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Cantar de los Cantares

La Biblia — Antiguo Testamento • Versión King James, texto de lectura del Nombre Sagrado

Conservado íntegramente: texto de lectura del proceso canónico local, construido a partir de la fuente verificada de la KJV (Project Gutenberg #10) bajo la ley de edición del Nombre Sagrado de David (2026-10-11), incluido el patrón de discernimiento para los nombres divinos.

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La Edición Restaurada del Editor es un testimonio independiente: el máster editorial recuperado de este libro (el Máster Editorial del Nuevo Testamento v05, recuperado el 2026-10-17), ofrecido como descarga junto al texto de lectura de esta página — no es el mismo texto que la página de lectura. El máster es anterior a las decisiones de David sobre el Nombre Sagrado del 2026-10-11 y sigue su convención de nombres anterior (the Father → Elohim; el título Lord → Sovereign; el «lord» humano → master); la página de lectura sigue las decisiones actuales. El estado del propio máster: Mateo y Marcos verificados y congelados; Lucas–Apocalipsis con revisión contextual pendiente. Este PDF es la edición en inglés.

Capítulo 1

1 El cantar de los cantares, que es de Salomón.

2 Que me bese con los besos de su boca: porque tu amor es mejor que el vino.

3 Por el aroma de tus buenos ungüentos, tu nombre es como ungüento derramado, por eso te aman las doncellas.

4 Atráeme, correremos tras ti: el rey me ha llevado a sus cámaras: nos alegraremos y nos regocijaremos en ti, recordaremos tu amor más que el vino: los rectos te aman.

5 Soy morena, pero hermosa, oh hijas de Jerusalén, como las tiendas de Cedar, como las cortinas de Salomón.

6 No miréis que soy morena, porque el sol me ha mirado: los hijos de mi madre se enojaron conmigo; me hicieron guardiana de las viñas; pero mi propia viña no guardé.

7 Hazme saber, oh tú a quien ama mi alma, dónde apacientas, dónde haces descansar el rebaño al mediodía: porque ¿por qué habría de ser como una que se aparta junto a los rebaños de tus compañeros?

8 Si no lo sabes, oh la más hermosa entre las mujeres, sal por las huellas del rebaño, y apacienta tus cabritas junto a las tiendas de los pastores.

9 Te he comparado, oh amor mío, a una yegua de los carros de Faraón.

10 Hermosas son tus mejillas con hileras de joyas, tu cuello con cadenas de oro.

11 Te haremos bordes de oro con tachuelas de plata.

12 Mientras el rey está en su mesa, mi nardo exhala su fragancia.

13 Un manojito de mirra es mi amado para mí; pasará la noche entre mis pechos.

14 Mi amado es para mí como un racimo de alheña en las viñas de Engedi.

15 He aquí, eres hermosa, amor mío; he aquí, eres hermosa; tienes ojos de paloma.

16 He aquí, eres hermoso, amado mío, sí, agradable: también nuestro lecho es verde.

17 Las vigas de nuestra casa son de cedro, y nuestros artesonados de abeto.

Capítulo 2

1 Yo soy la rosa de Sarón, y el lirio de los valles.

2 Como el lirio entre los espinos, así es mi amor entre las hijas.

3 Como el manzano entre los árboles del bosque, así es mi amado entre los hijos. Me senté bajo su sombra con gran deleite, y su fruto fue dulce a mi paladar.

4 Me llevó a la casa del banquete, y su estandarte sobre mí fue amor.

5 Sustentadme con pasas, confortadme con manzanas: porque estoy enferma de amor.

6 Su mano izquierda está bajo mi cabeza, y su mano derecha me abraza.

7 Yo os conjuro, oh hijas de Jerusalén, por las gacelas y por las ciervas del campo, que no despertéis ni hagáis velar a mi amor, hasta que él quiera.

8 ¡La voz de mi amado! He aquí, él viene saltando sobre los montes, brincando sobre los collados.

9 Mi amado es semejante a la gacela o al cervatillo: he aquí, está tras nuestra pared, mirando por las ventanas, mostrándose por la celosía.

