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Jeremías

La Biblia — Antiguo Testamento • Versión King James, texto de lectura del Nombre Sagrado

Conservado íntegramente: texto de lectura del proceso canónico local, construido a partir de la fuente verificada de la KJV (Project Gutenberg #10) bajo la ley de edición del Nombre Sagrado de David (2026-10-11), incluido el patrón de discernimiento para los nombres divinos.

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La Edición Restaurada del Editor es un testimonio independiente: el máster editorial recuperado de este libro (el Máster Editorial del Nuevo Testamento v05, recuperado el 2026-10-17), ofrecido como descarga junto al texto de lectura de esta página — no es el mismo texto que la página de lectura. El máster es anterior a las decisiones de David sobre el Nombre Sagrado del 2026-10-11 y sigue su convención de nombres anterior (the Father → Elohim; el título Lord → Sovereign; el «lord» humano → master); la página de lectura sigue las decisiones actuales. El estado del propio máster: Mateo y Marcos verificados y congelados; Lucas–Apocalipsis con revisión contextual pendiente. Este PDF es la edición en inglés.

Capítulo 1

1 Las palabras de Jeremías, hijo de Hilcías, de los sacerdotes que estaban en Anatot, en la tierra de Benjamín:

2 A quien vino la palabra de Yeshua en los días de Josías, hijo de Amón, rey de Judá, en el año decimotercero de su reinado.

3 Vino también en los días de Joacim, hijo de Josías, rey de Judá, hasta el fin del año undécimo de Sedequías, hijo de Josías, rey de Judá, hasta que Jerusalén fue llevada cautiva en el mes quinto.

4 Entonces vino a mí la palabra de Yeshua, diciendo:

5 Antes que te formase en el vientre te conocí; y antes que salieses de la matriz te santifiqué, y te ordené profeta a las naciones.

6 Entonces dije yo: ¡Ah, Yeshua! He aquí, no sé hablar, porque soy un niño.

7 Pero Yeshua me dijo: No digas: Soy un niño; porque irás a todo aquel a quien te envíe, y hablarás todo lo que te mande.

8 No temas delante de ellos; porque yo estoy contigo para librarte, dice Yeshua.

9 Entonces Yeshua extendió su mano, y tocó mi boca. Y Yeshua me dijo: He aquí, he puesto mis palabras en tu boca.

10 Mira, te he puesto hoy sobre las naciones y sobre los reinos, para arrancar, y para derribar, y para destruir, y para derrocar, para edificar, y para plantar.

11 Además, vino a mí la palabra de Yeshua, diciendo: Jeremías, ¿qué ves? Y dije: Veo una vara de almendro.

12 Entonces me dijo Yeshua: Bien has visto; porque yo apresuro mi palabra para ponerla por obra.

13 Y vino a mí la palabra de Yeshua por segunda vez, diciendo: ¿Qué ves? Y dije: Veo una olla que hierve; y su cara está hacia el norte.

14 Entonces me dijo Yahweh: Del norte se desatará el mal sobre todos los habitantes de la tierra.

15 Porque, he aquí, yo llamaré a todas las familias de los reinos del norte, dice Yahweh; y vendrán, y pondrá cada uno su trono a la entrada de las puertas de Jerusalén, y contra todos sus muros en derredor, y contra todas las ciudades de Judá.

16 Y pronunciaré mis juicios contra ellos acerca de toda su maldad, porque me han abandonado, y han quemado incienso a otros dioses, y han adorado las obras de sus propias manos.

17 Tú, pues, ciñe tus lomos, y levántate, y háblales todo lo que te mande: no desmayes delante de ellos, no sea que yo te confunda delante de ellos.

18 Porque, he aquí, yo te he hecho hoy ciudad fortificada, y columna de hierro, y muros de bronce contra toda la tierra, contra los reyes de Judá, contra sus príncipes, contra sus sacerdotes, y contra el pueblo de la tierra.

19 Y pelearán contra ti; pero no te vencerán; porque yo estoy contigo, dice Yeshua, para librarte.

Capítulo 2

1 Además vino a mí la palabra de Yeshua, diciendo:

2 Ve y clama a los oídos de Jerusalén, diciendo: Así dice Yeshua: Me he acordado de ti, de la bondad de tu juventud, del amor de tus desposorios, cuando andabas en pos de mí en el desierto, en tierra no sembrada.

3 Israel era santidad a Yahweh, primicias de sus frutos: todos los que lo devoren serán culpables; mal vendrá sobre ellos, dice Yahweh.

4 Escuchad la palabra de Yeshua, oh casa de Jacob, y todas las familias de la casa de Israel:

5 Así dice Yeshua: ¿Qué iniquidad hallaron en mí vuestros padres, para que se alejaran de mí, y anduvieran tras la vanidad, y se hicieran vanos?

6 Ni dijeron: ¿Dónde está Yeshua, que nos hizo subir de la tierra de Egipto, que nos guio por el desierto, por una tierra de soledades y de hoyos, por tierra de sequedad y de sombra de muerte, por una tierra por la cual no pasó hombre, ni allí habitó hombre?

7 Y os introduje en tierra fértil, para que comieseis su fruto y su bien; pero cuando entrasteis, contaminasteis mi tierra, e hicisteis mi heredad abominación.

8 Los sacerdotes no dijeron: ¿Dónde está Yeshua? y los que tenían la ley no me conocieron; los pastores también se rebelaron contra mí, y los profetas profetizaron por Baal, y anduvieron tras lo que no aprovecha.

9 Por tanto, aún contenderé con vosotros, dice Yeshua, y con los hijos de vuestros hijos contenderé.

10 Porque pasad a las islas de Quitim, y mirad; y enviad a Cedar, y considerad diligentemente, y ved si se ha hecho cosa semejante.

11 ¿Ha cambiado alguna nación sus dioses, aunque ellos no son dioses? Pero mi pueblo ha cambiado su gloria por lo que no aprovecha.

12 Asombraos, oh cielos, de esto, y horrorizaos, desolaos en gran manera, dice Yahweh.

13 Porque dos males ha hecho mi pueblo: me han dejado a mí, fuente de aguas vivas, y se han cavado cisternas, cisternas rotas que no retienen agua.

14 ¿Es Israel siervo? ¿es un esclavo nacido en casa? ¿Por qué ha sido entregado al saqueo?

15 Los cachorros de león rugieron sobre él, alzaron su voz, e hicieron su tierra desierta: sus ciudades fueron quemadas, sin morador.

16 También los hijos de Nof y de Tafnes han quebrado la corona de tu cabeza.

17 ¿No te ha procurado esto el haber dejado a Yeshua tu Yeshua, cuando te guiaba por el camino?

18 Y ahora, ¿qué tienes que ver con el camino de Egipto, para beber las aguas del Sihor? ¿O qué tienes que ver con el camino de Asiria, para beber las aguas del río?

19 Tu propia maldad te corregirá, y tus apostasías te condenarán: conoce, pues, y ve cuán malo y amargo es haber dejado a Yeshua tu Yeshua, y que mi temor no está en ti, dice Yahweh de los ejércitos.

20 Porque desde antiguo rompí tu yugo y quebré tus ataduras; y dijiste: No transgrediré; pero sobre todo collado alto y debajo de todo árbol frondoso te echabas, ejerciendo la prostitución.

21 Yo te había plantado como vid escogida, simiente verdadera toda ella: ¿cómo, pues, te has vuelto para mí planta degenerada de vid extraña?

22 Aunque te laves con lejía, y amontones mucho jabón, tu iniquidad está marcada delante de mí, dice Yahweh.

23 ¿Cómo puedes decir: No me he contaminado, no he andado tras los baales? Mira tu camino en el valle, reconoce lo que has hecho: eres dromedaria ligera que tuerce sus caminos;

24 asna montés acostumbrada al desierto, que en su deseo respira el viento; en su ocasión, ¿quién podrá apartarla? Todos los que la busquen no se cansarán; en su mes la hallarán.

25 Aparta tu pie de estar descalzo, y tu garganta de la sed; pero dijiste: No hay esperanza; no; porque he amado a extraños, y tras ellos iré.

26 Como el ladrón se avergüenza cuando es hallado, así es avergonzada la casa de Israel; ellos, sus reyes, sus príncipes, sus sacerdotes y sus profetas.

27 Dicen a un leño: Tú eres mi padre; y a una piedra: Tú me has engendrado; porque me han vuelto la espalda, y no el rostro; pero en el tiempo de su tribulación dirán: Levántate, y sálvanos.

28 ¿Dónde están, pues, tus dioses que te hiciste? Levántense ellos, si pueden salvarte en el tiempo de tu tribulación; porque según el número de tus ciudades son tus dioses, oh Judá.

29 ¿Por qué contendéis conmigo? Todos vosotros os habéis rebelado contra mí, dice Yeshua.

30 En vano he azotado a vuestros hijos; no recibieron corrección: vuestra propia espada devoró a vuestros profetas, como león destruidor.

31 Oh generación, ved la palabra de Yeshua. ¿He sido yo un desierto para Israel, o tierra de tinieblas? ¿Por qué dice mi pueblo: Somos señores; no vendremos más a ti?

32 ¿Puede la doncella olvidar sus adornos, o la novia su atavío? Pero mi pueblo me ha olvidado por días sin número.

33 ¿Por qué adornas tu camino para buscar amor? Por eso también has enseñado tus caminos a las malvadas.

34 También en tus faldas se halla la sangre de las almas de los pobres inocentes: no la he hallado por búsqueda secreta, sino sobre todas estas cosas.

35 Y aún dices: Porque soy inocente, ciertamente su ira se apartará de mí. He aquí, yo contenderé contigo, porque dices: No he pecado.

36 ¿Por qué das tantas vueltas para mudar tu camino? También serás avergonzada de Egipto, como fuiste avergonzada de Asiria.

37 Sí, saldrás de él con las manos puestas sobre tu cabeza; porque Yahweh ha desechado tus confianzas, y no prosperarás en ellas.

Capítulo 3

1 Dicen: Si un hombre despide a su mujer, y ella se va de él, y llega a ser de otro hombre, ¿volverá él de nuevo a ella? ¿No sería esa tierra grandemente contaminada? Pero tú has ejercido la prostitución con muchos amantes; vuélvete, sin embargo, a mí, dice Yeshua.

2 Alza tus ojos a los lugares altos, y mira dónde no hayas sido yacida. En los caminos te sentabas para ellos, como el árabe en el desierto; y has contaminado la tierra con tus prostituciones y con tu maldad.

3 Por eso las lluvias han sido detenidas, y no hubo lluvia tardía; y tuviste frente de ramera, y no quisiste avergonzarte.

4 ¿No clamarás desde ahora a mí: Padre mío, tú eres el guía de mi juventud?

5 ¿Guardará su ira para siempre? ¿la conservará hasta el fin? He aquí, has hablado y hecho cosas malas cuanto pudiste.

6 Yeshua también me dijo en los días del rey Josías: ¿Has visto lo que ha hecho la apóstata Israel? Ella se ha ido sobre todo monte alto y debajo de todo árbol frondoso, y allí ha ejercido la prostitución.

7 Y dije, después que ella hizo todas estas cosas: Vuélvete a mí. Pero no se volvió. Y lo vio su pérfida hermana Judá.

8 Y vi que, por todas las causas por las cuales la apóstata Israel cometía adulterio, yo la había despedido y le había dado carta de divorcio; pero su pérfida hermana Judá no temió, sino que también fue y ejerció la prostitución.

9 Y aconteció, por la ligereza de su prostitución, que contaminó la tierra, y cometió adulterio con piedras y con leños.

10 Y con todo esto, su pérfida hermana Judá no se ha vuelto a mí de todo su corazón, sino fingidamente, dice Yeshua.

11 Y Yeshua me dijo: La apóstata Israel se ha justificado más que la pérfida Judá.

12 Ve y proclama estas palabras hacia el norte, y di: Vuélvete, oh apóstata Israel, dice Yeshua; y no haré caer mi ira sobre vosotros; porque soy misericordioso, dice Yeshua, y no guardaré la ira para siempre.

13 Reconoce solamente tu iniquidad, porque contra Yeshua tu Yeshua has transgredido, y has repartido tus caminos a los extraños debajo de todo árbol frondoso, y no habéis obedecido mi voz, dice Yeshua.

14 Volved, oh hijos apóstatas, dice Yeshua; porque yo soy vuestro esposo: y os tomaré, uno de una ciudad, y dos de una familia, y os introduciré en Sion:

15 Y os daré pastores según mi corazón, que os apacienten con conocimiento y entendimiento.

16 Y acontecerá, cuando os multipliquéis y crezcáis en la tierra, en aquellos días, dice Yahweh, que no se dirá más: El arca del pacto de Yahweh; ni vendrá a la mente, ni la recordarán, ni la visitarán, ni eso se hará más.

17 En aquel tiempo llamarán a Jerusalén el trono de Yahweh; y todas las naciones se reunirán en ella, en el nombre de Yahweh, en Jerusalén; ni andarán más tras la imaginación de su corazón malo.

18 En aquellos días la casa de Judá andará con la casa de Israel, y vendrán juntamente de la tierra del norte a la tierra que di en herencia a vuestros padres.

19 Pero yo dije: ¿Cómo te pondré entre los hijos, y te daré una tierra deseable, la hermosa heredad de los ejércitos de las naciones? Y dije: Me llamarás: Padre mío; y no te apartarás de mí.

20 Ciertamente, como una mujer se aparta pérfidamente de su marido, así habéis procedido pérfidamente conmigo, oh casa de Israel, dice Yeshua.

21 Una voz fue oída sobre los lugares altos, llanto y súplicas de los hijos de Israel; porque han pervertido su camino, y han olvidado a Yeshua su Yeshua.

22 Volved, hijos apóstatas, y yo sanaré vuestras apostasías. He aquí, nosotros venimos a ti; porque tú eres Yeshua nuestro Yeshua.

23 Ciertamente en vano se espera la salvación de los collados, y de la multitud de los montes: ciertamente en Yeshua nuestro Yeshua está la salvación de Israel.

24 Porque la vergüenza ha devorado el trabajo de nuestros padres desde nuestra juventud; sus ovejas y sus vacas, sus hijos y sus hijas.

25 Yacemos en nuestra vergüenza, y nuestra confusión nos cubre; porque hemos pecado contra Yeshua nuestro Yeshua, nosotros y nuestros padres, desde nuestra juventud aun hasta este día, y no hemos obedecido la voz de Yeshua nuestro Yeshua.

Capítulo 4

1 Si te volvieres, oh Israel, dice Yeshua, vuélvete a mí; y si quitares tus abominaciones de delante de mí, entonces no serás removido.

2 Y jurarás: Vive Yeshua, en verdad, en juicio y en justicia; y las naciones se bendecirán en él, y en él se gloriarán.

3 Porque así dice Yeshua a los hombres de Judá y de Jerusalén: Arad vuestro campo no sembrado, y no sembréis entre espinos.

4 Circuncidaos a Yeshua, y quitad los prepucios de vuestro corazón, oh hombres de Judá y moradores de Jerusalén; no sea que mi furor salga como fuego, y arda sin que haya quien lo apague, por la maldad de vuestras obras.

5 Anunciad en Judá, y publicad en Jerusalén, y decid: Tocad trompeta en la tierra; clamad, reuníos, y decid: Juntaos, y entremos en las ciudades fortificadas.

6 Levantad bandera hacia Sion; retiraos, no os detengáis; porque yo traeré mal del norte, y una gran destrucción.

7 El león ha subido de su guarida, y el destructor de las naciones se ha puesto en camino; ha salido de su lugar para hacer tu tierra desolada; y tus ciudades serán asoladas, sin morador.

8 Por esto vestíos de cilicio, lamentad y aullad; porque la ira ardiente de Yahweh no se ha apartado de nosotros.

9 Y acontecerá en aquel día, dice Yahweh, que el corazón del rey desfallecerá, y el corazón de los príncipes; y los sacerdotes quedarán atónitos, y los profetas se asombrarán.

10 Entonces dije yo: ¡Ah, Yahweh! Ciertamente has engañado grandemente a este pueblo y a Jerusalén, diciendo: Tendréis paz; pues la espada llega hasta el alma.

11 En aquel tiempo se dirá a este pueblo y a Jerusalén: Un viento seco de los lugares altos en el desierto, hacia la hija de mi pueblo, no para aventar ni para limpiar,

12 un viento pleno de aquellos lugares vendrá a mí; ahora también yo pronunciaré sentencia contra ellos.

13 He aquí, subirá como nubes, y sus carros serán como torbellino; sus caballos son más ligeros que las águilas. ¡Ay de nosotros! porque somos destruidos.

14 Oh Jerusalén, lava tu corazón de maldad, para que seas salva. ¿Hasta cuándo albergarán dentro de ti tus pensamientos vanos?

15 Porque una voz anuncia desde Dan, y publica aflicción desde el monte de Efraín.

16 Anunciadlo a las naciones; he aquí, publicad contra Jerusalén que vienen guardas de una tierra lejana, y alzarán su voz contra las ciudades de Judá.

17 Como guardas de un campo, están contra ella en derredor; porque ella ha sido rebelde contra mí, dice Yeshua.

18 Tu camino y tus obras te han procurado estas cosas; esta es tu maldad, porque es amarga, porque llega hasta tu corazón.

19 ¡Mis entrañas, mis entrañas! Me duelen las paredes de mi corazón; mi corazón hace ruido dentro de mí; no puedo callar, porque has oído, oh alma mía, el sonido de la trompeta, la alarma de guerra.

20 Destrucción sobre destrucción es anunciada; porque toda la tierra ha sido destruida; de repente han sido destruidas mis tiendas, y mis cortinas en un momento.

21 ¿Hasta cuándo veré la bandera, y oiré el sonido de la trompeta?

22 Porque mi pueblo es necio, no me han conocido; son hijos insensatos, y no tienen entendimiento; son sabios para hacer el mal, pero para hacer el bien no tienen conocimiento.

23 Miré la tierra, y he aquí que estaba sin forma y vacía; y los cielos, y no había luz en ellos.

24 Miré los montes, y he aquí que temblaban, y todos los collados se estremecían.

25 Miré, y he aquí que no había hombre, y todas las aves de los cielos habían huido.

26 Miré, y he aquí que el campo fértil era un desierto, y todas sus ciudades habían sido derribadas ante la presencia de Yahweh, y por su ira ardiente.

27 Porque así ha dicho Yahweh: Toda la tierra será desolada; pero no haré consumación completa.

28 Por esto se enlutará la tierra, y los cielos arriba se oscurecerán; porque lo he hablado, lo he determinado, y no me arrepentiré, ni me volveré de ello.

29 Toda la ciudad huirá por el ruido de los jinetes y los flecheros; se meterán en espesuras, y subirán sobre las peñas; toda ciudad será abandonada, y no habitará hombre en ellas.

30 Y tú, destruida, ¿qué harás? Aunque te vistas de grana, aunque te adornes con adornos de oro, aunque pintes tu rostro, en vano te harás hermosa; tus amantes te despreciarán, buscarán tu vida.

31 Porque he oído una voz como de mujer que está de parto, la angustia como de la que da a luz su primer hijo, la voz de la hija de Sion, que se lamenta, que extiende sus manos, diciendo: ¡Ay de mí ahora! porque mi alma desfallece a causa de los homicidas.

Capítulo 5

1 Corred de aquí para allá por las calles de Jerusalén, y mirad ahora, y sabed, y buscad en sus plazas, si podéis hallar un hombre, si hay alguno que haga juicio, que busque la verdad; y yo la perdonaré.

2 Y aunque digan: Vive Yeshua, ciertamente juran en falso.

3 Oh Yahweh, ¿no están tus ojos sobre la verdad? Los azotaste, pero no se dolieron; los consumiste, pero rehusaron recibir corrección; endurecieron sus rostros más que una roca; rehusaron volverse.

4 Entonces dije yo: Ciertamente estos son pobres, son necios; porque no conocen el camino de Yeshua, ni el juicio de su Yeshua.

5 Iré a los grandes, y les hablaré; porque ellos han conocido el camino de Yeshua, y el juicio de su Yeshua; pero estos también quebraron juntamente el yugo, y rompieron las ataduras.

6 Por tanto, un león del bosque los matará, un lobo de las tardes los destruirá, un leopardo velará sobre sus ciudades; todo el que salga de allí será despedazado; porque sus rebeliones se han multiplicado, y sus apostasías han aumentado.

7 ¿Cómo te perdonaré por esto? Tus hijos me han dejado, y han jurado por los que no son dioses; cuando los sacié hasta hartarlos, cometieron adulterio, y se reunieron en tropas en las casas de las rameras.

8 Eran como caballos bien alimentados por la mañana; cada uno relinchaba tras la mujer de su prójimo.

9 ¿No habré de visitar por estas cosas? dice Yahweh; ¿y no se vengará mi alma de una nación como esta?

10 Subid sobre sus muros, y destruid; pero no hagáis consumación completa; quitad sus sarmientos; porque no son de Yahweh.

11 Porque la casa de Israel y la casa de Judá han procedido muy pérfidamente contra mí, dice Yeshua.

12 Han negado a Yeshua, y han dicho: No es él; ni vendrá mal sobre nosotros; ni veremos espada ni hambre;

13 Y los profetas se volverán viento, y la palabra no está en ellos; así les será hecho a ellos.

14 Por tanto, así dice Yeshua de los ejércitos: Porque habláis esta palabra, he aquí, yo haré mis palabras en tu boca fuego, y a este pueblo leña, y los devorará.

15 He aquí, yo traeré sobre vosotros una nación de lejos, oh casa de Israel, dice Yahweh; es una nación poderosa, es una nación antigua, una nación cuya lengua no conoces, ni entiendes lo que dicen.

16 Su aljaba es como sepulcro abierto; todos ellos son hombres poderosos.

17 Y comerán tu cosecha, y tu pan, que debían comer tus hijos y tus hijas; comerán tus ovejas y tus vacas; comerán tus vides y tus higueras; empobrecerán con espada tus ciudades fortificadas, en las cuales confiabas.

18 Sin embargo, en aquellos días, dice Yahweh, no haré consumación completa con vosotros.

19 Y acontecerá, cuando digáis: ¿Por qué hace Yahweh nuestro Yahweh todas estas cosas con nosotros?, entonces les responderás: Como me habéis dejado a mí, y habéis servido a dioses extraños en vuestra tierra, así serviréis a extraños en una tierra que no es vuestra.

20 Anunciad esto en la casa de Jacob, y publicadlo en Judá, diciendo:

21 Oíd ahora esto, oh pueblo necio y sin entendimiento; que tienen ojos, y no ven; que tienen oídos, y no oyen:

22 ¿No me temeréis a mí? dice Yahweh; ¿no temblaréis ante mi presencia, yo que puse la arena como límite del mar por decreto perpetuo, que no puede pasarlo; y aunque sus olas se agitan, no pueden prevalecer; aunque braman, no pueden pasarlo?

23 Pero este pueblo tiene un corazón rebelde y revoltoso; se han rebelado y se han ido.

24 Ni dicen en su corazón: Temamos ahora a Yahweh nuestro Yahweh, que da la lluvia, la temprana y la tardía, en su tiempo; que nos reserva las semanas señaladas de la cosecha.

25 Vuestras iniquidades han apartado estas cosas, y vuestros pecados han retenido el bien de vosotros.

26 Porque entre mi pueblo se hallan hombres malos; acechan, como el que pone trampas; ponen una trampa, atrapan hombres.

27 Como una jaula llena de pájaros, así están sus casas llenas de engaño; por eso se han hecho grandes, y se han enriquecido.

28 Han engordado, resplandecen; sí, sobrepasan las obras de los malos; no juzgan la causa, la causa del huérfano, y sin embargo prosperan; y el derecho de los necesitados no juzgan.

29 ¿No habré de visitar por estas cosas? dice Yahweh; ¿no se vengará mi alma de una nación como esta?

30 Una cosa maravillosa y horrible se ha cometido en la tierra;

31 los profetas profetizan falsamente, y los sacerdotes gobiernan por su medio; y mi pueblo ama que sea así; ¿y qué haréis al fin de ello?

Capítulo 6

1 Oh hijos de Benjamín, reuníos para huir de en medio de Jerusalén, y tocad trompeta en Tecoa, y levantad señal de fuego en Bet-haquerem; porque el mal aparece del norte, y una gran destrucción.

2 He comparado a la hija de Sion con una mujer hermosa y delicada.

3 Los pastores con sus rebaños vendrán a ella; plantarán sus tiendas contra ella en derredor; cada uno apacentará en su lugar.

4 Preparad guerra contra ella; levantaos, y subamos al mediodía. ¡Ay de nosotros! porque el día se va, porque las sombras de la tarde se han alargado.

5 Levantaos, y vayamos de noche, y destruyamos sus palacios.

6 Porque así ha dicho Yahweh de los ejércitos: Cortad árboles, y levantad un terraplén contra Jerusalén; esta es la ciudad que ha de ser visitada; toda ella es opresión en medio de ella.

7 Como una fuente arroja sus aguas, así ella arroja su maldad; violencia y despojo se oyen en ella; continuamente hay delante de mí dolor y heridas.

8 Sé instruida, oh Jerusalén, no sea que mi alma se aparte de ti; no sea que te haga desolada, una tierra no habitada.

9 Así dice Yahweh de los ejércitos: Rebuscarán por completo el remanente de Israel como una vid; vuelve tu mano como vendimiador a los canastos.

10 ¿A quién hablaré, y daré testimonio, para que oigan? He aquí, su oído es incircunciso, y no pueden escuchar; he aquí, la palabra de Yeshua es para ellos un oprobio; no tienen deleite en ella.

11 Por tanto, estoy lleno del furor de Yahweh; estoy cansado de contenerlo; lo derramaré sobre los niños en la calle, y sobre la reunión de los jóvenes juntamente; porque aun el marido con la mujer serán tomados, el anciano con el que está lleno de días.

12 Y sus casas pasarán a otros, con sus campos y mujeres juntamente; porque extenderé mi mano sobre los moradores de la tierra, dice Yahweh.

13 Porque desde el menor de ellos hasta el mayor de ellos, cada uno está entregado a la codicia; y desde el profeta hasta el sacerdote, cada uno obra falsamente.

14 Y han curado la herida de la hija de mi pueblo superficialmente, diciendo: Paz, paz; cuando no hay paz.

15 ¿Se avergonzaron cuando cometieron abominación? No, no se avergonzaron en absoluto, ni pudieron ruborizarse; por tanto, caerán entre los que caen; en el tiempo en que los visite, serán derribados, dice Yahweh.

16 Así dice Yeshua: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál es el buen camino, y andad en él, y hallaréis descanso para vuestras almas. Pero dijeron: No andaremos en él.

17 También puse atalayas sobre vosotros, diciendo: Escuchad el sonido de la trompeta. Pero dijeron: No escucharemos.

18 Por tanto, oíd, naciones, y conoce, oh congregación, lo que hay entre ellos.

19 Oye, oh tierra: He aquí, yo traeré mal sobre este pueblo, el fruto de sus pensamientos, porque no han escuchado mis palabras, ni mi ley, sino que la desecharon.

20 ¿Para qué me viene a mí el incienso de Sabá, y la caña aromática de una tierra lejana? Vuestros holocaustos no son aceptos, ni vuestros sacrificios me son gratos.

21 Por tanto, así dice Yahweh: He aquí, pondré tropiezos delante de este pueblo, y los padres y los hijos juntamente caerán sobre ellos; el vecino y su amigo perecerán.

22 Así dice Yahweh: He aquí, un pueblo viene de la tierra del norte, y una gran nación se levantará de los extremos de la tierra.

23 Empuñarán arco y lanza; son crueles, y no tienen misericordia; su voz brama como el mar; y cabalgan sobre caballos, dispuestos en orden como hombres para la guerra contra ti, oh hija de Sion.

24 Hemos oído su fama; nuestras manos se han debilitado; angustia se ha apoderado de nosotros, y dolor, como de mujer que está de parto.

25 No salgas al campo, ni andes por el camino; porque la espada del enemigo y el temor están por todos lados.

26 Oh hija de mi pueblo, cíñete de cilicio, y revuélcate en ceniza; haz duelo, como por un hijo único, lamentación muy amarga; porque el destructor vendrá de repente sobre nosotros.

27 Te he puesto como torre y fortaleza entre mi pueblo, para que conozcas y examines su camino.

28 Todos ellos son rebeldes contumaces, que andan con calumnias; son bronce y hierro; todos ellos son corruptores.

29 Los fuelles se han quemado, el plomo se ha consumido por el fuego; en vano funde el fundidor; porque los malos no han sido apartados.

30 Plata desechada los llamarán los hombres, porque Yahweh los ha desechado.

Capítulo 7

1 La palabra que vino a Jeremías de parte de Yeshua, diciendo:

2 Ponte en la puerta de la casa de Yahweh, y proclama allí esta palabra, y di: Oíd la palabra de Yeshua, todos vosotros de Judá, que entráis por estas puertas para adorar a Yahweh.

3 Así dice Yahweh de los ejércitos, el Yahweh de Israel: Enmendad vuestros caminos y vuestras obras, y os haré habitar en este lugar.

4 No confiéis en palabras mentirosas, diciendo: El templo de Yahweh, el templo de Yahweh, el templo de Yahweh, son estos.

5 Porque si verdaderamente enmendareis vuestros caminos y vuestras obras; si verdaderamente ejecutareis juicio entre un hombre y su prójimo;

6 si no oprimiereis al extranjero, al huérfano y a la viuda, ni derramareis sangre inocente en este lugar, ni anduviereis tras otros dioses para vuestro daño:

7 entonces os haré habitar en este lugar, en la tierra que di a vuestros padres, para siempre y eternamente.

