tenéis conocimiento.
3 Porque el oído prueba las palabras, como la boca gusta la comida.
4 Escojamos para nosotros el juicio: conozcamos entre nosotros lo que es bueno.
5 Porque Job ha dicho: Yo soy justo: y Yahweh ha quitado mi juicio.
6 ¿Había de mentir yo contra mi derecho? mi herida es incurable sin transgresión.
7 ¿Qué hombre hay como Job, que bebe el escarnio como agua?
8 Que va en compañía con los que obran iniquidad, y anda con hombres impíos.
9 Porque él ha dicho: De nada aprovecha al hombre deleitarse con Yeshua.
10 Por tanto escuchadme vosotros hombres de entendimiento: lejos esté de Yahweh hacer maldad; y del Todopoderoso cometer iniquidad.
11 Porque él pagará al hombre según su obra, y hará que cada hombre halle conforme a sus caminos.
12 Sí, ciertamente Yahweh no obrará impíamente, ni el Todopoderoso pervertirá el juicio.
13 ¿Quién le ha dado cargo sobre la tierra? ¿o quién ha dispuesto todo el mundo?
14 Si él pusiera su corazón sobre el hombre, si recogiera para sí su espíritu y su aliento;
15 Toda carne perecería juntamente, y el hombre volvería al polvo.
16 Si ahora tienes entendimiento, oye esto: escucha la voz de mis palabras.
17 ¿Gobernará aun el que aborrece el derecho? ¿y condenarás tú al que es muy justo?
18 ¿Es propio decir a un rey: Eres impío? ¿y a los príncipes: Sois impíos?
19 Cuánto menos a aquel que no acepta las personas de los príncipes, ni considera al rico más que al pobre: porque todos son obra de sus manos.
20 En un momento morirán, y el pueblo será turbado a medianoche, y pasará: y los poderosos serán quitados sin mano.
21 Porque sus ojos están sobre los caminos del hombre, y él ve todos sus pasos.
22 No hay tinieblas, ni sombra de muerte, donde los que obran iniquidad puedan esconderse.
23 Porque él no pondrá sobre el hombre más de lo justo; para que entre en juicio con Yahweh.
24 Él quebrantará en pedazos a hombres poderosos sin número, y pondrá a otros en su lugar.
25 Por tanto él conoce sus obras, y los trastorna en la noche, de modo que son destruidos.
26 Él los hiere como a hombres impíos a la vista abierta de otros;
27 Porque se apartaron de en pos de él, y no consideraron ninguno de sus caminos:
28 De modo que hacen venir a él el clamor del pobre, y él oye el clamor de los afligidos.
29 Cuando él da quietud, ¿quién entonces puede causar turbación? y cuando él esconde su rostro, ¿quién entonces puede contemplarlo? ya sea que se haga contra una nación, o contra un hombre solamente:
30 Para que el hipócrita no reine, no sea que el pueblo sea atrapado.
31 Ciertamente es propio que se diga a Yahweh: He llevado castigo, no ofenderé más:
32 Lo que yo no veo enséñame tú: si he hecho iniquidad, no lo haré más.
33 ¿Había de ser según tu parecer? él lo recompensará, ya sea que tú lo rehúses, o ya sea que tú lo escojas; y no yo: por tanto habla lo que sabes.
34 Que los hombres de entendimiento me lo digan, y que un hombre sabio me escuche.
35 Job ha hablado sin conocimiento, y sus palabras fueron sin sabiduría.
36 Mi deseo es que Job sea probado hasta el fin a causa de sus respuestas por los hombres impíos.
37 Porque él añade rebelión a su pecado, bate las palmas entre nosotros, y multiplica sus palabras contra Yahweh.
Capítulo 35
1 Eliú habló además, y dijo,
2 ¿Piensas tú que esto es recto, que dijiste: Mi justicia es más que la de Yahweh?