10 Mi amado habló, y me dijo: Levántate, amor mío, hermosa mía, y ven.

11 Porque he aquí, el invierno ha pasado, la lluvia se ha ido y se ha acabado;

12 Las flores aparecen en la tierra; el tiempo de la canción de las aves ha llegado, y la voz de la tórtola se oye en nuestra tierra;

13 La higuera echa sus higos verdes, y las vides con la uva tierna dan buen olor. Levántate, amor mío, hermosa mía, y ven.

14 Oh paloma mía, que estás en las hendiduras de la peña, en los lugares secretos de la cuesta, déjame ver tu rostro, déjame oír tu voz; porque dulce es tu voz, y hermoso es tu rostro.

15 Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas: porque nuestras viñas tienen uvas tiernas.

16 Mi amado es mío, y yo suya: él apacienta entre los lirios.

17 Hasta que apunte el día, y huyan las sombras, vuélvete, amado mío, y sé semejante a la gacela o al cervatillo sobre los montes de Beter.

Capítulo 3

1 De noche, en mi lecho, busqué al que ama mi alma: lo busqué, pero no lo hallé.

2 Me levantaré ahora, y recorreré la ciudad por las calles, y por las plazas buscaré al que ama mi alma: lo busqué, pero no lo hallé.

3 Me hallaron los guardas que rondan la ciudad: a los cuales dije: ¿Habéis visto al que ama mi alma?

4 Apenas había pasado de ellos, cuando hallé al que ama mi alma: lo así, y no lo dejé ir, hasta que lo llevé a la casa de mi madre, y a la cámara de la que me concibió.

5 Yo os conjuro, oh hijas de Jerusalén, por las gacelas y por las ciervas del campo, que no despertéis ni hagáis velar a mi amor, hasta que él quiera.

6 ¿Quién es esta que sube del desierto como columnas de humo, perfumada de mirra e incienso, con todos los polvos del mercader?

7 He aquí su lecho, que es de Salomón; sesenta valientes están alrededor de él, de los valientes de Israel.

8 Todos ellos tienen espadas, diestros en la guerra: cada uno tiene su espada sobre su muslo a causa del temor en la noche.

9 El rey Salomón se hizo un carruaje de madera del Líbano.

10 Hizo sus columnas de plata, su fondo de oro, su cubierta de púrpura, su interior tapizado de amor, para las hijas de Jerusalén.

11 Salid, oh hijas de Sión, y ved al rey Salomón con la corona con que su madre lo coronó en el día de sus desposorios, y en el día del gozo de su corazón.

Capítulo 4

1 He aquí, eres hermosa, amor mío; he aquí, eres hermosa; tienes ojos de paloma tras tu velo: tu cabello es como un rebaño de cabras, que aparecen desde el monte de Galaad.

2 Tus dientes son como un rebaño de ovejas bien trasquiladas, que subieron del lavadero; de las cuales cada una pare gemelos, y ninguna hay estéril entre ellas.

3 Tus labios son como un hilo de escarlata, y tu habla es hermosa: tus sienes son como un trozo de granada tras tu velo.

4 Tu cuello es como la torre de David edificada para armería, en la cual cuelgan mil escudos, todos escudos de hombres valientes.

5 Tus dos pechos son como dos cervatillos gemelos, que apacientan entre los lirios.

6 Hasta que apunte el día, y huyan las sombras, iré al monte de la mirra, y al collado del incienso.

7 Toda tú eres hermosa, amor mío; no hay mancha en ti.

8 Ven conmigo desde el Líbano, esposa mía, conmigo desde el Líbano: mira desde la cumbre de Amana, desde la cumbre de Senir y de Hermón, desde las guaridas de los leones, desde los montes de los leopardos.

9 Me has robado el corazón, hermana mía, esposa mía; me has robado el corazón con uno de tus ojos, con una cadena de tu cuello.

10 ¡Cuán hermoso es tu amor, hermana mía, esposa mía! ¡Cuánto mejor es tu amor que el vino! ¡Y el olor de tus ungüentos que todas las especias!

11 Tus labios, oh esposa mía, destilan como panal de miel: miel y leche hay bajo tu lengua; y el olor de tus vestidos es como el olor del Líbano.

