El Libro de Enoc (1 Enoc)
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Capítulo I
I-V. Parábola de Enoc sobre la suerte futura de los malvados y los justos. 1
Las palabras de la bendición de Enoc, con las que bendijo a los elegidos 〚y〛 justos, que estarán vivos en el día de la tribulación, cuando todos los malvados 〚e impíos〛 hayan de ser removidos.
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Y tomó su parábola y dijo —Enoc, un hombre justo, cuyos ojos fueron abiertos por Yahweh, vio la visión del Santo en los cielos, 〚la cual〛 los ángeles me mostraron, y de ellos oí todo, y de ellos entendí lo que vi, pero no para esta generación, sino para una remota que ha de venir.
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En cuanto a los elegidos hablé, y tomé mi parábola acerca de ellos: El Santo Grande saldrá de Su morada, Y el eterno Yahweh pisará sobre la tierra, (incluso) sobre el Monte Sinaí, [Y aparecerá desde Su campamento] Y aparecerá en la fuerza de Su poder desde el cielo ⌜de los cielos⌝. Y todos serán heridos de temor, Y los Vigilantes temblarán, Y gran temor y temblor se apoderarán de ellos hasta los confines de la tierra. Y las altas montañas serán sacudidas, Y las altas colinas serán rebajadas, Y se derretirán como cera ante la llama Y la tierra será ⌜totalmente⌝ desgarrada, Y todo lo que está sobre la tierra perecerá, Y habrá un juicio sobre todos (los hombres).
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Pero con los justos Él hará paz, Y protegerá a los elegidos, Y la misericordia estará sobre ellos. Y todos pertenecerán a Yahweh, Y serán prosperados, Y ⌜todos⌝ serán bendecidos. ⌜Y Él los ayudará a todos⌝, Y la luz les aparecerá, ⌜Y Él hará paz con ellos⌝. ¡Y he aquí! Él viene con diez millares de ⌜Sus⌝ santos Para ejecutar juicio sobre todos, Y para destruir a ⌜todos⌝ los impíos: Y para convencer a toda carne De todas las obras ⌜de su impiedad⌝ que impíamente han cometido, ⌜Y de todas las cosas duras que⌝ los pecadores impíos ⌜han hablado⌝ contra Él.
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Capítulo II
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Observen todo lo que sucede en el cielo, cómo no cambian sus órbitas, ⌜y⌝ las luminarias que están en el cielo, cómo todas salen y se ponen en orden cada una en su estación, y no transgreden contra su orden señalado. Miren la tierra, y presten atención a las cosas que suceden sobre ella de principio a fin, ⌜qué firmes son⌝, cómo ⌜ninguna de las cosas sobre la tierra⌝ cambia, ⌜sino que⌝ todas las obras de Yahweh aparecen ⌜ante ustedes⌝. Miren el verano y el invierno, 〚cómo toda la tierra está llena de agua, y las nubes y el rocío y la lluvia yacen sobre ella〛.
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Capítulo III
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Observen y vean cómo (en el invierno) todos los árboles 〚parecen〛 como si se hubieran marchitado y desprendido de todas sus hojas, excepto catorce árboles, que no pierden su follaje sino que retienen el follaje viejo de dos a tres años hasta que viene el nuevo.
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Capítulo IV
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Y de nuevo, observen los días del verano cómo el sol está sobre la tierra frente a ella. Y ustedes buscan sombra y refugio a causa del calor del sol, y la tierra también arde con calor resplandeciente, y así no pueden pisar sobre la tierra, ni sobre una roca a causa de su calor.
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Capítulo V
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Observen 〚ustedes〛 cómo los árboles se cubren de hojas verdes y dan fruto: por tanto presten atención ⌜y sepan⌝ con respecto a todas ⌜Sus obras⌝, y reconozcan cómo Él que vive para siempre las ha hecho así. Y ⌜todas⌝ Sus obras continúan ⌜así⌝ de año en año ⌜para siempre⌝, y todas las tareas ⌜que⌝ cumplen para Él, y ⌜sus tareas⌝ no cambian, sino que según 〚Yahweh〛 ha ordenado así se hace.
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Y miren cómo el mar y los ríos de igual manera cumplen ⌜y no cambian⌝ sus tareas ⌜por Sus mandamientos⌝. Pero ustedes —ustedes no han sido constantes, ni han hecho los mandamientos de Yahweh, Sino que se han apartado y han hablado palabras orgullosas y duras Con sus bocas impuras contra Su grandeza. Oh, corazones duros, no encontrarán paz. Por tanto execrarán sus días, Y los años de su vida perecerán, Y ⌜los años de su destrucción⌝ serán multiplicados en execración eterna, Y no encontrarán misericordia. En aquellos días harán de sus nombres una execración eterna para todos los justos, b. Y por ustedes maldecirán ⌜todos⌝ los que maldicen. c. ⌜Y todos⌝ los pecadores ⌜e impíos⌝ imprecacarán por ustedes, Y para ustedes, los impíos, habrá una maldición. ⌜Y todos los ... se regocijarán, e. Y habrá perdón de pecados, f. Y toda misericordia y paz y tolerancia: g. Habrá salvación para ellos, una luz buena. 33
i. Y para todos ustedes, pecadores, no habrá salvación, j. Sino que sobre todos ustedes permanecerá una maldición⌝. 7a
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Pero para los elegidos habrá luz y gracia y paz, b. Y heredarán la tierra. Y entonces será otorgada a los elegidos sabiduría, Y todos vivirán y nunca más pecarán, Ni por impiedad ni por orgullo; Sino que los que son sabios serán humildes. Y no transgredirán de nuevo, Ni pecarán todos los días de su vida, Ni morirán por la ira o el enojo (divino), Sino que completarán el número de los días de su vida. Y sus vidas serán aumentadas en paz, Y los años de su gozo serán multiplicados, En alegría y paz eterna, Todos los días de su vida.
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Capítulo VI
VI-XI. La Caída de los Ángeles: la Desmoralización de la Humanidad: la Intercesión de los Ángeles en favor de la Humanidad. Las Sentencias pronunciadas por Yahweh sobre los Ángeles: el Reino Mesiánico (un fragmento de Noé). 1
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Y sucedió cuando los hijos de los hombres se habían multiplicado que en aquellos días les nacieron hijas hermosas y agraciadas. Y los ángeles, los hijos del cielo, vieron y las desearon, y se dijeron unos a otros: ‘Vengan, escojamos esposas de entre los hijos de los hombres y engendremos hijos’. Y Semjâzâ, que era su líder, les dijo: ‘Temo que en verdad no aceptarán hacer esta acción, y yo solo tendré que pagar la pena de un gran pecado’. Y todos le respondieron y dijeron: ‘Juremos todos un juramento, y comprometámonos todos con imprecaciones mutuas a no abandonar este plan sino a hacer esta cosa’. Entonces juraron todos juntos y se comprometieron con imprecaciones mutuas en ello. Y eran en total doscientos; que descendieron ⌜en los días⌝ de Jared en la cima del Monte Hermón, y lo llamaron Monte Hermón, porque habían jurado y se habían comprometido con imprecaciones mutuas sobre él. Y estos son los nombres de sus líderes: Sêmîazâz, su líder, Arâkîba, Râmêêl, Kôkabîêl, Tâmîêl, Râmîêl, Dânêl, Êzêqêêl, Barâqîjâl, Asâêl, Armârôs, Batârêl, Anânêl, Zaqîêl, Samsâpêêl, Satarêl, Tûrêl, Jômjâêl, Sariêl. Estos son sus jefes de decenas.
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Capítulo VII
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Y todos los demás junto con ellos tomaron para sí esposas, y cada uno escogió para sí una, y comenzaron a entrar a ellas y a contaminarse con ellas, y les enseñaron hechizos y encantamientos, y el corte de raíces, y les dieron a conocer las plantas. Y quedaron embarazadas, y dieron a luz grandes gigantes, cuya altura era de tres mil codos: Que consumieron todas las adquisiciones de los hombres. Y cuando los hombres ya no pudieron sostenerlos, Los gigantes se volvieron contra ellos y devoraron a la humanidad. Y comenzaron a pecar contra las aves, y las bestias, y los reptiles, y los peces, y a devorar la carne unos de otros, y a beber la sangre. Entonces la tierra presentó acusación contra los sin ley.
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Capítulo VIII
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Y Azâzêl enseñó a los hombres a hacer espadas, y cuchillos, y escudos, y corazas, y les dio a conocer los metales ‹de la tierra› y el arte de trabajarlos, y brazaletes, y ornamentos, y el uso del antimonio, y el embellecimiento de los párpados, y toda clase de piedras costosas, y todas las tinturas colorantes. Y surgió mucha impiedad, y cometieron fornicación, y fueron extraviados, y se corrompieron en todos sus caminos. Semjâzâ enseñó encantamientos, y cortes de raíces, Armârôs la resolución de encantamientos, Barâqîjâl, (enseñó) astrología, Kôkabêl las constelaciones, Ezêqêêl el conocimiento de las nubes, ‹Araqiêl los signos de la tierra, Shamsiêl los signos del sol›, y Sariêl el curso de la luna. Y mientras los hombres perecían, clamaron, y su clamor subió al cielo....
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Capítulo IX
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Y entonces Miguel, Uriel, Rafael y Gabriel miraron desde el cielo y vieron mucha sangre siendo derramada sobre la tierra, y toda iniquidad siendo obrada sobre la tierra. Y se dijeron unos a otros: ‘La tierra, hecha †sin habitante, clama la voz de su clamor† hasta las puertas del cielo. 〚Y ahora a ustedes, los santos del cielo〛, las almas de los hombres presentan su súplica, diciendo: “Presenten nuestra causa ante el Altísimo”.’ Y dijeron a Yahweh de los siglos: ‘Yahweh de señores, Yahweh de dioses, Rey de reyes ‹y Yahweh de los siglos›, el trono de Tu gloria (permanece) por todas las generaciones de los siglos, ¡y Tu nombre santo y glorioso y bendito por todos los siglos! Tú has hecho todas las cosas, y poder sobre todas las cosas tienes Tú: y todas las cosas están desnudas y abiertas ante Tu vista, y todas las cosas Tú ves, y nada puede esconderse de Ti. Tú ves lo que Azâzêl ha hecho, quien ha enseñado toda injusticia en la tierra y revelado los secretos eternos que estaban (preservados) en el cielo, que los hombres se esforzaban por aprender: Y Semjâzâ, a quien Tú has dado autoridad para gobernar sobre sus asociados. Y han ido a las hijas de los hombres sobre la tierra, y han dormido con las mujeres, y se han contaminado, y les han revelado toda clase de pecados. Y las mujeres han dado a luz gigantes, y toda la tierra ha sido así llenada de sangre e injusticia.
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Y ahora, he aquí, las almas de los que han muerto están clamando y presentando su súplica a las puertas del cielo, y sus lamentaciones han ascendido: y no pueden cesar a causa de las obras sin ley que se obran en la tierra. Y Tú conoces todas las cosas antes de que sucedan, y Tú ves estas cosas y Tú las permites, y Tú no nos dices qué debemos hacerles en cuanto a estas’.
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Capítulo X
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Entonces dijo el Altísimo, el Santo y Grande habló, y envió a Uriel al hijo de Lamec, y le dijo: ‘‹Ve a Noé y› dile en mi nombre “¡Escóndete!”, y revélale el fin que se acerca: que toda la tierra será destruida, y un diluvio está por venir sobre toda la tierra, y destruirá todo lo que hay en ella. Y ahora instrúyelo para que pueda escapar y su descendencia sea preservada por todas las generaciones del mundo’. Y de nuevo Yahweh dijo a Rafael: ‘Ata a Azâzêl de manos y pies, y échalo en la oscuridad: y haz una abertura en el desierto, que está en Dûdâêl, y échalo allí. Y coloca sobre él rocas ásperas y dentadas, y cúbrelo con oscuridad, y que permanezca allí para siempre, y cubre su rostro para que no vea la luz. Y en el día del gran juicio será echado al fuego. Y sana la tierra que los ángeles han corrompido, y proclama la sanidad de la tierra, para que sanen la plaga, y que todos los hijos de los hombres no perezcan por todas las cosas secretas que los Vigilantes han revelado y han enseñado a sus hijos. Y toda la tierra ha sido corrompida por las obras que fueron enseñadas por Azâzêl: a él atribuye todo pecado’. Y a Gabriel dijo Yahweh: ‘Procede contra los bastardos y los réprobos, y contra los hijos de la fornicación: y destruye [a los hijos de la fornicación y] a los hijos de los Vigilantes de entre los hombres: [y haz que salgan]: envíalos unos contra los
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otros para que se destruyan unos a otros en batalla: porque no tendrán largura de días. 10
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Y ninguna petición que ellos (es decir, sus padres) te hagan será concedida a sus padres en favor de ellos; porque esperan vivir una vida eterna, y que cada uno de ellos vivirá quinientos años’. Y Yahweh dijo a Miguel: ‘Ve, ata a Semjâzâ y a sus asociados que se han unido con mujeres hasta contaminarse con ellas en toda su impureza. Y, cuando sus hijos se hayan matado unos a otros, y hayan visto la destrucción de sus amados, átalos firmemente por setenta generaciones en los valles de la tierra, hasta el día de su juicio y de su consumación, hasta que el juicio que es para siempre jamás sea consumado. En aquellos días serán llevados al abismo de fuego: ‹y› al tormento y a la prisión en la que serán confinados para siempre. Y quienquiera que sea condenado y destruido será desde entonces atado junto con ellos hasta el fin de todas las generaciones. Y destruye a todos los espíritus de los réprobos, y a los hijos de los Vigilantes, porque han hecho mal a la humanidad. Destruye todo mal de la faz de la tierra, y que toda obra maligna llegue a su fin: y que aparezca la planta de la rectitud y la verdad: ⌜y resultará una bendición: las obras de rectitud y verdad⌝ serán plantadas en verdad y gozo para siempre. Y entonces todos los justos escaparán, Y vivirán hasta que engendren miles de hijos, Y todos los días de su juventud y su vejez completarán en paz. 41
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Y entonces toda la tierra será labrada en rectitud, y toda será plantada de árboles y estará llena de bendición. Y todos los árboles deseables serán plantados en ella, y plantarán viñas en ella: y la vid que planten en ella dará vino en abundancia, y en cuanto a toda la semilla que se siembre en ella cada medida (de ella) dará mil, y cada medida de aceitunas dará diez prensas de aceite. Y limpia tú la tierra de toda opresión, y de toda injusticia, y de todo pecado, y de toda impiedad: y toda la impureza que se obra sobre la tierra destrúyela de sobre la tierra. ⌜Y todos los hijos de los hombres se volverán justos⌝, y todas las naciones ofrecerán adoración y Me alabarán, y todos Me adorarán. Y la tierra será limpiada de toda contaminación, y de todo pecado, y de todo castigo, y de todo tormento, y nunca más enviaré (los) sobre ella de generación en generación y para siempre.