3 Porque tú dijiste: ¿Qué ventaja será para ti? y, ¿Qué provecho tendré, si fuere limpiado de mi pecado?
4 Yo te responderé a ti, y a tus compañeros contigo.
5 Mira a los cielos, y ve; y contempla las nubes que son más altas que tú.
6 Si pecas, ¿qué haces contra él? o si tus transgresiones fueren multiplicadas, ¿qué le haces a él?
7 Si fueres justo, ¿qué le das a él? ¿o qué recibe él de tu mano?
8 Tu maldad puede dañar a un hombre como tú eres; y tu justicia puede aprovechar al hijo del hombre.
9 A causa de la multitud de opresiones hacen clamar a los oprimidos: claman a causa del brazo de los poderosos.
10 Pero ninguno dice: ¿Dónde está Yahweh mi Hacedor, que da canciones en la noche;
11 Que nos enseña más que a las bestias de la tierra, y nos hace más sabios que a las aves del cielo?
12 Allí claman, pero ninguno da respuesta, a causa de la soberbia de los hombres malos.
13 Ciertamente Yahweh no oirá la vanidad, ni el Todopoderoso la considerará.
14 Aunque digas que no lo verás, el juicio está delante de él; por tanto confía tú en él.
15 Mas ahora, porque no es así, él ha visitado en su ira; y él no lo conoce en gran extremidad:
16 Por tanto Job abre su boca en vano; multiplica palabras sin conocimiento.
Capítulo 36
1 Eliú también prosiguió, y dijo,
2 Espérame un poco, y yo te mostraré que aún tengo que hablar en favor de Yahweh.
3 Traeré mi conocimiento desde lejos, y atribuiré justicia a mi Hacedor.
4 Porque verdaderamente mis palabras no serán falsas: el que es perfecto en conocimiento está contigo.
5 He aquí, Yahweh es poderoso, y no desprecia a ninguno: es poderoso en fuerza y sabiduría.
6 Él no preserva la vida del impío: sino que da derecho al pobre.
7 Él no aparta sus ojos del justo: sino que con los reyes están ellos sobre el trono; sí, él los establece para siempre, y son exaltados.
8 Y si fueren atados en grillos, y fueren presos en cuerdas de aflicción;
9 Entonces él les muestra su obra, y sus transgresiones que han excedido.
10 Él abre también su oído a la disciplina, y manda que se vuelvan de la iniquidad.
11 Si obedecen y le sirven, pasarán sus días en prosperidad, y sus años en placeres.
12 Pero si no obedecen, perecerán por la espada, y morirán sin conocimiento.
13 Pero los hipócritas de corazón amontonan ira: no claman cuando él los ata.
14 Mueren en la juventud, y su vida está entre los inmundos.
15 Él libra al pobre en su aflicción, y abre sus oídos en la opresión.
16 Aun así él te habría sacado de la estrechez a un lugar ancho, donde no hay estrechez; y lo que se pusiera sobre tu mesa estaría lleno de grosura.
17 Pero tú has cumplido el juicio del impío: el juicio y la justicia se apoderan de ti.
18 Porque hay ira, guárdate no sea que él te quite con su golpe: entonces un gran rescate no puede librarte.
19 ¿Estimará él tus riquezas? no, ni el oro, ni todas las fuerzas del poder.
20 No desees la noche, cuando los pueblos son cortados en su lugar.
21 Guárdate, no consideres la iniquidad: porque esto has escogido más bien que la aflicción.
22 He aquí, Yahweh se exalta por su poder: ¿quién enseña como él?
23 ¿Quién le ha impuesto su camino? ¿o quién puede decir: Tú has obrado iniquidad?
24 Acuérdate de engrandecer su obra, que los hombres contemplan.
25 Todo hombre puede verla; el hombre puede contemplarla desde lejos.
26 He aquí, Yahweh es grande, y no lo conocemos, ni puede escudriñarse el número de sus años.
27 Porque él hace pequeñas las gotas de agua: ellas derraman lluvia conforme a su vapor:
28 Que las nubes destilan y gotean sobre el hombre abundantemente.
29 ¿Puede también alguno entender la extensión de las nubes, o el ruido de su tienda?
30 He aquí, él extiende su luz sobre ella, y cubre el fondo del mar.
31 Porque por ellas juzga a los pueblos; él da comida en abundancia.
32 Con nubes cubre la luz; y le manda que no brille por la nube que se interpone.
33 Su ruido muestra acerca de ella, el ganado también acerca del vapor.
Capítulo 37
1 A esto también mi corazón tiembla, y es movido de su lugar.
2 Oíd atentamente el ruido de su voz, y el sonido que sale de su boca.
3 Él lo dirige debajo de todo el cielo, y su relámpago hasta los confines de la tierra.