8 He aquí, vosotros confiáis en palabras mentirosas, que no aprovechan.

9 ¿Hurtaréis, mataréis, y cometeréis adulterio, y juraréis en falso, y quemaréis incienso a Baal, y andaréis tras otros dioses que no conocéis;

10 y vendréis y os presentaréis delante de mí en esta casa, que es llamada por mi nombre, y diréis: Somos librados, para hacer todas estas abominaciones?

11 ¿Ha llegado a ser esta casa, que es llamada por mi nombre, una cueva de ladrones ante vuestros ojos? He aquí, también yo lo he visto, dice Yahweh.

12 Andad, pues, ahora a mi lugar que estaba en Silo, donde puse mi nombre al principio, y ved lo que le hice por la maldad de mi pueblo Israel.

13 Y ahora, porque habéis hecho todas estas obras, dice Yeshua, y os hablé, levantándome temprano y hablando, pero no oísteis; y os llamé, pero no respondisteis;

14 por tanto, haré a esta casa, que es llamada por mi nombre, en la cual confiáis, y al lugar que di a vosotros y a vuestros padres, como hice a Silo.

15 Y os echaré de mi presencia, como eché a todos vuestros hermanos, a toda la descendencia de Efraín.

16 Por tanto, no ores tú por este pueblo, ni alces clamor ni oración por ellos, ni intercedas ante mí; porque no te oiré.

17 ¿No ves lo que hacen en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén?

18 Los hijos recogen leña, y los padres encienden el fuego, y las mujeres amasan su masa, para hacer tortas a la reina del cielo, y para derramar libaciones a otros dioses, para provocarme a ira.

19 ¿Me provocan a ira a mí? dice Yeshua; ¿no se provocan a sí mismos, para confusión de sus propios rostros?

20 Por tanto, así dice Yahweh: He aquí, mi ira y mi furor se derramarán sobre este lugar, sobre el hombre, y sobre la bestia, y sobre los árboles del campo, y sobre el fruto de la tierra; y arderá, y no se apagará.

21 Así dice Yahweh de los ejércitos, el Yahweh de Israel: Añadid vuestros holocaustos a vuestros sacrificios, y comed carne.

22 Porque no hablé con vuestros padres, ni les mandé, en el día que los saqué de la tierra de Egipto, acerca de holocaustos o sacrificios:

23 Pero esto les mandé, diciendo: Obedeced mi voz, y yo seré vuestro Yahweh, y vosotros seréis mi pueblo; y andad en todos los caminos que os he mandado, para que os vaya bien.

24 Pero no escucharon, ni inclinaron su oído, sino que anduvieron en los consejos y en la imaginación de su corazón malo, y fueron hacia atrás, y no hacia adelante.

25 Desde el día en que vuestros padres salieron de la tierra de Egipto hasta este día, os he enviado a todos mis siervos los profetas, levantándome diariamente temprano y enviándolos:

26 Pero no me escucharon, ni inclinaron su oído, sino que endurecieron su cerviz; hicieron peor que sus padres.

27 Por tanto, les hablarás todas estas palabras; pero no te escucharán; también los llamarás; pero no te responderán.

28 Pero les dirás: Esta es la nación que no obedece la voz de Yahweh su Yahweh, ni recibe corrección; la verdad ha perecido, y ha sido cortada de su boca.

29 Corta tu cabello, oh Jerusalén, y échalo, y levanta lamentación sobre los lugares altos; porque Yahweh ha desechado y abandonado a la generación de su ira.

30 Porque los hijos de Judá han hecho lo malo ante mis ojos, dice Yeshua; han puesto sus abominaciones en la casa que es llamada por mi nombre, para contaminarla.

31 Y han edificado los lugares altos de Tofet, que está en el valle del hijo de Hinom, para quemar a sus hijos y a sus hijas en el fuego; lo cual no les mandé, ni vino a mi corazón.

32 Por tanto, he aquí, vienen días, dice Yahweh, en que no se llamará más Tofet, ni valle del hijo de Hinom, sino valle de la matanza; porque enterrarán en Tofet, hasta que no haya lugar.

33 Y los cadáveres de este pueblo serán comida para las aves del cielo, y para las bestias de la tierra; y no habrá quien los espante.

34 Entonces haré cesar de las ciudades de Judá, y de las calles de Jerusalén, la voz de gozo, y la voz de alegría, la voz del novio, y la voz de la novia; porque la tierra será desolada.

Capítulo 8

1 En aquel tiempo, dice Yahweh, sacarán los huesos de los reyes de Judá, y los huesos de sus príncipes, y los huesos de los sacerdotes, y los huesos de los profetas, y los huesos de los moradores de Jerusalén, de sus sepulcros:

2 Y los extenderán delante del sol, y de la luna, y de todo el ejército del cielo, a quienes han amado, y a quienes han servido, y tras quienes han andado, y a quienes han buscado, y a quienes han adorado; no serán recogidos, ni enterrados; serán como estiércol sobre la faz de la tierra.

3 Y será escogida la muerte antes que la vida por todo el remanente de los que quedan de esta familia mala, que quedan en todos los lugares adonde los he arrojado, dice Yahweh de los ejércitos.

4 Además les dirás: Así dice Yeshua: ¿Caerán, y no se levantarán? ¿Se apartará, y no volverá?

5 ¿Por qué, pues, este pueblo de Jerusalén se ha apartado con una apostasía perpetua? Se aferran al engaño, rehúsan volverse.

6 Escuché y oí, pero no hablaron rectamente; no hubo hombre que se arrepintiera de su maldad, diciendo: ¿Qué he hecho? Cada uno se volvió a su carrera, como el caballo se precipita en la batalla.

7 Aun la cigüeña en el cielo conoce sus tiempos señalados; y la tórtola, la grulla y la golondrina observan el tiempo de su venida; pero mi pueblo no conoce el juicio de Yahweh.

8 ¿Cómo decís: Somos sabios, y la ley de Yahweh está con nosotros? He aquí, ciertamente en vano la hizo; la pluma de los escribas es en vano.

9 Los sabios han sido avergonzados, han sido quebrantados y atrapados; he aquí, han desechado la palabra de Yeshua; ¿y qué sabiduría hay en ellos?

10 Por tanto, daré sus mujeres a otros, y sus campos a los que los heredarán; porque cada uno, desde el menor hasta el mayor, está entregado a la codicia; desde el profeta hasta el sacerdote, cada uno obra falsamente.

11 Porque han curado la herida de la hija de mi pueblo superficialmente, diciendo: Paz, paz; cuando no hay paz.

12 ¿Se avergonzaron cuando cometieron abominación? No, no se avergonzaron en absoluto, ni pudieron ruborizarse; por tanto, caerán entre los que caen; en el tiempo de su visitación serán derribados, dice Yahweh.

13 Ciertamente los consumiré, dice Yahweh; no habrá uvas en la vid, ni higos en la higuera, y la hoja se marchitará; y las cosas que les he dado pasarán de ellos.

14 ¿Por qué nos sentamos quietos? Juntaos, y entremos en las ciudades fortificadas, y callemos allí; porque Yahweh nuestro Yahweh nos ha hecho callar, y nos ha dado a beber agua de hiel, porque hemos pecado contra Yahweh.

15 Esperamos paz, pero no vino bien alguno; y tiempo de salud, ¡y he aquí turbación!

16 El resoplido de sus caballos fue oído desde Dan; toda la tierra tembló al sonido del relincho de sus poderosos; porque han venido, y han devorado la tierra, y todo lo que hay en ella; la ciudad, y los que habitan en ella.

17 Porque, he aquí, yo enviaré entre vosotros serpientes, basiliscos, que no se dejarán encantar, y os morderán, dice Yahweh.

18 Cuando quisiera consolarme contra el dolor, mi corazón desfallece en mí.

19 He aquí la voz del clamor de la hija de mi pueblo, a causa de los que habitan en una tierra lejana: ¿No está Yeshua en Sion? ¿No está su rey en ella? ¿Por qué me han provocado a ira con sus imágenes talladas, y con vanidades extrañas?

20 La cosecha ha pasado, el verano ha terminado, y nosotros no hemos sido salvos.

21 Por la herida de la hija de mi pueblo estoy herido; estoy enlutado; el asombro se ha apoderado de mí.

22 ¿No hay bálsamo en Galaad? ¿No hay médico allí? ¿Por qué, pues, no ha sido recuperada la salud de la hija de mi pueblo?

Capítulo 9

1 ¡Oh, si mi cabeza fuese aguas, y mis ojos una fuente de lágrimas, para que llorase día y noche por los muertos de la hija de mi pueblo!

2 ¡Oh, si tuviese en el desierto un lugar de alojamiento para caminantes, para que dejase a mi pueblo, y me fuese de ellos! porque todos ellos son adúlteros, una congregación de hombres pérfidos.

3 Y tensan sus lenguas como su arco para mentiras; pero no son valientes para la verdad sobre la tierra; porque proceden de mal en mal, y no me conocen, dice Yeshua.

4 Guardaos cada uno de su prójimo, y no confiéis en ningún hermano; porque todo hermano suplantará por completo, y todo prójimo andará con calumnias.

5 Y engañarán cada uno a su prójimo, y no hablarán la verdad; han enseñado a su lengua a hablar mentiras, y se cansan para cometer iniquidad.

6 Tu habitación está en medio del engaño; por el engaño rehúsan conocerme, dice Yeshua.

7 Por tanto, así dice Yahweh de los ejércitos: He aquí, yo los fundiré, y los probaré; porque ¿cómo haré por la hija de mi pueblo?

8 Su lengua es como una flecha disparada; habla engaño; uno habla pacíficamente a su prójimo con su boca, pero en su corazón pone su acecho.

9 ¿No los visitaré por estas cosas? dice Yahweh; ¿no se vengará mi alma de una nación como esta?

10 Por los montes levantaré llanto y lamento, y por las habitaciones del desierto una lamentación, porque han sido quemados, de modo que nadie puede pasar por ellos; ni pueden los hombres oír la voz del ganado; tanto el ave de los cielos como la bestia han huido; se han ido.

11 Y haré de Jerusalén montones, y una morada de dragones; y haré de las ciudades de Judá una desolación, sin morador.

12 ¿Quién es el hombre sabio, que pueda entender esto? ¿y quién es aquel a quien la boca de Yeshua ha hablado, para que lo declare, por qué perece la tierra y es quemada como un desierto, sin que nadie pase por ella?

13 Y Yahweh dice: Porque han dejado mi ley, que puse delante de ellos, y no han obedecido mi voz, ni han andado en ella;

14 sino que han andado tras la imaginación de su propio corazón, y tras los baales, que sus padres les enseñaron:

15 Por tanto, así dice Yahweh de los ejércitos, el Yahweh de Israel: He aquí, yo alimentaré a ellos, a este pueblo, con ajenjo, y les daré a beber agua de hiel.

16 También los esparciré entre las naciones, que ni ellos ni sus padres han conocido; y enviaré espada tras ellos, hasta que los haya consumido.

17 Así dice Yahweh de los ejércitos: Considerad, y llamad a las plañideras, para que vengan; y enviad por mujeres hábiles, para que vengan:

18 Y apresúrense, y levanten lamento por nosotros, para que nuestros ojos corran con lágrimas, y nuestros párpados destilen aguas.

19 Porque una voz de lamento se oye de Sion: ¡Cómo hemos sido destruidos! Estamos grandemente confundidos, porque hemos dejado la tierra, porque nuestras moradas nos han echado fuera.

20 Oíd, pues, la palabra de Yeshua, oh mujeres, y reciba vuestro oído la palabra de su boca, y enseñad a vuestras hijas el lamento, y cada una a su prójima la lamentación.

21 Porque la muerte ha subido por nuestras ventanas, y ha entrado en nuestros palacios, para exterminar a los niños de fuera, y a los jóvenes de las calles.

22 Habla: Así dice Yahweh: Aun los cadáveres de los hombres caerán como estiércol sobre el campo abierto, y como la gavilla tras el segador, y no habrá quien los recoja.

23 Así dice Yahweh: No se gloríe el sabio en su sabiduría, ni se gloríe el poderoso en su poder, ni se gloríe el rico en sus riquezas:

24 Pero el que se gloría, gloríese en esto: en que me entiende y me conoce, que yo soy Yeshua, que ejerzo misericordia, juicio y justicia, en la tierra; porque en estas cosas me deleito, dice Yeshua.

25 He aquí, vienen días, dice Yahweh, en que castigaré a todos los que están circuncidados con los incircuncisos;

26 a Egipto, y a Judá, y a Edom, y a los hijos de Amón, y a Moab, y a todos los que están en los rincones más apartados, que habitan en el desierto; porque todas estas naciones son incircuncisas, y toda la casa de Israel es incircuncisa de corazón.

Capítulo 10

1 Oíd la palabra que Yeshua os habla, oh casa de Israel:

2 Así dice Yahweh: No aprendáis el camino de las naciones, ni os desmayéis por las señales del cielo; porque las naciones se desmayan por ellas.

3 Porque las costumbres de los pueblos son vanas; porque uno corta un árbol del bosque, obra de las manos del artífice, con el hacha.

4 Lo adornan con plata y con oro; lo aseguran con clavos y con martillos, para que no se mueva.

5 Son erguidos como la palmera, pero no hablan; necesariamente han de ser llevados, porque no pueden andar. No temáis de ellos; porque no pueden hacer mal, ni tampoco está en ellos hacer bien.

6 Por cuanto no hay ninguno semejante a ti, oh Yahweh; tú eres grande, y tu nombre es grande en poder.

7 ¿Quién no te temerá, oh Rey de las naciones? porque a ti te corresponde; porque entre todos los sabios de las naciones, y en todos sus reinos, no hay ninguno semejante a ti.

8 Pero todos ellos son embrutecidos y necios; el leño es una doctrina de vanidades.

9 Plata extendida en láminas es traída de Tarsis, y oro de Ufaz, obra del artífice, y de las manos del fundidor; azul y púrpura es su vestidura; todos ellos son obra de hombres hábiles.

10 Pero Yahweh es el verdadero Yahweh, él es el Yahweh viviente, y un rey eterno; ante su ira temblará la tierra, y las naciones no podrán soportar su indignación.

11 Así les diréis: Los dioses que no hicieron los cielos y la tierra, ellos mismos perecerán de la tierra, y de debajo de estos cielos.

12 Él ha hecho la tierra con su poder, ha establecido el mundo con su sabiduría, y ha extendido los cielos con su discreción.

13 Cuando él pronuncia su voz, hay una multitud de aguas en los cielos, y hace ascender los vapores de los extremos de la tierra; hace relámpagos con lluvia, y saca el viento de sus tesoros.

14 Todo hombre es embrutecido en su conocimiento; todo fundidor es confundido por la imagen tallada; porque su imagen fundida es falsedad, y no hay aliento en ellos.

15 Son vanidad, y obra de errores; en el tiempo de su visitación perecerán.

16 La porción de Jacob no es como ellos; porque él es el formador de todas las cosas; e Israel es la vara de su herencia: Yahweh de los ejércitos es su nombre.

17 Recoge tus mercaderías de la tierra, oh moradora de la fortaleza.

18 Porque así dice Yahweh: He aquí, yo arrojaré con honda a los moradores de la tierra esta vez, y los afligiré, para que lo hallen así.

19 ¡Ay de mí por mi herida! Mi llaga es dolorosa; pero dije: Ciertamente esto es un dolor, y debo soportarlo.

20 Mi tabernáculo ha sido destruido, y todas mis cuerdas han sido rotas; mis hijos han salido de mí, y no están; no hay quien extienda mi tienda ya, ni levante mis cortinas.

21 Porque los pastores se han embrutecido, y no han buscado a Yeshua; por tanto, no prosperarán, y todos sus rebaños serán esparcidos.

22 He aquí, el ruido del rumor ha venido, y una gran conmoción de la tierra del norte, para hacer de las ciudades de Judá una desolación, y una morada de dragones.

23 Oh Yahweh, yo sé que el camino del hombre no está en sí mismo; no está en el hombre que camina dirigir sus pasos.

24 Oh Yahweh, corrígeme, pero con juicio; no en tu ira, no sea que me reduzcas a nada.

25 Derrama tu furor sobre las naciones que no te conocen, y sobre las familias que no invocan tu nombre; porque han comido a Jacob, y lo han devorado, y lo han consumido, y han hecho desolada su morada.

Capítulo 11

1 La palabra que vino a Jeremías de parte de Yeshua, diciendo:

2 Oíd las palabras de este pacto, y hablad a los hombres de Judá, y a los moradores de Jerusalén;

3 Y les dirás: Así dice Yahweh de Israel: Maldito el hombre que no obedece las palabras de este pacto,

4 que mandé a vuestros padres en el día que los saqué de la tierra de Egipto, del horno de hierro, diciendo: Obedeced mi voz, y hacedlas, conforme a todo lo que os mando; así seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Yahweh:

5 para que cumpla el juramento que he jurado a vuestros padres, de darles una tierra que fluye leche y miel, como en este día. Entonces respondí yo, y dije: Así sea, oh Yahweh.

6 Entonces Yeshua me dijo: Proclama todas estas palabras en las ciudades de Judá, y en las calles de Jerusalén, diciendo: Oíd las palabras de este pacto, y hacedlas.

7 Porque solemnemente amonesté a vuestros padres en el día que los hice subir de la tierra de Egipto, aun hasta este día, levantándome temprano y amonestando, diciendo: Obedeced mi voz.

8 Pero no obedecieron, ni inclinaron su oído, sino que cada uno anduvo en la imaginación de su corazón malo; por tanto, traeré sobre ellos todas las palabras de este pacto, que les mandé hacer; pero no las hicieron.

9 Y Yeshua me dijo: Se ha hallado conspiración entre los hombres de Judá, y entre los moradores de Jerusalén.

10 Se han vuelto a las iniquidades de sus antepasados, que rehusaron oír mis palabras; y han ido tras otros dioses para servirles; la casa de Israel y la casa de Judá han quebrantado mi pacto que hice con sus padres.

11 Por tanto, así dice Yahweh: He aquí, yo traeré mal sobre ellos, del cual no podrán escapar; y aunque clamen a mí, no los escucharé.

12 Entonces irán las ciudades de Judá y los moradores de Jerusalén, y clamarán a los dioses a quienes ofrecen incienso; pero no los salvarán en absoluto en el tiempo de su tribulación.

13 Porque según el número de tus ciudades fueron tus dioses, oh Judá; y según el número de las calles de Jerusalén habéis levantado altares a esa cosa vergonzosa, altares para quemar incienso a Baal.

14 Por tanto, no ores tú por este pueblo, ni alces clamor u oración por ellos; porque no los oiré en el tiempo en que clamen a mí por su tribulación.

15 ¿Qué tiene que ver mi amada en mi casa, siendo que ha obrado vileza con muchos, y la carne santa ha pasado de ti? Cuando haces el mal, entonces te alegras.

16 Yahweh llamó tu nombre: Olivo verde, hermoso, y de buen fruto; con el ruido de un gran tumulto ha encendido fuego sobre él, y sus ramas han sido quebradas.

17 Porque Yahweh de los ejércitos, que te plantó, ha pronunciado mal contra ti, por el mal de la casa de Israel y de la casa de Judá, que han hecho contra sí mismos para provocarme a ira ofreciendo incienso a Baal.

18 Y Yeshua me ha dado conocimiento de ello, y lo conozco; entonces me mostraste sus obras.

19 Pero yo era como un cordero o un buey que es llevado al matadero; y no sabía que habían ideado maquinaciones contra mí, diciendo: Destruyamos el árbol con su fruto, y cortémoslo de la tierra de los vivientes, para que su nombre no sea recordado más.

20 Pero, oh Yahweh de los ejércitos, que juzgas rectamente, que pruebas los riñones y el corazón, déjame ver tu venganza sobre ellos; porque a ti he revelado mi causa.

21 Por tanto, así dice Yahweh acerca de los hombres de Anatot, que buscan tu vida, diciendo: No profetices en el nombre de Yahweh, para que no mueras a nuestras manos:

22 Por tanto, así dice Yahweh de los ejércitos: He aquí, yo los castigaré; los jóvenes morirán a espada; sus hijos y sus hijas morirán de hambre:

23 Y no quedará remanente de ellos; porque traeré mal sobre los hombres de Anatot, el año de su visitación.

Capítulo 12

1 Justo eres tú, oh Yahweh, cuando yo contiendo contigo; sin embargo, déjame hablar contigo de tus juicios: ¿Por qué prospera el camino de los impíos? ¿Por qué son felices todos los que obran muy pérfidamente?

2 Los plantaste, sí, han echado raíces; crecen, sí, dan fruto; tú estás cerca en su boca, y lejos de sus riñones.

3 Pero tú, oh Yeshua, me conoces; me has visto, y has probado mi corazón para contigo; sácalos como ovejas para el matadero, y prepáralos para el día de la matanza.

4 ¿Hasta cuándo se enlutará la tierra, y se secará la hierba de todo campo, por la maldad de los que habitan en ella? Las bestias han sido consumidas, y las aves; porque dijeron: Él no verá nuestro fin postrero.

5 Si corriste con los de a pie, y te cansaron, ¿cómo podrás contender con caballos? Y si en la tierra de paz, en la cual confiabas, te cansaron, ¿cómo harás en la espesura del Jordán?

6 Porque aun tus hermanos, y la casa de tu padre, aun ellos han procedido pérfidamente contigo; sí, han llamado una multitud tras ti; no les creas, aunque te hablen palabras agradables.

7 He dejado mi casa, he abandonado mi heredad; he entregado a la amada de mi alma en mano de sus enemigos.

8 Mi heredad es para mí como un león en el bosque; alza su voz contra mí; por tanto, la he aborrecido.

9 Mi heredad es para mí como un ave moteada; las aves en derredor están contra ella; venid, reunid a todas las bestias del campo, venid a devorarla.

10 Muchos pastores han destruido mi viña, han hollado mi porción, han hecho de mi porción agradable un desierto desolado.

11 La han hecho desolada, y estando desolada se lamenta ante mí; toda la tierra ha sido hecha desolada, porque no hay hombre que lo tome a corazón.

12 Los destructores han venido sobre todos los lugares altos por el desierto; porque la espada de Yahweh devorará desde un extremo de la tierra hasta el otro extremo de la tierra; ninguna carne tendrá paz.

13 Han sembrado trigo, pero cosecharán espinos; se han puesto en dolor, pero no aprovecharán; y se avergonzarán de vuestros ingresos a causa de la ira ardiente de Yahweh.

14 Así dice Yahweh contra todos mis malos vecinos, que tocan la herencia que he hecho heredar a mi pueblo Israel: He aquí, yo los arrancaré de su tierra, y arrancaré a la casa de Judá de entre ellos.

15 Y acontecerá, después que los haya arrancado, que volveré, y tendré compasión de ellos, y los haré volver, cada hombre a su heredad, y cada hombre a su tierra.

16 Y acontecerá, si diligentemente aprendieren los caminos de mi pueblo, a jurar por mi nombre: Vive Yahweh; como enseñaron a mi pueblo a jurar por Baal; entonces serán edificados en medio de mi pueblo.

17 Pero si no obedecieren, arrancaré y destruiré por completo a esa nación, dice Yahweh.

Capítulo 13

1 Así me dijo Yeshua: Ve y cómprate un cinto de lino, y cíñelo sobre tus lomos, y no lo metas en agua.

2 Y compré el cinto según la palabra de Yeshua, y lo puse sobre mis lomos.

3 Y vino a mí la palabra de Yeshua por segunda vez, diciendo:

4 Toma el cinto que compraste, que está sobre tus lomos, y levántate, ve al Éufrates, y escóndelo allí en la hendidura de una peña.

5 Fui, pues, y lo escondí junto al Éufrates, como Yeshua me había mandado.

6 Y aconteció después de muchos días, que Yeshua me dijo: Levántate, ve al Éufrates, y toma de allí el cinto que te mandé esconder allí.

7 Entonces fui al Éufrates, y cavé, y tomé el cinto del lugar donde lo había escondido: y he aquí, el cinto se había podrido; para nada era bueno.

8 Entonces vino a mí la palabra de Yeshua, diciendo:

9 Así dice Yahweh: De esta manera haré podrir la soberbia de Judá, y la mucha soberbia de Jerusalén.

10 Este pueblo malo, que no quiere oír mis palabras, que anda en la imaginación de su corazón, y que va en pos de otros dioses, para servirles, y para postrarse ante ellos, vendrá a ser como este cinto, que para nada es bueno.

11 Porque como el cinto se junta a los lomos del hombre, así hice juntar a mí toda la casa de Israel y toda la casa de Judá, dice Yeshua; para que me fuesen por pueblo, y por fama, y por alabanza, y por honra: pero no escucharon.

12 Por tanto, les dirás esta palabra: Así dice Yahweh de Israel: Toda tinaja se llenará de vino. Y ellos te dirán: ¿No sabemos ciertamente que toda tinaja se llenará de vino?

13 Entonces les dirás: Así dice Yahweh: He aquí, yo llenaré de embriaguez a todos los moradores de esta tierra, y a los reyes que se sientan sobre el trono de David, y a los sacerdotes, y a los profetas, y a todos los moradores de Jerusalén.

14 Y los estrellaré el uno contra el otro, a los padres y a los hijos juntamente, dice Yahweh: no perdonaré, ni tendré piedad, ni tendré misericordia, sino que los destruiré.

15 Oíd, y prestad oído; no os ensoberbezcáis: porque Yahweh ha hablado.

16 Dad gloria a Yahweh vuestro Yahweh, antes que cause tinieblas, y antes que vuestros pies tropiecen en montes de oscuridad, y que, esperando vosotros la luz, él la torne en sombra de muerte, y la haga densa oscuridad.

17 Mas si no oyereis esto, mi alma llorará en secreto a causa de vuestra soberbia; y llorarán mis ojos amargamente, y destilarán lágrimas, porque el rebaño de Yahweh ha sido llevado cautivo.

18 Di al rey y a la reina: Humillaos, sentaos en tierra: porque vuestros principados descenderán, aun la corona de vuestra gloria.

19 Las ciudades del sur están cerradas, y no hay quien las abra: todo Judá será llevado cautivo, será llevado cautivo por completo.

20 Alzad vuestros ojos, y ved a los que vienen del norte: ¿dónde está el rebaño que te fue dado, tu hermoso rebaño?

21 ¿Qué dirás cuando él te castigue? Porque tú les enseñaste a ser capitanes, y a ser jefes sobre ti: ¿no te tomarán dolores, como a mujer que está de parto?

22 Y si dijeres en tu corazón: ¿Por qué me han sobrevenido estas cosas? Por la grandeza de tu iniquidad han sido descubiertas tus faldas, y desnudos tus calcañares.

23 ¿Podrá el etíope mudar su piel, o el leopardo sus manchas? Entonces también podréis vosotros hacer el bien, estando habituados a hacer el mal.

24 Por tanto, yo los esparciré como tamo que pasa por el viento del desierto.

25 Esta es tu suerte, la porción de tus medidas de parte mía, dice Yahweh; porque te olvidaste de mí, y confiaste en la mentira.

26 Por tanto, yo también descubriré tus faldas delante de tu rostro, para que aparezca tu vergüenza.

27 He visto tus adulterios, y tus relinchos, la maldad de tu fornicación, y tus abominaciones sobre los collados en el campo. ¡Ay de ti, Jerusalén! ¿No serás limpia? ¿Hasta cuándo aún?

Capítulo 14

1 La palabra de Yeshua que vino a Jeremías con motivo de la sequía.

2 Judá se enluta, y sus puertas desfallecen; se sientan enlutados en tierra; y sube el clamor de Jerusalén.

3 Y sus nobles enviaron a sus pequeños por agua: vinieron a los pozos, y no hallaron agua; volvieron con sus vasijas vacías; se avergonzaron y se confundieron, y cubrieron sus cabezas.

4 Porque la tierra se hendió, por no haber lluvia en la tierra, los labradores se avergonzaron, cubrieron sus cabezas.

5 Sí, aun la cierva en el campo paría, y lo abandonaba, porque no había hierba.

6 Y los asnos monteses se ponían en los lugares altos, aspiraban el viento como dragones; sus ojos desfallecieron, porque no había hierba.

7 Oh Yeshua, aunque nuestras iniquidades testifican contra nosotros, hazlo tú por amor de tu nombre: porque nuestras rebeliones son muchas; hemos pecado contra ti.

8 Oh esperanza de Israel, su Salvador en tiempo de angustia, ¿por qué has de ser como extranjero en la tierra, y como caminante que se aparta para pasar la noche?

9 ¿Por qué has de ser como hombre atónito, y como valiente que no puede librar? Pero tú, oh Yeshua, estás en medio de nosotros, y somos llamados por tu nombre; no nos dejes.

10 Así dice Yahweh a este pueblo: Así amaron vagabundear, no refrenaron sus pies, por tanto Yahweh no los acepta; ahora recordará su iniquidad, y castigará sus pecados.

11 Entonces me dijo Yahweh: No ruegues por el bien de este pueblo.

12 Cuando ayunen, no oiré su clamor; y cuando ofrezcan holocausto y ofrenda, no los aceptaré: sino que los consumiré con espada, y con hambre, y con pestilencia.

13 Entonces dije yo: ¡Ah, Yahweh! He aquí, los profetas les dicen: No veréis espada, ni tendréis hambre; sino que os daré paz segura en este lugar.