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Capítulo XI
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Y en aquellos días abriré las cámaras de depósito de bendición que están en el cielo, para enviarlas ⌜sobre la tierra⌝ sobre la obra y el trabajo de los hijos de los hombres. Y la verdad y la paz estarán asociadas juntas a lo largo de todos los días del mundo y a lo largo de todas las generaciones de los hombres’.
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Capítulo XII
XII-XVI. Visión en Sueños de Enoc: su intercesión por Azâzêl y los Ángeles caídos: y su anuncio a ellos de su primera y final sentencia. 1
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Antes de estas cosas Enoc estaba oculto, y ninguno de los hijos de los hombres sabía dónde estaba oculto, y dónde moraba, y qué había sido de él. Y sus actividades tenían que ver con los Vigilantes, y sus días eran con los santos. Y yo, Enoc, estaba bendiciendo a Yahweh de majestad y al Rey de los siglos, y ¡he aquí! los Vigilantes me llamaron —Enoc el escriba— y me dijeron: ‘Enoc, tú escriba de rectitud, ve, †declara† a los Vigilantes del cielo que han dejado el cielo alto, el lugar santo eterno, y se han contaminado con mujeres, y han hecho como hacen los hijos de la tierra, y han tomado para sí esposas: “Han obrado gran destrucción en la tierra: Y no tendrán paz ni perdón de pecado: y por cuanto †ellos† se deleitan en †sus† hijos, El asesinato de †sus† amados verán †ellos†, y sobre la destrucción de †sus† hijos †ellos† lamentarán, y harán súplica hasta la eternidad, pero misericordia y paz no alcanzarán”’.
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Capítulo XIII
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Y Enoc fue y dijo: ‘Azâzêl, tú no tendrás paz: una sentencia severa ha salido contra ti para ponerte en ataduras: Y no tendrás tolerancia ni †petición† concedida a ti, a causa de la injusticia que has enseñado, y a causa de todas las obras de impiedad e injusticia y pecado que has mostrado a los hombres’. Entonces fui y les hablé a todos juntos, y todos tuvieron miedo, y el temor y el temblor se apoderaron de ellos. Y me suplicaron que redactara una petición para ellos para que pudieran encontrar perdón, y que leyera su petición en presencia de Yahweh del cielo. Porque desde entonces no podían hablar (con Él) ni levantar sus ojos al cielo por vergüenza de sus pecados por los que habían sido condenados. Entonces escribí su petición, y la oración †con respecto a sus espíritus y sus obras individualmente y con respecto a sus peticiones de que tuvieran perdón y largura ‹de días›†. Y me fui y me senté en las aguas de Dan, en la tierra de Dan, al sur del oeste de Hermón: leí su petición hasta que me quedé dormido. Y he aquí que un sueño vino a mí, y visiones cayeron sobre mí, y vi visiones de castigo, ⌜y una voz vino ordenando(me)⌝ que lo dijera a los hijos del cielo, y los reprendiera. Y cuando desperté, vine a ellos, y todos estaban sentados reunidos, llorando en ’Abelsjâîl, que está entre el Líbano y Sênêsêr, con sus rostros cubiertos.
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Y les relaté todas las visiones que había visto en sueños, y comencé a hablar las palabras de rectitud, y a reprender a los Vigilantes celestiales.
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Capítulo XIV
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El libro de las palabras de rectitud, y de la reprensión de los Vigilantes eternos de acuerdo con el mandato de Yeshua, el Santo Grande en esa visión. Vi en mi sueño lo que ahora diré con una lengua de carne y con el aliento de mi boca: que el Grande ha dado a los hombres para conversar con ello y entender con el corazón. Como Él ha creado y dado 〚al hombre el poder de entender la palabra de sabiduría, así me ha creado también a mí y me ha dado〛 el poder de reprender a los Vigilantes, los hijos del cielo.
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Escribí su petición, y en mi visión apareció así, que su petición no les será concedida 〚a lo largo de todos los días de la eternidad, y que el juicio ha sido finalmente dictado sobre ustedes: sí, (su petición) no les será concedida〛.
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Y desde ahora no ascenderán al cielo hasta toda la eternidad, y ⌜en ataduras⌝ de la tierra el decreto ha salido para atarlos por todos los días del mundo. Y (que) previamente habrán visto la destrucción de sus hijos amados y no tendrán placer en ellos, sino que caerán ante ustedes por la espada. Y su petición en favor de ellos no será concedida, ni tampoco por ustedes mismos: aunque lloren y oren y hablen todas las palabras contenidas en el escrito que he escrito. Y la visión me fue mostrada así: He aquí, en la visión las nubes me invitaron y una niebla me convocó, y el curso de las estrellas y los relámpagos se apresuraron y
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me apresuraron, y los vientos en la visión me hicieron volar y me levantaron hacia arriba, y me llevaron al cielo. 9
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Y entré hasta que me acerqué a un muro que está construido de cristales y rodeado de lenguas de fuego: y comenzó a atemorizarme. Y entré en las lenguas de fuego y me acerqué a una casa grande que estaba construida de cristales: y las paredes de la casa eran como un suelo teselado (hecho) de cristales, y su base era de cristal. Su techo era como la senda de las estrellas y los relámpagos, y entre ellos había querubines de fuego, y su cielo era (claro como) agua. Un fuego llameante rodeaba las paredes, y sus portales ardían con fuego. Y entré en esa casa, y era caliente como fuego y fría como hielo: no había deleites de la vida en ella: el temor me cubrió, y el temblor se apoderó de mí. Y mientras temblaba y me estremecía, caí sobre mi rostro. Y contemplé una visión, Y ¡he aquí! había una segunda casa, mayor que la anterior, y todo el portal estaba abierto ante mí, y estaba construida de llamas de fuego. Y en todo respecto excedía tanto en esplendor y magnificencia y extensión que no puedo describirles su esplendor y su extensión. Y su suelo era de fuego, y sobre él había relámpagos y la senda de las estrellas, y su techo también era fuego llameante. Y miré y vi 〚en ella〛 un trono elevado: su apariencia era como cristal, y sus ruedas como el sol resplandeciente, y había la visión de querubines. Y de debajo del trono salían ríos de fuego llameante de modo que no podía mirar allí. 48
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Y la Gran Gloria se sentó allí, y Su vestidura brillaba más que el sol y era más blanca que cualquier nieve. Ninguno de los ángeles podía entrar y podía contemplar Su rostro a causa de la magnificencia y la gloria, y ninguna carne podía contemplarlo. El fuego llameante estaba alrededor de Él, y un gran fuego estaba ante Él, y ninguno alrededor podía acercarse a Él: diez mil veces diez mil (estaban) ante Él, sin embargo Él no necesitaba consejero. Y los más santos que estaban cerca de Él no se apartaban de noche ni se alejaban de Él. Y hasta entonces yo había estado postrado sobre mi rostro, temblando: y Yahweh me llamó con Su propia boca, y me dijo: ‘Ven acá, Enoc, y escucha mi palabra’. ⌜Y uno de los santos vino a mí y me despertó⌝, y Él me hizo levantarme y acercarme a la puerta: e incliné mi rostro hacia abajo.
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Capítulo XV
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Y Él respondió y me dijo, y oí Su voz: ‘No temas, Enoc, tú hombre justo y escriba de rectitud: acércate acá y escucha mi voz. Y ve, di a 〚los Vigilantes del cielo〛, que te han enviado a interceder 〚por ellos: “Ustedes deberían interceder〛 por los hombres, y no los hombres por ustedes:
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¿Por qué han dejado el alto, santo y eterno cielo, y yacido con mujeres, y se han contaminado con las hijas de los hombres y han tomado para ustedes esposas, y han hecho como los hijos de la tierra, y han engendrado gigantes (como) hijos suyos? Y aunque eran santos, espirituales, viviendo la vida eterna, se han contaminado con la sangre de las mujeres, y han engendrado (hijos) con la sangre de la carne, y, como los hijos de los hombres, han deseado carne y sangre como ⌜también⌝ hacen los que mueren y perecen. Por tanto les he dado esposas también a ellos para que pudieran fecundarlas, y engendrar hijos por ellas, para que así nada les faltara en la tierra. Pero ustedes eran ⌜antes⌝ espirituales, viviendo la vida eterna, e inmortales por todas las generaciones del mundo. Y por tanto no he señalado esposas para ustedes; porque en cuanto a los espirituales del cielo, en el cielo está su morada. Y ahora, los gigantes, que son producidos de los espíritus y la carne, serán llamados espíritus malignos sobre la tierra, y en la tierra estará su morada. Espíritus malignos han procedido de sus cuerpos; porque nacieron de hombres, 〚y〛 de los santos Vigilantes es su comienzo y origen primordial; ⌜serán espíritus malignos en la tierra, y⌝ espíritus malignos serán llamados. 50
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En cuanto a los espíritus del cielo, en el cielo estará su morada, pero en cuanto a los espíritus de la tierra que nacieron sobre la tierra, en la tierra estará su morada.] Y los espíritus de los gigantes afligen, oprimen, destruyen, atacan, hacen batalla, y obran destrucción en la tierra, y causan problemas: no toman alimento, ⌜pero sin embargo tienen hambre⌝ y sed, y causan ofensas. Y estos espíritus se levantarán contra los hijos de los hombres y contra las mujeres, porque han procedido ⌜de ellos⌝.
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Capítulo XVI
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Desde los días de la matanza y destrucción y muerte ⌜de los gigantes⌝, de cuyas almas de carne los espíritus, habiendo salido, destruirán sin incurrir en juicio —así destruirán hasta el día de la consumación, el gran ⌜juicio⌝ en el que la era será consumada sobre los Vigilantes y los impíos, sí, será totalmente consumada”. Y ahora en cuanto a los Vigilantes que te han enviado a interceder por ellos, que habían estado 〚antes〛 en el cielo, (diles):
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“Estuvieron en el cielo, pero ⌜todos⌝ los misterios aún no les habían sido revelados, y conocieron los sin valor, y estos en la dureza de sus corazones los han dado a conocer a las mujeres, y por medio de estos misterios mujeres y hombres obran mucho mal en la tierra”. Diles por tanto: “No tienen paz”’.
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EL LIBRO DE ENOC
XVII-XXXVII. Los Viajes de Enoc a través de la Tierra y el Seol.
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Capítulo XVII
XVII-XIX. El Primer Viaje. 1
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Y me tomaron ⌜y⌝ me llevaron a un lugar en el que los que estaban allí eran como fuego llameante, y cuando querían, aparecían como hombres. Y me llevaron al lugar de oscuridad, y a una montaña cuya punta de su cima llegaba al cielo. Y vi los lugares de las luminarias ⌜y las tesorerías de las estrellas⌝ y del trueno, ⌜y⌝ en las profundidades extremas, donde había un arco de fuego y flechas y su aljaba, 〚y una espada de fuego〛 y todos los relámpagos.
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Y me llevaron a las aguas vivas, y al fuego del oeste, que recibe cada puesta del sol. Y llegué a un río de fuego en el que el fuego fluye como agua y se descarga en el gran mar hacia el oeste. Vi los grandes ríos y llegué al gran ⌜río y a la gran⌝ oscuridad, y fui al lugar donde ninguna carne camina. Vi las montañas de la oscuridad del invierno y el lugar de donde fluyen todas las aguas del abismo. Vi las bocas de todos los ríos de la tierra y la boca del abismo.
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Capítulo XVIII
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Vi las tesorerías de todos los vientos; vi cómo Él había provisto con ellos toda la creación y los firmes cimientos de la tierra. Y vi la piedra angular de la tierra: vi los cuatro vientos que sostienen [la tierra y] el firmamento del cielo. 〚Y vi cómo los vientos extienden las bóvedas del cielo〛, y tienen su estación entre el cielo y la tierra: 〚estos son los pilares del cielo〛.