4 Después de él ruge una voz: él truena con la voz de su excelencia; y no los detendrá cuando su voz sea oída.
5 Yahweh truena maravillosamente con su voz; grandes cosas hace él, que no podemos comprender.
6 Porque él dice a la nieve: Sé sobre la tierra; igualmente a la lluvia pequeña, y a la lluvia grande de su fuerza.
7 Él sella la mano de todo hombre; para que todos los hombres conozcan su obra.
8 Entonces las bestias entran en guaridas, y permanecen en sus lugares.
9 Del sur viene el torbellino: y el frío del norte.
10 Por el aliento de Yahweh es dada la escarcha: y la anchura de las aguas es estrechada.
11 También con la humedad cansa la nube densa: él esparce su nube brillante:
12 Y ella es vuelta alrededor por sus consejos: para que hagan todo lo que él les manda sobre la faz del mundo en la tierra.
13 Él hace que venga, ya sea para corrección, o para su tierra, o para misericordia.
14 Escucha esto, oh Job: detente, y considera las obras maravillosas de Yahweh.
15 ¿Sabes tú cuándo Yahweh las dispuso, e hizo brillar la luz de su nube?
16 ¿Sabes tú los equilibrios de las nubes, las obras maravillosas de aquel que es perfecto en conocimiento?
17 Cómo tus vestidos son calientes, cuando él aquieta la tierra por el viento del sur?
18 ¿Has extendido tú con él el cielo, que es fuerte, y como un espejo fundido?
19 Enséñanos lo que le diremos; porque no podemos ordenar nuestro discurso a causa de las tinieblas.
20 ¿Le será contado que yo hablo? si un hombre habla, ciertamente será tragado.
21 Y ahora los hombres no ven la luz brillante que está en las nubes: pero el viento pasa, y las limpia.
22 El buen tiempo viene del norte: con Yahweh hay majestad terrible.
23 En cuanto al Todopoderoso, no podemos alcanzarlo: él es excelente en poder, y en juicio, y en plenitud de justicia: él no afligirá.
24 Por tanto, los hombres le temen: él no estima a ninguno que sea sabio de corazón.
Capítulo 38
1 Entonces Yeshua respondió a Job desde el torbellino, y dijo:
2 ¿Quién es este que oscurece el consejo con palabras sin conocimiento?
3 Ciñe ahora tus lomos como un hombre; porque yo te preguntaré, y tú me responderás.
4 ¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Decláralo, si tienes entendimiento.
5 ¿Quién ordenó sus medidas, si lo sabes? ¿O quién extendió sobre ella el cordel?
6 ¿Sobre qué están fundadas sus bases? ¿O quién puso su piedra angular,
7 cuando las estrellas de la mañana cantaban juntas, y todos los hijos de Yahweh daban voces de júbilo?
8 ¿O quién encerró el mar con puertas, cuando brotó, como si saliera del vientre?
9 Cuando yo puse la nube por su vestidura, y la densa oscuridad por su faja,
10 y rompí para él mi lugar decretado, y puse barras y puertas,
11 y dije: Hasta aquí llegarás, y no pasarás adelante: y aquí se detendrán tus olas orgullosas?
12 ¿Has mandado tú a la mañana desde tus días; y has hecho conocer al alba su lugar;
13 para que tome los confines de la tierra, y los impíos sean sacudidos fuera de ella?
14 Ella se torna como el barro bajo el sello; y ellos se presentan como un vestido.
15 Y a los impíos les es negada su luz, y el brazo enaltecido será quebrantado.
16 ¿Has entrado tú hasta los manantiales del mar? ¿O has andado escudriñando el abismo?
17 ¿Te han sido abiertas las puertas de la muerte? ¿O has visto las puertas de la sombra de muerte?
18 ¿Has percibido la anchura de la tierra? Decláralo, si lo sabes todo.
19 ¿Dónde está el camino donde mora la luz? Y en cuanto a las tinieblas, ¿dónde está su lugar,
20 para que la lleves a su término, y para que conozcas las sendas de su casa?
21 ¿Lo sabes tú, porque entonces habías nacido? ¿O porque el número de tus días es grande?