12 Huerto cerrado es mi hermana, mi esposa; manantial cerrado, fuente sellada.

13 Tus renuevos son un huerto de granados, con frutos deleitosos; alheña, con nardo,

14 Nardo y azafrán; cálamo y canela, con todos los árboles de incienso; mirra y áloes, con todas las principales especias:

15 Una fuente de huertos, un pozo de aguas vivas, y arroyos del Líbano.

16 Despierta, oh viento del norte; y ven, oh viento del sur; sopla sobre mi huerto, para que sus especias fluyan. Venga mi amado a su huerto, y coma de sus frutos deleitosos.

Capítulo 5

1 He venido a mi huerto, hermana mía, esposa mía: he recogido mi mirra con mi especia; he comido mi panal con mi miel; he bebido mi vino con mi leche: comed, oh amigos; bebed, sí, bebed en abundancia, oh amados.

2 Yo duermo, pero mi corazón vela: es la voz de mi amado que llama, diciendo: Ábreme, hermana mía, amor mío, paloma mía, perfecta mía: porque mi cabeza está llena de rocío, y mis cabellos de las gotas de la noche.

3 Me he despojado de mi túnica; ¿cómo he de vestirla? He lavado mis pies; ¿cómo he de ensuciarlos?

4 Mi amado metió su mano por la abertura de la puerta, y mis entrañas se conmovieron por él.

5 Me levanté para abrir a mi amado; y mis manos gotearon mirra, y mis dedos mirra de dulce olor, sobre las manijas de la cerradura.

6 Abrí a mi amado; pero mi amado se había retirado, y se había ido: mi alma desfalleció cuando él habló: lo busqué, pero no pude hallarlo; lo llamé, pero no me respondió.

7 Los guardas que rondaban la ciudad me hallaron, me golpearon, me hirieron; los guardas de los muros me quitaron mi velo.

8 Yo os conjuro, oh hijas de Jerusalén, si halláis a mi amado, que le digáis que estoy enferma de amor.

9 ¿Qué es tu amado más que otro amado, oh la más hermosa entre las mujeres? ¿Qué es tu amado más que otro amado, que así nos conjuras?

10 Mi amado es blanco y rubio, el principal entre diez mil.

11 Su cabeza es como oro finísimo, sus cabellos son espesos, y negros como un cuervo.

12 Sus ojos son como ojos de palomas junto a los ríos de las aguas, lavados con leche, y bien encajados.

13 Sus mejillas son como una era de especias, como flores dulces: sus labios como lirios, que destilan mirra de dulce olor.

14 Sus manos son como anillos de oro engastados con berilo: su vientre es como marfil brillante revestido de zafiros.

15 Sus piernas son como columnas de mármol, asentadas sobre basas de oro fino: su semblante es como el Líbano, excelente como los cedros.

16 Su boca es dulcísima: sí, él es todo codiciable. Este es mi amado, y este es mi amigo, oh hijas de Jerusalén.

Capítulo 6

1 ¿A dónde se ha ido tu amado, oh la más hermosa entre las mujeres? ¿A dónde se ha apartado tu amado? Para que lo busquemos contigo.

2 Mi amado descendió a su huerto, a las eras de las especias, para apacentar en los huertos, y para recoger lirios.

3 Yo soy de mi amado, y mi amado es mío: él apacienta entre los lirios.

4 Eres hermosa, oh amor mío, como Tirsa, bella como Jerusalén, terrible como un ejército con estandartes.

5 Aparta tus ojos de mí, porque me han vencido: tu cabello es como un rebaño de cabras que aparecen desde Galaad.

6 Tus dientes son como un rebaño de ovejas que suben del lavadero, de las cuales cada una pare gemelos, y no hay ninguna estéril entre ellas.

7 Como un trozo de granada son tus sienes tras tu velo.

8 Hay sesenta reinas, y ochenta concubinas, y doncellas sin número.

9 Mi paloma, mi perfecta, es única; ella es la única de su madre, ella es la escogida de la que la engendró. Las hijas la vieron, y la bendijeron; sí, las reinas y las concubinas, y la alabaron.