14 Entonces me dijo Yahweh: Los profetas profetizan mentira en mi nombre: no los envié, ni les mandé, ni les hablé: os profetizan visión falsa y adivinación, y cosa de nada, y el engaño de su corazón.

15 Por tanto, así dice Yahweh acerca de los profetas que profetizan en mi nombre, y yo no los envié, y que dicen: Espada y hambre no habrá en esta tierra; con espada y con hambre serán consumidos esos profetas.

16 Y el pueblo a quien profetizan será echado en las calles de Jerusalén a causa del hambre y de la espada; y no tendrán quien los entierre, a ellos, a sus mujeres, ni a sus hijos, ni a sus hijas: porque derramaré su maldad sobre ellos.

17 Les dirás, pues, esta palabra: Derramen mis ojos lágrimas noche y día, y no cesen: porque la virgen hija de mi pueblo es quebrantada con gran quebrantamiento, con golpe muy penoso.

18 Si salgo al campo, he aquí muertos a espada; y si entro en la ciudad, he aquí enfermos de hambre; sí, tanto el profeta como el sacerdote andan por una tierra que no conocen.

19 ¿Has desechado por completo a Judá? ¿Ha aborrecido tu alma a Sion? ¿Por qué nos heriste, y no hay curación para nosotros? Esperábamos paz, y no hay bien; y tiempo de curación, y he aquí turbación.

20 Reconocemos, oh Yahweh, nuestra impiedad, y la iniquidad de nuestros padres: porque hemos pecado contra ti.

21 No nos desprecies, por amor de tu nombre, no deshonres el trono de tu gloria: acuérdate, no rompas tu pacto con nosotros.

22 ¿Hay entre las vanidades de las naciones quien haga llover? ¿O pueden los cielos dar lluvias? ¿No eres tú, oh Yahweh nuestro Yahweh? Por tanto, en ti esperaremos: porque tú hiciste todas estas cosas.

Capítulo 15

1 Entonces me dijo Yahweh: Aunque Moisés y Samuel se pusieran delante de mí, mi ánimo no estaría con este pueblo: échalos de mi presencia, y que salgan.

2 Y acontecerá que, si te dijeren: ¿A dónde saldremos? entonces les dirás: Así dice Yahweh: Los que son para muerte, a la muerte; y los que son para espada, a la espada; y los que son para hambre, al hambre; y los que son para cautiverio, al cautiverio.

3 Y pondré sobre ellos cuatro géneros, dice Yahweh: la espada para matar, y los perros para arrastrar, y las aves del cielo, y las bestias de la tierra, para devorar y destruir.

4 Y haré que sean removidos a todos los reinos de la tierra, a causa de Manasés hijo de Ezequías rey de Judá, por lo que hizo en Jerusalén.

5 Porque ¿quién tendrá piedad de ti, oh Jerusalén? ¿O quién se dolerá de ti? ¿O quién se apartará para preguntar cómo estás?

6 Tú me dejaste, dice Yahweh, te volviste atrás: por tanto extenderé mi mano contra ti, y te destruiré; estoy cansado de arrepentirme.

7 Y los aventaré con aventador en las puertas de la tierra; los privaré de hijos, destruiré a mi pueblo, ya que no se vuelven de sus caminos.

8 Sus viudas se me han multiplicado más que la arena de los mares: traje sobre ellos, contra la madre de los jóvenes, un destructor a mediodía: hice caer sobre ella de repente, y terrores sobre la ciudad.

9 La que dio a luz siete se desmaya: entregó el espíritu; su sol se puso siendo aún de día: fue avergonzada y confundida: y el resto de ellos entregaré a la espada delante de sus enemigos, dice Yahweh.

10 ¡Ay de mí, madre mía, que me diste a luz hombre de contienda y hombre de pleito para toda la tierra! Ni presté con usura, ni me prestaron a mí con usura; sin embargo, cada uno de ellos me maldice.

11 Yeshua dijo: De cierto será bien con tu remanente; de cierto haré que el enemigo te trate bien en el tiempo del mal y en el tiempo de la aflicción.

12 ¿Podrá el hierro quebrar el hierro del norte y el acero?

13 Tu riqueza y tus tesoros daré al saqueo sin precio, y eso por todos tus pecados, aun en todos tus términos.

14 Y te haré pasar con tus enemigos a una tierra que no conoces: porque fuego se ha encendido en mi ira, que arderá sobre vosotros.

15 Oh Yahweh, tú lo sabes: acuérdate de mí, y visítame, y véngame de mis perseguidores; no me arrebates en tu longanimidad: sabe que por tu causa he sufrido afrenta.

16 Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra fue para mí el gozo y la alegría de mi corazón: porque soy llamado por tu nombre, oh Yahweh de los ejércitos.

17 No me senté en la compañía de los burladores, ni me regocijé; me senté solo a causa de tu mano: porque me llenaste de indignación.

18 ¿Por qué es perpetuo mi dolor, y mi herida incurable, que rehúsa ser sanada? ¿Serás tú del todo para mí como un mentiroso, y como aguas que faltan?

19 Por tanto, así dice Yeshua: Si te volvieres, yo te haré volver, y estarás delante de mí: y si sacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca: que ellos se vuelvan a ti; pero no te vuelvas tú a ellos.

20 Y te pondré para este pueblo como muro fortificado de bronce: y pelearán contra ti, pero no te vencerán: porque yo estoy contigo para salvarte y para librarte, dice Yeshua.

21 Y te libraré de la mano de los malos, y te redimiré de la mano de los violentos.

Capítulo 16

1 También vino a mí la palabra de Yeshua, diciendo:

2 No tomarás para ti mujer, ni tendrás hijos ni hijas en este lugar.

3 Porque así dice Yahweh acerca de los hijos y acerca de las hijas que nacen en este lugar, y acerca de sus madres que los dieron a luz, y acerca de sus padres que los engendraron en esta tierra;

4 Morirán de muertes penosas; no serán llorados, ni serán enterrados; sino que serán como estiércol sobre la faz de la tierra: y serán consumidos por la espada, y por el hambre; y sus cadáveres serán comida para las aves del cielo, y para las bestias de la tierra.

5 Porque así dice Yahweh: No entres en casa de luto, ni vayas a lamentar ni a dolerte por ellos: porque he quitado mi paz de este pueblo, dice Yahweh, aun la misericordia y las compasiones.

6 Morirán en esta tierra tanto los grandes como los pequeños: no serán enterrados, ni los llorarán los hombres, ni se sajará nadie, ni se hará calvo por ellos:

7 Ni se rasgarán los hombres por ellos en el luto, para consolarlos por el muerto; ni darán los hombres a beber la copa de consolación por su padre o por su madre.

8 Tampoco entrarás en casa de banquete, para sentarte con ellos a comer y a beber.

9 Porque así dice Yahweh de los ejércitos, Yahweh de Israel: He aquí, haré cesar de este lugar, ante vuestros ojos y en vuestros días, la voz de gozo, y la voz de alegría, la voz del novio, y la voz de la novia.

10 Y acontecerá que, cuando muestres a este pueblo todas estas palabras, y te dijeren: ¿Por qué ha pronunciado Yahweh todo este gran mal contra nosotros? ¿O cuál es nuestra iniquidad? ¿O cuál es nuestro pecado que hemos cometido contra Yahweh nuestro Yahweh?

11 Entonces les dirás: Porque vuestros padres me abandonaron, dice Yahweh, y anduvieron en pos de otros dioses, y les sirvieron, y se postraron ante ellos, y me abandonaron a mí, y no guardaron mi ley;

12 Y vosotros habéis hecho peor que vuestros padres; porque, he aquí, andáis cada uno tras la imaginación de su corazón malo, para no escucharme a mí:

13 Por tanto, os echaré de esta tierra a una tierra que no conocéis, ni vosotros ni vuestros padres; y allí serviréis a otros dioses día y noche; donde no os mostraré favor.

14 Por tanto, he aquí, vienen días, dice Yahweh, en que no se dirá más: Vive Yeshua, que sacó a los hijos de Israel de la tierra de Egipto;

15 Sino: Vive Yeshua, que sacó a los hijos de Israel de la tierra del norte, y de todas las tierras adonde los había arrojado: y los volveré a su tierra que di a sus padres.

16 He aquí, enviaré por muchos pescadores, dice Yahweh, y los pescarán; y después enviaré por muchos cazadores, y los cazarán de todo monte, y de todo collado, y de las hendiduras de las peñas.

17 Porque mis ojos están sobre todos sus caminos: no se han escondido de mi rostro, ni su iniquidad se ha ocultado de mis ojos.

18 Y primero les retribuiré al doble su iniquidad y su pecado; porque contaminaron mi tierra, llenaron mi heredad con los cadáveres de sus cosas detestables y abominables.

19 Oh Yeshua, mi fortaleza, y mi fuerza, y mi refugio en el día de la aflicción, a ti vendrán las naciones desde los confines de la tierra, y dirán: Ciertamente nuestros padres heredaron mentira, vanidad, y cosas en las que no hay provecho.

20 ¿Hará el hombre dioses para sí, y ellos no son dioses?

21 Por tanto, he aquí, esta vez les haré saber, les haré saber mi mano y mi poder; y sabrán que mi nombre es Yahweh.

Capítulo 17

1 El pecado de Judá está escrito con cincel de hierro, y con punta de diamante: está grabado sobre la tabla de su corazón, y sobre los cuernos de vuestros altares;

2 Mientras sus hijos recuerdan sus altares y sus bosques junto a los árboles frondosos sobre los collados altos.

3 Oh monte mío en el campo, daré tu riqueza y todos tus tesoros al saqueo, y tus lugares altos por el pecado, en todos tus términos.

4 Y tú, aun tú mismo, cesarás de la heredad que te di; y te haré servir a tus enemigos en la tierra que no conoces: porque habéis encendido fuego en mi ira, que arderá para siempre.

5 Así dice Yahweh: Maldito el hombre que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Yahweh.

6 Porque será como la retama en el desierto, y no verá cuando venga el bien; sino que habitará en los sequedales del desierto, en tierra salada y deshabitada.

7 Bendito el hombre que confía en Yeshua, y cuya esperanza es Yeshua.

8 Porque será como árbol plantado junto a las aguas, que extiende sus raíces junto al río, y no verá cuando venga el calor, sino que su hoja estará verde; y no se fatigará en el año de sequía, ni dejará de dar fruto.

9 Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso: ¿quién lo conocerá?

10 Yo, Yahweh, escudriño el corazón, pruebo los riñones, aun para dar a cada hombre según sus caminos, y según el fruto de sus obras.

11 Como la perdiz que incuba huevos, y no los empolla; así es el que adquiere riquezas, y no con derecho, las dejará en la mitad de sus días, y en su fin será un insensato.

12 Un trono alto y glorioso desde el principio es el lugar de nuestro santuario.

13 Oh Yeshua, esperanza de Israel, todos los que te abandonan serán avergonzados, y los que se apartan de mí serán escritos en la tierra, porque abandonaron a Yeshua, la fuente de aguas vivas.

14 Sáname, oh Yeshua, y seré sanado; sálvame, y seré salvo: porque tú eres mi alabanza.

15 He aquí, ellos me dicen: ¿Dónde está la palabra de Yeshua? Que venga ahora.

16 En cuanto a mí, no me apresuré a dejar de ser pastor para seguirte: ni deseé el día funesto; tú lo sabes: lo que salió de mis labios estaba recto delante de ti.

17 No me seas tú por terror: tú eres mi esperanza en el día del mal.

18 Sean confundidos los que me persiguen, pero no sea yo confundido: sean ellos espantados, pero no sea yo espantado: trae sobre ellos el día del mal, y destrúyelos con doble destrucción.

19 Así me dijo Yeshua: Ve y ponte en la puerta de los hijos del pueblo, por la cual entran los reyes de Judá, y por la cual salen, y en todas las puertas de Jerusalén;

20 Y diles: Oíd la palabra de Yeshua, reyes de Judá, y todo Judá, y todos los moradores de Jerusalén, que entráis por estas puertas:

21 Así dice Yahweh: Mirad por vosotros mismos, y no llevéis carga en el día de reposo, ni la metáis por las puertas de Jerusalén;

22 Ni saquéis carga de vuestras casas en el día de reposo, ni hagáis obra alguna, sino santificad el día de reposo, como mandé a vuestros padres.

23 Pero ellos no obedecieron, ni inclinaron su oído, sino que endurecieron su cerviz, para no oír, ni recibir corrección.

24 Y acontecerá que, si me escuchareis diligentemente, dice Yahweh, para no meter carga por las puertas de esta ciudad en el día de reposo, sino santificar el día de reposo, para no hacer en él obra alguna;

25 Entonces entrarán por las puertas de esta ciudad reyes y príncipes que se sientan sobre el trono de David, que anden en carros y en caballos, ellos, y sus príncipes, los hombres de Judá, y los moradores de Jerusalén: y esta ciudad permanecerá para siempre.

26 Y vendrán de las ciudades de Judá, y de los alrededores de Jerusalén, y de la tierra de Benjamín, y de la llanura, y de los montes, y del sur, trayendo holocaustos, y sacrificios, y ofrendas de alimento, e incienso, y trayendo sacrificios de alabanza, a la casa de Yahweh.

27 Pero si no me escuchareis para santificar el día de reposo, y para no llevar carga, aun entrando por las puertas de Jerusalén en el día de reposo; entonces encenderé fuego en sus puertas, y devorará los palacios de Jerusalén, y no se apagará.

Capítulo 18

1 La palabra que vino a Jeremías de Yeshua, diciendo:

2 Levántate, y desciende a la casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras.

3 Entonces descendí a la casa del alfarero, y he aquí, él hacía una obra sobre las ruedas.

4 Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en la mano del alfarero: e hizo de nuevo otra vasija, como le pareció bien al alfarero hacerla.

5 Entonces vino a mí la palabra de Yeshua, diciendo:

6 Oh casa de Israel, ¿no puedo yo hacer con vosotros como este alfarero? dice Yeshua. He aquí, como el barro está en la mano del alfarero, así estáis vosotros en mi mano, oh casa de Israel.

7 En el instante en que yo hable acerca de una nación, y acerca de un reino, para arrancar, y para derribar, y para destruirlo;

8 Si esa nación, contra la cual he pronunciado, se vuelve de su maldad, yo me arrepentiré del mal que pensé hacerle.

9 Y en el instante en que yo hable acerca de una nación, y acerca de un reino, para edificarlo y para plantarlo;

10 Si hiciere lo malo delante de mis ojos, no escuchando mi voz, entonces me arrepentiré del bien, con el cual dije que los beneficiaría.

11 Ahora, pues, ve, habla a los hombres de Judá, y a los moradores de Jerusalén, diciendo: Así dice Yahweh: He aquí, yo formo mal contra vosotros, y maquino un designio contra vosotros: volveos ahora cada uno de su mal camino, y haced buenos vuestros caminos y vuestras obras.

12 Y ellos dijeron: No hay esperanza: sino que andaremos tras nuestros propios designios, y cada uno hará la imaginación de su corazón malo.

13 Por tanto, así dice Yahweh: Preguntad ahora entre las naciones, ¿quién ha oído tales cosas? La virgen de Israel ha hecho una cosa muy horrible.

14 ¿Dejará el hombre la nieve del Líbano que viene de la peña del campo? ¿O serán abandonadas las aguas frías que fluyen y vienen de otro lugar?

15 Porque mi pueblo me ha olvidado, han quemado incienso a la vanidad, y les han hecho tropezar en sus caminos, en las sendas antiguas, para andar por senderos, por un camino no allanado;

16 Para hacer su tierra desolada, y silbido perpetuo; todo el que pase por ella se asombrará, y meneará su cabeza.

17 Los esparciré como con viento del oriente delante del enemigo; les mostraré las espaldas, y no el rostro, en el día de su calamidad.

18 Entonces dijeron ellos: Venid y maquinemos maquinaciones contra Jeremías; porque la ley no faltará al sacerdote, ni el consejo al sabio, ni la palabra al profeta. Venid, y golpeémoslo con la lengua, y no prestemos atención a ninguna de sus palabras.

19 Préstame atención, oh Yeshua, y escucha la voz de los que contienden conmigo.

20 ¿Se pagará mal por bien? Porque han cavado un hoyo para mi alma. Recuerda que me puse delante de ti para hablar bien por ellos, y para apartar tu ira de ellos.

21 Por tanto, entrega sus hijos al hambre, y derrama su sangre por la fuerza de la espada; y queden sus mujeres privadas de hijos, y viudas; y sean sus hombres puestos a muerte; sean sus jóvenes muertos a espada en la batalla.

22 Óigase clamor de sus casas, cuando traigas de repente una tropa sobre ellos: porque han cavado un hoyo para prenderme, y han escondido lazos para mis pies.

23 Pero tú, Yahweh, conoces todo su consejo contra mí para matarme: no perdones su iniquidad, ni borres su pecado de delante de ti, sino que sean derribados delante de ti; haz así con ellos en el tiempo de tu ira.

Capítulo 19

1 Así dice Yahweh: Ve y compra una vasija de barro de alfarero, y toma de los ancianos del pueblo, y de los ancianos de los sacerdotes;

2 Y sal al valle del hijo de Hinom, que está a la entrada de la puerta oriental, y proclama allí las palabras que yo te diré,

3 Y di: Oíd la palabra de Yeshua, oh reyes de Judá, y moradores de Jerusalén: Así dice Yahweh de los ejércitos, Yahweh de Israel: He aquí, yo traigo mal sobre este lugar, el cual, quienquiera que lo oiga, le zumbarán los oídos.

4 Porque me abandonaron, y enajenaron este lugar, y quemaron en él incienso a otros dioses, que ni ellos ni sus padres conocieron, ni los reyes de Judá, y llenaron este lugar de sangre de inocentes;

5 También edificaron los lugares altos de Baal, para quemar a sus hijos con fuego por holocaustos a Baal, lo cual no mandé, ni hablé, ni entró en mi pensamiento:

6 Por tanto, he aquí, vienen días, dice Yahweh, en que este lugar no se llamará más Tofet, ni El valle del hijo de Hinom, sino El valle de la matanza.

7 Y haré vano el consejo de Judá y de Jerusalén en este lugar; y haré que caigan a espada delante de sus enemigos, y por las manos de los que buscan sus vidas: y daré sus cadáveres por comida a las aves del cielo, y a las bestias de la tierra.

8 Y pondré esta ciudad por desolación, y por silbido; todo el que pase por ella se asombrará y silbará a causa de todas sus plagas.

9 Y haré que coman la carne de sus hijos y la carne de sus hijas, y comerá cada uno la carne de su amigo en el asedio y en la estrechez, con que sus enemigos, y los que buscan sus vidas, los estrecharán.

10 Entonces quebrarás la vasija a la vista de los hombres que van contigo,

11 Y les dirás: Así dice Yahweh de los ejércitos: Así quebrantaré a este pueblo y a esta ciudad, como quien quiebra una vasija de alfarero, que no puede restaurarse más: y los enterrarán en Tofet, hasta que no haya lugar para enterrar.

12 Así haré con este lugar, dice Yahweh, y con sus moradores, y aun haré esta ciudad como Tofet:

13 Y las casas de Jerusalén, y las casas de los reyes de Judá, serán inmundas como el lugar de Tofet, a causa de todas las casas sobre cuyos tejados quemaron incienso a todo el ejército del cielo, y derramaron libaciones a otros dioses.

14 Entonces volvió Jeremías de Tofet, adonde Yahweh lo había enviado a profetizar; y se puso en el atrio de la casa de Yahweh; y dijo a todo el pueblo,

15 Así dice Yahweh de los ejércitos, Yahweh de Israel: He aquí, yo traigo sobre esta ciudad y sobre todas sus villas todo el mal que he pronunciado contra ella, porque han endurecido su cerviz, para no oír mis palabras.

Capítulo 20

1 Y Pasur hijo de Imer, el sacerdote, que era también gobernador principal en la casa de Yahweh, oyó que Jeremías profetizaba estas cosas.

2 Entonces Pasur golpeó a Jeremías el profeta, y lo puso en el cepo que estaba en la puerta alta de Benjamín, que estaba junto a la casa de Yahweh.

3 Y aconteció al día siguiente, que Pasur sacó a Jeremías del cepo. Entonces le dijo Jeremías: Yahweh no ha llamado tu nombre Pasur, sino Magor-misabib.

4 Porque así dice Yahweh: He aquí, te haré por terror a ti mismo, y a todos tus amigos: y caerán por la espada de sus enemigos, y tus ojos lo verán: y entregaré a todo Judá en mano del rey de Babilonia, y los llevará cautivos a Babilonia, y los matará a espada.

5 Además entregaré toda la fuerza de esta ciudad, y todos sus trabajos, y todas sus cosas preciosas, y todos los tesoros de los reyes de Judá entregaré en mano de sus enemigos, que los saquearán, y los tomarán, y los llevarán a Babilonia.

6 Y tú, Pasur, y todos los que moran en tu casa iréis en cautiverio: y vendrás a Babilonia, y allí morirás, y allí serás enterrado, tú, y todos tus amigos, a quienes profetizaste mentiras.

7 Oh Yahweh, me engañaste, y fui engañado: más fuerte fuiste que yo, y prevaleciste: soy objeto de burla cada día, todos se burlan de mí.

8 Porque desde que hablé, di voces, grité violencia y despojo; porque la palabra de Yeshua me fue por afrenta y escarnio, cada día.

9 Entonces dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre. Pero su palabra estaba en mi corazón como un fuego ardiente encerrado en mis huesos, y me cansé de soportarlo, y no pude contenerme.

10 Porque oí la difamación de muchos, temor por todas partes. Denunciad, dicen ellos, y lo denunciaremos. Todos mis íntimos miraban si yo tropezaba, diciendo: Quizá se dejará engañar, y prevaleceremos contra él, y tomaremos de él nuestra venganza.

11 Pero Yeshua está conmigo como un poderoso terrible: por tanto, mis perseguidores tropezarán, y no prevalecerán: serán grandemente avergonzados; porque no prosperarán: su confusión eterna nunca será olvidada.

12 Pero, oh Yahweh de los ejércitos, que pruebas a los justos, y ves los riñones y el corazón, déjame ver tu venganza sobre ellos: porque a ti he abierto mi causa.

13 Cantad a Yeshua, alabad a Yeshua: porque ha librado el alma del pobre de la mano de los malhechores.

14 Maldito el día en que nací: no sea bendito el día en que mi madre me dio a luz.

15 Maldito el hombre que trajo nuevas a mi padre, diciendo: Un hijo varón te ha nacido; haciéndolo alegrarse mucho.

16 Y sea aquel hombre como las ciudades que Yahweh destruyó, y no se arrepintió: y oiga clamor por la mañana, y grito al mediodía;

17 Porque no me mató desde el vientre; o para que mi madre hubiese sido mi sepulcro, y su vientre siempre grande conmigo.

18 ¿Para qué salí del vientre a ver trabajo y dolor, para que mis días fuesen consumidos en vergüenza?

Capítulo 21

1 La palabra que vino a Jeremías de Yeshua, cuando el rey Sedequías envió a él a Pasur hijo de Malquías, y a Sofonías hijo de Maasías el sacerdote, diciendo,

2 Consulta, te ruego, a Yeshua por nosotros; porque Nabucodonosor rey de Babilonia hace guerra contra nosotros; quizá Yeshua haga con nosotros conforme a todas sus maravillas, para que se vaya de nosotros.

3 Entonces les dijo Jeremías: Así diréis a Sedequías:

4 Así dice Yahweh de Israel: He aquí, yo haré volver las armas de guerra que están en vuestras manos, con las cuales peleáis contra el rey de Babilonia, y contra los caldeos, que os sitian fuera de los muros, y las reuniré en medio de esta ciudad.

5 Y yo mismo pelearé contra vosotros con mano extendida y con brazo fuerte, aun en ira, y en enojo, y en gran furor.

6 Y heriré a los moradores de esta ciudad, tanto hombres como bestias: morirán de una gran pestilencia.

7 Y después, dice Yahweh, entregaré a Sedequías rey de Judá, y a sus siervos, y al pueblo, y a los que queden en esta ciudad de la pestilencia, de la espada, y del hambre, en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, y en mano de sus enemigos, y en mano de los que buscan su vida: y él los herirá a filo de espada; no los perdonará, ni tendrá piedad, ni tendrá misericordia.

8 Y a este pueblo dirás: Así dice Yahweh: He aquí, pongo delante de vosotros el camino de la vida, y el camino de la muerte.

9 El que se quede en esta ciudad morirá por la espada, y por el hambre, y por la pestilencia: pero el que salga, y se pase a los caldeos que os sitian, vivirá, y su vida le será por botín.

10 Porque he puesto mi rostro contra esta ciudad para mal, y no para bien, dice Yahweh: será entregada en mano del rey de Babilonia, y él la quemará con fuego.

11 Y en cuanto a la casa del rey de Judá, decid: Oíd la palabra de Yeshua;

12 Oh casa de David, así dice Yahweh: Ejecutad juicio por la mañana, y librad al despojado de la mano del opresor, no sea que mi furor salga como fuego, y arda y no haya quien lo apague, a causa de la maldad de vuestras obras.

13 He aquí, yo estoy contra ti, oh moradora del valle, y roca de la llanura, dice Yahweh; que decís: ¿Quién descenderá contra nosotros? ¿O quién entrará en nuestras moradas?

14 Pero os castigaré según el fruto de vuestras obras, dice Yahweh: y encenderé fuego en su bosque, y devorará todas las cosas a su alrededor.

Capítulo 22

1 Así dice Yahweh: Desciende a la casa del rey de Judá, y habla allí esta palabra,

2 Y di: Oye la palabra de Yeshua, oh rey de Judá, que te sientas sobre el trono de David, tú, y tus siervos, y tu pueblo que entra por estas puertas:

3 Así dice Yahweh: Ejecutad juicio y justicia, y librad al despojado de la mano del opresor: y no hagáis mal, no hagáis violencia al extranjero, al huérfano, ni a la viuda, ni derraméis sangre inocente en este lugar.

4 Porque si en verdad hiciereis esta cosa, entonces entrarán por las puertas de esta casa reyes que se sientan sobre el trono de David, que anden en carros y en caballos, él, y sus siervos, y su pueblo.

5 Pero si no oyereis estas palabras, juro por mí mismo, dice Yahweh, que esta casa vendrá a ser una desolación.

6 Porque así dice Yahweh acerca de la casa del rey de Judá: Tú eres Galaad para mí, y la cabeza del Líbano: sin embargo, ciertamente te haré un desierto, y ciudades que no sean habitadas.

7 Y prepararé destructores contra ti, cada uno con sus armas: y cortarán tus cedros escogidos, y los echarán al fuego.

8 Y muchas naciones pasarán por esta ciudad, y dirá cada hombre a su prójimo: ¿Por qué ha hecho Yahweh así a esta gran ciudad?

9 Entonces responderán: Porque abandonaron el pacto de Yahweh su Yahweh, y adoraron a otros dioses, y les sirvieron.

10 No lloréis por el muerto, ni os doláis por él: sino llorad amargamente por el que se va: porque no volverá más, ni verá su tierra natal.

11 Porque así dice Yahweh acerca de Salum hijo de Josías rey de Judá, que reinó en lugar de Josías su padre, que salió de este lugar: No volverá allí más:

12 Sino que morirá en el lugar adonde lo han llevado cautivo, y no verá más esta tierra.

13 ¡Ay del que edifica su casa sin justicia, y sus aposentos sin derecho; que se sirve del servicio de su prójimo sin salario, y no le da por su trabajo;

14 Que dice: Edificaré para mí una casa espaciosa y aposentos amplios, y se abre ventanas; y está cubierta de cedro, y pintada de bermellón.

15 ¿Reinarás tú, porque te cercas en cedro? ¿No comió y bebió tu padre, e hizo juicio y justicia, y entonces le fue bien?

16 Él juzgó la causa del pobre y del necesitado; entonces le fue bien: ¿no es esto conocerme? dice Yahweh.

17 Pero tus ojos y tu corazón no son sino para tu codicia, y para derramar sangre inocente, y para opresión, y para violencia, para hacerla.

18 Por tanto, así dice Yahweh acerca de Joacim hijo de Josías rey de Judá: No lo llorarán, diciendo: ¡Ay, hermano mío! o: ¡Ay, hermana! No lo llorarán, diciendo: ¡Ay, señor! o: ¡Ay, su gloria!

19 Será enterrado con sepultura de asno, arrastrado y echado fuera más allá de las puertas de Jerusalén.

20 Sube al Líbano, y clama; y alza tu voz en Basán, y clama desde los pasos: porque todos tus amantes han sido destruidos.

21 Te hablé en tu prosperidad; pero dijiste: No oiré. Esta ha sido tu costumbre desde tu juventud, que no obedeciste mi voz.

22 El viento apacentará a todos tus pastores, y tus amantes irán en cautiverio: ciertamente entonces serás avergonzada y confundida por toda tu maldad.

23 Oh moradora del Líbano, que haces tu nido en los cedros, ¡cuán digna de favor serás cuando te vengan dolores, el dolor como de mujer que está de parto!

24 Vivo yo, dice Yahweh, que aunque Conías hijo de Joacim rey de Judá fuese el anillo de sellar sobre mi mano derecha, aun de allí te arrancaría;

25 Y te entregaré en mano de los que buscan tu vida, y en mano de aquellos cuyo rostro temes, aun en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, y en mano de los caldeos.