22 ¿Has entrado tú en los tesoros de la nieve? ¿O has visto los tesoros del granizo,
23 que yo he reservado para el tiempo de angustia, para el día de la batalla y de la guerra?
24 ¿Por qué camino se reparte la luz, que esparce el viento solano sobre la tierra?
25 ¿Quién repartió un canal para el torrente de aguas, o un camino para el relámpago del trueno;
26 para hacer llover sobre la tierra, donde no hay hombre; sobre el desierto, en donde no hay hombre;
27 para saciar el lugar desolado y desierto; y para hacer brotar el renuevo de la hierba tierna?
28 ¿Tiene la lluvia padre? ¿O quién engendró las gotas del rocío?
29 ¿Del vientre de quién salió el hielo? Y la escarcha del cielo, ¿quién la engendró?
30 Las aguas se esconden como con una piedra, y la superficie del abismo se congela.
31 ¿Podrás tú atar las dulces influencias de las Pléyades, o desatar las ligaduras de Orión?
32 ¿Podrás tú hacer salir a Mazzaroth a su tiempo? ¿O podrás guiar a Arcturus con sus hijos?
33 ¿Sabes tú las ordenanzas del cielo? ¿Podrás establecer su dominio en la tierra?
34 ¿Podrás alzar tu voz hasta las nubes, para que abundancia de aguas te cubra?
35 ¿Podrás enviar los relámpagos, para que vayan y te digan: Aquí estamos?
36 ¿Quién puso sabiduría en las partes internas? ¿O quién dio entendimiento al corazón?
37 ¿Quién puede contar las nubes con sabiduría? ¿O quién puede detener los odres del cielo,
38 cuando el polvo crece hasta endurecerse, y los terrones se pegan unos con otros?
39 ¿Cazarás tú la presa para el león? ¿O saciarás el apetito de los leoncillos,
40 cuando se agazapan en sus guaridas, y permanecen en el escondite para acechar?
41 ¿Quién provee al cuervo su alimento? Cuando sus polluelos claman a Yahweh, vagan por falta de comida.
Capítulo 39
1 ¿Sabes tú el tiempo en que las cabras monteses de la peña paren? ¿O puedes observar cuándo paren las ciervas?
2 ¿Puedes contar los meses que cumplen? ¿O sabes el tiempo en que paren?
3 Se encorvan, traen a luz sus crías, expulsan sus dolores.
4 Sus crías se fortalecen, crecen con el grano; salen, y no vuelven a ellas.
5 ¿Quién soltó libre al asno montés? ¿O quién desató las ligaduras del asno montés?
6 A quien yo puse por casa el desierto, y por moradas la tierra estéril.
7 Se burla de la multitud de la ciudad; no hace caso de los gritos del arriero.
8 La extensión de los montes es su pasto, y busca tras todo lo verde.
9 ¿Querrá el unicornio servirte a ti, o permanecer junto a tu pesebre?
10 ¿Podrás atar al unicornio con su coyunda en el surco? ¿O rastrillará los valles tras de ti?
11 ¿Confiarás en él, porque su fuerza es grande? ¿O le dejarás tu labor?
12 ¿Creerás en él, que traerá a casa tu simiente, y la recogerá en tu granero?
13 ¿Diste tú las alas hermosas a los pavos reales? ¿O alas y plumas al avestruz?
14 La cual deja sus huevos en la tierra, y los calienta en el polvo,
15 y se olvida de que el pie puede aplastarlos, o de que la bestia del campo puede quebrarlos.
16 Ella se endurece contra sus crías, como si no fueran suyas: su labor es en vano, sin temor;
17 porque Yahweh la privó de sabiduría, y no le impartió entendimiento.
18 Cuando se levanta en alto, se burla del caballo y de su jinete.
19 ¿Diste tú fuerza al caballo? ¿Vestiste su cuello de trueno?
20 ¿Podrás hacerle temer como a una langosta? La gloria de sus fosas nasales es terrible.
21 Escarba en el valle, y se regocija en su fuerza: sale al encuentro de los hombres armados.
22 Se burla del temor, y no se espanta; ni se vuelve atrás ante la espada.
23 La aljaba resuena contra él, la lanza reluciente y el escudo.
24 Devora la tierra con fiereza y furia: ni cree que sea el sonido de la trompeta.
25 Dice entre las trompetas: ¡Ea, ea!; y huele de lejos la batalla, el trueno de los capitanes, y el griterío.
26 ¿Vuela el halcón por tu sabiduría, y extiende sus alas hacia el sur?