10 ¿Quién es esta que se muestra como el alba, hermosa como la luna, clara como el sol, y terrible como un ejército con estandartes?

11 Descendí al huerto de los nogales para ver los frutos del valle, y para ver si la vid había florecido y los granados habían brotado.

12 Antes que me diera cuenta, mi alma me puso como los carruajes de Aminadab.

13 Vuelve, vuelve, oh sulamita; vuelve, vuelve, para que te miremos. ¿Qué veréis en la sulamita? Como la compañía de dos ejércitos.

Capítulo 7

1 ¡Cuán hermosos son tus pies con sandalias, oh hija de príncipe! Las coyunturas de tus muslos son como joyas, obra de las manos de un hábil artífice.

2 Tu ombligo es como una taza redonda, a la que no falta bebida: tu vientre es como un montón de trigo cercado de lirios.

3 Tus dos pechos son como dos cervatillos gemelos.

4 Tu cuello es como una torre de marfil; tus ojos como los estanques en Hesbón, junto a la puerta de Bat-rabim: tu nariz es como la torre del Líbano que mira hacia Damasco.

5 Tu cabeza sobre ti es como el Carmelo, y el cabello de tu cabeza como la púrpura; el rey está cautivo en las galerías.

6 ¡Cuán hermosa y cuán agradable eres, oh amor, en delicias!

7 Esta tu estatura es semejante a la palmera, y tus pechos a racimos de uvas.

8 Dije: Subiré a la palmera, asiré sus ramas: y sean también tus pechos como racimos de la vid, y el olor de tu nariz como manzanas;

9 Y el paladar de tu boca como el mejor vino para mi amado, que desciende dulcemente, haciendo hablar los labios de los que duermen.

10 Yo soy de mi amado, y su deseo es hacia mí.

11 Ven, amado mío, salgamos al campo; alojémonos en las aldeas.

12 Levantémonos temprano a las viñas; veamos si la vid ha florecido, si aparece la uva tierna, y si los granados han brotado: allí te daré mis amores.

13 Las mandrágoras exhalan su olor, y a nuestras puertas hay toda clase de frutos deleitosos, nuevos y viejos, que he guardado para ti, oh amado mío.

Capítulo 8

1 ¡Oh, si fueras como mi hermano, que mamó los pechos de mi madre! Cuando te hallara fuera, te besaría; sí, no sería despreciada.

2 Te guiaría, y te llevaría a la casa de mi madre, que me instruiría: te haría beber vino condimentado del mosto de mi granada.

3 Su mano izquierda estaría bajo mi cabeza, y su mano derecha me abrazaría.

4 Yo os conjuro, oh hijas de Jerusalén, que no despertéis ni hagáis velar a mi amor, hasta que él quiera.

5 ¿Quién es esta que sube del desierto, recostada sobre su amado? Te desperté bajo el manzano: allí tu madre te dio a luz: allí te dio a luz la que te engendró.

6 Ponme como un sello sobre tu corazón, como un sello sobre tu brazo: porque fuerte como la muerte es el amor; duros como la sepultura son los celos: sus brasas son brasas de fuego, que tienen una llama muy vehemente.

7 Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni los ríos podrán anegarlo: si un hombre diera todos los bienes de su casa por el amor, sería totalmente despreciado.

8 Tenemos una hermana pequeña, y no tiene pechos: ¿qué haremos por nuestra hermana el día en que sea solicitada?

9 Si ella es un muro, edificaremos sobre ella un palacio de plata: y si es una puerta, la cercaremos con tablas de cedro.

10 Yo soy un muro, y mis pechos como torres: entonces fui ante sus ojos como una que halló favor.

11 Salomón tuvo una viña en Baal-hamón; arrendó la viña a guardas; cada uno por su fruto debía traer mil piezas de plata.

12 Mi viña, que es mía, está delante de mí: tú, oh Salomón, tendrás las mil, y los que guardan su fruto doscientas.

13 Tú que habitas en los huertos, los compañeros escuchan tu voz: hazme oírla.

14 Date prisa, amado mío, y sé semejante a la gacela o al cervatillo sobre los montes de las especias.