26 Y os arrojaré a ti, y a tu madre que te dio a luz, a otro país, donde no nacisteis; y allí moriréis.

27 Pero a la tierra adonde desean volver, allí no volverán.

28 ¿Es este hombre Conías un ídolo despreciado y quebrado? ¿Es él una vasija en la que no hay placer? ¿Por qué han sido arrojados, él y su descendencia, y han sido echados a una tierra que no conocen?

29 Oh tierra, tierra, tierra, oye la palabra de Yeshua.

30 Así dice Yahweh: Escribid a este hombre como sin hijos, un hombre que no prosperará en sus días: porque ningún hombre de su descendencia prosperará, sentándose sobre el trono de David, y gobernando más en Judá.

Capítulo 23

1 ¡Ay de los pastores que destruyen y dispersan las ovejas de mi pastizal! dice Yahweh.

2 Por tanto, así dice Yahweh de Israel contra los pastores que apacientan a mi pueblo: Vosotros dispersasteis mi rebaño, y lo ahuyentasteis, y no lo visitasteis: he aquí, yo visitaré sobre vosotros la maldad de vuestras obras, dice Yahweh.

3 Y yo reuniré el remanente de mi rebaño de todos los países adonde los eché, y los haré volver a sus apriscos; y serán fructíferos y se multiplicarán.

4 Y pondré sobre ellos pastores que los apacienten: y no temerán más, ni se espantarán, ni les faltará nada, dice Yeshua.

5 He aquí, vienen días, dice Yahweh, en que levantaré a David un Renuevo justo, y un Rey reinará y prosperará, y ejecutará juicio y justicia en la tierra.

6 En sus días Judá será salvo, e Israel habitará seguro: y este es su nombre con el cual será llamado: Yeshua nuestra justicia.

7 Por tanto, he aquí, vienen días, dice Yahweh, en que no dirán más: Vive Yeshua, que sacó a los hijos de Israel de la tierra de Egipto;

8 Sino: Vive Yeshua, que sacó y que trajo la descendencia de la casa de Israel de la tierra del norte, y de todos los países adonde los había echado; y habitarán en su propia tierra.

9 Mi corazón está quebrantado dentro de mí a causa de los profetas; todos mis huesos tiemblan; soy como un hombre ebrio, y como un hombre a quien el vino ha vencido, a causa de Yahweh, y a causa de las palabras de su santidad.

10 Porque la tierra está llena de adúlteros; porque a causa del juramento la tierra se enluta; los lugares deleitosos del desierto se han secado, y su carrera es mala, y su fuerza no es recta.

11 Porque tanto el profeta como el sacerdote son profanos; sí, en mi casa he hallado su maldad, dice Yahweh.

12 Por tanto, su camino les será como lugares resbaladizos en la oscuridad: serán empujados, y caerán en él: porque traeré mal sobre ellos, aun el año de su visitación, dice Yahweh.

13 Y he visto necedad en los profetas de Samaria; profetizaron en Baal, e hicieron errar a mi pueblo Israel.

14 También he visto en los profetas de Jerusalén una cosa horrible: cometen adulterio, y andan en mentiras: también fortalecen las manos de los malhechores, para que ninguno se vuelva de su maldad; todos ellos son para mí como Sodoma, y sus moradores como Gomorra.

15 Por tanto, así dice Yahweh de los ejércitos acerca de los profetas: He aquí, los alimentaré con ajenjo, y les haré beber agua de hiel: porque de los profetas de Jerusalén ha salido la profanación a toda la tierra.

16 Así dice Yahweh de los ejércitos: No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan: os hacen vanos: hablan visión de su propio corazón, y no de la boca de Yahweh.

17 Dicen todavía a los que me desprecian: Yahweh ha dicho: Tendréis paz; y dicen a todo el que anda tras la imaginación de su propio corazón: No vendrá mal sobre vosotros.

18 Porque ¿quién ha estado en el consejo de Yahweh, y ha percibido y oído su palabra? ¿Quién ha atendido a su palabra, y la ha oído?

19 He aquí, un torbellino de Yahweh ha salido con furor, aun un torbellino penoso: caerá penosamente sobre la cabeza de los impíos.

20 La ira de Yahweh no se volverá, hasta que haya ejecutado, y hasta que haya cumplido los pensamientos de su corazón: en los postreros días lo consideraréis perfectamente.

21 No envié a estos profetas, sin embargo ellos corrieron: no les hablé, sin embargo ellos profetizaron.

22 Pero si hubiesen estado en mi consejo, y hubiesen hecho oír mis palabras a mi pueblo, entonces los habrían hecho volver de su mal camino, y de la maldad de sus obras.

23 ¿Soy yo Yeshua de cerca, dice Yahweh, y no Yahweh de lejos?

24 ¿Podrá alguno esconderse en lugares secretos para que yo no lo vea? dice Yahweh. ¿No lleno yo el cielo y la tierra? dice Yahweh.

25 He oído lo que dijeron los profetas, que profetizan mentiras en mi nombre, diciendo: He soñado, he soñado.

26 ¿Hasta cuándo estará esto en el corazón de los profetas que profetizan mentiras? Sí, son profetas del engaño de su propio corazón;

27 Que piensan hacer olvidar a mi pueblo mi nombre con sus sueños que cuenta cada hombre a su prójimo, como sus padres olvidaron mi nombre por Baal.

28 El profeta que tenga un sueño, que cuente un sueño; y el que tenga mi palabra, que hable mi palabra fielmente. ¿Qué tiene que ver la paja con el trigo? dice Yahweh.

29 ¿No es mi palabra como fuego? dice Yahweh; ¿y como martillo que quebranta la peña?

30 Por tanto, he aquí, yo estoy contra los profetas, dice Yahweh, que hurtan mis palabras cada uno de su prójimo.

31 He aquí, yo estoy contra los profetas, dice Yahweh, que usan sus lenguas, y dicen: Él dice.

32 He aquí, yo estoy contra los que profetizan sueños falsos, dice Yahweh, y los cuentan, y hacen errar a mi pueblo con sus mentiras, y con su liviandad; pero yo no los envié, ni les mandé: por tanto, no aprovecharán a este pueblo en nada, dice Yahweh.

33 Y cuando este pueblo, o el profeta, o un sacerdote, te preguntare, diciendo: ¿Cuál es la carga de Yeshua? entonces les dirás: ¿Qué carga? Aun os abandonaré, dice Yahweh.

34 Y en cuanto al profeta, y al sacerdote, y al pueblo, que dijere: La carga de Yeshua, aun castigaré a ese hombre y a su casa.

35 Así diréis cada uno a su prójimo, y cada uno a su hermano: ¿Qué ha respondido Yeshua? y: ¿Qué ha hablado Yeshua?

36 Y la carga de Yeshua no mencionaréis más: porque la palabra de cada hombre será su carga; porque habéis pervertido las palabras de Yahweh viviente, de Yahweh de los ejércitos nuestro Yahweh.

37 Así dirás al profeta: ¿Qué te ha respondido Yeshua? y: ¿Qué ha hablado Yeshua?

38 Pero ya que decís: La carga de Yeshua; por tanto, así dice Yahweh: Porque decís esta palabra: La carga de Yeshua, y yo he enviado a vosotros, diciendo: No diréis: La carga de Yeshua;

39 Por tanto, he aquí, yo, aun yo, os olvidaré por completo, y os abandonaré, y a la ciudad que os di a vosotros y a vuestros padres, y os echaré de mi presencia:

40 Y pondré sobre vosotros oprobio perpetuo, y vergüenza perpetua, que no será olvidada.

Capítulo 24

1 Yeshua me mostró, y he aquí, dos cestas de higos fueron puestas delante del templo de Yahweh, después que Nabucodonosor rey de Babilonia había llevado cautivo a Jeconías hijo de Joacim rey de Judá, y a los príncipes de Judá, con los carpinteros y herreros, de Jerusalén, y los había traído a Babilonia.

2 Una cesta tenía higos muy buenos, aun como los higos que maduran primero: y la otra cesta tenía higos muy malos, que no se podían comer, de tan malos que eran.

3 Entonces me dijo Yeshua: ¿Qué ves, Jeremías? Y dije: Higos; los higos buenos, muy buenos; y los malos, muy malos, que no se pueden comer, de tan malos que son.

4 De nuevo vino a mí la palabra de Yeshua, diciendo:

5 Así dice Yahweh, Yahweh de Israel: Como estos higos buenos, así reconoceré a los llevados cautivos de Judá, a quienes he enviado fuera de este lugar a la tierra de los caldeos, para su bien.

6 Porque pondré mis ojos sobre ellos para bien, y los haré volver a esta tierra: y los edificaré, y no los derribaré; y los plantaré, y no los arrancaré.

7 Y les daré un corazón para que me conozcan, que yo soy Yeshua: y serán mi pueblo, y yo seré su Yeshua: porque se volverán a mí de todo su corazón.

8 Y como los higos malos, que no se pueden comer, de tan malos que son; ciertamente así dice Yahweh: Así entregaré a Sedequías rey de Judá, y a sus príncipes, y al resto de Jerusalén, que queda en esta tierra, y a los que moran en la tierra de Egipto:

9 Y los entregaré para ser removidos a todos los reinos de la tierra para su mal, para ser oprobio y refrán, escarnio y maldición, en todos los lugares adonde los arrojare.

10 Y enviaré entre ellos la espada, el hambre, y la pestilencia, hasta que sean consumidos de sobre la tierra que les di a ellos y a sus padres.

Capítulo 25

1 La palabra que vino a Jeremías acerca de todo el pueblo de Judá en el año cuarto de Joacim hijo de Josías rey de Judá, que fue el primer año de Nabucodonosor rey de Babilonia;

2 La cual Jeremías el profeta habló a todo el pueblo de Judá, y a todos los moradores de Jerusalén, diciendo,

3 Desde el año decimotercero de Josías hijo de Amón rey de Judá, hasta este día, que es el año vigésimo tercero, la palabra de Yeshua ha venido a mí, y os he hablado, madrugando y hablando; pero no habéis escuchado.

4 Y Yahweh os ha enviado a todos sus siervos los profetas, madrugando y enviándolos; pero no habéis escuchado, ni inclinado vuestro oído para oír.

5 Ellos dijeron: Volveos ahora cada uno de su mal camino, y de la maldad de vuestras obras, y habitad en la tierra que Yahweh os ha dado a vosotros y a vuestros padres para siempre jamás:

6 Y no vayáis en pos de otros dioses para servirles, y para postraros ante ellos, y no me provoquéis a ira con las obras de vuestras manos; y no os haré mal.

7 Sin embargo, no me habéis escuchado, dice Yahweh; para provocarme a ira con las obras de vuestras manos para vuestro propio mal.

8 Por tanto, así dice Yahweh de los ejércitos: Porque no habéis oído mis palabras,

9 He aquí, enviaré y tomaré a todas las familias del norte, dice Yahweh, y a Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y los traeré contra esta tierra, y contra sus moradores, y contra todas estas naciones en derredor, y los destruiré por completo, y los pondré por asombro, y por silbido, y por desolaciones perpetuas.

10 Además quitaré de ellos la voz de gozo, y la voz de alegría, la voz del novio, y la voz de la novia, el sonido de las piedras de molino, y la luz de la lámpara.

11 Y toda esta tierra será una desolación, y un asombro; y estas naciones servirán al rey de Babilonia setenta años.

12 Y acontecerá que, cuando se cumplan setenta años, castigaré al rey de Babilonia, y a esa nación, dice Yahweh, por su iniquidad, y a la tierra de los caldeos, y la pondré por desolaciones perpetuas.

13 Y traeré sobre aquella tierra todas mis palabras que he pronunciado contra ella, aun todo lo que está escrito en este libro, que Jeremías ha profetizado contra todas las naciones.

14 Porque muchas naciones y grandes reyes se servirán también de ellos: y les retribuiré según sus hechos, y según las obras de sus propias manos.

15 Porque así me dice Yahweh de Israel: Toma de mi mano la copa del vino de este furor, y haz que beban de ella todas las naciones, a las cuales yo te envío.

16 Y beberán, y se turbarán, y enloquecerán, a causa de la espada que yo enviaré entre ellos.

17 Entonces tomé la copa de la mano de Yahweh, e hice beber a todas las naciones, a las cuales Yahweh me había enviado:

18 A saber, Jerusalén, y las ciudades de Judá, y sus reyes, y sus príncipes, para ponerlos por desolación, por asombro, por silbido, y por maldición; como sucede este día;

19 A Faraón rey de Egipto, y a sus siervos, y a sus príncipes, y a todo su pueblo;

20 Y a todo el pueblo mezclado, y a todos los reyes de la tierra de Uz, y a todos los reyes de la tierra de los filisteos, y a Ascalón, y a Gaza, y a Ecrón, y al remanente de Asdod,

21 A Edom, y a Moab, y a los hijos de Amón,

22 Y a todos los reyes de Tiro, y a todos los reyes de Sidón, y a los reyes de las islas que están más allá del mar,

23 A Dedán, y a Tema, y a Buz, y a todos los que están en los rincones más apartados,

24 Y a todos los reyes de Arabia, y a todos los reyes del pueblo mezclado que habita en el desierto,

25 Y a todos los reyes de Zimri, y a todos los reyes de Elam, y a todos los reyes de los medos,

26 Y a todos los reyes del norte, de lejos y de cerca, el uno con el otro, y a todos los reinos del mundo, que están sobre la faz de la tierra: y el rey de Sesac beberá después de ellos.

27 Por tanto, les dirás: Así dice Yahweh de los ejércitos, Yahweh de Israel: Bebed, y embriagaos, y vomitad, y caed, y no os levantéis más, a causa de la espada que yo enviaré entre vosotros.

28 Y será que, si rehusaren tomar la copa de tu mano para beber, entonces les dirás: Así dice Yahweh de los ejércitos: Ciertamente beberéis.

29 Porque, he aquí, yo comienzo a traer mal sobre la ciudad que es llamada por mi nombre, ¿y vosotros quedaréis totalmente impunes? No quedaréis impunes: porque llamaré espada sobre todos los moradores de la tierra, dice Yahweh de los ejércitos.

30 Por tanto, profetiza tú contra ellos todas estas palabras, y diles: Yahweh rugirá desde lo alto, y dará su voz desde su santa morada; rugirá poderosamente sobre su morada; dará un grito, como los que pisan las uvas, contra todos los moradores de la tierra.

31 Un ruido vendrá aun hasta los confines de la tierra; porque Yahweh tiene pleito con las naciones, él juzgará a toda carne; entregará a los impíos a la espada, dice Yahweh.

32 Así dice Yahweh de los ejércitos: He aquí, el mal irá de nación en nación, y un gran torbellino se levantará de los confines de la tierra.

33 Y en aquel día los muertos de Yahweh estarán de un extremo de la tierra hasta el otro extremo de la tierra: no serán lamentados, ni recogidos, ni enterrados; serán como estiércol sobre la faz de la tierra.

34 Aullad, pastores, y clamad; y revolcaos en ceniza, vosotros, los principales del rebaño: porque los días de vuestra matanza y de vuestras dispersiones se han cumplido; y caeréis como vaso precioso.

35 Y los pastores no tendrán manera de huir, ni los principales del rebaño de escapar.

36 Se oirá voz del clamor de los pastores, y aullido de los principales del rebaño: porque Yahweh ha asolado su pastizal.

37 Y las moradas apacibles son destruidas a causa del ardor de la ira de Yahweh.

38 Ha abandonado su guarida, como el león: porque su tierra está desolada a causa de la fiereza del opresor, y a causa de su ardiente ira.

Capítulo 26

1 Al principio del reinado de Joacim, hijo de Josías, rey de Judá, vino esta palabra de Yeshua, diciendo:

2 Así dice Yahweh: Ponte en el atrio de la casa de Yahweh, y habla a todas las ciudades de Judá, que vienen a adorar en la casa de Yahweh, todas las palabras que te mando hablarles; no retengas palabra:

3 Quizás escuchen, y se vuelva cada uno de su mal camino, para que yo me arrepienta del mal que pienso hacerles a causa de la maldad de sus obras.

4 Y les dirás: Así dice Yahweh: Si no me escucháis, para andar en mi ley, la cual puse delante de vosotros,

5 para escuchar las palabras de mis siervos los profetas, a quienes os envié, madrugando y enviándolos, pero no habéis escuchado;

6 entonces haré esta casa como Silo, y haré de esta ciudad una maldición para todas las naciones de la tierra.

7 Y los sacerdotes y los profetas y todo el pueblo oyeron a Jeremías hablando estas palabras en la casa de Yahweh.

8 Y aconteció que, cuando Jeremías acabó de hablar todo lo que Yahweh le había mandado hablar a todo el pueblo, los sacerdotes y los profetas y todo el pueblo lo prendieron, diciendo: Ciertamente morirás.

9 ¿Por qué has profetizado en el nombre de Yahweh, diciendo: Esta casa será como Silo, y esta ciudad será desolada sin habitante? Y todo el pueblo se reunió contra Jeremías en la casa de Yahweh.

10 Cuando los príncipes de Judá oyeron estas cosas, subieron de la casa del rey a la casa de Yahweh, y se sentaron a la entrada de la puerta nueva de la casa de Yahweh.

11 Entonces hablaron los sacerdotes y los profetas a los príncipes y a todo el pueblo, diciendo: Este hombre es digno de muerte; porque ha profetizado contra esta ciudad, como habéis oído con vuestros oídos.

12 Entonces habló Jeremías a todos los príncipes y a todo el pueblo, diciendo: Yahweh me envió a profetizar contra esta casa y contra esta ciudad todas las palabras que habéis oído.

13 Ahora, pues, enmendad vuestros caminos y vuestras obras, y obedeced la voz de vuestro Yahweh; y Yahweh se arrepentirá del mal que ha pronunciado contra vosotros.

14 En cuanto a mí, he aquí, estoy en vuestra mano: haced conmigo como os parezca bueno y recto.

15 Pero sabed con certeza que, si me dais muerte, traeréis sangre inocente sobre vosotros, y sobre esta ciudad, y sobre sus habitantes: porque de verdad Yahweh me ha enviado a vosotros para hablar todas estas palabras en vuestros oídos.

16 Entonces dijeron los príncipes y todo el pueblo a los sacerdotes y a los profetas: Este hombre no es digno de muerte: porque nos ha hablado en el nombre de nuestro Yahweh.

17 Entonces se levantaron ciertos ancianos de la tierra, y hablaron a toda la asamblea del pueblo, diciendo:

18 Miqueas el morastita profetizó en los días de Ezequías, rey de Judá, y habló a todo el pueblo de Judá, diciendo: Así dice Yahweh de los ejércitos: Sion será arada como un campo, y Jerusalén vendrá a ser montones de ruinas, y el monte de la casa como las alturas de un bosque.

19 ¿Acaso Ezequías, rey de Judá, y todo Judá lo mataron en absoluto? ¿No temió a Yahweh, y suplicó a Yahweh, y Yahweh se arrepintió del mal que había pronunciado contra ellos? Así podríamos procurar un gran mal contra nuestras almas.

20 Y hubo también un hombre que profetizaba en el nombre de Yahweh, Urías, hijo de Semaías, de Quiriat-jearim, quien profetizó contra esta ciudad y contra esta tierra conforme a todas las palabras de Jeremías.

21 Y cuando el rey Joacim, con todos sus valientes, y todos los príncipes, oyeron sus palabras, el rey procuró darle muerte: pero cuando Urías lo supo, tuvo miedo, y huyó, y se fue a Egipto;

22 Y el rey Joacim envió hombres a Egipto, a saber, a Elnatán, hijo de Acbor, y a ciertos hombres con él a Egipto.

23 Y sacaron a Urías de Egipto, y lo trajeron al rey Joacim; quien lo mató a espada, y echó su cadáver en los sepulcros del pueblo común.

24 Sin embargo, la mano de Ahicam, hijo de Safán, estuvo con Jeremías, para que no lo entregasen en mano del pueblo para darle muerte.

Capítulo 27

1 Al principio del reinado de Joacim, hijo de Josías, rey de Judá, vino esta palabra a Jeremías de Yeshua, diciendo:

2 Así me dice Yahweh: Hazte coyundas y yugos, y ponlos sobre tu cuello,

3 y envíalos al rey de Edom, y al rey de Moab, y al rey de los amonitas, y al rey de Tiro, y al rey de Sidón, por mano de los mensajeros que vienen a Jerusalén a Sedequías, rey de Judá;

4 y mándales que digan a sus señores: Así dice Yahweh de los ejércitos, el Yahweh de Israel: Así diréis a vuestros señores:

5 Yo hice la tierra, el hombre y la bestia que están sobre la faz de la tierra, con mi gran poder y con mi brazo extendido, y la he dado a quien me pareció recto.

6 Y ahora he entregado todas estas tierras en mano de Nabucodonosor, rey de Babilonia, mi siervo; y también le he dado las bestias del campo para que le sirvan.

7 Y todas las naciones le servirán a él, y a su hijo, y al hijo de su hijo, hasta que venga también el tiempo de su tierra: y entonces muchas naciones y grandes reyes se servirán de él.

8 Y acontecerá que la nación y el reino que no sirva a ese mismo Nabucodonosor, rey de Babilonia, y que no ponga su cuello bajo el yugo del rey de Babilonia, a esa nación castigaré, dice Yahweh, con espada, y con hambre, y con pestilencia, hasta que los haya consumido por su mano.

9 Por tanto, no escuchéis a vuestros profetas, ni a vuestros adivinos, ni a vuestros soñadores, ni a vuestros agoreros, ni a vuestros hechiceros, que os hablan, diciendo: No serviréis al rey de Babilonia:

10 Porque os profetizan mentira, para alejaros de vuestra tierra; y para que yo os arroje, y perezcáis.

11 Pero las naciones que traigan su cuello bajo el yugo del rey de Babilonia, y le sirvan, a ésas las dejaré permanecer aún en su propia tierra, dice Yahweh; y la labrarán, y morarán en ella.

12 Hablé también a Sedequías, rey de Judá, conforme a todas estas palabras, diciendo: Traed vuestros cuellos bajo el yugo del rey de Babilonia, y servidle a él y a su pueblo, y vivid.

13 ¿Por qué moriréis, tú y tu pueblo, por la espada, por el hambre, y por la pestilencia, como Yahweh ha hablado contra la nación que no sirva al rey de Babilonia?

14 Por tanto, no escuchéis las palabras de los profetas que os hablan, diciendo: No serviréis al rey de Babilonia: porque os profetizan mentira.

15 Porque yo no los envié, dice Yahweh, y sin embargo profetizan mentira en mi nombre; para que yo os arroje, y para que perezcáis, vosotros, y los profetas que os profetizan.

16 También hablé a los sacerdotes y a todo este pueblo, diciendo: Así dice Yahweh: No escuchéis las palabras de vuestros profetas que os profetizan, diciendo: He aquí, los vasos de la casa de Yahweh serán traídos de nuevo en breve de Babilonia: porque os profetizan mentira.

17 No los escuchéis; servid al rey de Babilonia, y vivid: ¿por qué ha de ser asolada esta ciudad?

18 Pero si ellos son profetas, y si la palabra de Yeshua está con ellos, que intercedan ahora ante Yahweh de los ejércitos, para que los vasos que han quedado en la casa de Yahweh, y en la casa del rey de Judá, y en Jerusalén, no vayan a Babilonia.

19 Porque así dice Yahweh de los ejércitos acerca de las columnas, y acerca del mar, y acerca de las basas, y acerca del resto de los vasos que quedan en esta ciudad,

20 los cuales Nabucodonosor, rey de Babilonia, no tomó, cuando llevó cautivo a Jeconías, hijo de Joacim, rey de Judá, de Jerusalén a Babilonia, y a todos los nobles de Judá y de Jerusalén;

21 sí, así dice Yahweh de los ejércitos, el Yahweh de Israel, acerca de los vasos que quedan en la casa de Yahweh, y en la casa del rey de Judá y de Jerusalén;

22 Serán llevados a Babilonia, y allí estarán hasta el día en que yo los visite, dice Yeshua; entonces los subiré, y los restauraré a este lugar.

Capítulo 28

1 Y aconteció en el mismo año, al principio del reinado de Sedequías, rey de Judá, en el año cuarto, en el mes quinto, que Hananías, hijo de Azur, el profeta, que era de Gabaón, me habló en la casa de Yahweh, en presencia de los sacerdotes y de todo el pueblo, diciendo:

2 Así habla Yahweh de los ejércitos, el Yahweh de Israel, diciendo: He quebrado el yugo del rey de Babilonia.

3 Dentro de dos años completos traeré de nuevo a este lugar todos los vasos de la casa de Yahweh, que Nabucodonosor, rey de Babilonia, quitó de este lugar, y los llevó a Babilonia:

4 Y traeré de nuevo a este lugar a Jeconías, hijo de Joacim, rey de Judá, con todos los cautivos de Judá, que fueron a Babilonia, dice Yahweh: porque quebraré el yugo del rey de Babilonia.

5 Entonces el profeta Jeremías dijo al profeta Hananías en presencia de los sacerdotes, y en presencia de todo el pueblo que estaba en la casa de Yahweh,

6 incluso el profeta Jeremías dijo: Amén: así lo haga Yeshua: cumpla Yeshua tus palabras que has profetizado, para traer de nuevo los vasos de la casa de Yahweh, y a todos los llevados cautivos, de Babilonia a este lugar.

7 No obstante, escucha ahora esta palabra que yo hablo en tus oídos, y en los oídos de todo el pueblo;

8 Los profetas que han sido antes de mí y antes de ti desde antiguo profetizaron contra muchos países, y contra grandes reinos, de guerra, y de mal, y de pestilencia.

9 El profeta que profetiza de paz, cuando se cumpla la palabra del profeta, entonces será conocido el profeta, que Yahweh verdaderamente lo ha enviado.

10 Entonces Hananías el profeta quitó el yugo del cuello del profeta Jeremías, y lo quebró.

11 Y Hananías habló en presencia de todo el pueblo, diciendo: Así dice Yahweh: Así quebrantaré el yugo de Nabucodonosor, rey de Babilonia, del cuello de todas las naciones dentro del plazo de dos años completos. Y el profeta Jeremías se fue por su camino.

12 Entonces vino la palabra de Yeshua a Jeremías el profeta, después que Hananías el profeta hubo quebrado el yugo del cuello del profeta Jeremías, diciendo:

13 Ve y habla a Hananías, diciendo: Así dice Yahweh: Has quebrado yugos de madera; pero harás para ellos yugos de hierro.

14 Porque así dice Yahweh de los ejércitos, el Yahweh de Israel: He puesto un yugo de hierro sobre el cuello de todas estas naciones, para que sirvan a Nabucodonosor, rey de Babilonia; y le servirán: y también le he dado las bestias del campo.

15 Entonces dijo el profeta Jeremías a Hananías el profeta: Escucha ahora, Hananías; Yahweh no te ha enviado; pero tú haces que este pueblo confíe en una mentira.

16 Por tanto, así dice Yahweh: He aquí, yo te echaré de sobre la faz de la tierra: este año morirás, porque has enseñado rebelión contra Yahweh.

17 Y Hananías el profeta murió en el mismo año, en el mes séptimo.

Capítulo 29

1 Ahora bien, éstas son las palabras de la carta que el profeta Jeremías envió de Jerusalén al resto de los ancianos que habían sido llevados cautivos, y a los sacerdotes, y a los profetas, y a todo el pueblo que Nabucodonosor había llevado cautivo de Jerusalén a Babilonia;

2 (después que Jeconías el rey, y la reina, y los eunucos, los príncipes de Judá y de Jerusalén, y los carpinteros, y los herreros, hubieron salido de Jerusalén;)

3 por mano de Elasa, hijo de Safán, y de Gemarías, hijo de Hilcías, (a quienes Sedequías, rey de Judá, envió a Babilonia a Nabucodonosor, rey de Babilonia) diciendo:

4 Así dice Yahweh de los ejércitos, el Yahweh de Israel, a todos los que han sido llevados cautivos, a quienes hice llevar de Jerusalén a Babilonia;

5 Edificad casas, y morad en ellas; y plantad huertos, y comed su fruto;

6 tomad esposas, y engendrad hijos e hijas; y tomad esposas para vuestros hijos, y dad vuestras hijas a maridos, para que den a luz hijos e hijas; para que seáis aumentados allí, y no disminuidos.

7 Y procurad la paz de la ciudad adonde os hice llevar cautivos, y orad a Yahweh por ella: porque en su paz tendréis paz.

8 Porque así dice Yahweh de los ejércitos, el Yahweh de Israel: No os engañen vuestros profetas y vuestros adivinos, que están en medio de vosotros, ni escuchéis vuestros sueños que hacéis soñar.

9 Porque os profetizan falsamente en mi nombre: yo no los envié, dice Yahweh.

10 Porque así dice Yeshua: Que después que se cumplan en Babilonia setenta años, yo os visitaré, y cumpliré mi buena palabra hacia vosotros, haciéndoos volver a este lugar.

11 Porque yo sé los pensamientos que pienso acerca de vosotros, dice Yeshua, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin esperado.

12 Entonces me invocaréis, e iréis y oraréis a mí, y yo os escucharé.

13 Y me buscaréis, y me hallaréis, cuando me busquéis de todo vuestro corazón.

14 Y seré hallado por vosotros, dice Yeshua: y haré volver vuestra cautividad, y os reuniré de todas las naciones, y de todos los lugares adonde os arrojé, dice Yeshua; y os traeré de nuevo al lugar de donde os hice llevar cautivos.