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Vi los vientos del cielo que giran y traen la circunferencia del sol y todas las estrellas a su puesta. Vi los vientos en la tierra llevando las nubes: vi 〚las sendas de los ángeles: vi〛 en el fin de la tierra el firmamento del cielo arriba.
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Y proseguí y vi un lugar que arde día y noche, donde hay siete montañas de piedras magníficas, tres hacia el este, y tres hacia el sur. Y en cuanto a las de hacia el este ‹una› era de piedra de color, y una de perla, y una de jacinto, y las de hacia el sur de piedra roja. Pero la del medio llegaba al cielo como el trono de Yahweh, de alabastro, y la cima del trono era de zafiro. Y vi un fuego llameante. Y más allá de estas montañas hay una región, el fin de la gran tierra: allí los cielos fueron completados. Y vi un abismo profundo, con columnas 〚de fuego celestial, y entre ellas vi columnas〛 de fuego caer, que eran 55
sin medida tanto hacia la altura como hacia la profundidad. 12
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Y más allá de ese abismo vi un lugar que no tenía firmamento del cielo arriba, ni tierra firmemente fundada debajo de él: no había agua sobre él, ni aves, sino que era un lugar desolado y horrible. Vi allí siete estrellas como grandes montañas ardiendo, y a mí, cuando pregunté acerca de ellas, El ángel dijo: ‘Este lugar es el fin del cielo y de la tierra: esto se ha convertido en una prisión para las estrellas y la hueste del cielo. Y las estrellas que ruedan sobre el fuego son las que han transgredido el mandamiento de Yahweh en el principio de su salida, porque no salieron a sus tiempos señalados. Y Él se enojó con ellas, y las ató hasta el tiempo en que su culpa fuera consumada (incluso) ⌜por diez mil años⌝’.
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Capítulo XIX
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Y Uriel me dijo: ‘Aquí estarán los ángeles que se han unido con mujeres, y sus espíritus, asumiendo muchas formas diferentes, están contaminando a la humanidad, y los extraviarán para sacrificar a los demonios 〚como dioses〛, (aquí estarán), hasta 〚el día del〛 gran juicio en el que serán juzgados hasta que se les ponga fin.
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Y las mujeres también de los ángeles que se extraviaron se convertirán en sirenas’. Y yo, Enoc, solo vi la visión, los fines de todas las cosas: y ningún hombre verá como yo he visto.
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Capítulo XX
XX. Nombres y Funciones de los Siete Arcángeles. 1
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Y estos son los nombres de los ángeles santos que vigilan. Uriel, uno de los ángeles santos, que está sobre el mundo y sobre el Tártaro. Rafael, uno de los ángeles santos, que está sobre los espíritus de los hombres. Raguel, uno de los ángeles santos que †toma venganza en† el mundo de las luminarias. Miguel, uno de los ángeles santos, a saber, el que está puesto sobre la mejor parte de la humanidad 〚y〛 sobre el caos.
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Saraqâêl, uno de los ángeles santos, que está puesto sobre los espíritus, que pecan en el espíritu. Gabriel, uno de los ángeles santos, que está sobre el Paraíso y las serpientes y los Querubines. Remiel, uno de los ángeles santos, a quien Yahweh puso sobre los que se levantan.
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Capítulo XXI
XXI-XXXVI. El Segundo Viaje de Enoc. XXI. Lugar preliminar y final de castigo de los ángeles caídos (estrellas). 1
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Y proseguí hasta donde las cosas eran caóticas. Y vi allí algo horrible: no vi ni un cielo arriba ni una tierra firmemente fundada, sino un lugar caótico y horrible. Y allí vi siete estrellas del cielo atadas juntas en él, como grandes montañas y ardiendo con fuego. Entonces dije: ‘¿Por qué pecado están atadas, y por qué causa han sido echadas aquí?’. Entonces dijo Uriel, uno de los ángeles santos, que estaba conmigo, y era jefe sobre ellos, y dijo: ‘Enoc, ¿por qué preguntas, y por qué estás ansioso por la verdad? Estas son del número de las estrellas ⌜del cielo⌝ que han transgredido el mandamiento de Yahweh, y están atadas aquí hasta que diez mil años, el tiempo impuesto por sus pecados, sean consumados’. Y de allí fui a otro lugar, que era aún más horrible que el anterior, y vi una cosa horrible: un gran fuego allí que ardía y llameaba, y el lugar estaba hendido hasta el abismo, estando lleno de grandes columnas descendentes de fuego: ni su extensión ni su magnitud pude ver, ni pude conjeturar. Entonces dije: ‘¡Qué temible es el lugar y qué terrible de mirar!’. Entonces Uriel me respondió, uno de los ángeles santos que estaba conmigo, y me dijo: ‘Enoc, ¿por qué tienes tal temor y espanto?’. Y respondí: ‘A causa de este lugar temible, y a causa del espectáculo del dolor’. 59
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Y él dijo 〚a mí〛: ‘Este lugar es la prisión de los ángeles, y aquí serán encarcelados para siempre’.
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Capítulo XXII
XXII. Seol, o el Inframundo. 1
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Y de allí fui a otro lugar, y me mostró en el oeste ⌜otra⌝ montaña grande y alta [y] de roca dura. E Y había en ella †cuatro† lugares huecos, profundos y anchos y muy lisos. †Qué† lisos son los lugares huecos y profundos y oscuros de ver. G[g] Lectura fuente paralela, versículo 2. Y había †cuatro† lugares huecos en ella, profundos y muy lisos: †tres† de ellos eran oscuros y uno brillante; y había una fuente de agua en su medio. Y dije: ‘†Qué† lisos son estos lugares huecos, y profundos y oscuros de ver’.
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Entonces respondió Rafael, uno de los santos ángeles que estaba conmigo, y me dijo: ‘Estos lugares huecos han sido creados con este mismo propósito, para que los espíritus de las almas de los muertos se reúnan en ellos, sí, para que todas las almas de los hijos de los hombres se reúnan aquí. Y estos lugares han sido hechos para recibirlos hasta el día de su juicio y hasta su período señalado [hasta el período señalado], hasta que el gran juicio (venga) sobre ellos.’ E Vi los espíritus de los hijos de los hombres que estaban muertos, y su voz salió hasta el cielo e hizo súplica. Entonces pregunté a Rafael, el ángel que estaba conmigo, y le dije: ‘Este espíritu—¿de quién es, cuya voz sale y hace súplica?’ G[g] Lectura paralela de la fuente, versículo 5. Vi ‹el espíritu de› un hombre muerto que hacía súplica, y su voz salió hasta el cielo e hizo súplica.
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Lectura paralela de la fuente, versículo 6. Y pregunté a Rafael, el ángel que estaba conmigo, y le dije: ‘Este espíritu que hace súplica, ¿de quién es, cuya voz sale y hace súplica al cielo?’ 7
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Y él me respondió diciendo: ‘Este es el espíritu que salió de Abel, a quien su hermano Caín mató, y hace su súplica contra él hasta que su descendencia sea destruida de la faz de la tierra, y su descendencia sea aniquilada de entre la descendencia de los hombres.’ E Entonces pregunté acerca de ello, y acerca de todos los lugares huecos: ‘¿Por qué está uno separado del otro?’ G[g] Lectura paralela de la fuente, versículo 8. Entonces pregunté acerca de todos los lugares huecos: ‘¿Por qué está uno separado del otro?’ E
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Y él me respondió y me dijo: ‘Estos tres han sido hechos para que los espíritus de los muertos puedan ser separados. Y tal división ha sido hecha ‹para› los espíritus de los justos, en la cual está la fuente brillante de agua. Y tal ha sido hecha para los pecadores cuando mueren y son sepultados en la tierra y no se ha ejecutado juicio sobre ellos en su vida. Aquí sus espíritus serán apartados en este gran dolor hasta el gran día del juicio y del castigo y del tormento de los que †maldicen† para siempre, y la retribución para sus espíritus. Allí Él los atará para siempre. Y tal división ha sido hecha para los espíritus de los que hacen su súplica, que hacen revelaciones acerca de su destrucción, cuando fueron muertos en los días de los pecadores. Tal ha sido hecha para los espíritus de los hombres que no fueron justos sino pecadores, que fueron completos en transgresión, y de los transgresores serán
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compañeros: pero sus espíritus no serán muertos en el día del juicio ni serán levantados de allí.’ 14
Entonces bendije a Yahweh de la gloria y dije: ‘Bendito sea mi Yahweh, Yahweh de justicia que reina para siempre.’ G[g] Lectura paralela de la fuente, versículo 9. Y él me respondió diciendo: ‘Estos tres han sido hechos para que los espíritus de los muertos puedan ser separados. Y esta división ha sido hecha para los espíritus de los justos, en la cual está la fuente brillante de agua. Lectura paralela de la fuente, versículo 10. Y esto ha sido hecho para los pecadores cuando mueren y son sepultados en la tierra y no se ha ejecutado juicio sobre ellos en su vida. Lectura paralela de la fuente, versículo 11. Aquí sus espíritus serán apartados en este gran dolor, hasta el gran día del juicio, los azotes y los tormentos de los malditos para siempre, para que (haya) retribución para sus espíritus. Allí Él los atará para siempre. Lectura paralela de la fuente, versículo 12. Y esta división ha sido hecha para los espíritus de los que hacen su súplica, que hacen revelaciones acerca de su destrucción, cuando fueron muertos en los días de los pecadores. Lectura paralela de la fuente, versículo 13. Y esto ha sido hecho para los espíritus de los hombres que no serán justos sino pecadores, que son impíos, y de los sin ley serán compañeros: pero sus espíritus no serán castigados en el día del juicio ni serán levantados de allí.’ Lectura paralela de la fuente, versículo 14. Entonces bendije a Yahweh de la Gloria y dije: ‘Bendito eres tú, Yahweh de justicia, que reinas sobre el mundo.’
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Capítulo XXIII
XXIII. El Fuego que se ocupa de las Luminarias del Cielo. 1
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De allí fui a otro lugar, al oeste de los confines de la tierra. Y vi un fuego 〚ardiente〛 que corría sin descansar, y no se detenía en su curso de día ni de noche, sino que (corría) regularmente.
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Y pregunté diciendo: ‘¿Qué es esto que no descansa?’
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Entonces Raguel, uno de los santos ángeles que estaba conmigo, me respondió 〚y me dijo〛: ‘Este curso ⌜de fuego⌝ 〚que has visto〛 es el fuego en el oeste que †persigue† a todas las luminarias del cielo.’
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Capítulo XXIV
XXIV. XXV. Las Siete Montañas en el Noroeste y el Árbol de la Vida. 1
〚Y de allí fui a otro lugar de la tierra〛, y él me mostró una cordillera de fuego que ardía 〚de día y〛 de noche.
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Y fui más allá de ella y vi siete montañas magníficas, todas diferentes cada una de la otra, y las piedras (de ellas) eran magníficas y hermosas, magníficas en su conjunto, de apariencia gloriosa y exterior hermoso: 〚tres hacia〛 el este, 〚una〛 fundada sobre la otra, y tres hacia el sur, 〚una〛 sobre la otra, y profundos barrancos ásperos, ninguno de los cuales se unía con ningún otro.
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Y la séptima montaña estaba en medio de estas, y las superaba en altura, semejante al asiento de un trono: y árboles fragantes rodeaban el trono. Y entre ellos había un árbol como nunca antes había olido, ni había ninguno entre ellos ni había otros como él: tenía una fragancia más allá de toda fragancia, y sus hojas y flores y madera no se marchitan para siempre: y su fruto 〚es hermoso, y su fruto〛 se asemeja a los dátiles de una palmera.
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Entonces dije: ‘⌜Cuán⌝ hermoso es este árbol, y fragante, y sus hojas son hermosas, y sus flores 〚muy〛 deleitosas en apariencia.’
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Entonces respondió Miguel, uno de los santos 〚y honrados〛 ángeles que estaba conmigo, y era su jefe,
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Capítulo XXV
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Y él me dijo: ‘Enoc, ¿por qué me preguntas acerca de la fragancia del árbol, y ⌜por qué⌝ deseas conocer la verdad?’ Entonces le respondí, 〚diciendo〛: ‘Deseo saber acerca de todo, pero especialmente acerca de este árbol.’ Y él respondió, diciendo: ‘Esta alta montaña 〚que has visto〛, cuya cumbre es como el trono de Yahweh, es su trono, donde Yeshua, el Santo Grande, Yahweh de la Gloria, el Rey Eterno, se sentará, cuando descienda a visitar la tierra con bondad.
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Y en cuanto a este árbol fragante, a ningún mortal se le permite tocarlo hasta el gran juicio, cuando Él tomará venganza de todo y llevará (todo) a su consumación para siempre. Entonces será dado a los justos y santos. Su fruto será para alimento de los elegidos: será trasplantado al lugar santo, al templo de Yahweh, el Rey Eterno. Entonces se regocijarán con gozo y se alegrarán. Y al lugar santo entrarán; y su fragancia estará en sus huesos, y vivirán una larga vida sobre la tierra, tal como vivieron tus padres: y en sus días ningún 〚dolor ni〛 plaga ni tormento ni calamidad los tocará.’
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Entonces bendije a Yahweh de la Gloria, el Rey Eterno, que ha preparado tales cosas para los justos, y las ha creado y ha prometido dárselas.