27 ¿Se remonta el águila por tu mandato, y pone su nido en alto?
28 Ella mora y permanece en la peña, sobre el peñasco de la peña, y el lugar fuerte.
29 Desde allí busca la presa, y sus ojos miran de lejos.
30 Sus polluelos también chupan sangre: y donde están los muertos, allí está ella.
Capítulo 40
1 Además Yeshua respondió a Job, y dijo:
2 ¿Ha de instruir al Todopoderoso el que contiende con él? El que reprende a Yahweh, que responda a esto.
3 Entonces Job respondió a Yeshua, y dijo:
4 He aquí, yo soy vil; ¿qué te responderé? Pondré mi mano sobre mi boca.
5 Una vez he hablado; pero no responderé: sí, dos veces; pero no proseguiré más.
6 Entonces Yeshua respondió a Job desde el torbellino, y dijo:
7 Ciñe ahora tus lomos como un hombre: yo te preguntaré, y tú me declararás.
8 ¿Invalidarás también mi juicio? ¿Me condenarás, para que tú seas justo?
9 ¿Tienes tú un brazo como Yahweh? ¿O puedes tronar con una voz como él?
10 Adórnate ahora de majestad y excelencia; y vístete de gloria y de hermosura.
11 Esparce el furor de tu ira: y mira a todo soberbio, y abátelo.
12 Mira a todo soberbio, y humíllalo; y huella a los impíos en su lugar.
13 Escóndelos juntos en el polvo; y venda sus rostros en secreto.
14 Entonces también yo confesaré ante ti que tu propia diestra puede salvarte.
15 He aquí ahora a behemot, al cual hice contigo; come hierba como un buey.
16 He aquí ahora, su fuerza está en sus lomos, y su vigor está en el ombligo de su vientre.
17 Mueve su cola como un cedro: los nervios de sus testículos están entrelazados.
18 Sus huesos son como fuertes piezas de bronce; sus huesos son como barras de hierro.
19 Él es el principal de los caminos de Yahweh: el que lo hizo puede hacer que su espada se acerque a él.
20 Ciertamente los montes le producen alimento, donde juegan todas las bestias del campo.
21 Se acuesta debajo de los árboles sombríos, en el escondite del cañaveral, y los pantanos.
22 Los árboles sombríos lo cubren con su sombra; los sauces del arroyo lo rodean.
23 He aquí, bebe un río, y no se apresura: confía en que puede absorber el Jordán en su boca.
24 Se le toma con sus ojos: su nariz atraviesa los lazos.
Capítulo 41
1 ¿Podrás sacar al leviatán con un anzuelo? ¿O su lengua con una cuerda que tú bajes?
2 ¿Podrás poner un anzuelo en su nariz? ¿O perforar su quijada con una espina?
3 ¿Te hará muchas súplicas? ¿Te hablará palabras blandas?
4 ¿Hará pacto contigo? ¿Lo tomarás por siervo para siempre?
5 ¿Jugarás con él como con un pájaro? ¿O lo atarás para tus doncellas?
6 ¿Harán los compañeros un banquete de él? ¿Lo repartirán entre los mercaderes?
7 ¿Podrás llenar su piel de hierros con púas? ¿O su cabeza con arpones de peces?
8 Pon tu mano sobre él, recuerda la batalla, no lo hagas más.
9 He aquí, la esperanza en él es vana: ¿no será uno derribado aun a la vista de él?
10 Ninguno es tan feroz que se atreva a provocarlo: ¿quién, pues, podrá estar delante de mí?
11 ¿Quién se me ha anticipado, para que yo le pague? Todo lo que hay bajo todo el cielo es mío.
12 No ocultaré sus miembros, ni su poder, ni su hermosa proporción.
13 ¿Quién puede descubrir la superficie de su vestido? ¿O quién puede acercarse a él con su doble brida?
14 ¿Quién puede abrir las puertas de su rostro? Sus dientes son terribles alrededor.