15 Porque habéis dicho: Yahweh nos ha levantado profetas en Babilonia;

16 sabed que así dice Yahweh acerca del rey que se sienta sobre el trono de David, y acerca de todo el pueblo que mora en esta ciudad, y acerca de vuestros hermanos que no han salido con vosotros en cautiverio;

17 Así dice Yahweh de los ejércitos: He aquí, enviaré sobre ellos espada, hambre y pestilencia, y los haré como higos viles, que no se pueden comer, de tan malos que son.

18 Y los perseguiré con espada, con hambre y con pestilencia, y los entregaré para ser removidos a todos los reinos de la tierra, para ser maldición, y asombro, y silbo, y oprobio, entre todas las naciones adonde los he arrojado:

19 Porque no han escuchado mis palabras, dice Yahweh, las cuales les envié por mis siervos los profetas, madrugando y enviándolos; pero no quisisteis oír, dice Yahweh.

20 Oíd, pues, la palabra de Yeshua, todos vosotros los de la cautividad, a quienes he enviado de Jerusalén a Babilonia:

21 Así dice Yahweh de los ejércitos, el Yahweh de Israel, acerca de Acab, hijo de Colaías, y acerca de Sedequías, hijo de Maasías, que os profetizan mentira en mi nombre: He aquí, yo los entregaré en mano de Nabucodonosor, rey de Babilonia; y él los matará delante de vuestros ojos;

22 Y de ellos se tomará una maldición por todos los de la cautividad de Judá que están en Babilonia, diciendo: Yahweh te haga como a Sedequías y como a Acab, a quienes el rey de Babilonia asó en el fuego;

23 Porque han cometido villanía en Israel, y han cometido adulterio con las esposas de sus prójimos, y han hablado palabras mentirosas en mi nombre, las cuales yo no les mandé; incluso yo lo sé, y soy testigo, dice Yahweh.

24 También hablarás a Semaías el nehelamita, diciendo:

25 Así habla Yahweh de los ejércitos, el Yahweh de Israel, diciendo: Porque tú has enviado cartas en tu nombre a todo el pueblo que está en Jerusalén, y a Sofanías, hijo de Maasías el sacerdote, y a todos los sacerdotes, diciendo:

26 Yahweh te ha hecho sacerdote en lugar de Joiada el sacerdote, para que seáis oficiales en la casa de Yahweh, para todo hombre que está loco, y se hace a sí mismo profeta, para que lo pongas en prisión, y en el cepo.

27 Ahora, pues, ¿por qué no has reprendido a Jeremías de Anatot, que se hace a sí mismo profeta para vosotros?

28 Porque por eso nos envió a Babilonia, diciendo: Este cautiverio es largo: edificad casas, y morad en ellas; y plantad huertos, y comed su fruto.

29 Y Sofanías el sacerdote leyó esta carta en los oídos de Jeremías el profeta.

30 Entonces vino la palabra de Yeshua a Jeremías, diciendo:

31 Envía a todos los de la cautividad, diciendo: Así dice Yahweh acerca de Semaías el nehelamita: Porque Semaías os ha profetizado, y yo no lo envié, y os hizo confiar en una mentira:

32 Por tanto, así dice Yahweh: He aquí, yo castigaré a Semaías el nehelamita, y a su descendencia: no tendrá hombre que more entre este pueblo; ni verá el bien que yo haré a mi pueblo, dice Yahweh; porque ha enseñado rebelión contra Yahweh.

Capítulo 30

1 La palabra que vino a Jeremías de Yeshua, diciendo:

2 Así habla el Yahweh de Israel, diciendo: Escríbete en un libro todas las palabras que te he hablado.

3 Porque, he aquí, vienen días, dice Yeshua, en que haré volver la cautividad de mi pueblo Israel y Judá, dice Yeshua: y los haré volver a la tierra que di a sus padres, y la poseerán.

4 Y éstas son las palabras que Yeshua habló acerca de Israel y acerca de Judá.

5 Porque así dice Yeshua: Hemos oído voz de temblor, de temor, y no de paz.

6 Preguntad ahora, y ved si un varón da a luz con dolores de parto: ¿por qué, pues, veo a todo hombre con sus manos sobre sus lomos, como mujer de parto, y todos los rostros se han vuelto pálidos?

7 ¡Ay! porque aquel día es grande, de modo que no hay otro semejante: es incluso el tiempo de la angustia de Jacob, pero será librado de ella.

8 Porque acontecerá en aquel día, dice Yeshua de los ejércitos, que quebraré su yugo de tu cuello, y romperé tus coyundas, y los extranjeros ya no se servirán de él:

9 Sino que servirán a su Yeshua, y a David su rey, a quien yo les levantaré.

10 Por tanto, no temas tú, oh siervo mío Jacob, dice Yeshua; ni desmayes, oh Israel: porque, he aquí, yo te salvaré de lejos, y a tu descendencia de la tierra de su cautividad; y Jacob volverá, y estará en reposo, y estará tranquilo, y no habrá quien lo atemorice.

11 Porque yo estoy contigo, dice Yeshua, para salvarte: aunque haga un fin completo de todas las naciones adonde te he esparcido, sin embargo no haré un fin completo de ti: pero te corregiré con medida, y no te dejaré del todo sin castigo.

12 Porque así dice Yahweh: Tu quebrantamiento es incurable, y tu herida es grave.

13 No hay quien defienda tu causa, para que puedas ser vendado: no tienes medicinas curativas.

14 Todos tus amantes te han olvidado; no te buscan; porque te he herido con herida de enemigo, con castigo de uno cruel, por la multitud de tu iniquidad; porque tus pecados se han aumentado.

15 ¿Por qué clamas por tu aflicción? Tu dolor es incurable por la multitud de tu iniquidad: porque tus pecados se han aumentado, te he hecho estas cosas.

16 Por tanto, todos los que te devoran serán devorados; y todos tus adversarios, cada uno de ellos, irán en cautiverio; y los que te despojan serán despojo, y a todos los que te hacen presa daré por presa.

17 Porque te devolveré la salud, y te sanaré de tus heridas, dice Yeshua; porque te llamaron Desechada, diciendo: Ésta es Sion, a quien nadie busca.

18 Así dice Yeshua: He aquí, haré volver la cautividad de las tiendas de Jacob, y tendré misericordia de sus moradas; y la ciudad será edificada sobre su propio montón, y el palacio permanecerá según su manera.

19 Y saldrá de ellos acción de gracias y voz de los que se regocijan: y los multiplicaré, y no serán pocos; también los glorificaré, y no serán pequeños.

20 Sus hijos también serán como antes, y su congregación será establecida delante de mí, y castigaré a todos los que los oprimen.

21 Y sus nobles serán de ellos mismos, y su gobernador saldrá de en medio de ellos; y lo haré acercarse, y él se acercará a mí: porque ¿quién es éste que empeñó su corazón para acercarse a mí? dice Yeshua.

22 Y vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Yeshua.

23 He aquí, el torbellino de Yahweh sale con furor, un torbellino continuo: caerá con dolor sobre la cabeza de los impíos.

24 El ardor de la ira de Yahweh no volverá, hasta que lo haya hecho, y hasta que haya cumplido los propósitos de su corazón: en los días postreros lo consideraréis.

Capítulo 31

1 En el mismo tiempo, dice Yeshua, seré el Yeshua de todas las familias de Israel, y ellos serán mi pueblo.

2 Así dice Yeshua: El pueblo que quedó de la espada halló gracia en el desierto; incluso Israel, cuando fui a hacerle descansar.

3 Yeshua se me apareció desde antiguo, diciendo: Sí, te he amado con amor eterno: por tanto, con bondad amorosa te he atraído.

4 De nuevo te edificaré, y serás edificada, oh virgen de Israel: de nuevo serás adornada con tus panderos, y saldrás en las danzas de los que se regocijan.

5 Aún plantarás viñas sobre los montes de Samaria: los plantadores plantarán, y las comerán como cosas comunes.

6 Porque habrá un día en que los guardas sobre el monte de Efraín clamarán: Levantaos, y subamos a Sion, a nuestro Yeshua.

7 Porque así dice Yeshua: Cantad con alegría por Jacob, y gritad entre las principales de las naciones: publicad, alabad, y decid: Oh Yeshua, salva a tu pueblo, el remanente de Israel.

8 He aquí, yo los traeré del país del norte, y los reuniré de los confines de la tierra, y con ellos al ciego y al cojo, a la mujer encinta y a la que está de parto juntamente: una gran compañía volverá allá.

9 Vendrán con llanto, y con súplicas los guiaré: los haré andar junto a ríos de aguas en camino recto, en el cual no tropezarán: porque soy padre para Israel, y Efraín es mi primogénito.

10 Oíd la palabra de Yeshua, oh naciones, y declaradla en las islas de lejos, y decid: El que esparció a Israel lo reunirá, y lo guardará, como un pastor a su rebaño.

11 Porque Yeshua ha redimido a Jacob, y lo ha rescatado de la mano del que era más fuerte que él.

12 Por tanto, vendrán y cantarán en la altura de Sion, y fluirán juntos a la bondad de Yeshua, por el trigo, y por el vino, y por el aceite, y por las crías del rebaño y de la manada: y su alma será como huerto regado; y no se entristecerán ya más en absoluto.

13 Entonces la virgen se regocijará en la danza, los jóvenes y los viejos juntamente: porque convertiré su duelo en gozo, y los consolaré, y haré que se regocijen de su dolor.

14 Y saciaré el alma de los sacerdotes con grosura, y mi pueblo será saciado con mi bondad, dice Yeshua.

15 Así dice Yeshua: Una voz fue oída en Ramá, lamentación, y llanto amargo; Raquel llorando por sus hijos se negó a ser consolada por sus hijos, porque no son.

16 Así dice Yeshua: Reprime tu voz del llanto, y tus ojos de las lágrimas: porque tu obra será recompensada, dice Yeshua; y volverán de la tierra del enemigo.

17 Y hay esperanza en tu fin, dice Yeshua, de que tus hijos volverán a su propio territorio.

18 Ciertamente he oído a Efraín lamentándose así: Me has castigado, y fui castigado, como un becerro no acostumbrado al yugo: vuélveme tú, y seré vuelto; porque tú eres mi Yeshua.

19 Ciertamente, después que fui vuelto, me arrepentí; y después que fui instruido, golpeé sobre mi muslo: me avergoncé, sí, incluso me confundí, porque llevé el oprobio de mi juventud.

20 ¿Es Efraín mi hijo querido? ¿Es él un niño agradable? Porque desde que hablé contra él, aún lo recuerdo con empeño: por tanto, mis entrañas se turban por él; ciertamente tendré misericordia de él, dice Yeshua.

21 Establécete señales, hazte montones altos: pon tu corazón hacia el camino, incluso el camino por el cual fuiste: vuélvete de nuevo, oh virgen de Israel, vuélvete de nuevo a estas tus ciudades.

22 ¿Hasta cuándo andarás errante, oh hija rebelde? Porque Yahweh ha creado una cosa nueva en la tierra: Una mujer rodeará a un varón.

23 Así dice Yeshua de los ejércitos, el Yeshua de Israel: Aún usarán esta palabra en la tierra de Judá y en sus ciudades, cuando haga volver su cautividad: Yeshua te bendiga, oh morada de justicia, y monte de santidad.

24 Y morarán en la misma Judá, y en todas sus ciudades juntamente, los labradores, y los que salen con rebaños.

25 Porque he saciado el alma cansada, y he rellenado toda alma entristecida.

26 Sobre esto desperté, y miré; y mi sueño me fue dulce.

27 He aquí, vienen días, dice Yeshua, en que sembraré la casa de Israel y la casa de Judá con simiente de hombre, y con simiente de bestia.

28 Y acontecerá que, así como he velado sobre ellos, para arrancar, y para derribar, y para derrocar, y para destruir, y para afligir; así velaré sobre ellos, para edificar, y para plantar, dice Yeshua.

29 En aquellos días no dirán más: Los padres comieron las uvas agrias, y los dientes de los hijos tienen la dentera.

30 Sino que cada uno morirá por su propia iniquidad: todo hombre que coma las uvas agrias, sus dientes tendrán la dentera.

31 He aquí, vienen días, dice Yeshua, en que haré un nuevo pacto con la casa de Israel, y con la casa de Judá:

32 No conforme al pacto que hice con sus padres en el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto; cuyo pacto mío ellos quebrantaron, aunque yo fui un esposo para ellos, dice Yeshua:

33 Sino que éste será el pacto que haré con la casa de Israel: Después de aquellos días, dice Yeshua, pondré mi ley en sus entrañas, y la escribiré en sus corazones; y seré su Yeshua, y ellos serán mi pueblo.

34 Y no enseñarán más cada uno a su prójimo, y cada uno a su hermano, diciendo: Conoce a Yeshua: porque todos me conocerán, desde el menor de ellos hasta el mayor de ellos, dice Yeshua: porque perdonaré su iniquidad, y no me acordaré más de su pecado.

35 Así dice Yahweh, que da el sol por luz de día, y las ordenanzas de la luna y de las estrellas por luz de noche, que divide el mar cuando sus olas rugen; Yahweh de los ejércitos es su nombre:

36 Si esas ordenanzas se apartan de delante de mí, dice Yahweh, entonces también la descendencia de Israel dejará de ser una nación delante de mí para siempre.

37 Así dice Yahweh: Si el cielo arriba puede ser medido, y los fundamentos de la tierra explorados abajo, también yo desecharé toda la descendencia de Israel por todo lo que han hecho, dice Yahweh.

38 He aquí, vienen días, dice Yeshua, en que la ciudad será edificada para Yeshua desde la torre de Hananeel hasta la puerta del rincón.

39 Y la cuerda de medir saldrá aún frente a ella sobre la colina de Gareb, y rodeará hacia Goat.

40 Y todo el valle de los cadáveres, y de las cenizas, y todos los campos hasta el arroyo de Cedrón, hasta la esquina de la puerta de los caballos hacia el oriente, será santo para Yeshua; no será arrancado, ni derribado ya más para siempre.

Capítulo 32

1 La palabra que vino a Jeremías de Yeshua en el año décimo de Sedequías, rey de Judá, que fue el año decimoctavo de Nabucodonosor.

2 Porque entonces el ejército del rey de Babilonia sitiaba a Jerusalén: y el profeta Jeremías estaba encerrado en el patio de la prisión, que estaba en la casa del rey de Judá.

3 Porque Sedequías, rey de Judá, lo había encerrado, diciendo: ¿Por qué profetizas, y dices: Así dice Yahweh: He aquí, yo entregaré esta ciudad en mano del rey de Babilonia, y él la tomará;

4 y Sedequías, rey de Judá, no escapará de la mano de los caldeos, sino que ciertamente será entregado en mano del rey de Babilonia, y hablará con él boca a boca, y sus ojos verán sus ojos;

5 y llevará a Sedequías a Babilonia, y allí estará hasta que yo lo visite, dice Yahweh: aunque peleéis con los caldeos, no prosperaréis.

6 Y Jeremías dijo: La palabra de Yeshua vino a mí, diciendo:

7 He aquí, Hanameel, hijo de Salum tu tío, vendrá a ti diciendo: Cómprame mi heredad que está en Anatot: porque el derecho de redención es tuyo para comprarla.

8 Y Hanameel, hijo de mi tío, vino a mí al patio de la prisión conforme a la palabra de Yeshua, y me dijo: Compra mi heredad, te ruego, que está en Anatot, que está en el país de Benjamín: porque el derecho de herencia es tuyo, y la redención es tuya; cómprala para ti. Entonces supe que ésta era la palabra de Yeshua.

9 Y compré la heredad de Hanameel, hijo de mi tío, que estaba en Anatot, y le pesé el dinero, diecisiete siclos de plata.

10 Y suscribí la escritura, y la sellé, y tomé testigos, y le pesé el dinero en balanzas.

11 Y tomé la escritura de la compra, tanto la que estaba sellada conforme a la ley y la costumbre, como la que estaba abierta:

12 Y di la escritura de la compra a Baruc, hijo de Nerías, hijo de Maasías, a la vista de Hanameel, hijo de mi tío, y en presencia de los testigos que suscribieron el libro de la compra, delante de todos los judíos que estaban sentados en el patio de la prisión.

13 Y mandé a Baruc delante de ellos, diciendo:

14 Así dice Yahweh de los ejércitos, el Yahweh de Israel: Toma estas escrituras, esta escritura de la compra, tanto la que está sellada como esta escritura que está abierta; y ponlas en una vasija de barro, para que perduren muchos días.

15 Porque así dice Yeshua de los ejércitos, el Yeshua de Israel: Casas y heredades y viñas serán poseídas de nuevo en esta tierra.

16 Ahora bien, cuando hube entregado la escritura de la compra a Baruc, hijo de Nerías, oré a Yahweh, diciendo:

17 ¡Ah, Yahweh! He aquí, tú has hecho el cielo y la tierra con tu gran poder y brazo extendido, y no hay nada demasiado difícil para ti:

18 Tú muestras bondad amorosa a miles, y recompensas la iniquidad de los padres en el seno de sus hijos después de ellos: el Grande, el Poderoso Yahweh, Yahweh de los ejércitos, es su nombre,

19 grande en consejo, y poderoso en obra: porque tus ojos están abiertos sobre todos los caminos de los hijos de los hombres: para dar a cada uno conforme a sus caminos, y conforme al fruto de sus obras:

20 que pusiste señales y prodigios en la tierra de Egipto, incluso hasta este día, y en Israel, y entre otros hombres; y te has hecho un nombre, como en este día;

21 y sacaste a tu pueblo Israel de la tierra de Egipto con señales, y con prodigios, y con mano fuerte, y con brazo extendido, y con gran terror;

22 y les diste esta tierra, la cual juraste a sus padres que les darías, una tierra que fluye leche y miel;

23 y entraron, y la poseyeron; pero no obedecieron tu voz, ni anduvieron en tu ley; no han hecho nada de todo lo que les mandaste hacer: por tanto, has hecho que todo este mal venga sobre ellos:

24 He aquí los arietes, han venido a la ciudad para tomarla; y la ciudad es entregada en mano de los caldeos, que pelean contra ella, a causa de la espada, y del hambre, y de la pestilencia: y lo que has hablado ha acontecido; y, he aquí, tú lo ves.

25 Y tú me has dicho, oh Yahweh: Cómprate la heredad por dinero, y toma testigos; porque la ciudad es entregada en mano de los caldeos.

26 Entonces vino la palabra de Yeshua a Jeremías, diciendo:

27 He aquí, yo soy Yahweh, el Yahweh de toda carne: ¿hay algo demasiado difícil para mí?

28 Por tanto, así dice Yahweh: He aquí, yo entregaré esta ciudad en mano de los caldeos, y en mano de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y él la tomará:

29 Y los caldeos, que pelean contra esta ciudad, vendrán y pondrán fuego a esta ciudad, y la quemarán con las casas, sobre cuyos techos han ofrecido incienso a Baal, y han derramado libaciones a otros dioses, para provocarme a ira.

30 Porque los hijos de Israel y los hijos de Judá no han hecho sino mal delante de mí desde su juventud: porque los hijos de Israel no han hecho sino provocarme a ira con la obra de sus manos, dice Yahweh.

31 Porque esta ciudad ha sido para mí como provocación de mi ira y de mi furor desde el día que la edificaron incluso hasta este día; de modo que debo quitarla de delante de mi rostro,

32 a causa de todo el mal de los hijos de Israel y de los hijos de Judá, que han hecho para provocarme a ira, ellos, sus reyes, sus príncipes, sus sacerdotes, y sus profetas, y los hombres de Judá, y los habitantes de Jerusalén.

33 Y me han vuelto la espalda, y no el rostro: aunque les enseñé, madrugando y enseñándoles, sin embargo no han escuchado para recibir instrucción.

34 Sino que pusieron sus abominaciones en la casa, la cual es llamada por mi nombre, para contaminarla.

35 Y edificaron los lugares altos de Baal, que están en el valle del hijo de Hinom, para hacer pasar a sus hijos y a sus hijas por el fuego a Moloc; lo cual no les mandé, ni vino a mi mente, que hiciesen esta abominación, para hacer pecar a Judá.

36 Y ahora, por tanto, así dice Yahweh, el Yahweh de Israel, acerca de esta ciudad, de la cual vosotros decís: Será entregada en mano del rey de Babilonia por la espada, y por el hambre, y por la pestilencia;

37 He aquí, yo los reuniré de todos los países, adonde los arrojé en mi ira, y en mi furor, y en gran enojo; y los traeré de nuevo a este lugar, y haré que moren con seguridad:

38 Y ellos serán mi pueblo, y yo seré su Yeshua:

39 Y les daré un solo corazón, y un solo camino, para que me teman para siempre, para bien de ellos, y de sus hijos después de ellos:

40 Y haré con ellos un pacto eterno, de que no me apartaré de ellos, para hacerles bien; sino que pondré mi temor en sus corazones, para que no se aparten de mí.

41 Sí, me regocijaré sobre ellos para hacerles bien, y los plantaré en esta tierra ciertamente con todo mi corazón y con toda mi alma.

42 Porque así dice Yahweh: Así como he traído todo este gran mal sobre este pueblo, así traeré sobre ellos todo el bien que les he prometido.

43 Y se comprarán heredades en esta tierra, de la cual vosotros decís: Está desolada sin hombre ni bestia; es entregada en mano de los caldeos.

44 Los hombres comprarán heredades por dinero, y suscribirán escrituras, y las sellarán, y tomarán testigos en la tierra de Benjamín, y en los lugares alrededor de Jerusalén, y en las ciudades de Judá, y en las ciudades de las montañas, y en las ciudades del valle, y en las ciudades del sur: porque haré volver su cautividad, dice Yeshua.

Capítulo 33

1 Además, la palabra de Yeshua vino a Jeremías por segunda vez, estando él aún encerrado en el patio de la prisión, diciendo:

2 Así dice Yahweh que lo hizo, Yahweh que lo formó, para establecerlo; Yahweh es su nombre;

3 Clama a mí, y yo te responderé, y te mostraré cosas grandes y poderosas, que tú no conoces.

4 Porque así dice Yahweh, el Yahweh de Israel, acerca de las casas de esta ciudad, y acerca de las casas de los reyes de Judá, que son derribadas por los arietes, y por la espada;

5 Vienen a pelear con los caldeos, pero es para llenarlas con los cadáveres de hombres, a quienes he matado en mi ira y en mi furor, y por toda cuya maldad he escondido mi rostro de esta ciudad.

6 He aquí, yo le traeré salud y curación, y los curaré, y les revelaré la abundancia de paz y de verdad.

7 Y haré volver la cautividad de Judá y la cautividad de Israel, y los edificaré, como al principio.

8 Y los limpiaré de toda su iniquidad, con la cual han pecado contra mí; y perdonaré todas sus iniquidades, con las cuales han pecado, y con las cuales han transgredido contra mí.

9 Y me será por nombre de gozo, de alabanza y de honra delante de todas las naciones de la tierra, que oirán todo el bien que yo les hago: y temerán y temblarán por toda la bondad y por toda la prosperidad que yo le procuro.

10 Así dice Yeshua: De nuevo se oirá en este lugar, del cual vosotros decís que será desolado sin hombre y sin bestia, incluso en las ciudades de Judá, y en las calles de Jerusalén, que están desoladas, sin hombre, y sin habitante, y sin bestia,

11 la voz de gozo, y la voz de alegría, la voz del novio, y la voz de la novia, la voz de los que dirán: Alabad a Yeshua de los ejércitos: porque Yeshua es bueno; porque su misericordia dura para siempre: y de los que traerán el sacrificio de alabanza a la casa de Yahweh. Porque haré volver la cautividad de la tierra, como al principio, dice Yeshua.

12 Así dice Yeshua de los ejércitos: De nuevo en este lugar, que está desolado sin hombre y sin bestia, y en todas sus ciudades, habrá una morada de pastores que hagan recostar a sus rebaños.

13 En las ciudades de las montañas, en las ciudades del valle, y en las ciudades del sur, y en la tierra de Benjamín, y en los lugares alrededor de Jerusalén, y en las ciudades de Judá, los rebaños pasarán de nuevo bajo las manos de quien los cuenta, dice Yeshua.

14 He aquí, vienen días, dice Yeshua, en que cumpliré aquella buena cosa que he prometido a la casa de Israel y a la casa de Judá.

15 En aquellos días, y en aquel tiempo, haré brotar para David el Renuevo de justicia; y él hará juicio y justicia en la tierra.

16 En aquellos días Judá será salvo, y Jerusalén morará con seguridad: y éste es el nombre con el cual será llamada: Yeshua, justicia nuestra.

17 Porque así dice Yeshua: A David nunca le faltará un hombre que se siente sobre el trono de la casa de Israel;

18 Ni a los sacerdotes levitas les faltará un hombre delante de mí para ofrecer holocaustos, y para encender ofrendas de alimentos, y para hacer sacrificio continuamente.

19 Y la palabra de Yeshua vino a Jeremías, diciendo:

20 Así dice Yahweh: Si podéis quebrantar mi pacto del día, y mi pacto de la noche, y que no haya día y noche en su tiempo;

21 entonces también podrá ser quebrantado mi pacto con David mi siervo, de modo que no tenga un hijo que reine sobre su trono; y con los levitas los sacerdotes, mis ministros.

22 Como el ejército del cielo no puede ser contado, ni la arena del mar medida: así multiplicaré la descendencia de David mi siervo, y a los levitas que me ministran.

23 Además, la palabra de Yeshua vino a Jeremías, diciendo:

24 ¿No consideras lo que este pueblo ha hablado, diciendo: Las dos familias que Yahweh ha escogido, incluso las ha desechado? Así han despreciado a mi pueblo, de modo que ya no sean una nación delante de ellos.

25 Así dice Yahweh: Si mi pacto no está con el día y la noche, y si no he establecido las ordenanzas del cielo y de la tierra;

26 entonces desecharé la descendencia de Jacob y de David mi siervo, de modo que no tome a ninguno de su descendencia para ser gobernantes sobre la descendencia de Abraham, Isaac y Jacob: porque haré volver su cautividad, y tendré misericordia de ellos.

Capítulo 34

1 La palabra que vino a Jeremías de Yeshua, cuando Nabucodonosor, rey de Babilonia, y todo su ejército, y todos los reinos de la tierra de su dominio, y todos los pueblos, peleaban contra Jerusalén, y contra todas sus ciudades, diciendo:

2 Así dice Yahweh, el Yahweh de Israel: Ve y habla a Sedequías, rey de Judá, y dile: Así dice Yahweh: He aquí, yo entregaré esta ciudad en mano del rey de Babilonia, y él la quemará con fuego:

3 Y tú no escaparás de su mano, sino que ciertamente serás tomado, y entregado en su mano; y tus ojos verán los ojos del rey de Babilonia, y él hablará contigo boca a boca, y tú irás a Babilonia.

4 Sin embargo, oye la palabra de Yeshua, oh Sedequías, rey de Judá: Así dice Yahweh acerca de ti: No morirás por la espada:

5 Sino que morirás en paz: y con las quemas de tus padres, los reyes anteriores que fueron antes de ti, así quemarán perfumes para ti; y te lamentarán, diciendo: ¡Ay, señor! porque yo he pronunciado la palabra, dice Yahweh.

6 Entonces el profeta Jeremías habló todas estas palabras a Sedequías, rey de Judá, en Jerusalén,

7 cuando el ejército del rey de Babilonia peleaba contra Jerusalén, y contra todas las ciudades de Judá que habían quedado, contra Laquis, y contra Azeca: porque estas ciudades fortificadas quedaban de las ciudades de Judá.

8 Ésta es la palabra que vino a Jeremías de Yeshua, después que el rey Sedequías hubo hecho un pacto con todo el pueblo que estaba en Jerusalén, para proclamarles libertad;

9 para que cada hombre dejase ir libre a su siervo, y cada hombre a su sierva, siendo hebreo o hebrea; para que ninguno se sirviese de ellos, a saber, de un judío su hermano.

10 Ahora bien, cuando todos los príncipes, y todo el pueblo, que habían entrado en el pacto, oyeron que cada uno debía dejar ir libre a su siervo, y cada uno a su sierva, para que ninguno se sirviese ya más de ellos, entonces obedecieron, y los dejaron ir.

11 Pero después se volvieron, e hicieron volver a los siervos y a las siervas, a quienes habían dejado ir libres, y los sometieron a servidumbre como siervos y como siervas.

12 Por tanto, la palabra de Yeshua vino a Jeremías de Yahweh, diciendo:

13 Así dice Yeshua, el Yeshua de Israel: Yo hice un pacto con vuestros padres en el día que los saqué de la tierra de Egipto, de la casa de siervos, diciendo:

14 Al cabo de siete años dejaréis ir cada uno a su hermano hebreo, que te ha sido vendido; y cuando te haya servido seis años, lo dejarás ir libre de ti: pero vuestros padres no me escucharon, ni inclinaron su oído.

15 Y vosotros os habíais vuelto ahora, y habíais hecho lo recto ante mis ojos, proclamando libertad cada hombre a su prójimo; y habíais hecho un pacto delante de mí en la casa que es llamada por mi nombre:

16 Pero os volvisteis y profanasteis mi nombre, e hicisteis volver cada hombre a su siervo, y cada hombre a su sierva, a quienes habíais puesto en libertad a su placer, y los sometisteis a servidumbre, para que os sean siervos y siervas.

17 Por tanto, así dice Yahweh: No me habéis escuchado, proclamando libertad, cada uno a su hermano, y cada hombre a su prójimo: he aquí, yo proclamo una libertad para vosotros, dice Yahweh, para la espada, para la pestilencia, y para el hambre; y haré que seáis removidos a todos los reinos de la tierra.