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Capítulo XXVI
Jerusalén y las Montañas, Barrancos y Arroyos. 1
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Y fui de allí al centro de la tierra, y vi un lugar bendito ⌜en el cual había árboles⌝ con ramas que permanecían y florecían [de un árbol desmembrado]. Y allí vi una montaña santa, 〚y〛 debajo de la montaña, hacia el este, había un arroyo y fluía hacia el sur. Y vi hacia el este otra montaña más alta que esta, y entre ellas un barranco profundo y estrecho: en él también corría un arroyo ⌜debajo de⌝ la montaña. Y al oeste de ella había otra montaña, más baja que la anterior y de poca elevación, y un barranco ⌜profundo y seco⌝ entre ellas: y otro barranco profundo y seco estaba en los extremos de las tres ⌜montañas⌝. Y todos los barrancos eran profundos 〚y estrechos〛, (formados) de roca dura, y no había árboles plantados sobre ellos. Y me maravillé 〚de las rocas, y me maravillé〛 del barranco, sí, me maravillé mucho.
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Capítulo XXVII
XXVII. El Propósito del Valle Maldito. 1
Entonces dije: ‘¿Con qué objeto es esta tierra bendita, que está enteramente llena de árboles, y este valle maldito 〚¿en medio?〛’
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〚Entonces Uriel, uno de los santos ángeles que estaba conmigo, respondió y dijo: ‘Este〛 valle es para los que son malditos para siempre: aquí serán reunidos todos ⌜los malditos⌝ que pronuncian con sus labios contra Yahweh palabras indecorosas y de su gloria hablan cosas duras. E Aquí serán reunidos, y aquí estará su lugar de juicio.
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En los últimos días habrá sobre ellos el espectáculo del juicio justo en presencia de los justos para siempre: aquí los misericordiosos bendecirán a Yahweh de la Gloria, el Rey Eterno. G[g] Aquí serán reunidos, y aquí estará el lugar de su habitación. Lectura paralela de la fuente, versículo 3. En los últimos tiempos, en los días del juicio verdadero en presencia de los justos para siempre: aquí los piadosos bendecirán a Yahweh de la Gloria, el Rey Eterno.
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En los días del juicio sobre los anteriores, ellos lo bendecirán por la misericordia conforme a la cual les ha asignado (su suerte).’ Entonces bendije a Yahweh de la Gloria y expuse su ⌜gloria⌝ y lo alabé gloriosamente.
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Capítulo XXVIII
XXVIII-XXXIII. Viaje ulterior hacia el Este. 1
Y de allí fui 〚hacia el este〛, al centro 〚de la cordillera〛 del desierto, y vi un desierto y estaba solitario, lleno de árboles y plantas.
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〚Y〛 brotó agua desde arriba. Precipitándose como un copioso curso de agua [que fluía] hacia el noroeste, hacía ascender nubes y rocío por todos lados.
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Capítulo XXIX
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Y de allí fui a otro lugar en el desierto, y me acerqué al este de esta cordillera. Y 〚allí〛 vi árboles aromáticos que exhalaban la fragancia del incienso y de la mirra, y los árboles también eran semejantes al almendro.
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Capítulo XXX
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Y más allá de estos, fui lejos hacia el este, y vi otro lugar, un valle (lleno) de agua. Y ⌜allí había⌝ un árbol, del color (?) de árboles fragantes como el lentisco. Y a los lados de aquellos valles vi canela fragante. Y más allá de estos avancé hacia el este.
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Capítulo XXXI
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Y vi otras montañas, y entre ellas había ⌜arboledas de⌝ árboles, y de ellos fluía néctar, que se llama sarara y gálbano. Y más allá de estas montañas vi otra montaña ⌜al este de los confines de la tierra⌝, 〚sobre la cual había árboles de áloe〛, y todos los árboles estaban llenos de estacte, siendo como almendros.
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Y cuando se quemaba, olía más dulce que cualquier olor fragante. E
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Capítulo XXXII
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Y tras estos olores fragantes, al mirar hacia el norte sobre las montañas, vi siete montañas llenas de nardo escogido y árboles fragantes y canela y pimienta. G[g] Lectura paralela de la fuente, versículo 1. Hacia el noreste contemplé siete montañas llenas de nardo escogido y lentisco y canela y pimienta.
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Y de allí fui sobre las cumbres de ⌜todas⌝ estas montañas, lejos hacia el este ⌜de la tierra⌝, y pasé sobre el mar Eritreo, y me alejé mucho de él, y pasé sobre 〚el ángel〛 Zotîêl. E
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Y llegué al Jardín de la Justicia, y vi más allá de aquellos árboles muchos árboles grandes que crecían allí y de buena fragancia, grandes, muy hermosos y gloriosos, y el árbol de la sabiduría, del cual comen y conocen gran sabiduría. G[g] Lectura paralela de la fuente, versículo 3. Y llegué al Jardín de la Justicia, y desde lejos, árboles más numerosos que estos árboles y grandes—†dos† árboles allí, muy grandes, hermosos y gloriosos y magníficos, y el árbol del conocimiento, cuyo fruto santo comen y conocen gran sabiduría.
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⌜Ese árbol es en altura como el abeto, y sus hojas son⌝ como (las del) árbol de algarrobo: y su fruto es como los racimos de la vid, muy hermoso: y la fragancia del árbol penetra lejos. Entonces dije: ‘⌜Cuán⌝ hermoso es el árbol, ¡y cuán atractiva es su apariencia!’ Entonces Rafael, el santo ángel que estaba conmigo, me respondió 〚y dijo〛: ‘Este es el árbol de la sabiduría, del cual tu padre anciano (en años) y tu madre anciana, que fueron antes de ti, han comido, y aprendieron sabiduría y
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sus ojos fueron abiertos, y supieron que estaban desnudos y fueron expulsados del jardín.’
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Capítulo XXXIII
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Y de allí fui a los confines de la tierra y vi allí grandes bestias, y cada una difería de la otra; y (vi) aves también que diferían en apariencia y belleza y voz, la una diferente de la otra. Y al este de aquellas bestias vi los confines de la tierra sobre los cuales descansa el cielo, y los portales del cielo abiertos. Y vi cómo salen las estrellas del cielo, y conté los portales por los cuales proceden, y anoté todas sus salidas, de cada estrella individual por sí misma, según su número y sus nombres, sus cursos y sus posiciones, y sus tiempos y sus meses, como Uriel, el santo ángel que estaba conmigo, me mostró. Él me mostró todas las cosas y las anotó para mí: también sus nombres escribió para mí, y sus leyes y sus compañías.
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Capítulo XXXIV
XXXIV. XXXV. El Viaje de Enoc hacia el Norte. 1
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Y de allí fui hacia el norte, a los confines de la tierra, y allí vi un artefacto grande y glorioso en los confines de toda la tierra. Y aquí vi tres portales del cielo abiertos en el cielo: por cada uno de ellos proceden los vientos del norte: cuando soplan hay frío, granizo, escarcha, nieve, rocío y lluvia. Y por un portal soplan para bien: pero cuando soplan por los otros dos portales, †es con violencia y aflicción sobre la tierra, y soplan con violencia.†
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Capítulo XXXV
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Y de allí fui hacia el oeste, a los confines de la tierra, y vi allí tres portales del cielo abiertos, tales como había visto en el †este†, el mismo número de portales y el mismo número de salidas.
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Capítulo XXXVI
XXXVI. El Viaje hacia el Sur. 1
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Y de allí fui al sur, a los confines de la tierra, y vi allí tres portales abiertos del cielo: y de allí salen rocío, lluvia †y viento†. Y de allí fui al este, a los confines del cielo, y vi aquí los tres portales orientales del cielo abiertos y pequeños portales sobre ellos. Por cada uno de estos pequeños portales pasan las estrellas del cielo y recorren su curso hacia el oeste por el camino que se les muestra. Y cada vez que veía, bendecía siempre a Yahweh de la Gloria, y continué bendiciendo a Yahweh de la Gloria, que ha obrado grandes y gloriosas maravillas, para mostrar la grandeza de su obra a los ángeles y a los espíritus y a los hombres, para que alaben su obra y toda su creación: para que vean la obra de su poder y alaben la gran obra de sus manos y lo bendigan para siempre.
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EL LIBRO DE ENOC
LAS PARÁBOLAS. XXXVII-LXXI.
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Capítulo XXXVII
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La segunda visión que él vio, la visión de sabiduría—que Enoc, hijo de Jared, hijo de Mahalalel, hijo de Cainán, hijo de Enós, hijo de Set, hijo de Adán, vio. Y este es el comienzo de las palabras de sabiduría que levanté mi voz para hablar y decir a los que moran en la tierra: Escuchad, vosotros, hombres de antaño, y ved, vosotros que venís después, las palabras del Santo que hablaré ante Yahweh de los Espíritus. Sería mejor declarar(las solo) a los hombres de antaño, pero aun de los que vienen después no retendremos el comienzo de la sabiduría. Hasta el día presente tal sabiduría nunca ha sido dada por Yahweh de los Espíritus como yo he recibido según mi entendimiento, según el buen placer de Yahweh de los Espíritus, por quien me ha sido dado el lote de la vida eterna. Ahora, tres parábolas me fueron impartidas, y levanté mi voz y se las relaté a los que moran en la tierra.
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Capítulo XXXVIII
XXXVIII-XLIV. La Primera Parábola. XXXVIII. El Juicio Venidero de los Malvados. 1
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La primera Parábola. Cuando aparezca la congregación de los justos, y los pecadores sean juzgados por sus pecados, y sean expulsados de la faz de la tierra, y cuando el Justo aparezca ante los ojos de los justos, cuyas obras elegidas penden de Yahweh de los Espíritus, y la luz aparezca a los justos y a los elegidos que moran en la tierra, ¿dónde estará entonces la morada de los pecadores, y dónde el lugar de reposo de los que han negado a Yahweh de los Espíritus? Les habría sido bueno si no hubieran nacido. Cuando los secretos de los justos sean revelados y los pecadores juzgados, y los impíos expulsados de la presencia de los justos y elegidos, desde ese tiempo los que poseen la tierra ya no serán poderosos ni exaltados: y no podrán contemplar el rostro de los santos, porque Yahweh de los Espíritus ha hecho aparecer su luz sobre el rostro de los santos, justos y elegidos. Entonces los reyes y los poderosos perecerán y serán entregados en manos de los justos y santos. Y en adelante nadie buscará para sí misericordia de Yahweh de los Espíritus: porque su vida ha llegado a su fin.
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Capítulo XXXIX
XXXIX. La Morada de los Justos y del Elegido: las Alabanzas de los Bienaventurados. 1
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Y †sucederá en aquellos días que hijos elegidos y santos †descenderán del alto cielo, y su descendencia †se hará una con los hijos de los hombres. Y en aquellos días Enoc recibió libros de celo e ira, y libros de inquietud y expulsión.] Y no se les concederá misericordia, dice Yahweh de los Espíritus. Y en aquellos días un torbellino me arrebató de la tierra, y me depositó en el confín de los cielos. Y allí vi otra visión, los lugares de morada de los santos, y los lugares de reposo de los justos. Aquí mis ojos vieron sus moradas con sus ángeles justos, y sus lugares de reposo con los santos. Y ellos pedían e intercedían y oraban por los hijos de los hombres. Y la justicia fluía ante ellos como agua, y la misericordia como rocío sobre la tierra: así es entre ellos para siempre jamás. Y en ese lugar mis ojos vieron al Elegido de justicia y de fe, y vi su lugar de morada bajo las alas de Yahweh de los Espíritus. Y la justicia prevalecerá en sus días, y los justos y elegidos serán sin número ante Él para siempre jamás.
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Y todos los justos y elegidos ante Él serán †fuertes† como luces de fuego, y su boca estará llena de bendición, y sus labios ensalzarán el nombre de Yahweh de los Espíritus, y la justicia ante Él nunca fallará, [y la rectitud nunca fallará ante Él]. Allí deseé morar, y mi espíritu anheló ese lugar de morada: y allí ha sido antes mi porción, porque así ha sido establecido acerca de mí ante Yahweh de los Espíritus. En aquellos días alabé y ensalcé el nombre de Yahweh de los Espíritus con bendiciones y alabanzas, porque Él me ha destinado para bendición y gloria según el buen placer de Yahweh de los Espíritus. Por largo tiempo mis ojos contemplaron ese lugar, y lo bendije y lo alabé, diciendo: ‘Bendito es Él, y sea bendito desde el principio y para siempre. Y ante Él no hay cesación. Él sabe, antes de que el mundo fuera creado, lo que es para siempre y lo que será de generación en generación. Los que no duermen te bendicen: están ante tu gloria y bendicen, alaban y ensalzan, diciendo: “Santo, santo, santo es Yahweh de los Espíritus: Él llena la tierra de espíritus.”’ Y aquí mis ojos vieron a todos los que no duermen: están ante Él y bendicen y dicen: ‘Bendito seas tú, y bendito sea el nombre de Yahweh para siempre jamás.’ Y mi rostro fue cambiado; porque ya no pude contemplar.