15 Sus escamas son su orgullo, cerradas juntas como con un sello apretado.
16 Una está tan cerca de la otra, que ningún aire puede pasar entre ellas.
17 Están unidas una con otra, se pegan entre sí, de modo que no pueden separarse.
18 Con sus estornudos brilla una luz, y sus ojos son como los párpados de la mañana.
19 De su boca salen lámparas ardientes, y saltan chispas de fuego.
20 De sus fosas nasales sale humo, como de una olla hirviente o caldero.
21 Su aliento enciende carbones, y una llama sale de su boca.
22 En su cuello permanece la fuerza, y el pesar se convierte en gozo delante de él.
23 Los pliegues de su carne están unidos entre sí: son firmes en sí mismos; no pueden moverse.
24 Su corazón es firme como una piedra; sí, tan duro como un pedazo de la piedra inferior de molino.
25 Cuando él se levanta, los fuertes temen: a causa de los quebrantamientos se purifican a sí mismos.
26 La espada del que lo alcanza no puede resistir: ni la lanza, ni el dardo, ni la coraza.
27 Estima el hierro como paja, y el bronce como madera podrida.
28 La flecha no puede hacerle huir: las piedras de honda se le vuelven rastrojo.
29 Los dardos son contados como rastrojo: se ríe del temblor de una lanza.
30 Debajo de él hay piedras agudas: extiende cosas puntiagudas y agudas sobre el lodo.
31 Hace hervir el abismo como una olla: hace el mar como una olla de ungüento.
32 Hace brillar una senda tras de sí; se pensaría que el abismo es canoso.
33 Sobre la tierra no hay otro como él, que es hecho sin temor.
34 Él mira todas las cosas altas: él es rey sobre todos los hijos de la soberbia.
Capítulo 42
1 Entonces Job respondió a Yeshua, y dijo:
2 Yo sé que tú puedes hacer todas las cosas, y que ningún pensamiento puede ser retenido de ti.
3 ¿Quién es el que oculta el consejo sin conocimiento? Por tanto, he declarado lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no conocía.
4 Oye, te ruego, y yo hablaré: yo te preguntaré, y tú me declararás.
5 De oídas te había oído: mas ahora mi ojo te ve.
6 Por tanto, me aborrezco a mí mismo, y me arrepiento en polvo y ceniza.
7 Y aconteció que, después que Yahweh hubo hablado estas palabras a Job, Yahweh dijo a Elifaz el temanita: Mi ira se ha encendido contra ti, y contra tus dos amigos: porque no habéis hablado de mí lo recto, como mi siervo Job.
8 Por tanto, tomad ahora para vosotros siete becerros y siete carneros, e id a mi siervo Job, y ofreced por vosotros un holocausto; y mi siervo Job orará por vosotros: porque a él aceptaré: para que no os trate según vuestra locura, por cuanto no habéis hablado de mí lo recto, como mi siervo Job.
9 Así fueron Elifaz el temanita y Bildad el suhita y Zofar el naamatita, e hicieron conforme a lo que Yahweh les mandó: Yahweh también aceptó a Job.
10 Y Yahweh quitó la cautividad de Job, cuando él oró por sus amigos: Yahweh también dio a Job el doble de lo que había tenido antes.
11 Entonces vinieron a él todos sus hermanos, y todas sus hermanas, y todos los que antes habían sido de su conocimiento, y comieron pan con él en su casa: y se condolieron de él, y lo consolaron por todo el mal que Yahweh había traído sobre él: cada hombre también le dio una pieza de dinero, y cada uno un zarcillo de oro.
12 Así Yahweh bendijo el postrer estado de Job más que su principio: porque tuvo catorce mil ovejas, y seis mil camellos, y mil yuntas de bueyes, y mil asnas.
13 Tuvo también siete hijos y tres hijas.
14 Y llamó el nombre de la primera, Jemima; y el nombre de la segunda, Kezia; y el nombre de la tercera, Kerenhappuch.
15 Y en toda la tierra no se hallaron mujeres tan hermosas como las hijas de Job: y su padre les dio herencia entre sus hermanos.
16 Después de esto vivió Job ciento cuarenta años, y vio a sus hijos, y a los hijos de sus hijos, hasta cuatro generaciones.
17 Así murió Job, siendo viejo y lleno de días.