18 Y entregaré a los hombres que han transgredido mi pacto, que no han cumplido las palabras del pacto que habían hecho delante de mí, cuando cortaron el becerro en dos, y pasaron entre sus partes,

19 a los príncipes de Judá, y a los príncipes de Jerusalén, a los eunucos, y a los sacerdotes, y a todo el pueblo de la tierra, que pasaron entre las partes del becerro;

20 incluso los entregaré en mano de sus enemigos, y en mano de los que buscan su vida: y sus cadáveres serán por comida para las aves del cielo, y para las bestias de la tierra.

21 Y a Sedequías, rey de Judá, y a sus príncipes entregaré en mano de sus enemigos, y en mano de los que buscan su vida, y en mano del ejército del rey de Babilonia, que se han retirado de vosotros.

22 He aquí, yo mandaré, dice Yahweh, y haré que vuelvan a esta ciudad; y pelearán contra ella, y la tomarán, y la quemarán con fuego: y haré de las ciudades de Judá una desolación sin habitante.

Capítulo 35

1 La palabra que vino a Jeremías de Yeshua en los días de Joacim, hijo de Josías, rey de Judá, diciendo:

2 Ve a la casa de los recabitas, y habla con ellos, y tráelos a la casa de Yeshua, a una de las cámaras, y dales a beber vino.

3 Entonces tomé a Jaazanías, hijo de Jeremías, hijo de Habasinías, y a sus hermanos, y a todos sus hijos, y a toda la casa de los recabitas;

4 Y los traje a la casa de Yeshua, a la cámara de los hijos de Hanán, hijo de Igdalías, hombre de Yahweh, la cual estaba junto a la cámara de los príncipes, la cual estaba sobre la cámara de Maasías, hijo de Salum, el guardián de la puerta:

5 Y puse delante de los hijos de la casa de los recabitas ollas llenas de vino, y copas, y les dije: Bebed vino.

6 Pero ellos dijeron: No beberemos vino: porque Jonadab, hijo de Recab nuestro padre, nos mandó, diciendo: No beberéis vino, ni vosotros, ni vuestros hijos, para siempre:

7 Ni edificaréis casa, ni sembraréis simiente, ni plantaréis viña, ni tendréis ninguna: sino que todos vuestros días moraréis en tiendas; para que viváis muchos días en la tierra donde sois extranjeros.

8 Así hemos obedecido la voz de Jonadab, hijo de Recab nuestro padre, en todo lo que nos ha mandado, de no beber vino en todos nuestros días, nosotros, nuestras esposas, nuestros hijos, ni nuestras hijas;

9 ni de edificar casas para morar en ellas: ni tenemos viña, ni heredad, ni simiente:

10 Sino que hemos morado en tiendas, y hemos obedecido, y hecho conforme a todo lo que Jonadab nuestro padre nos mandó.

11 Pero aconteció que, cuando Nabucodonosor, rey de Babilonia, subió a la tierra, dijimos: Venid, y vayamos a Jerusalén por temor al ejército de los caldeos, y por temor al ejército de los sirios: y así moramos en Jerusalén.

12 Entonces vino la palabra de Yeshua a Jeremías, diciendo:

13 Así dice el Yahweh de los ejércitos, el Yahweh de Israel: Ve y di a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén: ¿No recibiréis instrucción para escuchar mis palabras? dice Yahweh.

14 Las palabras de Jonadab, hijo de Recab, que mandó a sus hijos no beber vino, han sido cumplidas; porque hasta este día no beben ninguno, sino que obedecen el mandamiento de su padre: no obstante, yo os he hablado, madrugando y hablando; pero no me habéis escuchado.

15 También os he enviado a todos mis siervos los profetas, madrugando y enviándolos, diciendo: Volveos ahora cada uno de su mal camino, y enmendad vuestras obras, y no vayáis tras otros dioses para servirles, y moraréis en la tierra que os he dado a vosotros y a vuestros padres: pero no habéis inclinado vuestro oído, ni me habéis escuchado.

16 Porque los hijos de Jonadab, hijo de Recab, han cumplido el mandamiento de su padre, que él les mandó; pero este pueblo no me ha escuchado:

17 Por tanto, así dice el Yahweh de los ejércitos, el Yahweh de Israel: He aquí, yo traeré sobre Judá y sobre todos los habitantes de Jerusalén todo el mal que he pronunciado contra ellos: porque les he hablado, pero no han oído; y los he llamado, pero no han respondido.

18 Y Jeremías dijo a la casa de los recabitas: Así dice el Yahweh de los ejércitos, el Yahweh de Israel: Porque habéis obedecido el mandamiento de Jonadab vuestro padre, y guardado todos sus preceptos, y hecho conforme a todo lo que él os ha mandado:

19 Por tanto, así dice el Yahweh de los ejércitos, el Yahweh de Israel: A Jonadab, hijo de Recab, no le faltará un hombre que esté delante de mí para siempre.

Capítulo 36

1 Y aconteció en el año cuarto de Joacim, hijo de Josías, rey de Judá, que esta palabra vino a Jeremías de Yeshua, diciendo:

2 Tómate un rollo de un libro, y escribe en él todas las palabras que te he hablado contra Israel, y contra Judá, y contra todas las naciones, desde el día en que te hablé, desde los días de Josías, incluso hasta este día.

3 Quizás la casa de Judá oiga todo el mal que pienso hacerles; para que se vuelva cada uno de su mal camino; para que yo perdone su iniquidad y su pecado.

4 Entonces Jeremías llamó a Baruc, hijo de Nerías: y Baruc escribió de la boca de Jeremías todas las palabras de Yeshua, que él le había hablado, sobre un rollo de un libro.

5 Y Jeremías mandó a Baruc, diciendo: Estoy encerrado; no puedo ir a la casa de Yeshua:

6 Por tanto, ve tú, y lee en el rollo, que has escrito de mi boca, las palabras de Yeshua en los oídos del pueblo en la casa de Yeshua en el día de ayuno: y también las leerás en los oídos de todo Judá que sale de sus ciudades.

7 Quizás presenten su súplica delante de Yeshua, y se vuelva cada uno de su mal camino: porque grande es la ira y el furor que Yahweh ha pronunciado contra este pueblo.

8 Y Baruc, hijo de Nerías, hizo conforme a todo lo que el profeta Jeremías le mandó, leyendo en el libro las palabras de Yeshua en la casa de Yeshua.

9 Y aconteció en el año quinto de Joacim, hijo de Josías, rey de Judá, en el mes noveno, que proclamaron un ayuno delante de Yeshua a todo el pueblo en Jerusalén, y a todo el pueblo que venía de las ciudades de Judá a Jerusalén.

10 Entonces Baruc leyó en el libro las palabras de Jeremías en la casa de Yeshua, en la cámara de Gemarías, hijo de Safán el escriba, en el atrio superior, a la entrada de la puerta nueva de la casa de Yeshua, en los oídos de todo el pueblo.

11 Cuando Micaías, hijo de Gemarías, hijo de Safán, hubo oído del libro todas las palabras de Yeshua,

12 entonces descendió a la casa del rey, a la cámara del escriba: y, he aquí, todos los príncipes estaban sentados allí, incluso Elisama el escriba, y Delaías, hijo de Semaías, y Elnatán, hijo de Acbor, y Gemarías, hijo de Safán, y Sedequías, hijo de Hananías, y todos los príncipes.

13 Entonces Micaías les declaró todas las palabras que había oído, cuando Baruc leyó el libro en los oídos del pueblo.

14 Por tanto, todos los príncipes enviaron a Jehudí, hijo de Netanías, hijo de Selemías, hijo de Cusi, a Baruc, diciendo: Toma en tu mano el rollo en el cual has leído en los oídos del pueblo, y ven. Y Baruc, hijo de Nerías, tomó el rollo en su mano, y vino a ellos.

15 Y le dijeron: Siéntate ahora, y léelo en nuestros oídos. Y Baruc lo leyó en sus oídos.

16 Y aconteció que, cuando hubieron oído todas las palabras, se atemorizaron unos y otros, y dijeron a Baruc: Ciertamente contaremos al rey todas estas palabras.

17 Y preguntaron a Baruc, diciendo: Dinos ahora: ¿Cómo escribiste todas estas palabras de su boca?

18 Entonces Baruc les respondió: Él pronunció todas estas palabras a mí con su boca, y yo las escribí con tinta en el libro.

19 Entonces dijeron los príncipes a Baruc: Ve, escóndete, tú y Jeremías; y que ningún hombre sepa dónde estáis.

20 Y entraron al rey en el atrio, pero depositaron el rollo en la cámara de Elisama el escriba, y contaron todas las palabras en los oídos del rey.

21 Y el rey envió a Jehudí a traer el rollo: y él lo sacó de la cámara de Elisama el escriba. Y Jehudí lo leyó en los oídos del rey, y en los oídos de todos los príncipes que estaban junto al rey.

22 Y el rey estaba sentado en la casa de invierno en el mes noveno: y había un fuego en el brasero ardiendo delante de él.

23 Y aconteció que, cuando Jehudí hubo leído tres o cuatro hojas, lo cortó con el cortaplumas, y lo echó en el fuego que estaba en el brasero, hasta que todo el rollo fue consumido en el fuego que estaba en el brasero.

24 Sin embargo, no tuvieron temor, ni rasgaron sus vestidos, ni el rey, ni ninguno de sus siervos que oyeron todas estas palabras.

25 No obstante, Elnatán y Delaías y Gemarías habían intercedido ante el rey para que no quemase el rollo; pero él no los escuchó.

26 Sino que el rey mandó a Jerameel, hijo de Hamelec, y a Seraías, hijo de Azriel, y a Selemías, hijo de Abdeel, que prendiesen a Baruc el escriba y a Jeremías el profeta; pero Yeshua los escondió.

27 Entonces vino palabra de Yeshua a Jeremías, después que el rey quemó el rollo y las palabras que Baruc había escrito al dictado de Jeremías, diciendo:

28 Toma de nuevo otro rollo, y escribe en él todas las palabras primeras que estaban en el primer rollo, que quemó Joacim, rey de Judá.

29 Y dirás a Joacim, rey de Judá: Así dice Yahweh: Tú quemaste este rollo, diciendo: ¿Por qué escribiste en él, diciendo: De cierto vendrá el rey de Babilonia y destruirá esta tierra, y hará cesar de ella a hombres y bestias?

30 Por tanto, así dice Yahweh acerca de Joacim, rey de Judá: No tendrá quien se siente sobre el trono de David; y su cuerpo muerto será echado al calor del día y a la escarcha de la noche.

31 Y castigaré a él y a su descendencia y a sus siervos por su iniquidad; y traeré sobre ellos, y sobre los habitantes de Jerusalén, y sobre los hombres de Judá, todo el mal que pronuncié contra ellos; pero no escucharon.

32 Entonces Jeremías tomó otro rollo, y lo dio a Baruc el escriba, hijo de Nerías; el cual escribió en él, al dictado de Jeremías, todas las palabras del libro que Joacim, rey de Judá, había quemado en el fuego; y fueron añadidas además a ellas muchas palabras semejantes.

Capítulo 37

1 Y reinó el rey Sedequías, hijo de Josías, en lugar de Conías, hijo de Joacim, a quien Nabucodonosor, rey de Babilonia, hizo rey en la tierra de Judá.

2 Pero ni él, ni sus siervos, ni el pueblo de la tierra escucharon las palabras de Yeshua, que habló por medio del profeta Jeremías.

3 Y el rey Sedequías envió a Jehucal, hijo de Selemías, y a Sofonías, hijo de Maasías, el sacerdote, al profeta Jeremías, diciendo: Ruega ahora a Yeshua por nosotros.

4 Ahora bien, Jeremías entraba y salía en medio del pueblo, porque aún no lo habían puesto en prisión.

5 Entonces el ejército de Faraón había salido de Egipto; y cuando los caldeos que sitiaban a Jerusalén oyeron noticias de ellos, se retiraron de Jerusalén.

6 Entonces vino palabra de Yeshua al profeta Jeremías, diciendo:

7 Así dice Yahweh, el Yahweh de Israel: Así diréis al rey de Judá, que os envió a mí para consultarme: He aquí, el ejército de Faraón, que ha salido para ayudaros, volverá a Egipto, a su propia tierra.

8 Y los caldeos vendrán otra vez, y pelearán contra esta ciudad, y la tomarán, y la quemarán a fuego.

9 Así dice Yahweh: No os engañéis a vosotros mismos, diciendo: De cierto se irán los caldeos de nosotros; porque no se irán.

10 Porque aunque hirieseis a todo el ejército de los caldeos que pelean contra vosotros, y quedasen entre ellos solo hombres heridos, aun así se levantarían cada uno en su tienda, y quemarían esta ciudad a fuego.

11 Y aconteció que, cuando el ejército de los caldeos se retiró de Jerusalén por temor al ejército de Faraón,

12 entonces Jeremías salió de Jerusalén para ir a la tierra de Benjamín, para apartarse allí en medio del pueblo.

13 Y cuando estuvo en la puerta de Benjamín, había allí un capitán de la guardia, cuyo nombre era Irías, hijo de Selemías, hijo de Hananías; y prendió a Jeremías el profeta, diciendo: Tú te pasas a los caldeos.

14 Entonces dijo Jeremías: Es falso; no me paso a los caldeos. Pero él no le escuchó; así que Irías prendió a Jeremías, y lo llevó a los príncipes.

15 Por lo cual los príncipes se enojaron contra Jeremías, y lo hirieron, y lo pusieron en prisión en la casa de Jonatán el escriba, porque la habían convertido en prisión.

16 Cuando Jeremías entró en la mazmorra y en las celdas, y Jeremías había permanecido allí muchos días;

17 entonces el rey Sedequías envió, y lo sacó; y el rey le preguntó en secreto en su casa, y dijo: ¿Hay alguna palabra de Yeshua? Y Jeremías dijo: La hay; porque, dijo él, serás entregado en mano del rey de Babilonia.

18 Además Jeremías dijo al rey Sedequías: ¿En qué he ofendido contra ti, o contra tus siervos, o contra este pueblo, para que me hayáis puesto en prisión?

19 ¿Dónde están ahora vuestros profetas que os profetizaban, diciendo: El rey de Babilonia no vendrá contra vosotros, ni contra esta tierra?

20 Por tanto, oye ahora, te ruego, oh mi señor el rey: sea aceptada, te ruego, mi súplica delante de ti; no me hagas volver a la casa de Jonatán el escriba, no sea que muera allí.

21 Entonces el rey Sedequías mandó que pusiesen a Jeremías en el patio de la prisión, y que le diesen cada día un pedazo de pan de la calle de los panaderos, hasta que se acabase todo el pan de la ciudad. Así Jeremías permaneció en el patio de la prisión.

Capítulo 38

1 Entonces Sefatías, hijo de Matán, y Gedalías, hijo de Pasur, y Jucal, hijo de Selemías, y Pasur, hijo de Malquías, oyeron las palabras que Jeremías había hablado a todo el pueblo, diciendo:

2 Así dice Yahweh: El que permanezca en esta ciudad morirá a espada, de hambre y de pestilencia; pero el que salga a los caldeos vivirá, porque tendrá su vida por botín, y vivirá.

3 Así dice Yahweh: Esta ciudad será ciertamente entregada en mano del ejército del rey de Babilonia, el cual la tomará.

4 Por tanto los príncipes dijeron al rey: Te rogamos, sea muerto este hombre; porque así debilita las manos de los hombres de guerra que quedan en esta ciudad, y las manos de todo el pueblo, hablándoles tales palabras; porque este hombre no busca el bienestar de este pueblo, sino el daño.

5 Entonces el rey Sedequías dijo: He aquí, él está en vuestra mano; porque el rey no es quien pueda hacer cosa alguna contra vosotros.

6 Entonces tomaron a Jeremías, y lo echaron en la mazmorra de Malquías, hijo de Hamelec, que estaba en el patio de la prisión; y bajaron a Jeremías con cuerdas. Y en la mazmorra no había agua, sino lodo; así que Jeremías se hundió en el lodo.

7 Y cuando Ebed-melec el etíope, uno de los eunucos que estaba en la casa del rey, oyó que habían puesto a Jeremías en la mazmorra; estando entonces el rey sentado en la puerta de Benjamín;

8 Ebed-melec salió de la casa del rey, y habló al rey, diciendo:

9 Mi señor el rey, estos hombres han hecho mal en todo lo que han hecho a Jeremías el profeta, a quien han echado en la mazmorra; y es probable que muera de hambre en el lugar donde está, porque ya no hay pan en la ciudad.

10 Entonces el rey mandó a Ebed-melec el etíope, diciendo: Toma contigo desde aquí treinta hombres, y saca a Jeremías el profeta de la mazmorra, antes que muera.

11 Así Ebed-melec tomó a los hombres consigo, y entró en la casa del rey, debajo del tesoro, y tomó de allí trapos viejos desechados y harapos viejos podridos, y los bajó con cuerdas a la mazmorra, a Jeremías.

12 Y Ebed-melec el etíope dijo a Jeremías: Pon ahora estos trapos viejos desechados y harapos podridos debajo de tus sobacos, debajo de las cuerdas. Y Jeremías lo hizo así.

13 Así subieron a Jeremías con cuerdas, y lo sacaron de la mazmorra; y Jeremías permaneció en el patio de la prisión.

14 Entonces el rey Sedequías envió, y trajo a Jeremías el profeta a la tercera entrada que está en la casa de Yeshua; y el rey dijo a Jeremías: Te preguntaré una cosa; no me ocultes nada.

15 Entonces Jeremías dijo a Sedequías: Si te lo declaro, ¿no me darás ciertamente muerte? Y si te doy consejo, ¿no me escucharás?

16 Así Sedequías el rey juró en secreto a Jeremías, diciendo: Vive Yahweh, que nos hizo esta alma, que no te daré muerte, ni te entregaré en mano de estos hombres que buscan tu vida.

17 Entonces Jeremías dijo a Sedequías: Así dice Yeshua, el Yeshua de los ejércitos, el Yeshua de Israel: Si ciertamente sales a los príncipes del rey de Babilonia, entonces tu alma vivirá, y esta ciudad no será quemada a fuego; y vivirás tú, y tu casa;

18 pero si no sales a los príncipes del rey de Babilonia, entonces esta ciudad será entregada en mano de los caldeos, y la quemarán a fuego, y tú no escaparás de su mano.

19 Y el rey Sedequías dijo a Jeremías: Tengo temor de los judíos que se han pasado a los caldeos, no sea que me entreguen en su mano, y se burlen de mí.

20 Pero Jeremías dijo: No te entregarán. Obedece, te ruego, la voz de Yeshua, que yo te hablo; así te irá bien, y tu alma vivirá.

21 Pero si rehúsas salir, esta es la palabra que Yeshua me ha mostrado:

22 Y, he aquí, todas las mujeres que han quedado en la casa del rey de Judá serán sacadas a los príncipes del rey de Babilonia, y aquellas mujeres dirán: Tus amigos te han incitado, y han prevalecido contra ti; tus pies están hundidos en el lodo, y ellos se han vuelto atrás.

23 Así sacarán a todas tus mujeres y a tus hijos a los caldeos; y tú no escaparás de su mano, sino que serás apresado por la mano del rey de Babilonia; y harás que esta ciudad sea quemada a fuego.

24 Entonces Sedequías dijo a Jeremías: Que ningún hombre sepa estas palabras, y no morirás.

25 Pero si los príncipes oyen que he hablado contigo, y vienen a ti, y te dicen: Decláranos ahora lo que has dicho al rey, no nos lo ocultes, y no te daremos muerte; también lo que el rey te dijo;

26 entonces les dirás: Presenté mi súplica delante del rey, para que no me hiciese volver a la casa de Jonatán, para morir allí.

27 Entonces vinieron todos los príncipes a Jeremías, y le preguntaron; y él les dijo conforme a todas estas palabras que el rey había mandado. Así dejaron de hablar con él, porque el asunto no fue percibido.

28 Así Jeremías permaneció en el patio de la prisión hasta el día en que Jerusalén fue tomada; y él estaba allí cuando Jerusalén fue tomada.

Capítulo 39

1 En el año noveno de Sedequías, rey de Judá, en el mes décimo, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, y todo su ejército contra Jerusalén, y la sitiaron.

2 Y en el año undécimo de Sedequías, en el mes cuarto, el día noveno del mes, la ciudad fue abierta.

3 Y entraron todos los príncipes del rey de Babilonia, y se sentaron en la puerta del medio: Nergal-sarezer, Samgar-nebo, Sarsequim, Rabsaris, Nergal-sarezer, Rabmag, con todo el resto de los príncipes del rey de Babilonia.

4 Y aconteció que, cuando Sedequías, rey de Judá, los vio, y todos los hombres de guerra, huyeron, y salieron de la ciudad de noche, por el camino del jardín del rey, por la puerta que está entre los dos muros; y él salió por el camino de la llanura.

5 Pero el ejército de los caldeos los persiguió, y alcanzaron a Sedequías en las llanuras de Jericó; y cuando lo hubieron tomado, lo llevaron a Nabucodonosor, rey de Babilonia, a Ribla, en la tierra de Hamat, donde pronunció juicio sobre él.

6 Entonces el rey de Babilonia degolló a los hijos de Sedequías en Ribla, ante sus ojos; también el rey de Babilonia degolló a todos los nobles de Judá.

7 Además sacó los ojos a Sedequías, y lo ató con cadenas, para llevarlo a Babilonia.

8 Y los caldeos quemaron la casa del rey, y las casas del pueblo, con fuego, y derribaron los muros de Jerusalén.

9 Entonces Nabuzaradán, capitán de la guardia, llevó cautivo a Babilonia al remanente del pueblo que había quedado en la ciudad, y a los que se habían rendido, que se pasaron a él, con el resto del pueblo que había quedado.

10 Pero Nabuzaradán, capitán de la guardia, dejó en la tierra de Judá a los pobres del pueblo, que no tenían nada, y les dio viñas y campos en aquel tiempo.

11 Y Nabucodonosor, rey de Babilonia, dio orden acerca de Jeremías a Nabuzaradán, capitán de la guardia, diciendo:

12 Tómalo, y mira bien por él, y no le hagas ningún mal; sino haz con él aun como él te diga.

13 Así Nabuzaradán, capitán de la guardia, envió, y Nebusazbán, Rabsaris, y Nergal-sarezer, Rabmag, y todos los príncipes del rey de Babilonia;

14 ellos enviaron, y sacaron a Jeremías del patio de la prisión, y lo entregaron a Gedalías, hijo de Ahicam, hijo de Safán, para que lo llevase a casa; así habitó en medio del pueblo.

15 Y vino palabra de Yeshua a Jeremías, mientras estaba encerrado en el patio de la prisión, diciendo:

16 Ve y habla a Ebed-melec el etíope, diciendo: Así dice el Yahweh de los ejércitos, el Yahweh de Israel: He aquí, yo traeré mis palabras sobre esta ciudad para mal, y no para bien; y se cumplirán en aquel día delante de ti.

17 Pero yo te libraré en aquel día, dice Yeshua; y no serás entregado en mano de los hombres de quienes tienes temor.

18 Porque ciertamente te libraré, y no caerás a espada, sino que tu vida te será por botín, porque pusiste tu confianza en mí, dice Yeshua.

Capítulo 40

1 La palabra que vino a Jeremías de Yeshua, después que Nabuzaradán, capitán de la guardia, lo dejó ir desde Ramá, cuando lo había tomado estando atado con cadenas entre todos los que eran llevados cautivos de Jerusalén y de Judá, que fueron llevados cautivos a Babilonia.

2 Y el capitán de la guardia tomó a Jeremías, y le dijo: Yahweh ha pronunciado este mal sobre este lugar.

3 Y Yahweh lo ha traído, y ha hecho conforme a lo que dijo; porque habéis pecado contra Yahweh, y no habéis obedecido su voz, por tanto os ha sobrevenido esta cosa.

4 Y ahora, he aquí, yo te suelto hoy de las cadenas que estaban sobre tu mano. Si te parece bien venir conmigo a Babilonia, ven; y yo miraré bien por ti; pero si te parece mal venir conmigo a Babilonia, déjalo; he aquí, toda la tierra está delante de ti; adonde te parezca bueno y conveniente ir, allí ve.

5 Y mientras aún no se había vuelto, dijo: Vuelve también a Gedalías, hijo de Ahicam, hijo de Safán, a quien el rey de Babilonia ha puesto por gobernador sobre las ciudades de Judá, y habita con él en medio del pueblo; o ve adonde te parezca conveniente ir. Así el capitán de la guardia le dio provisiones y una recompensa, y lo dejó ir.

6 Entonces Jeremías fue a Gedalías, hijo de Ahicam, a Mizpa; y habitó con él en medio del pueblo que había quedado en la tierra.

7 Y cuando todos los capitanes de las fuerzas que estaban en los campos, ellos y sus hombres, oyeron que el rey de Babilonia había puesto a Gedalías, hijo de Ahicam, por gobernador en la tierra, y que le había encomendado hombres, y mujeres, y niños, y de los pobres de la tierra, de los que no fueron llevados cautivos a Babilonia;

8 entonces vinieron a Gedalías a Mizpa: Ismael, hijo de Netanías, y Johanán y Jonatán, los hijos de Carea, y Seraías, hijo de Tanumet, y los hijos de Efai el netofatita, y Jezanías, hijo de un maacateo, ellos y sus hombres.

9 Y Gedalías, hijo de Ahicam, hijo de Safán, les juró a ellos y a sus hombres, diciendo: No temáis servir a los caldeos; habitad en la tierra, y servid al rey de Babilonia, y os irá bien.

10 En cuanto a mí, he aquí, habitaré en Mizpa, para servir a los caldeos que vengan a nosotros; pero vosotros, recoged el vino, y los frutos de verano, y el aceite, y ponedlos en vuestras vasijas, y habitad en vuestras ciudades que habéis tomado.

11 Asimismo, cuando todos los judíos que estaban en Moab, y entre los amonitas, y en Edom, y que estaban en todos los países, oyeron que el rey de Babilonia había dejado un remanente de Judá, y que había puesto sobre ellos a Gedalías, hijo de Ahicam, hijo de Safán;

12 aun todos los judíos volvieron de todos los lugares adonde habían sido arrojados, y vinieron a la tierra de Judá, a Gedalías, a Mizpa, y recogieron vino y frutos de verano en gran abundancia.

13 Además Johanán, hijo de Carea, y todos los capitanes de las fuerzas que estaban en los campos, vinieron a Gedalías a Mizpa,

14 y le dijeron: ¿Sabes ciertamente que Baalis, rey de los amonitas, ha enviado a Ismael, hijo de Netanías, para matarte? Pero Gedalías, hijo de Ahicam, no les creyó.

15 Entonces Johanán, hijo de Carea, habló a Gedalías en Mizpa en secreto, diciendo: Déjame ir, te ruego, y mataré a Ismael, hijo de Netanías, y ningún hombre lo sabrá; ¿por qué habría de matarte él, para que todos los judíos que se han reunido a ti sean dispersados, y perezca el remanente en Judá?

16 Pero Gedalías, hijo de Ahicam, dijo a Johanán, hijo de Carea: No hagas esta cosa; porque hablas falsamente de Ismael.

Capítulo 41

1 Y aconteció en el mes séptimo, que Ismael, hijo de Netanías, hijo de Elisama, de la descendencia real, y los príncipes del rey, aun diez hombres con él, vinieron a Gedalías, hijo de Ahicam, a Mizpa; y allí comieron pan juntos en Mizpa.

2 Entonces se levantó Ismael, hijo de Netanías, y los diez hombres que estaban con él, e hirieron a espada a Gedalías, hijo de Ahicam, hijo de Safán, y lo mataron, a quien el rey de Babilonia había puesto por gobernador sobre la tierra.

3 Ismael también mató a todos los judíos que estaban con él, aun con Gedalías, en Mizpa, y a los caldeos que se hallaron allí, y a los hombres de guerra.

4 Y aconteció al segundo día después que hubo matado a Gedalías, y ningún hombre lo sabía,

5 que vinieron unos de Siquem, de Silo y de Samaria, aun ochenta hombres, con la barba rapada, y los vestidos rasgados, y habiéndose hecho cortes, con ofrendas e incienso en su mano, para llevarlos a la casa de Yeshua.

6 E Ismael, hijo de Netanías, salió de Mizpa a recibirlos, llorando todo el camino mientras iba; y aconteció que, cuando los encontró, les dijo: Venid a Gedalías, hijo de Ahicam.

7 Y sucedió que, cuando llegaron al medio de la ciudad, Ismael, hijo de Netanías, los mató, y los echó en medio de la cisterna, él y los hombres que estaban con él.

8 Pero se hallaron entre ellos diez hombres que dijeron a Ismael: No nos mates; porque tenemos tesoros en el campo, de trigo, y de cebada, y de aceite, y de miel. Así que él se abstuvo, y no los mató entre sus hermanos.

9 Y la cisterna en la que Ismael había echado todos los cuerpos muertos de los hombres a quienes había matado a causa de Gedalías, era la que el rey Asa había hecho por temor a Baasa, rey de Israel; e Ismael, hijo de Netanías, la llenó con los que fueron muertos.

10 Entonces Ismael llevó cautivo a todo el remanente del pueblo que estaba en Mizpa, aun a las hijas del rey, y a todo el pueblo que había quedado en Mizpa, a quienes Nabuzaradán, capitán de la guardia, había encomendado a Gedalías, hijo de Ahicam; e Ismael, hijo de Netanías, los llevó cautivos, y partió para pasarse a los amonitas.