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Capítulo XL
XL. XLI. 2. Los Cuatro Arcángeles. 1
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Y después de eso vi miles de miles y diez mil veces diez mil, vi una multitud más allá de número y cómputo, que estaba ante Yahweh de los Espíritus. Y a los cuatro lados de Yahweh de los Espíritus vi cuatro presencias, diferentes de las que no duermen, y aprendí sus nombres: porque el ángel que iba conmigo me dio a conocer sus nombres, y me mostró todas las cosas ocultas. Y oí las voces de aquellas cuatro presencias mientras pronunciaban alabanzas ante Yahweh de la gloria. La primera voz bendice a Yahweh de los Espíritus para siempre jamás. Y la segunda voz oí que bendecía al Elegido y a los elegidos que penden de Yahweh de los Espíritus. Y la tercera voz oí que oraba e intercedía por los que moran en la tierra y suplicaba en el nombre de Yahweh de los Espíritus. Y oí la cuarta voz que apartaba a los Satanes y les prohibía venir ante Yahweh de los Espíritus para acusar a los que moran en la tierra. Después de eso pregunté al ángel de paz que iba conmigo, que me mostraba todo lo que está oculto: ‘¿Quiénes son estas cuatro presencias que he visto y cuyas palabras he oído y anotado?’ Y él me dijo: ‘El primero es Miguel, el misericordioso y paciente: y el segundo, que está puesto sobre todas las enfermedades y todas las heridas de los hijos de los hombres, es Rafael: y el tercero, que está puesto sobre todos los poderes, es Gabriel: y el cuarto, que está puesto sobre el 84
arrepentimiento para esperanza de los que heredan la vida eterna, se llama Phanuel.’ 10
Y estos son los cuatro ángeles de Yahweh de los Espíritus y las cuatro voces que oí en aquellos días.
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Capítulo XLI
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Y después de eso vi todos los secretos de los cielos, y cómo se divide el reino, y cómo las acciones de los hombres son pesadas en la balanza. Y allí vi las mansiones de los elegidos y las mansiones de los santos, y mis ojos vieron allí a todos los pecadores siendo expulsados de allí, que niegan el nombre de Yahweh de los Espíritus, y siendo arrastrados: y no pudieron permanecer a causa del castigo que procede de Yahweh de los Espíritus. XLI. 3-9. Secretos Astronómicos.
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Y allí mis ojos vieron los secretos del relámpago y del trueno, y los secretos de los vientos, cómo se dividen para soplar sobre la tierra, y los secretos de las nubes y del rocío, y allí vi de dónde proceden en ese lugar y de dónde saturan la tierra polvorienta. Y allí vi cámaras cerradas de las cuales se dividen los vientos, la cámara del granizo y de los vientos, la cámara de la niebla, y de las nubes, y su nube se cierne sobre la tierra desde el principio del mundo. Y vi las cámaras del sol y de la luna, de dónde proceden y adónde vuelven de nuevo, y su glorioso regreso, y cómo uno es superior al otro, y su órbita majestuosa, y cómo no abandonan su órbita, y no añaden nada a su órbita ni le quitan nada, y guardan fe el uno con el otro, conforme al juramento por el cual están unidos. Y primero sale el sol y recorre su camino conforme al mandamiento de Yahweh de los Espíritus, y poderoso es su nombre para siempre jamás. 86
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Y después de eso vi el camino oculto y visible de la luna, y ella cumple el curso de su camino en ese lugar de día y de noche—la una manteniendo una posición opuesta a la otra ante Yahweh de los Espíritus. Y dan gracias y alaban y no descansan; porque para ellos su acción de gracias es reposo. Porque el sol cambia a menudo para bendición o para maldición, y el curso del camino de la luna es luz para los justos, y tinieblas para los pecadores en el nombre de Yahweh, que hizo una separación entre la luz y las tinieblas, y dividió los espíritus de los hombres, y fortaleció los espíritus de los justos, en el nombre de su justicia. Porque ningún ángel estorba y ningún poder es capaz de estorbar; porque Él designa un juez para todos ellos y él los juzga a todos ante Él.
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Capítulo XLII
XLII. Los Lugares de Morada de la Sabiduría y de la Injusticia. 1
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La Sabiduría no encontró lugar donde pudiera morar; entonces le fue asignado un lugar de morada en los cielos. La Sabiduría salió para hacer su morada entre los hijos de los hombres, y no encontró lugar de morada: la Sabiduría volvió a su lugar y tomó su asiento entre los ángeles. Y la injusticia salió de sus cámaras: a quien no buscó, encontró, y moró con ellos, como lluvia en un desierto, y rocío sobre una tierra sedienta.
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Capítulo XLIII
XLIII. XLIV. Secretos Astronómicos. 1
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Y vi otros relámpagos y las estrellas del cielo, y vi cómo Él los llamó a todos por sus nombres y ellos le escucharon. Y vi cómo son pesados en una balanza justa según sus proporciones de luz: (vi) la anchura de sus espacios y el día de su aparición, y cómo su revolución produce relámpago: y (vi) su revolución según el número de los ángeles, y (cómo) guardan fe unos con otros. Y pregunté al ángel que iba conmigo, que me mostraba lo que estaba oculto: ‘¿Qué son estos?’ Y él me dijo: ‘Yahweh de los Espíritus te ha mostrado su significado parabólico (lit. ‘su parábola’): estos son los nombres de los santos que moran en la tierra y creen en el nombre de Yahweh de los Espíritus para siempre jamás.’
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Capítulo XLIV
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También vi otro fenómeno con respecto a los relámpagos: cómo algunas de las estrellas surgen y se convierten en relámpagos y no pueden desprenderse de su nueva forma.
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Capítulo XLV
XLV-LVII. La Segunda Parábola. La Suerte de los Apóstatas: el Cielo Nuevo y la Tierra Nueva. 1
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Y esta es la Segunda Parábola acerca de los que niegan el nombre de la morada de los santos y a Yahweh de los Espíritus. Y al cielo no ascenderán, y a la tierra no vendrán: tal será la suerte de los pecadores que han negado el nombre de Yahweh de los Espíritus, que así son preservados para el día del sufrimiento y de la tribulación. En ese día mi Elegido se sentará en el trono de la gloria y probará sus obras, y sus lugares de reposo serán innumerables. Y sus almas se fortalecerán dentro de ellos cuando vean a mis elegidos, y a los que han invocado mi nombre glorioso: entonces haré que mi Elegido more entre ellos. Y transformaré el cielo y lo haré una bendición eterna y luz, y transformaré la tierra y la haré una bendición: y haré que mis elegidos moren sobre ella: pero los pecadores y malhechores no pondrán el pie sobre ella. Porque he provisto y satisfecho con paz a mis justos, y los he hecho morar ante mí: pero para los pecadores hay juicio inminente conmigo, para que yo los destruya de la faz de la tierra. 91
Capítulo XLVI
XLVI. La Cabeza de los Días y el Hijo del Hombre. 1
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Y allí vi a Uno que tenía una cabeza de días, y su cabeza era blanca como lana, y con Él estaba otro ser cuyo semblante tenía la apariencia de un hombre, y su rostro estaba lleno de gracia, como uno de los santos ángeles. Y pregunté al ángel que iba conmigo y me mostraba todas las cosas ocultas, acerca de ese Hijo del Hombre, quién era, y de dónde era, (y) por qué iba con la Cabeza de los Días. Y él respondió y me dijo: Este es el Hijo del Hombre que tiene justicia, con quien mora la justicia, y que revela todos los tesoros de lo que está oculto, porque Yahweh de los Espíritus lo ha escogido, y cuyo lote tiene la preeminencia ante Yahweh de los Espíritus en rectitud para siempre. Y este Hijo del Hombre que has visto †levantarᆠa los reyes y a los poderosos de sus asientos, [y a los fuertes de sus tronos] y soltará las riendas de los fuertes, y quebrará los dientes de los pecadores; [y derribará a los reyes de sus tronos y reinos] porque no lo ensalzan ni lo alaban, ni reconocen humildemente de dónde les fue otorgado el reino. Y derribará el semblante de los fuertes, y los llenará de vergüenza. 92
Y las tinieblas serán su morada, y los gusanos serán su lecho, y no tendrán esperanza de levantarse de sus lechos, porque no ensalzan el nombre de Yahweh de los Espíritus. 7
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Y estos son los que †juzgan† las estrellas del cielo, [y levantan sus manos contra el Altísimo], †y pisan la tierra y moran sobre ella†. Y todas sus obras manifiestan injusticia, y su poder descansa sobre sus riquezas, y su fe está en los †dioses† que han hecho con sus manos, y niegan el nombre de Yahweh de los Espíritus, y persiguen las casas de sus congregaciones, y a los fieles que penden del nombre de Yahweh de los Espíritus.
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Capítulo XLVII
XLVII. La Oración de los Justos por Venganza y su Gozo ante su llegada. 1
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Y en aquellos días habrá ascendido la oración de los justos, y la sangre de los justos desde la tierra, ante Yahweh de los Espíritus. En aquellos días los santos que moran arriba en los cielos se unirán con una sola voz y suplicarán y orarán [y alabarán, y darán gracias y bendecirán el nombre de Yahweh de los Espíritus] en favor de la sangre de los justos que ha sido derramada, y para que la oración de los justos no sea en vano ante Yahweh de los Espíritus, para que se les haga juicio, y para que no tengan que sufrir para siempre. En aquellos días vi a la Cabeza de los Días cuando se sentó sobre el trono de su gloria, y los libros de los vivientes fueron abiertos ante Él: y toda su hueste que está en el cielo arriba y sus consejeros estaban ante Él, y los corazones de los santos se llenaron de gozo; porque el número de los justos había sido ofrecido, y la oración de los justos había sido oída, y la sangre de los justos había sido requerida ante Yahweh de los Espíritus.
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Capítulo XLVIII
XLVIII. La Fuente de la Justicia: el Hijo del Hombre—el Apoyo de los Justos: Juicio de los Reyes y los Poderosos. 1
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Y en ese lugar vi la fuente de la justicia, que era inagotable: y alrededor de ella había muchas fuentes de sabiduría; y todos los sedientos bebieron de ellas, y fueron llenos de sabiduría, y sus moradas estaban con los justos y santos y elegidos. Y en esa hora ese Hijo del Hombre fue nombrado en presencia de Yahweh de los Espíritus, y su nombre ante la Cabeza de los Días. Sí, antes de que el sol y las señales fueran creados, antes de que las estrellas del cielo fueran hechas, su nombre fue nombrado ante Yahweh de los Espíritus. Él será un báculo para los justos sobre el cual apoyarse y no caer, y será la luz de los gentiles, y la esperanza de los turbados de corazón. Todos los que moran en la tierra caerán y adorarán ante él, y alabarán y bendecirán y celebrarán con canto a Yahweh de los Espíritus. Y por esta razón ha sido escogido y escondido ante Él, antes de la creación del mundo y para siempre. Y la sabiduría de Yahweh de los Espíritus lo ha revelado a los santos y justos; porque él ha preservado el lote de los justos; porque ellos han odiado y despreciado este mundo de
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injusticia, y han odiado todas sus obras y caminos en el nombre de Yahweh de los Espíritus: porque en su nombre son salvados, y según su buen placer ha sido en cuanto a su vida. 8
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En aquellos días, abatidos en semblante habrán llegado a estar los reyes de la tierra, y los fuertes que poseen la tierra a causa de las obras de sus manos; porque en el día de su angustia y aflicción no (podrán) salvarse a sí mismos, y yo los entregaré en manos de mis elegidos: como paja en el fuego, así arderán ante el rostro de los santos: como plomo en el agua, así se hundirán ante el rostro de los justos, y ya no se hallará rastro de ellos. Y en el día de su aflicción habrá reposo sobre la tierra, y ante ellos caerán y no se levantarán de nuevo: y no habrá nadie que los tome con sus manos y los levante: porque han negado a Yahweh de los Espíritus y a su Ungido. Sea bendito el nombre de Yahweh de los Espíritus.
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Capítulo XLIX
XLIX. El Poder y la Sabiduría del Elegido. 1
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Porque la sabiduría es derramada como agua, y la gloria no falta ante él para siempre. Porque él es poderoso en todos los secretos de la justicia, y la injusticia desaparecerá como una sombra, y no tendrá permanencia; porque el Elegido está ante Yahweh de los Espíritus, y su gloria es para siempre jamás, y su poder para todas las generaciones. Y en él mora el espíritu de sabiduría, y el espíritu que da entendimiento, y el espíritu de comprensión y de poder, y el espíritu de los que han dormido en justicia. Y él juzgará las cosas secretas, y nadie podrá pronunciar una palabra mentirosa ante él; porque él es el Elegido ante Yahweh de los Espíritus según su buen placer.
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Capítulo L
L. La Glorificación y Victoria de los Justos: el Arrepentimiento de los Gentiles. 1
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Y en aquellos días tendrá lugar un cambio para los santos y elegidos, y la luz de los días morará sobre ellos, y la gloria y el honor se volverán a los santos, en el día de la aflicción en el cual el mal habrá sido atesorado contra los pecadores. Y los justos serán victoriosos en el nombre de Yahweh de los Espíritus: y Él hará que los otros sean testigos (de esto), para que se arrepientan y abandonen las obras de sus manos. No tendrán honor por el nombre de Yahweh de los Espíritus, pero por su nombre serán salvados, y Yahweh de los Espíritus tendrá compasión de ellos, porque su compasión es grande. Y Él es justo también en su juicio, y en presencia de su gloria la injusticia tampoco se mantendrá: en su juicio los impenitentes perecerán ante Él. Y en adelante no tendré misericordia de ellos, dice Yahweh de los Espíritus.
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Capítulo LI
LI. La Resurrección de los Muertos, y la Separación por el Juez de los Justos y los Malvados. 1
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Y en aquellos días la tierra también devolverá lo que le ha sido confiado, y el Seol también devolverá lo que ha recibido, y el infierno devolverá lo que debe. Porque en aquellos días surgirá el Elegido, y escogerá a los justos y santos de entre ellos: porque el día se ha acercado en que deberían ser salvados. Y el Elegido en aquellos días se sentará en mi trono, y su boca derramará todos los secretos de sabiduría y consejo: porque Yahweh de los Espíritus le ha dado (ellos) y lo ha glorificado. Y en aquellos días las montañas saltarán como carneros, y las colinas también brincarán como corderos satisfechos de leche, y los rostros de [todos] los ángeles en el cielo serán iluminados con gozo. Y la tierra se regocijará, c. Y los justos morarán sobre ella, d. Y los elegidos caminarán sobre ella.
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Capítulo LII
LII. Las Siete Montañas de Metal y el Elegido. Nota editorial de la fuente. [Solo se mencionan seis; véase la nota de Charles en su edición grande.—Edd.] 1
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Y después de aquellos días, en ese lugar donde había visto todas las visiones de lo que está oculto—porque había sido arrebatado en un torbellino y ellos me habían llevado hacia el oeste— allí mis ojos vieron todas las cosas secretas del cielo que han de ser, una montaña de hierro, y una montaña de cobre, y una montaña de plata, y una montaña de oro, y una montaña de metal blando, y una montaña de plomo. Y pregunté al ángel que iba conmigo, diciendo: ‘¿Qué cosas son estas que he visto en secreto?’ Y él me dijo: ‘Todas estas cosas que has visto servirán al dominio de su Ungido, para que él sea potente y poderoso en la tierra.’ Y aquel ángel de paz respondió, diciendo: ‘Espera un poco y te serán reveladas todas las cosas secretas que rodean a Yahweh de los Espíritus. Y estas montañas que tus ojos han visto, la montaña de hierro, y la montaña de cobre, y la montaña de plata, y la montaña de oro, y la montaña de metal blando, y la montaña de plomo, todas estas estarán en presencia del Elegido, como cera ante el fuego, y como el agua que desciende desde arriba [sobre aquellas montañas], y se volverán impotentes ante sus pies. Y sucederá en aquellos días que nadie será salvado,
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Ni por oro ni por plata, y nadie podrá escapar. 8
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Y no habrá hierro para la guerra, ni se vestirá nadie con una coraza. El bronce no servirá de nada, y el estaño [no servirá de nada y] no será estimado, y el plomo no será deseado. Y todas estas cosas serán [negadas y] destruidas de la superficie de la tierra, cuando el Elegido aparezca ante el rostro de Yahweh de los Espíritus.’
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Capítulo LIII
LIII. LIV. 6. El Valle del Juicio: los Ángeles del Castigo: las Comunidades del Elegido. 1
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Allí mis ojos vieron un valle profundo con bocas abiertas, y todos los que moran en la tierra y el mar y las islas le traerán dones y presentes y muestras de homenaje, pero ese valle profundo no se llenará. Y sus manos cometen obras sin ley, y los pecadores devoran a todos a quienes oprimen sin ley: sin embargo, los pecadores serán destruidos ante el rostro de Yahweh de los Espíritus, y serán desterrados de la faz de su tierra, y perecerán para siempre jamás. Porque vi a todos los ángeles del castigo que moraban (allí) y preparaban todos los instrumentos de Satanás. Y pregunté al ángel de paz que iba conmigo: ‘¿Para quién están preparando estos instrumentos?’ Y él me dijo: ‘Los preparan para los reyes y los poderosos de esta tierra, para que por ellos sean destruidos. Y después de esto, el Justo y Elegido hará aparecer la casa de su congregación: en adelante ya no serán estorbados en el nombre de Yahweh de los Espíritus. Y estas montañas no permanecerán como la tierra ante su justicia, sino que las colinas serán como una fuente de agua, y los justos tendrán reposo de la opresión de los pecadores.’
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Capítulo LIV
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Y miré y me volví a otra parte de la tierra, y vi allí un valle profundo con fuego ardiente. Y trajeron a los reyes y a los poderosos, y comenzaron a arrojarlos a este valle profundo. Y allí mis ojos vieron cómo hacían estos sus instrumentos, cadenas de hierro de peso inmensurable. Y pregunté al ángel de paz que iba conmigo, diciendo: ‘¿Para quién se preparan estas cadenas?’ Y él me dijo: ‘Estas se preparan para las huestes de Azâzêl, para que ellos las tomen y los arrojen al abismo de la condenación completa, y cubrirán sus quijadas con piedras ásperas, como mandó Yahweh de los Espíritus. Y Miguel, y Gabriel, y Rafael, y Phanuel los tomarán en ese gran día, y los arrojarán en ese día al horno ardiente, para que Yahweh de los Espíritus tome venganza de ellos por su injusticia al hacerse sujetos a Satanás y extraviar a los que moran en la tierra.’ LIV. 7-LV. 2. Fragmento Noáquico sobre el primer Juicio del Mundo.
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‘Y en aquellos días vendrá castigo de Yahweh de los Espíritus, y Él abrirá todas las cámaras de las aguas que están sobre los cielos, y de las fuentes que están debajo de la tierra. Y todas las aguas se unirán con las aguas: lo que está sobre los cielos es lo masculino, y el agua que está debajo de la tierra es lo femenino. Y destruirán a todos los que moran en la tierra y a los que moran bajo los confines del cielo.
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Y cuando hayan reconocido su injusticia que han obrado en la tierra, entonces por estas perecerán.’
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Capítulo LV
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Y después de eso, la Cabeza de los Días se arrepintió y dijo: ‘En vano he destruido a todos los que moran en la tierra.’ Y Él juró por su gran nombre: ‘En adelante no haré así a todos los que moran en la tierra, y pondré una señal en el cielo: y esta será una prenda de buena fe entre mí y ellos para siempre, mientras el cielo esté sobre la tierra. Y esto es conforme a mi mandato.’ LV. 3-LVI. 4. Juicio Final de Azâzêl, los Vigilantes y sus hijos.
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‘Cuando haya deseado tomarlos por la mano de los ángeles en el día de la tribulación y del dolor a causa de esto, haré que mi castigo y mi ira permanezcan sobre ellos, dice Yahweh, Yahweh de los Espíritus. Vosotros, †reyes poderosos† que moráis en la tierra, tendréis que contemplar a mi Elegido, cómo se sienta en el trono de la gloria y juzga a Azâzêl, y a todos sus asociados, y a todas sus huestes en el nombre de Yahweh de los Espíritus.’
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Capítulo LVI
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Y vi allí a las huestes de los ángeles del castigo que iban, y sostenían azotes y cadenas de hierro y bronce. Y pregunté al ángel de paz que iba conmigo, diciendo: ‘¿Hacia quiénes van estos que sostienen los azotes?’ Y él me dijo: ‘Hacia sus elegidos y amados, para que sean arrojados a la sima del abismo del valle. Y entonces ese valle se llenará con sus elegidos y amados, y los días de sus vidas llegarán a su fin, y los días de su extravío ya no serán contados en adelante. LVI. 5-8. Última lucha de las Potencias paganas contra Israel.
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Y en aquellos días los ángeles regresarán y se lanzarán hacia el oriente sobre los partos y los medos: agitarán a los reyes, de modo que un espíritu de inquietud vendrá sobre ellos, y los levantarán de sus tronos, para que irrumpan como leones de sus guaridas, y como lobos hambrientos entre sus rebaños. Y subirán y pisotearán la tierra de Sus elegidos, [y la tierra de Sus elegidos será delante de ellos una era y un camino]: pero la ciudad de mis justos será un obstáculo para sus caballos. Y comenzarán a luchar entre sí, y su mano derecha será fuerte contra ellos mismos, y un hombre no conocerá a su hermano, ni un hijo a su padre o a su madre, 106
hasta que no haya número de los cadáveres por su matanza, y su castigo no sea en vano. 8
En aquellos días el Seol abrirá sus fauces, y serán tragados en él, y su destrucción llegará a su fin; el Seol devorará a los pecadores en presencia de los elegidos.»
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Capítulo LVII
LVII. El Regreso de la Dispersión. 1
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Y aconteció después de esto que vi otra hueste de carros, y hombres que cabalgaban en ellos, y que venían sobre los vientos desde el oriente, y desde el occidente hacia el sur. Y se oyó el ruido de sus carros, y cuando tuvo lugar esta conmoción los santos desde el cielo lo notaron, y las columnas de la tierra fueron movidas de su lugar, y su sonido se oyó de un extremo del cielo al otro, en un día. Y todos caerán y adorarán a Yahweh de los Espíritus. Y este es el fin de la segunda Parábola.
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Capítulo LVIII
LVIII-LXXI. La Tercera Parábola. LVIII. La Bienaventuranza de los Santos. 1
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Y comencé a hablar la tercera Parábola acerca de los justos y los elegidos. Bienaventurados sois vosotros, justos y elegidos, porque gloriosa será vuestra suerte. Y los justos estarán en la luz del sol, y los elegidos en la luz de la vida eterna: los días de su vida serán sin fin, y los días de los santos sin número. Y buscarán la luz y hallarán justicia con Yahweh de los Espíritus: habrá paz para los justos en el nombre del Yahweh Eterno. Y después de esto se dirá a los santos en el cielo que busquen los secretos de la justicia, la heredad de la fe: porque se ha vuelto brillante como el sol sobre la tierra, y las tinieblas han pasado. Y habrá una luz que nunca termina, y a un límite (lit. «número») de días no llegarán, porque las tinieblas habrán sido destruidas primero, [y la luz establecida delante de Yahweh de los Espíritus] y la luz de la rectitud establecida para siempre delante de Yahweh de los Espíritus. [
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Capítulo LIX
LIX. Las Luces y el Trueno. 1
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En aquellos días mis ojos vieron los secretos de los relámpagos, y de las luces, y los juicios que ejecutan (lit. «su juicio»): y relampaguean para bendición o para maldición según Yahweh de los Espíritus quiere. Y allí vi los secretos del trueno, y cómo cuando resuena arriba en el cielo, se oye su sonido, y me hizo ver los juicios ejecutados sobre la tierra, ya sean para bienestar y bendición, o para maldición, según la palabra de Yahweh de los Espíritus. Y después de eso me fueron mostrados todos los secretos de las luces y los relámpagos, y relampaguean para bendición y para saciar.]
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Capítulo LX
LX. Libro de Noé — un Fragmento. Temblor del Cielo: Behemot y Leviatán: los Elementos. 1
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En el año quinientos, en el séptimo mes, en el día catorce del mes en la vida de †Enoc†. En aquella Parábola vi cómo un poderoso temblor hizo temblar el cielo de los cielos, y la hueste del Altísimo, y los ángeles, mil millares y diez mil veces diez mil, fueron turbados con gran turbación. Y la Cabeza de los Días se sentó en el trono de Su gloria, y los ángeles y los justos estuvieron alrededor de Él. Y un gran temblor se apoderó de mí, y el temor me tomó, y mis lomos cedieron, y se disolvieron mis riñones, y caí sobre mi rostro. Y Miguel envió a otro ángel de entre los santos y me levantó, y cuando me hubo levantado mi espíritu volvió; porque no había podido soportar la mirada de esta hueste, y la conmoción y el temblor del cielo. Y Miguel me dijo: «¿Por qué estás turbado con tal visión? Hasta este día duró el día de Su misericordia; y Él ha sido misericordioso y paciente hacia los que moran en la tierra. Y cuando vengan el día, y el poder, y el castigo, y el juicio, que Yahweh de los Espíritus ha preparado para los que no adoran la ley justa, y para los que niegan el juicio justo, y para los que toman Su nombre en vano — ese día está 111
preparado; para los elegidos un pacto, pero para los pecadores una inquisición. Lectura fuente paralela, versículo 5. Cuando el castigo de Yahweh de los Espíritus repose sobre ellos, reposará para que el castigo de Yahweh de los Espíritus no venga en vano, y matará a los hijos con sus madres y a los hijos con sus padres. Después el juicio tendrá lugar según Su misericordia y Su paciencia.» 7
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Y en aquel día fueron separados dos monstruos, un monstruo hembra llamado Leviatán, para morar en los abismos del océano sobre las fuentes de las aguas. Pero el macho se llama Behemot, que ocupó con su pecho un desierto desolado llamado †Dûidâin†, al oriente del jardín donde moran los elegidos y los justos, donde mi abuelo fue llevado, el séptimo desde Adán, el primer hombre que Yahweh de los Espíritus creó. Y rogué al otro ángel que me mostrara el poder de esos monstruos, cómo fueron separados en un día y arrojados, el uno a los abismos del mar, y el otro a la tierra seca del desierto. Y me dijo: «Tú, hijo de hombre, en esto buscas conocer lo que está oculto.» Y el otro ángel que iba conmigo y me mostraba lo que estaba oculto me dijo lo que es primero y último en el cielo en lo alto, y debajo de la tierra en lo profundo, y en los extremos del cielo, y sobre el fundamento del cielo. Y las cámaras de los vientos, y cómo se dividen los vientos, y cómo se pesan, y (cómo) se cuentan los portales de los vientos, cada uno según el poder del viento, y el poder de las luces de la luna, y según el poder que conviene: y las divisiones de las estrellas según sus nombres, y cómo se dividen todas las divisiones.