11 Pero cuando Johanán, hijo de Carea, y todos los capitanes de las fuerzas que estaban con él, oyeron todo el mal que Ismael, hijo de Netanías, había hecho,

12 entonces tomaron a todos los hombres, y fueron a pelear con Ismael, hijo de Netanías, y lo hallaron junto a las grandes aguas que están en Gabaón.

13 Y aconteció que, cuando todo el pueblo que estaba con Ismael vio a Johanán, hijo de Carea, y a todos los capitanes de las fuerzas que estaban con él, entonces se alegraron.

14 Así todo el pueblo que Ismael había llevado cautivo desde Mizpa se volvió y regresó, y fue a Johanán, hijo de Carea.

15 Pero Ismael, hijo de Netanías, escapó de Johanán con ocho hombres, y fue a los amonitas.

16 Entonces Johanán, hijo de Carea, y todos los capitanes de las fuerzas que estaban con él, tomaron a todo el remanente del pueblo que había recobrado de Ismael, hijo de Netanías, desde Mizpa, después que él hubo matado a Gedalías, hijo de Ahicam: hombres valientes de guerra, y las mujeres, y los niños, y los eunucos, a quienes había traído de vuelta desde Gabaón;

17 y partieron, y habitaron en la morada de Quimham, que está junto a Belén, para ir a entrar en Egipto,

18 a causa de los caldeos; porque tenían temor de ellos, porque Ismael, hijo de Netanías, había matado a Gedalías, hijo de Ahicam, a quien el rey de Babilonia puso por gobernador en la tierra.

Capítulo 42

1 Entonces todos los capitanes de las fuerzas, y Johanán, hijo de Carea, y Jezanías, hijo de Hosaías, y todo el pueblo desde el menor hasta el mayor, se acercaron,

2 y dijeron a Jeremías el profeta: Sea aceptada, te rogamos, nuestra súplica delante de ti, y ruega por nosotros a Yeshua, aun por todo este remanente; (porque hemos quedado unos pocos de muchos, como tus ojos nos ven:)

3 para que Yeshua nos muestre el camino por donde debemos andar, y la cosa que debemos hacer.

4 Entonces Jeremías el profeta les dijo: Os he oído; he aquí, rogaré a Yeshua conforme a vuestras palabras; y acontecerá que toda cosa que Yeshua os responda, os la declararé; nada os ocultaré.

5 Entonces ellos dijeron a Jeremías: Sea Yahweh testigo verdadero y fiel entre nosotros, si no hacemos conforme a todas las cosas para las cuales Yahweh te envíe a nosotros.

6 Sea bueno, o sea malo, obedeceremos la voz de Yahweh, a quien te enviamos; para que nos vaya bien, cuando obedezcamos la voz de Yahweh.

7 Y aconteció después de diez días, que vino palabra de Yeshua a Jeremías.

8 Entonces llamó a Johanán, hijo de Carea, y a todos los capitanes de las fuerzas que estaban con él, y a todo el pueblo desde el menor hasta el mayor,

9 y les dijo: Así dice Yeshua, el Yeshua de Israel, a quien me enviasteis para presentar vuestra súplica delante de él;

10 Si aún permanecéis en esta tierra, entonces os edificaré, y no os derribaré, y os plantaré, y no os arrancaré; porque me arrepiento del mal que os he hecho.

11 No temáis al rey de Babilonia, de quien tenéis temor; no le temáis, dice Yeshua; porque yo estoy con vosotros para salvaros, y para libraros de su mano.

12 Y os mostraré misericordias, para que él tenga misericordia de vosotros, y os haga volver a vuestra propia tierra.

13 Pero si decís: No habitaremos en esta tierra, ni obedeceremos la voz de Yahweh,

14 diciendo: No; sino que iremos a la tierra de Egipto, donde no veremos guerra, ni oiremos sonido de trompeta, ni tendremos hambre de pan; y allí habitaremos;

15 y ahora, por tanto, oíd la palabra de Yeshua, oh remanente de Judá: Así dice el Yahweh de los ejércitos, el Yahweh de Israel: Si ponéis totalmente vuestros rostros para entrar en Egipto, y vais a morar allí;

16 entonces acontecerá que la espada, que temisteis, os alcanzará allí en la tierra de Egipto, y el hambre, de la cual tuvisteis temor, os seguirá de cerca allí en Egipto; y allí moriréis.

17 Así será con todos los hombres que pongan sus rostros para ir a Egipto a morar allí; morirán a espada, de hambre y de pestilencia; y ninguno de ellos quedará ni escapará del mal que yo traeré sobre ellos.

18 Porque así dice el Yahweh de los ejércitos, el Yahweh de Israel: Como mi ira y mi furor han sido derramados sobre los habitantes de Jerusalén, así mi furor será derramado sobre vosotros, cuando entréis en Egipto; y seréis por execración, y por asombro, y por maldición, y por oprobio; y no veréis más este lugar.

19 Yahweh ha dicho acerca de vosotros, oh remanente de Judá: No vayáis a Egipto; sabed ciertamente que os he amonestado hoy.

20 Porque disimulasteis en vuestros corazones, cuando me enviasteis a Yeshua, diciendo: Ruega por nosotros a Yeshua; y conforme a todo lo que Yeshua diga, así decláranoslo, y lo haremos.

21 Y ahora os lo he declarado hoy; pero no habéis obedecido la voz de Yahweh, ni ninguna cosa por la cual él me ha enviado a vosotros.

22 Ahora, por tanto, sabed ciertamente que moriréis a espada, de hambre y de pestilencia, en el lugar adonde deseáis ir y morar.

Capítulo 43

1 Y aconteció que, cuando Jeremías acabó de hablar a todo el pueblo todas las palabras de Yeshua, por las cuales Yahweh lo había enviado a ellos, aun todas estas palabras,

2 entonces Azarías, hijo de Hosaías, y Johanán, hijo de Carea, y todos los hombres soberbios, hablaron a Jeremías, diciendo: Hablas falsamente: Yahweh no te ha enviado a decir: No vayáis a Egipto a morar allí;

3 sino que Baruc, hijo de Nerías, te incita contra nosotros, para entregarnos en mano de los caldeos, para que nos den muerte, y nos lleven cautivos a Babilonia.

4 Así Johanán, hijo de Carea, y todos los capitanes de las fuerzas, y todo el pueblo, no obedecieron la voz de Yahweh, para habitar en la tierra de Judá.

5 Sino que Johanán, hijo de Carea, y todos los capitanes de las fuerzas, tomaron a todo el remanente de Judá, que había vuelto de todas las naciones adonde habían sido arrojados, para habitar en la tierra de Judá;

6 a hombres, y mujeres, y niños, y las hijas del rey, y a toda persona que Nabuzaradán, capitán de la guardia, había dejado con Gedalías, hijo de Ahicam, hijo de Safán, y a Jeremías el profeta, y a Baruc, hijo de Nerías.

7 Así vinieron a la tierra de Egipto, porque no obedecieron la voz de Yahweh; así llegaron aun hasta Tafnes.

8 Entonces vino palabra de Yeshua a Jeremías en Tafnes, diciendo:

9 Toma grandes piedras en tu mano, y escóndelas en el barro en el horno de ladrillos, que está a la entrada de la casa de Faraón en Tafnes, a vista de los hombres de Judá;

10 y diles: Así dice el Yahweh de los ejércitos, el Yahweh de Israel: He aquí, yo enviaré y tomaré a Nabucodonosor, rey de Babilonia, mi siervo, y pondré su trono sobre estas piedras que he escondido; y él extenderá su pabellón real sobre ellas.

11 Y cuando él venga, herirá la tierra de Egipto, y entregará los que son para muerte a muerte; y los que son para cautiverio a cautiverio; y los que son para espada a espada.

12 Y encenderé fuego en las casas de los dioses de Egipto; y él los quemará, y los llevará cautivos; y se vestirá de la tierra de Egipto, como el pastor se pone su manto; y saldrá de allí en paz.

13 También quebrará las imágenes de Bet-semes, que está en la tierra de Egipto; y las casas de los dioses de los egipcios quemará a fuego.

Capítulo 44

1 La palabra que vino a Jeremías acerca de todos los judíos que habitan en la tierra de Egipto, que habitan en Migdol, y en Tafnes, y en Nof, y en la región de Patros, diciendo:

2 Así dice el Yahweh de los ejércitos, el Yahweh de Israel: Vosotros habéis visto todo el mal que traje sobre Jerusalén, y sobre todas las ciudades de Judá; y, he aquí, hoy son una desolación, y ningún hombre habita en ellas,

3 a causa de su maldad que han cometido para provocarme a ira, en que fueron a quemar incienso, y a servir a otros dioses, a quienes no conocieron, ni ellos, ni vosotros, ni vuestros padres.

4 Sin embargo, os envié a todos mis siervos los profetas, levantándome temprano y enviándolos, diciendo: Oh, no hagáis esta cosa abominable que yo aborrezco.

5 Pero no escucharon, ni inclinaron su oído para apartarse de su maldad, para no quemar incienso a otros dioses.

6 Por lo cual mi furor y mi ira fueron derramados, y se encendieron en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén; y están asoladas y desoladas, como en este día.

7 Por tanto, ahora así dice Yahweh, el Yahweh de los ejércitos, el Yahweh de Israel: ¿Por qué cometéis este gran mal contra vuestras almas, para cortar de vosotros hombre y mujer, niño y lactante, de Judá, para no dejaros ninguno que quede?

8 En que me provocáis a ira con las obras de vuestras manos, quemando incienso a otros dioses en la tierra de Egipto, adonde habéis ido a habitar, para cortaros a vosotros mismos, y para ser por maldición y por oprobio entre todas las naciones de la tierra.

9 ¿Habéis olvidado la maldad de vuestros padres, y la maldad de los reyes de Judá, y la maldad de sus mujeres, y vuestra propia maldad, y la maldad de vuestras mujeres, que han cometido en la tierra de Judá, y en las calles de Jerusalén?

10 No se han humillado aun hasta hoy, ni han temido, ni andado en mi ley, ni en mis estatutos, que puse delante de vosotros y delante de vuestros padres.

11 Por tanto, así dice el Yahweh de los ejércitos, el Yahweh de Israel: He aquí, yo pondré mi rostro contra vosotros para mal, y para cortar a todo Judá.

12 Y tomaré al remanente de Judá, que ha puesto sus rostros para ir a la tierra de Egipto a morar allí, y todos serán consumidos, y caerán en la tierra de Egipto; aun serán consumidos a espada y de hambre; morirán, desde el menor hasta el mayor, a espada y de hambre; y serán por execración, y por asombro, y por maldición, y por oprobio.

13 Porque castigaré a los que habitan en la tierra de Egipto, como castigué a Jerusalén, a espada, de hambre y de pestilencia;

14 de modo que ninguno del remanente de Judá, que ha ido a la tierra de Egipto a morar allí, escapará ni quedará, para volver a la tierra de Judá, a la cual tienen deseo de volver para habitar allí; porque ninguno volverá, sino los que escaparen.

15 Entonces todos los hombres que sabían que sus mujeres habían quemado incienso a otros dioses, y todas las mujeres que estaban presentes, una gran multitud, aun todo el pueblo que habitaba en la tierra de Egipto, en Patros, respondieron a Jeremías, diciendo:

16 En cuanto a la palabra que nos has hablado en el nombre de Yeshua, no te escucharemos.

17 Sino que ciertamente haremos toda cosa que sale de nuestra propia boca, para quemar incienso a la reina del cielo, y para derramarle libaciones, como hemos hecho, nosotros, y nuestros padres, nuestros reyes, y nuestros príncipes, en las ciudades de Judá, y en las calles de Jerusalén; porque entonces tuvimos abundancia de provisiones, y estuvimos bien, y no vimos mal.

18 Pero desde que dejamos de quemar incienso a la reina del cielo, y de derramarle libaciones, nos ha faltado todo, y hemos sido consumidos a espada y de hambre.

19 Y cuando quemábamos incienso a la reina del cielo, y le derramábamos libaciones, ¿le hacíamos tortas para adorarla, y le derramábamos libaciones, sin nuestros hombres?

20 Entonces Jeremías dijo a todo el pueblo, a los hombres, y a las mujeres, y a todo el pueblo que le había dado aquella respuesta, diciendo:

21 El incienso que quemasteis en las ciudades de Judá, y en las calles de Jerusalén, vosotros, y vuestros padres, vuestros reyes, y vuestros príncipes, y el pueblo de la tierra, ¿no lo recordó Yahweh, y no vino a su mente?

22 De modo que Yahweh no pudo soportar más, a causa de la maldad de vuestras obras, y a causa de las abominaciones que habéis cometido; por tanto vuestra tierra es una desolación, y un asombro, y una maldición, sin habitante, como en este día.

23 Porque habéis quemado incienso, y porque habéis pecado contra Yahweh, y no habéis obedecido la voz de Yahweh, ni andado en su ley, ni en sus estatutos, ni en sus testimonios; por tanto os ha sobrevenido este mal, como en este día.

24 Además Jeremías dijo a todo el pueblo, y a todas las mujeres: Oíd la palabra de Yeshua, todo Judá que está en la tierra de Egipto:

25 Así dice el Yahweh de los ejércitos, el Yahweh de Israel, diciendo: Vosotros y vuestras mujeres habéis hablado con vuestras bocas, y cumplido con vuestra mano, diciendo: Ciertamente cumpliremos nuestros votos que hemos hecho, de quemar incienso a la reina del cielo, y de derramarle libaciones; ciertamente cumpliréis vuestros votos, y ciertamente llevaréis a cabo vuestros votos.

26 Por tanto, oíd la palabra de Yeshua, todo Judá que habita en la tierra de Egipto: He aquí, he jurado por mi gran nombre, dice Yahweh, que mi nombre no será ya nombrado en la boca de ningún hombre de Judá en toda la tierra de Egipto, diciendo: Vive Yahweh.

27 He aquí, yo velaré sobre ellos para mal, y no para bien; y todos los hombres de Judá que están en la tierra de Egipto serán consumidos a espada y de hambre, hasta que haya un fin de ellos.

28 Sin embargo, un pequeño número que escape de la espada volverá de la tierra de Egipto a la tierra de Judá, y todo el remanente de Judá, que ha ido a la tierra de Egipto a morar allí, sabrá de quién serán las palabras que permanecerán, las mías, o las suyas.

29 Y esta os será por señal, dice Yahweh, de que yo os castigaré en este lugar, para que sepáis que mis palabras ciertamente permanecerán contra vosotros para mal:

30 Así dice Yahweh: He aquí, yo entregaré a Faraón Hofra, rey de Egipto, en mano de sus enemigos, y en mano de los que buscan su vida; como entregué a Sedequías, rey de Judá, en mano de Nabucodonosor, rey de Babilonia, su enemigo, y que buscaba su vida.

Capítulo 45

1 La palabra que Jeremías el profeta habló a Baruc, hijo de Nerías, cuando él había escrito estas palabras en un libro al dictado de Jeremías, en el año cuarto de Joacim, hijo de Josías, rey de Judá, diciendo:

2 Así dice Yahweh, el Yahweh de Israel, a ti, oh Baruc:

3 Tú dijiste: ¡Ay de mí ahora! Porque Yahweh ha añadido dolor a mi tristeza; me fatigué en mi gemido, y no hallo descanso.

4 Así le dirás: Yahweh dice así: He aquí, lo que yo edifiqué lo derribaré, y lo que planté lo arrancaré, aun toda esta tierra.

5 ¿Y buscas para ti grandes cosas? No las busques; porque, he aquí, yo traeré mal sobre toda carne, dice Yahweh; pero tu vida te daré por botín en todos los lugares adonde vayas.

Capítulo 46

1 La palabra de Yeshua que vino a Jeremías el profeta contra los gentiles;

2 Contra Egipto, contra el ejército de Faraón Necao, rey de Egipto, que estaba junto al río Éufrates en Carquemis, al cual Nabucodonosor, rey de Babilonia, hirió en el año cuarto de Joacim, hijo de Josías, rey de Judá.

3 Ordenad el escudo pequeño y el escudo grande, y acercaos a la batalla.

4 Uncid los caballos; y subid, oh jinetes, y presentaos con vuestros yelmos; bruñid las lanzas, y poneos las cotas.

5 ¿Por qué los he visto desmayados y vueltos atrás? Y sus valientes son quebrantados, y han huido apresuradamente, y no miran atrás; porque el temor estaba por todas partes, dice Yahweh.

6 No huya el ligero, ni escape el valiente; tropezarán, y caerán hacia el norte, junto al río Éufrates.

7 ¿Quién es este que sube como una inundación, cuyas aguas se mueven como los ríos?

8 Egipto sube como una inundación, y sus aguas se mueven como los ríos; y él dice: Subiré, y cubriré la tierra; destruiré la ciudad y a sus habitantes.

9 Subid, oh caballos; y enloqueced, oh carros; y salgan los valientes: los etíopes y los libios, que manejan el escudo; y los lidios, que manejan y entesan el arco.

10 Porque este es el día del Yahweh de los ejércitos, un día de venganza, para que se vengue de sus adversarios; y la espada devorará, y se saciará y se embriagará con su sangre; porque el Yahweh de los ejércitos tiene un sacrificio en la tierra del norte, junto al río Éufrates.

11 Sube a Galaad, y toma bálsamo, oh virgen, hija de Egipto; en vano usarás muchas medicinas; porque no serás curada.

12 Las naciones han oído de tu vergüenza, y tu clamor ha llenado la tierra; porque el valiente ha tropezado contra el valiente, y han caído ambos juntos.

13 La palabra que Yeshua habló a Jeremías el profeta, de cómo Nabucodonosor, rey de Babilonia, vendría y heriría la tierra de Egipto.

14 Declarad en Egipto, y publicad en Migdol, y publicad en Nof y en Tafnes; decid: Mantente firme, y prepárate; porque la espada devorará en derredor de ti.

15 ¿Por qué han sido barridos tus valientes? No se mantuvieron, porque Yeshua los empujó.

16 Él hizo caer a muchos, sí, uno cayó sobre otro; y dijeron: Levántate, y volvamos a nuestro propio pueblo, y a la tierra de nuestro nacimiento, lejos de la espada opresora.

17 Allí clamaron: Faraón, rey de Egipto, es solo un ruido; ha dejado pasar el tiempo señalado.

18 Vivo yo, dice el Rey, cuyo nombre es el Yahweh de los ejércitos: Ciertamente como el Tabor está entre los montes, y como el Carmelo junto al mar, así él vendrá.

19 Oh tú, hija que habitas en Egipto, prepárate para ir al cautiverio; porque Nof será asolada y desolada, sin habitante.

20 Egipto es como una novilla muy hermosa, pero viene la destrucción; viene del norte.

21 También sus mercenarios están en medio de ella como becerros engordados; porque también ellos se han vuelto atrás, y han huido juntos; no se mantuvieron, porque el día de su calamidad había venido sobre ellos, y el tiempo de su visitación.

22 Su voz irá como una serpiente; porque marcharán con un ejército, y vendrán contra ella con hachas, como leñadores.

23 Cortarán su bosque, dice Yahweh, aunque no puede ser explorado; porque son más que las langostas, y son innumerables.

24 La hija de Egipto será confundida; será entregada en mano del pueblo del norte.

25 El Yahweh de los ejércitos, el Yahweh de Israel, dice: He aquí, yo castigaré a la multitud de No, y a Faraón, y a Egipto, con sus dioses, y sus reyes; aun a Faraón, y a todos los que confían en él;

26 y los entregaré en mano de los que buscan sus vidas, y en mano de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y en mano de sus siervos; y después será habitada, como en los días de antaño, dice Yahweh.

27 Pero no temas tú, oh Jacob, mi siervo, y no desmayes, oh Israel; porque, he aquí, yo te salvaré desde lejos, y a tu descendencia desde la tierra de su cautiverio; y Jacob volverá, y estará en descanso y en quietud, y nadie le infundirá temor.

28 No temas tú, oh Jacob, mi siervo, dice Yeshua; porque yo estoy contigo; porque haré un fin completo de todas las naciones adonde te arrojé; pero no haré un fin completo de ti, sino que te corregiré con medida; sin embargo, no te dejaré totalmente impune.

Capítulo 47

1 La palabra de Yeshua que vino a Jeremías el profeta contra los filisteos, antes que Faraón hiriese a Gaza.

2 Así dice Yahweh: He aquí, aguas suben del norte, y serán un torrente que inunda, e inundarán la tierra, y todo lo que hay en ella; la ciudad, y los que habitan en ella; entonces los hombres clamarán, y todos los habitantes de la tierra aullarán.

3 Al ruido del golpeteo de los cascos de sus fuertes caballos, al estruendo de sus carros, y al estrépito de sus ruedas, los padres no mirarán atrás a sus hijos, por la debilidad de las manos;

4 a causa del día que viene para destruir a todos los filisteos, y para cortar de Tiro y de Sidón a todo ayudador que quede; porque Yahweh destruirá a los filisteos, el remanente de la región de Caftor.

5 La calvicie ha venido sobre Gaza; Ascalón es cortada, con el remanente de su valle; ¿hasta cuándo te harás cortes?

6 Oh espada de Yahweh, ¿cuánto tiempo pasará antes que te aquietes? Métete en tu vaina, descansa, y quédate quieta.

7 ¿Cómo puede aquietarse, viendo que Yahweh le ha dado un cargo contra Ascalón, y contra la orilla del mar? Allí la ha señalado.

Capítulo 48

1 Contra Moab, así dice el Yahweh de los ejércitos, el Yahweh de Israel: ¡Ay de Nebo! Porque es destruida; Quiriataim es confundida y tomada; Misgab es confundida y desmayada.

2 No habrá más alabanza de Moab; en Hesbón han ideado mal contra ella; venid, y cortémosla de ser una nación. También tú serás cortada, oh Madmén; la espada te perseguirá.

3 Una voz de clamor habrá desde Horonaim: destrucción y grande quebrantamiento.

4 Moab es destruida; sus pequeños han hecho que se oiga un clamor.

5 Porque en la subida de Luhit subirá llanto continuo; porque en la bajada de Horonaim los enemigos han oído un clamor de destrucción.

6 Huid, salvad vuestras vidas, y sed como el brezo en el desierto.

7 Porque por cuanto confiaste en tus obras y en tus tesoros, tú también serás tomada; y Quemos saldrá al cautiverio con sus sacerdotes y sus príncipes juntos.

8 Y el destructor vendrá sobre cada ciudad, y ninguna ciudad escapará; el valle también perecerá, y la llanura será destruida, como Yahweh ha hablado.

9 Dad alas a Moab, para que huya y se vaya; porque sus ciudades serán desoladas, sin nadie que habite en ellas.

10 Maldito sea el que hace la obra de Yahweh con engaño, y maldito sea el que detiene su espada de la sangre.

11 Moab ha estado en reposo desde su juventud, y ha reposado sobre sus heces, y no ha sido vaciada de vasija en vasija, ni ha ido al cautiverio; por tanto su gusto permaneció en él, y su olor no ha cambiado.

12 Por tanto, he aquí, vienen días, dice Yahweh, en que le enviaré vagabundos, que lo harán vagar, y vaciarán sus vasijas, y romperán sus botellas.

13 Y Moab se avergonzará de Quemos, como la casa de Israel se avergonzó de Betel, su confianza.

14 ¿Cómo decís: Somos valientes y hombres fuertes para la guerra?

15 Moab es destruida, y ha subido de sus ciudades, y sus jóvenes escogidos han descendido a la matanza, dice el Rey, cuyo nombre es el Yahweh de los ejércitos.

16 La calamidad de Moab está cerca de venir, y su aflicción se apresura mucho.

17 Todos los que estáis alrededor de él, lamentadlo; y todos los que conocéis su nombre, decid: ¡Cómo se ha quebrado la vara fuerte, y el báculo hermoso!

18 Tú, hija que habitas en Dibón, desciende de tu gloria, y siéntate en sed; porque el destructor de Moab vendrá sobre ti, y destruirá tus fortalezas.

19 Oh habitante de Aroer, ponte junto al camino, y observa; pregunta al que huye, y a la que escapa, y di: ¿Qué ha sucedido?

20 Moab es confundida; porque es quebrantada; aúlla y clama; decidlo en Arnón, que Moab es destruida,

21 y el juicio ha venido sobre la tierra de la llanura; sobre Holón, y sobre Jahaza, y sobre Mefaat,

22 y sobre Dibón, y sobre Nebo, y sobre Bet-diblataim,

23 y sobre Quiriataim, y sobre Bet-gamul, y sobre Bet-meón,

24 y sobre Queriot, y sobre Bosra, y sobre todas las ciudades de la tierra de Moab, lejanas o cercanas.

25 El cuerno de Moab es cortado, y su brazo es quebrado, dice Yahweh.

26 Embriagadlo; porque se engrandeció contra Yahweh; Moab también se revolcará en su vómito, y él también será por escarnio.

27 Porque, ¿no fue Israel por escarnio para ti? ¿Fue hallado entre ladrones? Porque desde que hablaste de él, saltaste de gozo.

28 Oh vosotros que habitáis en Moab, dejad las ciudades, y habitad en la peña, y sed como la paloma que hace su nido en los lados de la boca del agujero.

29 Hemos oído la soberbia de Moab (él es en extremo soberbio), su altivez, y su arrogancia, y su soberbia, y la altanería de su corazón.

30 Yo conozco su ira, dice Yahweh; pero no será así; sus mentiras no lo efectuarán así.

31 Por tanto aullaré por Moab, y clamaré por todo Moab; mi corazón gemirá por los hombres de Quir-heres.

32 Oh vid de Sibma, lloraré por ti con el llanto de Jazer; tus plantas han pasado sobre el mar, llegan aun hasta el mar de Jazer; el destructor ha caído sobre tus frutos de verano y sobre tu vendimia.

33 Y la alegría y el gozo son quitados del campo fértil, y de la tierra de Moab, y he hecho que falte el vino de los lagares; nadie pisará con gritos; sus gritos no serán gritos.

34 Desde el clamor de Hesbón aun hasta Eleale, y aun hasta Jahaz, han dado su voz, desde Zoar aun hasta Horonaim, como una novilla de tres años; porque también las aguas de Nimrim serán desoladas.

35 Además haré cesar en Moab, dice Yahweh, al que ofrece en los lugares altos, y al que quema incienso a sus dioses.

36 Por tanto mi corazón sonará por Moab como flautas, y mi corazón sonará como flautas por los hombres de Quir-heres; porque las riquezas que él ha adquirido han perecido.

37 Porque toda cabeza será calva, y toda barba rapada; sobre todas las manos habrá cortes, y sobre los lomos cilicio.

38 Habrá lamentación generalmente sobre todos los terrados de Moab, y en sus calles; porque he quebrado a Moab como a una vasija en la cual no hay placer, dice Yahweh.

39 Aullarán, diciendo: ¡Cómo es quebrantada! ¡Cómo ha vuelto Moab la espalda con vergüenza! Así Moab será por escarnio y por espanto a todos los que están alrededor de él.

40 Porque así dice Yahweh: He aquí, él volará como un águila, y extenderá sus alas sobre Moab.

41 Queriot es tomada, y las fortalezas son sorprendidas, y los corazones de los valientes en Moab en aquel día serán como el corazón de una mujer en sus dolores.

42 Y Moab será destruida de ser un pueblo, porque se engrandeció contra Yahweh.

43 Temor, y la fosa, y la trampa, serán sobre ti, oh habitante de Moab, dice Yahweh.

44 El que huya del temor caerá en la fosa; y el que suba de la fosa será apresado en la trampa; porque yo traeré sobre ella, aun sobre Moab, el año de su visitación, dice Yahweh.

45 Los que huyeron se pusieron bajo la sombra de Hesbón a causa de la fuerza; pero un fuego saldrá de Hesbón, y una llama del medio de Sehón, y devorará la esquina de Moab, y la coronilla de la cabeza de los tumultuosos.

46 ¡Ay de ti, oh Moab! El pueblo de Quemos perece; porque tus hijos son llevados cautivos, y tus hijas cautivas.

47 Sin embargo, haré volver el cautiverio de Moab en los días postreros, dice Yeshua. Hasta aquí es el juicio de Moab.

Capítulo 49

1 Acerca de los amonitas, así dice Yahweh: ¿No tiene Israel hijos? ¿No tiene heredero? ¿Por qué, entonces, hereda su rey a Gad, y su pueblo habita en sus ciudades?

2 Por tanto, he aquí, vienen días, dice Yahweh, en que haré que se oiga una alarma de guerra en Rabá de los amonitas; y será un montón desolado, y sus hijas serán quemadas a fuego; entonces Israel será heredero de los que fueron sus herederos, dice Yahweh.

3 Aúlla, oh Hesbón, porque Hai es destruida; clamad, oh hijas de Rabá, ceñíos de cilicio; lamentad, y corred de un lado a otro junto a los cercados; porque su rey irá al cautiverio, y sus sacerdotes y sus príncipes juntos.

4 ¿Por qué te glorías en los valles, tu valle que fluye, oh hija rebelde, que confió en sus tesoros, diciendo: ¿Quién vendrá contra mí?

5 He aquí, yo traeré temor sobre ti, dice el Yahweh de los ejércitos, de todos los que están alrededor de ti; y seréis arrojados cada uno derecho hacia adelante; y nadie recogerá al que vaga.

6 Y después haré volver el cautiverio de los hijos de Amón, dice Yeshua.

7 Acerca de Edom, así dice el Yahweh de los ejércitos: ¿No hay ya sabiduría en Temán? ¿Ha perecido el consejo de los prudentes? ¿Se ha desvanecido su sabiduría?