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Y los truenos según los lugares donde caen, y todas las divisiones que se hacen entre los relámpagos para que relampagueen, y su hueste para que obedezcan al instante. Porque el trueno tiene †lugares de reposo† (que) le son asignados (a él) mientras espera su estruendo; y el trueno y el relámpago son inseparables, y aunque no son uno e indivisos, ambos van juntos por medio del espíritu y no se separan. Porque cuando el relámpago relampaguea, el trueno pronuncia su voz, y el espíritu impone una pausa durante el estruendo, y divide por igual entre ellos; porque el tesoro de sus estruendos es como la arena, y cada uno de ellos al tronar es retenido con una brida, y hecho volver por el poder del espíritu, e impulsado adelante según las muchas regiones de la tierra. Y el espíritu del mar es masculino y fuerte, y según la fuerza de su poder lo hace retroceder con una rienda, y de igual manera es impulsado adelante y se dispersa entre todas las montañas de la tierra. Y el espíritu de la escarcha tiene su propio ángel, y el espíritu del granizo es un ángel bueno. Y el espíritu de la nieve ha abandonado (su cámara) a causa de su fuerza — hay en él un espíritu especial, y lo que asciende de él es como humo, y su nombre es escarcha. Y el espíritu de la niebla no está unido con ellos en sus cámaras, sino que tiene una cámara especial; porque su curso es †glorioso† tanto en la luz como en las tinieblas, y en invierno y en verano, y en su cámara hay un ángel. Y el espíritu del rocío tiene su morada en los extremos del cielo, y está conectado con las cámaras de la lluvia, y su curso es en invierno y en verano: y sus
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nubes y las nubes de la niebla están conectadas, y la una da a la otra. 21
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Y cuando el espíritu de la lluvia sale de su cámara, los ángeles vienen y abren la cámara y lo conducen fuera, y cuando se difunde sobre toda la tierra se une con el agua sobre la tierra. Y cuandoquiera que se une con el agua sobre la tierra.... Porque las aguas son para los que moran en la tierra; porque son alimento para la tierra desde el Altísimo que está en el cielo: por tanto hay una medida para la lluvia, y los ángeles se encargan de ella. Y estas cosas vi hacia el Jardín de los Justos. Y el ángel de paz que estaba conmigo me dijo: «Estos dos monstruos, preparados, conforme a la grandeza de Yahweh, se alimentarán....»
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Capítulo LXI
LXI. Los ángeles parten para medir el Paraíso: el Juicio de los Justos por el Elegido: la Alabanza del Elegido y de Yahweh. 1
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Y vi en aquellos días cómo se dieron cuerdas largas a aquellos ángeles, y tomaron alas para sí y volaron, y fueron hacia el norte. Y pregunté al ángel, diciéndole: «¿Por qué han tomado aquellos (ángeles) estas cuerdas y se han ido?» Y me dijo: «Han ido a medir.» Y el ángel que iba conmigo me dijo: «Estos traerán las medidas de los justos, y las cuerdas de los justos a los justos, para que se apoyen en el nombre de Yahweh de los Espíritus para siempre jamás. Los elegidos comenzarán a morar con los elegidos, y esas son las medidas que serán dadas a la fe y que fortalecerán la justicia. Y estas medidas revelarán todos los secretos de las profundidades de la tierra, y a los que han sido destruidos por el desierto, y a los que han sido devorados por las bestias, y a los que han sido devorados por los peces del mar, para que vuelvan y se apoyen en el día del Elegido; porque ninguno será destruido delante de Yahweh de los Espíritus, y ninguno puede ser destruido. Y todos los que moran arriba en el cielo recibieron un mandamiento y poder y una voz y una luz semejante al fuego.
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Y a aquel Uno (con) sus primeras palabras bendijeron, y exaltaron y alabaron con sabiduría, y fueron sabios en el hablar y en el espíritu de vida. Y Yahweh de los Espíritus puso al Elegido en el trono de gloria. Y él juzgará todas las obras de los santos arriba en el cielo, y en la balanza serán pesadas sus obras. Y cuando levante su rostro para juzgar sus caminos secretos según la palabra del nombre de Yahweh de los Espíritus, y su senda según el camino del juicio justo de Yahweh de los Espíritus, entonces todos con una voz hablarán y bendecirán, y glorificarán y exaltarán y santificarán el nombre de Yahweh de los Espíritus. Y Él convocará a toda la hueste de los cielos, y a todos los santos de arriba, y a la hueste de Yahweh, los Querubines, Serafines y Ofanines, y a todos los ángeles de poder, y a todos los ángeles de principados, y al Elegido, y a los demás poderes sobre la tierra (y) sobre el agua. En aquel día levantarán una voz, y bendecirán y glorificarán y exaltarán en el espíritu de fe, y en el espíritu de sabiduría, y en el espíritu de paciencia, y en el espíritu de misericordia, y en el espíritu de juicio y de paz, y en el espíritu de bondad, y todos dirán con una voz: «Bendito es Él, y sea bendito el nombre de Yahweh de los Espíritus para siempre jamás.» Todos los que no duermen arriba en el cielo lo bendecirán: todos los santos que están en el cielo lo bendecirán, y todos los elegidos que moran en el jardín de la vida: y todo espíritu de luz que es capaz de bendecir, y glorificar, y exaltar, y santificar Tu nombre bendito,
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y toda carne glorificará y bendecirá sin medida Tu nombre para siempre jamás. 13
Porque grande es la misericordia de Yahweh de los Espíritus, y Él es paciente, y todas Sus obras y todo lo que ha creado lo ha revelado a los justos y elegidos, en el nombre de Yahweh de los Espíritus.»
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Capítulo LXII
LXII. Juicio de los Reyes y los Poderosos: Bienaventuranza de los Justos. 1
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Y así Yahweh mandó a los reyes y a los poderosos y a los exaltados, y a los que moran en la tierra, y dijo: «Abrid vuestros ojos y levantad vuestros cuernos si sois capaces de reconocer al Elegido.» Y Yahweh de los Espíritus lo sentó en el trono de Su gloria, y el espíritu de justicia fue derramado sobre él, y la palabra de su boca mata a todos los pecadores, y todos los injustos son destruidos delante de su rostro. Y se levantarán en aquel día todos los reyes y los poderosos, y los exaltados y los que poseen la tierra, y verán y reconocerán cómo se sienta en el trono de su gloria, y la justicia es juzgada delante de él, y ninguna palabra mentirosa se habla delante de él. Entonces vendrá dolor sobre ellos como sobre una mujer en dolores de parto, [y ella tiene dolor al dar a luz] cuando su hijo entra en la boca del vientre, y ella tiene dolor al dar a luz. Y una porción de ellos mirará a la otra, y estarán aterrados, y estarán abatidos de rostro, y el dolor se apoderará de ellos, cuando vean a aquel Hijo del Hombre sentado en el trono de su gloria.
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Y los reyes y los poderosos y todos los que poseen la tierra bendecirán y glorificarán y exaltarán a aquel que gobierna sobre todo, que estaba oculto. Porque desde el principio el Hijo del Hombre estaba oculto, y el Altísimo lo preservó en presencia de Su poder, y lo reveló a los elegidos. Y la congregación de los elegidos y santos será sembrada, y todos los elegidos estarán delante de él en aquel día. Y todos los reyes y los poderosos y los exaltados y los que gobiernan la tierra caerán delante de él sobre sus rostros, y adorarán y pondrán su esperanza en aquel Hijo del Hombre, y le suplicarán y pedirán misericordia de sus manos. Sin embargo, aquel Yahweh de los Espíritus los apremiará tanto que saldrán apresuradamente de Su presencia, y sus rostros se llenarán de vergüenza, y las tinieblas se harán más profundas sobre sus rostros. Y Él los entregará a los ángeles para castigo, para ejecutar venganza sobre ellos porque han oprimido a Sus hijos y a Sus elegidos. Y serán un espectáculo para los justos y para Sus elegidos: se gozarán sobre ellos, porque la ira de Yahweh de los Espíritus reposa sobre ellos, y Su espada está embriagada con su sangre. Y los justos y elegidos serán salvos en aquel día, y nunca en adelante verán el rostro de los pecadores e injustos. Y Yahweh de los Espíritus morará sobre ellos, y con aquel Hijo del Hombre comerán y se acostarán y se levantarán para siempre jamás.
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Y los justos y elegidos se habrán levantado de la tierra, y habrán dejado de tener el rostro abatido. Y habrán sido vestidos con vestiduras de gloria, y serán las vestiduras de vida de Yahweh de los Espíritus: y vuestras vestiduras no envejecerán, ni vuestra gloria pasará delante de Yahweh de los Espíritus.
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Capítulo LXIII
LXIII. El inútil Arrepentimiento de los Reyes y los Poderosos. 1
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En aquellos días los poderosos y los reyes que poseen la tierra implorarán (a Él) que les conceda un poco de respiro de Sus ángeles de castigo a quienes fueron entregados, para que pudieran postrarse y adorar delante de Yahweh de los Espíritus, y confesar sus pecados delante de Él. Y bendecirán y glorificarán a Yahweh de los Espíritus, y dirán: «Bendito es Yahweh de los Espíritus y Yahweh de reyes, y Yahweh de los poderosos y Yahweh de los ricos, y Yahweh de gloria y Yahweh de sabiduría; y espléndido en todo secreto es Tu poder de generación en generación, y Tu gloria para siempre jamás: profundos son todos Tus secretos e innumerables, y Tu justicia es incalculable. Ahora hemos aprendido que debemos glorificar y bendecir a Yahweh de reyes y a Aquel que es Rey sobre todos los reyes.» Y dirán: «¡Ojalá tuviéramos descanso para glorificar y dar gracias y confesar nuestra fe delante de Su gloria! Y ahora anhelamos un poco de descanso, pero no lo hallamos: lo perseguimos con empeño y no lo obtenemos: y la luz ha desaparecido delante de nosotros, y las tinieblas son nuestra morada para siempre jamás: porque no hemos creído delante de Él, ni glorificado el nombre de Yahweh de los Espíritus, [ni glorificado a nuestro Yahweh]
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pero nuestra esperanza estaba en el cetro de nuestro reino, y en nuestra gloria. 8
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Y en el día de nuestro sufrimiento y tribulación Él no nos salva, y no hallamos respiro para la confesión, de que nuestro Yahweh es verdadero en todas Sus obras, y en Sus juicios y Su justicia; y Sus juicios no hacen acepción de personas. Y pasamos delante de Su rostro a causa de nuestras obras, y todos nuestros pecados son contados en justicia.» Ahora se dirán a sí mismos: «Nuestras almas están llenas de ganancia injusta, pero no nos impide descender de en medio de ella a la †carga† del Seol.» Y después de eso sus rostros se llenarán de tinieblas y vergüenza delante de aquel Hijo del Hombre, y serán expulsados de su presencia, y la espada permanecerá delante de su rostro en medio de ellos. Así habló Yahweh de los Espíritus: «Esta es la ordenanza y el juicio con respecto a los poderosos y los reyes y los exaltados y los que poseen la tierra delante de Yahweh de los Espíritus.»
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Capítulo LXIV
LXIV. Visión de los Ángeles caídos en el Lugar de Castigo. 1
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Y vi otras formas ocultas en aquel lugar. Oí la voz del ángel que decía: «Estos son los ángeles que descendieron a la tierra, y revelaron lo que estaba oculto a los hijos de los hombres, y sedujeron a los hijos de los hombres para que cometieran pecado.»
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Capítulo LXV
LXV. Enoc predice a Noé el Diluvio y su propia Preservación. 1
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Y en aquellos días Noé vio la tierra que se había hundido y su destrucción estaba cerca. Y se levantó de allí y fue a los extremos de la tierra, y clamó en voz alta a su abuelo Enoc: y Noé dijo tres veces con voz amargada: «Óyeme, óyeme, óyeme.» Y yo le dije: «Dime qué es lo que está ocurriendo en la tierra, que la tierra está en tan mal estado y sacudida, no sea que perezca con ella.» Y enseguida hubo una gran conmoción sobre la tierra, y se oyó una voz desde el cielo, y caí sobre mi rostro. Y Enoc mi abuelo vino y se puso junto a mí, y me dijo: «¿Por qué has clamado a mí con un clamor amargo y llanto? Y un mandamiento ha salido de la presencia de Yahweh acerca de los que moran en la tierra, que su ruina está cumplida porque han aprendido todos los secretos de los ángeles, y toda la violencia de los Satanes, y todos sus poderes — los más secretos — y todo el poder de los que practican la hechicería, y el poder de la brujería, y el poder de los que hacen imágenes fundidas para toda la tierra: y cómo se produce la plata del polvo de la tierra, y cómo se origina el metal blando en la tierra. Porque el plomo y el estaño no se producen de la tierra como el primero: es una fuente que los produce, y un ángel está en ella, y ese ángel es preeminente.»
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Y después de eso mi abuelo Enoc me tomó de mi mano y me levantó, y me dijo: «Ve, porque he preguntado a Yahweh de los Espíritus acerca de esta conmoción en la tierra. Y Él me dijo: “A causa de su injusticia su juicio ha sido determinado y no será retenido por Mí para siempre. A causa de las hechicerías que han buscado y aprendido, la tierra y los que moran en ella serán destruidos.” Y estos — no tienen lugar de arrepentimiento para siempre, porque les han mostrado lo que estaba oculto, y son los condenados: pero en cuanto a ti, hijo mío, Yahweh de los Espíritus sabe que eres puro, y sin culpa de este reproche acerca de los secretos. Y ha destinado tu nombre a estar entre los santos, y te preservará entre los que moran en la tierra, y ha destinado tu descendencia justa tanto para la realeza como para grandes honores, y de tu descendencia procederá una fuente de justos y santos sin número para siempre.»