8 Huid, volved atrás, habitad en lo profundo, oh habitantes de Dedán; porque traeré la calamidad de Esaú sobre él, el tiempo en que lo visitaré.

9 Si viniesen a ti vendimiadores, ¿no dejarían algunos rebuscos? Si ladrones de noche, destruirán hasta que tengan suficiente.

10 Pero yo he desnudado a Esaú, he descubierto sus lugares secretos, y no podrá esconderse; su descendencia es destruida, y sus hermanos, y sus vecinos, y él no es.

11 Deja a tus hijos huérfanos, yo los preservaré con vida; y que tus viudas confíen en mí.

12 Porque así dice Yahweh: He aquí, los cuyo juicio no era beber de la copa han bebido ciertamente; ¿y eres tú el que habrá de quedar totalmente impune? No quedarás impune, sino que ciertamente beberás de ella.

13 Porque he jurado por mí mismo, dice Yahweh, que Bosra será por desolación, por oprobio, por asolamiento y por maldición; y todas sus ciudades serán asolamientos perpetuos.

14 He oído un rumor de Yahweh, y un embajador es enviado a los gentiles, diciendo: Reuníos, y venid contra ella, y levantaos a la batalla.

15 Porque, he aquí, te haré pequeña entre los gentiles, y despreciada entre los hombres.

16 Tu terribilidad te ha engañado, y la soberbia de tu corazón, oh tú que habitas en las hendiduras de la peña, que ocupas la altura del monte; aunque hicieses tu nido tan alto como el águila, de allí te derribaré, dice Yahweh.

17 También Edom será por desolación; todo el que pase junto a ella se asombrará, y silbará ante todas sus plagas.

18 Como en la destrucción de Sodoma y Gomorra y sus ciudades vecinas, dice Yahweh, ningún hombre habitará allí, ni hijo de hombre morará en ella.

19 He aquí, él subirá como un león desde la espesura del Jordán contra la morada del fuerte; pero de repente lo haré huir de ella; ¿y quién es un hombre escogido, a quien yo pueda señalar sobre ella? Porque, ¿quién es como yo? ¿Y quién me señalará el tiempo? ¿Y quién es aquel pastor que estará delante de mí?

20 Por tanto, oíd el consejo de Yahweh, que ha tomado contra Edom; y sus propósitos, que ha determinado contra los habitantes de Temán: Ciertamente los más pequeños del rebaño los arrastrarán; ciertamente él asolará con ellos sus moradas.

21 La tierra se conmovió al ruido de su caída; al clamor, su ruido se oyó en el mar Rojo.

22 He aquí, él subirá y volará como el águila, y extenderá sus alas sobre Bosra; y en aquel día el corazón de los valientes de Edom será como el corazón de una mujer en sus dolores.

23 Acerca de Damasco. Hamat es confundida, y Arfad; porque han oído malas noticias; están desalentados; hay tristeza en el mar; no puede aquietarse.

24 Damasco se ha debilitado, y se vuelve para huir, y el temor se ha apoderado de ella; angustia y dolores la han tomado, como a una mujer de parto.

25 ¡Cómo no es dejada la ciudad de alabanza, la ciudad de mi gozo!

26 Por tanto sus jóvenes caerán en sus calles, y todos los hombres de guerra serán cortados en aquel día, dice el Yahweh de los ejércitos.

27 Y encenderé un fuego en el muro de Damasco, y consumirá los palacios de Ben-adad.

28 Acerca de Cedar, y acerca de los reinos de Hazor, a los cuales Nabucodonosor, rey de Babilonia, herirá, así dice Yahweh: Levantaos, subid a Cedar, y destruid a los hombres del oriente.

29 Sus tiendas y sus rebaños tomarán; tomarán para sí sus cortinas, y todas sus vasijas, y sus camellos; y clamarán a ellos: Temor por todas partes.

30 Huid, idos muy lejos, habitad en lo profundo, oh habitantes de Hazor, dice Yahweh; porque Nabucodonosor, rey de Babilonia, ha tomado consejo contra vosotros, y ha concebido un propósito contra vosotros.

31 Levantaos, subid a la nación rica, que habita sin cuidado, dice Yahweh, que no tiene puertas ni cerrojos, que habita sola.

32 Y sus camellos serán por botín, y la multitud de su ganado por despojo; y esparciré a todos los vientos a los que están en los rincones más apartados; y traeré su calamidad de todos sus lados, dice Yahweh.

33 Y Hazor será morada de dragones, y una desolación para siempre; ningún hombre habitará allí, ni hijo de hombre morará en ella.

34 La palabra de Yeshua que vino a Jeremías el profeta contra Elam, al principio del reinado de Sedequías, rey de Judá, diciendo:

35 Así dice el Yahweh de los ejércitos: He aquí, yo quebraré el arco de Elam, lo principal de su poder.

36 Y sobre Elam traeré los cuatro vientos desde los cuatro extremos del cielo, y los esparciré hacia todos esos vientos; y no habrá nación adonde no vengan los desterrados de Elam.

37 Porque haré que Elam se atemorice delante de sus enemigos, y delante de los que buscan su vida; y traeré mal sobre ellos, aun mi ira ardiente, dice Yahweh; y enviaré la espada tras ellos, hasta que los haya consumido;

38 y pondré mi trono en Elam, y destruiré de allí al rey y a los príncipes, dice Yahweh.

39 Pero sucederá en los postreros días, que yo haré volver la cautividad de Elam, dice Yeshua.

Capítulo 50

1 Palabra que habló Yeshua contra Babilonia y contra la tierra de los caldeos, por medio de Jeremías el profeta.

2 Declarad entre las naciones, y publicad, y levantad bandera; publicad, y no lo encubráis: decid, Babilonia ha sido tomada, Bel ha sido confundido, Merodac ha sido quebrantado; sus ídolos han sido confundidos, sus imágenes han sido quebrantadas.

3 Porque del norte sube una nación contra ella, que hará su tierra desolada, y no habrá quien habite en ella: huirán, se irán, tanto el hombre como la bestia.

4 En aquellos días, y en aquel tiempo, dice Yeshua, vendrán los hijos de Israel, ellos y los hijos de Judá juntamente; vendrán andando y llorando, y buscarán a Yeshua.

5 Preguntarán por el camino hacia Sión, con sus rostros hacia allá, diciendo: Venid, y unámonos a Yeshua en un pacto perpetuo que no será olvidado.

6 Mi pueblo ha sido ovejas perdidas: sus pastores las han hecho extraviarse, las han desviado sobre los montes: han ido de monte en collado, han olvidado su lugar de descanso.

7 Todos los que los hallaban los devoraban: y sus adversarios decían: No ofendemos, porque pecaron contra Yahweh, la morada de la justicia, sí, contra Yeshua, la esperanza de sus padres.

8 Salid de en medio de Babilonia, y salid de la tierra de los caldeos, y sed como los machos cabríos delante de los rebaños.

9 Porque, he aquí, yo levantaré y haré subir contra Babilonia una reunión de grandes naciones de la tierra del norte: y se pondrán en orden contra ella; desde allí será tomada: sus flechas serán como las de un valiente experto; ninguna volverá vacía.

10 Y Caldea será un despojo: todos los que la despojen quedarán satisfechos, dice Yahweh.

11 Porque os alegrasteis, porque os regocijasteis, oh destructores de mi heredad, porque habéis engordado como la novilla que pace, y bramáis como toros;

12 Vuestra madre será grandemente confundida; la que os dio a luz se avergonzará: he aquí, la postrera de las naciones será un desierto, una tierra seca y un yermo.

13 A causa de la ira de Yahweh no será habitada, sino que será totalmente desolada: todo el que pase junto a Babilonia se asombrará, y silbará a causa de todas sus plagas.

14 Poneos en orden contra Babilonia en derredor: todos los que entesáis el arco, tirad contra ella, no escatiméis flechas: porque ha pecado contra Yahweh.

15 Gritad contra ella en derredor: ha entregado su mano: sus cimientos han caído, sus muros han sido derribados: porque es la venganza de Yahweh: tomad venganza de ella; como ella hizo, hacedle.

16 Cortad al sembrador de Babilonia, y al que maneja la hoz en el tiempo de la siega: por temor de la espada opresora cada uno se volverá a su pueblo, y cada uno huirá a su propia tierra.

17 Israel es una oveja dispersa; los leones lo han ahuyentado: primero lo devoró el rey de Asiria; y por último este Nabucodonosor, rey de Babilonia, le ha quebrado los huesos.

18 Por tanto, así dice Yahweh de los ejércitos, Yahweh de Israel; He aquí, yo castigaré al rey de Babilonia y a su tierra, como castigué al rey de Asiria.

19 Y haré volver a Israel a su morada, y pacerá en el Carmelo y en Basán, y su alma se saciará en el monte de Efraín y en Galaad.

20 En aquellos días, y en aquel tiempo, dice Yeshua, la iniquidad de Israel será buscada, y no habrá ninguna; y los pecados de Judá, y no serán hallados: porque perdonaré a los que yo reserve.

21 Sube contra la tierra de Merataim, sí, contra ella, y contra los habitantes de Pecod: devasta y destruye por completo tras ellos, dice Yahweh, y haz conforme a todo lo que te he mandado.

22 Sonido de batalla hay en la tierra, y de gran destrucción.

23 ¡Cómo ha sido cortado y quebrantado el martillo de toda la tierra! ¡Cómo ha llegado a ser Babilonia una desolación entre las naciones!

24 Te he puesto una trampa, y también has sido presa, oh Babilonia, y no lo advertiste: has sido hallada, y también apresada, porque has luchado contra Yahweh.

25 Yeshua ha abierto su arsenal, y ha sacado las armas de su indignación: porque esta es la obra de Yahweh de los ejércitos en la tierra de los caldeos.

26 Venid contra ella desde el último confín, abrid sus graneros: amontonadla como montones, y destruidla por completo: no le quede nada.

27 Matad todos sus becerros; que desciendan al matadero: ¡ay de ellos! porque su día ha llegado, el tiempo de su visitación.

28 La voz de los que huyen y escapan de la tierra de Babilonia, para declarar en Sión la venganza de Yahweh, la venganza de su templo.

29 Convocad a los arqueros contra Babilonia: todos los que entesáis el arco, acampad contra ella en derredor; no escape ninguno de ellos: pagadle conforme a su obra; conforme a todo lo que ha hecho, hacedle: porque se ha enorgullecido contra Yahweh, contra el Santo de Israel.

30 Por tanto, sus jóvenes caerán en las calles, y todos sus hombres de guerra serán cortados en aquel día, dice Yahweh.

31 He aquí, yo estoy contra ti, oh la más orgullosa, dice Yahweh de los ejércitos: porque tu día ha llegado, el tiempo en que te visitaré.

32 Y la más orgullosa tropezará y caerá, y no habrá quien la levante: y encenderé fuego en sus ciudades, y devorará todo en derredor de ella.

33 Así dice Yahweh de los ejércitos; Los hijos de Israel y los hijos de Judá fueron oprimidos juntamente: y todos los que los tomaron cautivos los retuvieron con fuerza; se negaron a soltarlos.

34 Su Redentor es fuerte; Yeshua de los ejércitos es su nombre: él defenderá por completo su causa, para dar descanso a la tierra, e inquietar a los habitantes de Babilonia.

35 La espada está sobre los caldeos, dice Yahweh, y sobre los habitantes de Babilonia, y sobre sus príncipes, y sobre sus sabios.

36 La espada está sobre los mentirosos; y enloquecerán: la espada está sobre sus valientes; y serán quebrantados de espanto.

37 La espada está sobre sus caballos, y sobre sus carros, y sobre toda la gente mezclada que está en medio de ella; y se volverán como mujeres: la espada está sobre sus tesoros; y serán saqueados.

38 La sequía está sobre sus aguas; y se secarán: porque es tierra de imágenes esculpidas, y se enloquecen por sus ídolos.

39 Por tanto, las fieras del desierto con las fieras de las islas habitarán allí, y los búhos habitarán en ella: y no será habitada nunca más; ni será habitada de generación en generación.

40 Como cuando Yahweh destruyó a Sodoma y a Gomorra y a sus ciudades vecinas, dice Yahweh; así ningún hombre morará allí, ni ningún hijo de hombre habitará en ella.

41 He aquí, un pueblo vendrá del norte, y una gran nación, y muchos reyes se levantarán desde los confines de la tierra.

42 Empuñarán el arco y la lanza: son crueles, y no mostrarán misericordia: su voz rugirá como el mar, y cabalgarán sobre caballos, cada uno puesto en orden, como un hombre para la batalla, contra ti, oh hija de Babilonia.

43 El rey de Babilonia ha oído el rumor de ellos, y sus manos se han debilitado: la angustia se apoderó de él, y dolores como de mujer que está de parto.

44 He aquí, subirá como león de la espesura del Jordán contra la morada del fuerte: pero de repente los haré huir de ella: ¿y quién es el hombre escogido, para que yo lo ponga sobre ella? porque ¿quién es como yo? ¿y quién me señalará el tiempo? ¿y quién es aquel pastor que podrá estar delante de mí?

45 Por tanto, oíd el consejo de Yahweh, que ha tomado contra Babilonia; y sus propósitos, que ha determinado contra la tierra de los caldeos: Ciertamente los más pequeños del rebaño los arrastrarán: ciertamente hará desolada con ellos su morada.

46 Al ruido de la toma de Babilonia la tierra se ha conmovido, y el clamor se ha oído entre las naciones.

Capítulo 51

1 Así dice Yahweh; He aquí, yo levantaré contra Babilonia, y contra los que habitan en medio de los que se levantan contra mí, un viento destructor;

2 Y enviaré a Babilonia aventadores, que la aventarán, y vaciarán su tierra: porque en el día del mal estarán contra ella en derredor.

3 Contra el que entesa, entese el arquero su arco, y contra el que se enaltece en su brigantina: y no perdonéis a sus jóvenes; destruid por completo todo su ejército.

4 Así caerán los muertos en la tierra de los caldeos, y los atravesados en sus calles.

5 Porque Israel no ha sido abandonado, ni Judá por su Yeshua, por Yeshua de los ejércitos; aunque su tierra estaba llena de pecado contra el Santo de Israel.

6 Huid de en medio de Babilonia, y librad cada uno su alma: no seáis cortados en su iniquidad; porque este es el tiempo de la venganza de Yahweh; él le dará su retribución.

7 Babilonia ha sido una copa de oro en la mano de Yahweh, que embriagó a toda la tierra: las naciones han bebido de su vino; por eso las naciones se han enloquecido.

8 De repente ha caído Babilonia y ha sido destruida: aullad por ella; tomad bálsamo para su dolor, por si acaso puede ser sanada.

9 Quisimos sanar a Babilonia, pero no ha sido sanada: abandonadla, y vámonos cada uno a su propio país: porque su juicio ha llegado hasta el cielo, y se ha levantado hasta los cielos.

10 Yahweh ha sacado a luz nuestra justicia: venid, y declaremos en Sión la obra de Yahweh.

11 Afilad las flechas; tomad los escudos: Yahweh ha despertado el espíritu de los reyes de los medos: porque su plan es contra Babilonia, para destruirla; porque es la venganza de Yahweh, la venganza de su templo.

12 Levantad bandera sobre los muros de Babilonia, reforzad la guardia, poned centinelas, preparad las emboscadas: porque Yahweh ha ideado y ha hecho lo que habló contra los habitantes de Babilonia.

13 Oh tú que habitas sobre muchas aguas, abundante en tesoros, tu fin ha llegado, y la medida de tu codicia.

14 Yahweh de los ejércitos ha jurado por sí mismo, diciendo: Ciertamente te llenaré de hombres, como de orugas; y levantarán grito contra ti.

15 Él hizo la tierra con su poder, estableció el mundo con su sabiduría, y extendió el cielo con su entendimiento.

16 Cuando él pronuncia su voz, hay multitud de aguas en los cielos; y hace ascender los vapores desde los confines de la tierra: hace los relámpagos con la lluvia, y saca el viento de sus tesoros.

17 Todo hombre es embrutecido por su conocimiento; todo fundidor es confundido por la imagen esculpida: porque su imagen fundida es falsedad, y no hay aliento en ellas.

18 Son vanidad, obra de errores: en el tiempo de su visitación perecerán.

19 La porción de Jacob no es como ellos; porque él es el Formador de todas las cosas: e Israel es la vara de su heredad: Yahweh de los ejércitos es su nombre.

20 Tú eres mi maza y armas de guerra: porque contigo quebrantaré en pedazos las naciones, y contigo destruiré los reinos;

21 Y contigo quebrantaré en pedazos el caballo y a su jinete; y contigo quebrantaré en pedazos el carro y a su conductor;

22 Contigo también quebrantaré en pedazos al hombre y a la mujer; y contigo quebrantaré en pedazos al anciano y al joven; y contigo quebrantaré en pedazos al mancebo y a la doncella;

23 También quebrantaré en pedazos contigo al pastor y a su rebaño; y contigo quebrantaré en pedazos al labrador y a su yunta de bueyes; y contigo quebrantaré en pedazos a capitanes y gobernantes.

24 Y daré a Babilonia y a todos los habitantes de Caldea todo el mal que han hecho en Sión delante de vuestros ojos, dice Yahweh.

25 He aquí, yo estoy contra ti, oh monte destructor, dice Yahweh, que destruyes toda la tierra: y extenderé mi mano sobre ti, y te haré rodar desde las peñas, y te haré un monte quemado.

26 Y no tomarán de ti piedra para esquina, ni piedra para cimientos; sino que serás desolada para siempre, dice Yahweh.

27 Levantad bandera en la tierra, tocad trompeta entre las naciones, preparad las naciones contra ella, convocad contra ella los reinos de Ararat, de Mini y de Asquenaz; nombrad un capitán contra ella; haced subir los caballos como orugas ásperas.

28 Preparad contra ella las naciones con los reyes de los medos, sus capitanes, y todos sus gobernantes, y toda la tierra de su dominio.

29 Y la tierra temblará y se dolerá: porque todo propósito de Yahweh se cumplirá contra Babilonia, para hacer de la tierra de Babilonia una desolación sin habitante.

30 Los valientes de Babilonia han dejado de pelear, se han quedado en sus fortalezas: su fuerza ha fallado; se volvieron como mujeres: han quemado sus moradas; sus cerrojos están quebrados.

31 Un correo correrá al encuentro de otro, y un mensajero al encuentro de otro, para mostrar al rey de Babilonia que su ciudad ha sido tomada por un extremo,

32 Y que los vados han sido tomados, y han quemado los carrizales con fuego, y los hombres de guerra están aterrados.

33 Porque así dice Yahweh de los ejércitos, Yahweh de Israel; La hija de Babilonia es como una era, es tiempo de trillarla: aún un poco, y llegará el tiempo de su siega.

34 Nabucodonosor, el rey de Babilonia, me ha devorado, me ha triturado, me ha hecho un vaso vacío, me ha tragado como un dragón, ha llenado su vientre con mis delicadezas, me ha expulsado.

35 La violencia hecha a mí y a mi carne sea sobre Babilonia, dirá la habitante de Sión; y mi sangre sobre los habitantes de Caldea, dirá Jerusalén.

36 Por tanto, así dice Yeshua; He aquí, yo defenderé tu causa, y tomaré venganza por ti; y secaré su mar, y haré que sus manantiales se sequen.

37 Y Babilonia llegará a ser montones, morada de dragones, espanto y silbo, sin habitante.

38 Rugirán juntos como leones: bramarán como cachorros de leones.

39 En su calor les prepararé sus banquetes, y los embriagaré, para que se alegren, y duerman un sueño perpetuo, y no despierten, dice Yahweh.

40 Los haré descender como corderos al matadero, como carneros con machos cabríos.

41 ¡Cómo ha sido tomada Sesac! ¡Y cómo ha sido sorprendida la alabanza de toda la tierra! ¡Cómo ha llegado a ser Babilonia un espanto entre las naciones!

42 El mar ha subido sobre Babilonia: ha sido cubierta con la multitud de sus olas.

43 Sus ciudades son una desolación, una tierra seca y un desierto, una tierra en la que no habita ningún hombre, ni pasa por ella ningún hijo de hombre.

44 Y castigaré a Bel en Babilonia, y sacaré de su boca lo que se ha tragado: y las naciones no afluirán ya más a él: sí, el muro de Babilonia caerá.

45 Pueblo mío, salid de en medio de ella, y librad cada uno su alma de la ira ardiente de Yahweh.

46 Y para que vuestro corazón no desmaye, y no temáis por el rumor que se oirá en la tierra; vendrá un rumor un año, y después, en otro año, vendrá otro rumor, y violencia en la tierra, gobernante contra gobernante.

47 Por tanto, he aquí, vienen los días, en que yo haré juicio sobre las imágenes esculpidas de Babilonia: y toda su tierra será confundida, y todos sus muertos caerán en medio de ella.

48 Entonces el cielo y la tierra, y todo lo que hay en ellos, cantarán sobre Babilonia: porque los destructores vendrán a ella del norte, dice Yahweh.

49 Como Babilonia hizo caer a los muertos de Israel, así en Babilonia caerán los muertos de toda la tierra.

50 Vosotros que habéis escapado de la espada, id, no os detengáis: acordaos de Yeshua desde lejos, y que Jerusalén venga a vuestra mente.

51 Estamos confundidos, porque hemos oído afrenta: la vergüenza ha cubierto nuestros rostros: porque extranjeros han venido a los santuarios de la casa de Yeshua.

52 Por tanto, he aquí, vienen los días, dice Yahweh, en que haré juicio sobre sus imágenes esculpidas: y por toda su tierra gemirán los heridos.

53 Aunque Babilonia suba hasta el cielo, y aunque fortifique la altura de su fuerza, de mí vendrán destructores a ella, dice Yahweh.

54 Sonido de clamor viene de Babilonia, y gran destrucción de la tierra de los caldeos:

55 Porque Yahweh ha destruido a Babilonia, y ha destruido de ella la gran voz; cuando sus olas rugen como grandes aguas, se pronuncia el ruido de su voz:

56 Porque el destructor ha venido sobre ella, sí, sobre Babilonia, y sus valientes han sido apresados, cada uno de sus arcos ha sido quebrado: porque Yahweh de las retribuciones ciertamente retribuirá.

57 Y embriagaré a sus príncipes, y a sus sabios, a sus capitanes, y a sus gobernantes, y a sus valientes: y dormirán un sueño perpetuo, y no despertarán, dice el Rey, cuyo nombre es Yahweh de los ejércitos.

58 Así dice Yahweh de los ejércitos; Los anchos muros de Babilonia serán totalmente derribados, y sus altas puertas serán quemadas con fuego; y los pueblos trabajarán en vano, y las gentes en el fuego, y se cansarán.

59 Palabra que mandó Jeremías el profeta a Seraías, hijo de Nerías, hijo de Maasías, cuando fue con Sedequías, el rey de Judá, a Babilonia en el cuarto año de su reinado. Y este Seraías era un príncipe apacible.

60 Así escribió Jeremías en un libro todo el mal que había de venir sobre Babilonia, sí, todas estas palabras que están escritas contra Babilonia.

61 Y Jeremías dijo a Seraías: Cuando llegues a Babilonia, y veas, y leas todas estas palabras;

62 Entonces dirás: Oh Yahweh, tú has hablado contra este lugar, para cortarlo, para que no quede en él nadie, ni hombre ni bestia, sino que sea desolado para siempre.

63 Y sucederá que, cuando acabes de leer este libro, atarás una piedra a él, y lo arrojarás en medio del Éufrates:

64 Y dirás: Así se hundirá Babilonia, y no se levantará del mal que yo traeré sobre ella: y se cansarán. Hasta aquí son las palabras de Jeremías.

Capítulo 52

1 Sedequías tenía veintiún años cuando comenzó a reinar, y reinó once años en Jerusalén. Y el nombre de su madre era Hamutal, hija de Jeremías de Libná.

2 E hizo lo malo ante los ojos de Yahweh, conforme a todo lo que Joacim había hecho.

3 Porque a causa de la ira de Yahweh sucedió en Jerusalén y en Judá, hasta que los echó de su presencia, que Sedequías se rebeló contra el rey de Babilonia.

4 Y sucedió en el noveno año de su reinado, en el mes décimo, a los diez días del mes, que Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino, él y todo su ejército, contra Jerusalén, y acampó contra ella, y construyó fuertes contra ella en derredor.

5 Así la ciudad estuvo sitiada hasta el undécimo año del rey Sedequías.

6 Y en el mes cuarto, a los nueve días del mes, el hambre era severa en la ciudad, de modo que no había pan para el pueblo de la tierra.

7 Entonces la ciudad fue abierta, y todos los hombres de guerra huyeron, y salieron de la ciudad de noche por el camino de la puerta entre los dos muros, que estaba junto al jardín del rey; (ahora los caldeos estaban junto a la ciudad en derredor;) y se fueron por el camino de la llanura.

8 Pero el ejército de los caldeos persiguió al rey, y alcanzó a Sedequías en las llanuras de Jericó; y todo su ejército se dispersó de él.

9 Entonces tomaron al rey, y lo llevaron ante el rey de Babilonia a Ribla, en la tierra de Hamat; donde pronunció juicio sobre él.

10 Y el rey de Babilonia mató a los hijos de Sedequías ante sus ojos: mató también a todos los príncipes de Judá en Ribla.

11 Entonces le sacó los ojos a Sedequías; y el rey de Babilonia lo ató con cadenas, y lo llevó a Babilonia, y lo puso en prisión hasta el día de su muerte.

12 Y en el mes quinto, a los diez días del mes, que era el año decimonoveno de Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino a Jerusalén Nabuzaradán, capitán de la guardia, que servía al rey de Babilonia,

13 Y quemó la casa de Yeshua, y la casa del rey; y todas las casas de Jerusalén, y todas las casas de los grandes, las quemó con fuego:

14 Y todo el ejército de los caldeos, que estaba con el capitán de la guardia, derribó todos los muros de Jerusalén en derredor.

15 Entonces Nabuzaradán, el capitán de la guardia, llevó cautivos a algunos de los pobres del pueblo, y al resto del pueblo que había quedado en la ciudad, y a los que se habían pasado, que se pasaron al rey de Babilonia, y al resto de la multitud.

16 Pero Nabuzaradán, el capitán de la guardia, dejó a algunos de los pobres de la tierra para que fuesen viñadores y labradores.

17 También las columnas de bronce que estaban en la casa de Yeshua, y las basas, y el mar de bronce que estaba en la casa de Yeshua, los caldeos los quebraron, y llevaron todo el bronce de ellos a Babilonia.

18 Los calderos también, y las palas, y los despabiladores, y los tazones, y las cucharas, y todos los utensilios de bronce con que ministraban, se los llevaron.

19 Y los tazones, y los braseros, y los cuencos, y los calderos, y los candelabros, y las cucharas, y las copas; lo que era de oro, en oro, y lo que era de plata, en plata, se lo llevó el capitán de la guardia.

20 Las dos columnas, un mar, y los doce bueyes de bronce que estaban debajo de las basas, que el rey Salomón había hecho en la casa de Yeshua: el bronce de todos estos utensilios era sin peso.

21 Y en cuanto a las columnas, la altura de una columna era de dieciocho codos; y un cordón de doce codos la rodeaba; y su espesor era de cuatro dedos: era hueca.

22 Y un capitel de bronce estaba sobre ella; y la altura de un capitel era de cinco codos, con una red y granadas sobre los capiteles en derredor, todo de bronce. La segunda columna también y las granadas eran semejantes a estas.

23 Y había noventa y seis granadas a un lado; y todas las granadas sobre la red eran cien en derredor.

24 Y el capitán de la guardia tomó a Seraías, el sacerdote principal, y a Sofonías, el segundo sacerdote, y a los tres guardas de la puerta:

25 Tomó también de la ciudad a un eunuco, que tenía a su cargo a los hombres de guerra; y a siete hombres de los que estaban cerca de la persona del rey, que fueron hallados en la ciudad; y al escriba principal del ejército, que alistaba al pueblo de la tierra; y a sesenta hombres del pueblo de la tierra, que fueron hallados en medio de la ciudad.

26 Así los tomó Nabuzaradán, el capitán de la guardia, y los llevó al rey de Babilonia a Ribla.

27 Y el rey de Babilonia los hirió, y los mató en Ribla, en la tierra de Hamat. Así Judá fue llevado cautivo fuera de su propia tierra.

28 Este es el pueblo que Nabucodonosor llevó cautivo: en el año séptimo, tres mil judíos y veintitrés:

29 En el año decimoctavo de Nabucodonosor llevó cautivos de Jerusalén a ochocientas treinta y dos personas:

30 En el año vigesimotercero de Nabucodonosor, Nabuzaradán, el capitán de la guardia, llevó cautivos de los judíos a setecientas cuarenta y cinco personas: todas las personas fueron cuatro mil seiscientas.

31 Y sucedió en el año trigésimo séptimo del cautiverio de Joaquín, rey de Judá, en el mes duodécimo, a los veinticinco días del mes, que Evil-merodac, rey de Babilonia, en el primer año de su reinado, levantó la cabeza de Joaquín, rey de Judá, y lo sacó de la prisión.

32 Y le habló amablemente, y puso su trono por encima del trono de los reyes que estaban con él en Babilonia,

33 Y cambió sus vestidos de prisión: y comió siempre pan delante de él todos los días de su vida.

34 Y en cuanto a su sustento, le fue dado un sustento continuo por el rey de Babilonia, cada día una porción hasta el día de su muerte, todos los días de su vida.