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Capítulo LXVI
LXVI. A los Ángeles de las Aguas se les ordena contenerlas. 1
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Y después de eso me mostró los ángeles de castigo que están preparados para venir y soltar todos los poderes de las aguas que están debajo en la tierra para traer juicio y destrucción sobre todos los que [habitan y] moran en la tierra. Y Yahweh de los Espíritus dio mandamiento a los ángeles que salían, de que no hicieran subir las aguas sino que las contuvieran; porque aquellos ángeles estaban sobre los poderes de las aguas. Y me fui de la presencia de Enoc.
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Capítulo LXVII
LXVII. La Promesa de Yahweh a Noé: Lugares de Castigo de los Ángeles y de los Reyes. 1
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Y en aquellos días Yeshua, la Palabra de Yahweh, vino a mí, y me dijo: «Noé, tu suerte ha subido delante de Mí, una suerte sin culpa, una suerte de amor y rectitud. Y ahora los ángeles están haciendo una (construcción) de madera, y cuando hayan completado esa tarea pondré Mi mano sobre ella y la preservaré, y de ella saldrá la semilla de vida, y sobrevendrá un cambio de modo que la tierra no quede sin habitante. Y afirmaré tu descendencia delante de mí para siempre jamás, y esparciré a los que moran contigo: no será infructuosa sobre la faz de la tierra, sino que será bendecida y se multiplicará sobre la tierra en el nombre de Yahweh.» Y Él encarcelará a aquellos ángeles, que han mostrado injusticia, en aquel valle ardiente que mi abuelo Enoc me había mostrado antes en el occidente entre las montañas de oro y plata e hierro y metal blando y estaño. Y vi aquel valle en el que había una gran convulsión y una convulsión de las aguas. Y cuando todo esto tuvo lugar, de aquel metal fundido ardiente y de su convulsión en aquel lugar, se produjo un olor de azufre, y estaba conectado con aquellas aguas, y aquel valle de los ángeles que habían extraviado (a la humanidad) ardía debajo de aquella tierra. Y por sus valles proceden arroyos de fuego, donde son castigados estos ángeles que habían extraviado a los que moran sobre la tierra.
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Pero aquellas aguas servirán en aquellos días para los reyes y los poderosos y los exaltados, y los que moran en la tierra, para la sanidad del cuerpo, pero para el castigo del espíritu; ahora su espíritu está lleno de lujuria, para que sean castigados en su cuerpo, porque han negado a Yahweh de los Espíritus y ven su castigo diariamente, y sin embargo no creen en Su nombre. Y en proporción a que el ardor de sus cuerpos se vuelva severo, un cambio correspondiente tendrá lugar en su espíritu para siempre jamás; porque delante de Yahweh de los Espíritus ninguno pronunciará una palabra vana. Porque el juicio vendrá sobre ellos, porque creen en la lujuria de su cuerpo y niegan el Espíritu de Yahweh. Y esas mismas aguas sufrirán un cambio en aquellos días; porque cuando aquellos ángeles sean castigados en estas aguas, estas fuentes de agua cambiarán su temperatura, y cuando los ángeles asciendan, esta agua de las fuentes cambiará y se volverá fría. Y oí a Miguel que respondía y decía: «Este juicio con el que los ángeles son juzgados es un testimonio para los reyes y los poderosos que poseen la tierra.» Porque estas aguas de juicio sirven para la sanidad del cuerpo de los reyes y la lujuria de su cuerpo; por tanto no verán y no creerán que aquellas aguas cambiarán y se volverán un fuego que arde para siempre.
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Capítulo LXVIII
LXVIII. Miguel y Rafael atónitos ante la Severidad del Juicio. 1
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Y después de eso mi abuelo Enoc me dio la enseñanza de todos los secretos en el libro y en las Parábolas que le habían sido dadas; y los reunió para mí en las palabras del libro de las Parábolas. Y en aquel día Miguel respondió a Rafael y dijo: «El poder del espíritu me transporta y me hace temblar a causa de la severidad del juicio de los secretos, el juicio de los ángeles: ¿quién puede soportar el severo juicio que ha sido ejecutado, y delante del cual se derriten?» Y Miguel respondió de nuevo, y dijo a Rafael: «¿Quién es aquel cuyo corazón no se ablanda acerca de ello, y cuyos riñones no se turban por esta palabra de juicio (que) ha salido sobre ellos a causa de los que así los han sacado?» Y aconteció cuando estuvo delante de Yahweh de los Espíritus, Miguel dijo así a Rafael: «No tomaré su parte bajo el ojo de Yahweh; porque Yahweh de los Espíritus se ha enojado con ellos porque obran como si fueran Yahweh. Por tanto todo lo que está oculto vendrá sobre ellos para siempre jamás; porque ni ángel ni hombre tendrá su porción (en ello), sino que solos ellos han recibido su juicio para siempre jamás.»
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Capítulo LXIX
LXIX. Los Nombres y Funciones de los (Ángeles caídos y) Satanes: el Juramento secreto. 1
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Y después de este juicio los aterrarán y los harán temblar porque han mostrado esto a los que moran en la tierra. Y he aquí los nombres de aquellos ángeles [y estos son sus nombres: el primero de ellos es Samjâzâ, el segundo Artâqîfâ, y el tercero Armên, el cuarto Kôkabêl, el quinto †Tûrâêl†, el sexto Rûmjâl, el séptimo Dânjâl, el octavo †Nêqâêl†, el noveno Barâqêl, el décimo Azâzêl, el undécimo Armârôs, el duodécimo Batarjâl, el decimotercero †Busasêjal†, el decimocuarto Hanânêl, el decimoquinto †Tûrêl†, y el decimosexto Sîmâpêsîêl, el decimoséptimo Jetrêl, el decimoctavo Tûmâêl, el decimonoveno Tûrêl, el vigésimo †Rûmâêl†, el vigésimo primero †Azâzêl†. Y estos son los jefes de sus ángeles y sus nombres, y sus jefes sobre cientos y sobre cincuentas y sobre decenas.] El nombre del primero Jeqôn: es decir, el que extravió [a todos] los hijos de Yahweh, y los hizo descender a la tierra, y los extravió por medio de las hijas de los hombres. Y el segundo fue llamado Asbeêl: él impartió a los santos hijos de Yahweh mal consejo, y los extravió de modo que profanaron sus cuerpos con las hijas de los hombres. Y el tercero fue llamado Gâdreêl: él es quien mostró a los hijos de los hombres todos los golpes de muerte, y extravió a Eva, y mostró [las armas de muerte a los hijos de los hombres] el escudo y la cota de malla, y la
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espada para la batalla, y todas las armas de muerte a los hijos de los hombres. 7
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Y de su mano han procedido contra los que moran en la tierra desde aquel día y para siempre. Y el cuarto fue llamado Pênêmûe: él enseñó a los hijos de los hombres lo amargo y lo dulce, y les enseñó todos los secretos de su sabiduría. E instruyó a la humanidad en la escritura con tinta y papel, y por ello muchos pecaron desde la eternidad hasta la eternidad y hasta este día. Porque los hombres no fueron creados para tal propósito, para dar confirmación a su buena fe con pluma y tinta. Porque los hombres fueron creados exactamente como los ángeles, con la intención de que permanecieran puros y justos, y la muerte, que destruye todo, no habría podido apoderarse de ellos; pero por este conocimiento suyo están pereciendo, y por este poder †me está consumiendo†. Y el quinto fue llamado Kâsdejâ: este es el que mostró a los hijos de los hombres todos los golpes malvados de espíritus y demonios, y los golpes del embrión en el vientre, para que perezca, y [los golpes del alma] las mordeduras de la serpiente, y los golpes que acontecen por el calor del mediodía, el hijo de la serpiente llamado Tabâ’ĕt. Y esta es la tarea de Kâsbeêl, el jefe del juramento que mostró a los santos cuando moraba en lo alto en gloria, y su nombre es Bîqâ. Este (ángel) pidió a Miguel que le mostrara el nombre oculto, para que pudiera enunciarlo en el juramento, de modo que temblaran delante de aquel nombre y juramento los que revelaron todo lo que estaba en secreto a los hijos de los hombres.
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Y este es el poder de este juramento, porque es poderoso y fuerte, y él puso este juramento Akâe en la mano de Miguel. Y estos son los secretos de este juramento.... Y son fuertes por su juramento: Y el cielo fue suspendido antes de que el mundo fuera creado, y para siempre. Y por medio de él la tierra fue fundada sobre el agua, y de los recesos secretos de las montañas vienen aguas hermosas, desde la creación del mundo y hasta la eternidad. Y por medio de aquel juramento el mar fue creado, y †como su fundamento† Él le puso la arena contra el tiempo de (su) ira, y no se atreve a pasar más allá de ella desde la creación del mundo hasta la eternidad. Y por medio de aquel juramento las profundidades son afirmadas, y permanecen y no se mueven de su lugar desde la eternidad hasta la eternidad. Y por medio de aquel juramento el sol y la luna completan su curso, y no se desvían de su ordenanza desde la eternidad hasta la eternidad. Y por medio de aquel juramento las estrellas completan su curso, y Él las llama por sus nombres, y ellas le responden desde la eternidad hasta la eternidad. Y de igual manera los espíritus del agua, y de los vientos, y de todos los céfiros, y (sus) sendas desde todos los cuadrantes de los vientos. Y allí se preservan las voces del trueno y la luz de los relámpagos: y allí se preservan las cámaras del granizo y las cámaras de la escarcha
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y las cámaras de la niebla, y las cámaras de la lluvia y del rocío. 24
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Y todos estos creen y dan gracias delante de Yahweh de los Espíritus, y glorifican (a Él) con todo su poder, y su alimento está en todo acto de acción de gracias: dan gracias y glorifican y exaltan el nombre de Yahweh de los Espíritus para siempre jamás.] Y este juramento es poderoso sobre ellos, y por medio de él [son preservados y] sus sendas son preservadas, y su curso no es destruido. Fin de la Tercera Parábola.
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Y hubo gran gozo entre ellos, y bendijeron y glorificaron y exaltaron, porque el nombre de aquel Hijo del Hombre les había sido revelado. Y se sentó en el trono de su gloria, y la suma del juicio fue dada al Hijo del Hombre, e hizo que los pecadores pasaran y fueran destruidos de sobre la faz de la tierra, y los que han extraviado al mundo. Con cadenas serán atados, y en su lugar de reunión de destrucción serán encarcelados, y todas sus obras desaparecerán de la faz de la tierra. Y desde ahora en adelante no habrá nada corruptible, porque aquel Hijo del Hombre ha aparecido, y se ha sentado en el trono de su gloria, y todo mal pasará delante de su rostro, y la palabra de aquel Hijo del Hombre saldrá y será fuerte delante de Yahweh de los Espíritus. Esta es la tercera Parábola de Enoc.
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Capítulo LXX
LXX. La Traslación final de Enoc. 1
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Y aconteció después de esto que su nombre durante su vida fue elevado a aquel Hijo del Hombre y a Yahweh de los Espíritus de entre los que moran en la tierra. Y fue elevado en los carros del espíritu y su nombre desapareció entre ellos. Y desde aquel día ya no fui contado entre ellos; y me puso entre los dos vientos, entre el norte y el occidente, donde los ángeles tomaron las cuerdas para medirme el lugar para los elegidos y justos. Y allí vi a los primeros padres y a los justos que desde el principio moran en aquel lugar.
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Capítulo LXXI
LXXI. Dos Visiones anteriores de Enoc. 1
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Y aconteció después de esto que mi espíritu fue trasladado y ascendió a los cielos: y vi a los santos hijos de Yahweh. Estaban pisando llamas de fuego: sus vestiduras eran blancas [y su ropa], y sus rostros resplandecían como la nieve. Y vi dos arroyos de fuego, y la luz de aquel fuego resplandecía como jacinto, y caí sobre mi rostro delante de Yahweh de los Espíritus. Y el ángel Miguel [uno de los arcángeles] me tomó de mi mano derecha, y me levantó y me condujo a todos los secretos, y me mostró todos los secretos de la justicia. Y me mostró todos los secretos de los extremos del cielo, y todas las cámaras de todas las estrellas, y todas las luminarias, de donde proceden delante del rostro de los santos. Y trasladó mi espíritu al cielo de los cielos, y vi allí como una estructura edificada de cristales, y entre aquellos cristales lenguas de fuego vivo. Y mi espíritu vio el cinto que ceñía aquella casa de fuego, y en sus cuatro lados había arroyos llenos de fuego vivo, y ceñían aquella casa. Y alrededor había Serafines, Querubines y Ofanines: y estos son los que no duermen, y guardan el trono de Su gloria.
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Y vi ángeles que no podían ser contados. Mil millares, y diez mil veces diez mil, rodeando aquella casa, y Miguel, y Rafael, y Gabriel, y Fanuel, y los santos ángeles que están sobre los cielos, entran y salen de aquella casa. Y salieron de aquella casa, y Miguel y Gabriel, Rafael y Fanuel, y muchos santos ángeles sin número. Y con ellos la Cabeza de los Días, Su cabeza blanca y pura como lana, y Su ropa indescriptible. Y caí sobre mi rostro, y todo mi cuerpo se relajó, y mi espíritu fue transfigurado; y clamé con voz fuerte, con el espíritu de poder, y bendije y glorifiqué y exalté. Y estas bendiciones que salieron de mi boca fueron bien agradables delante de aquella Cabeza de los Días. Y aquella Cabeza de los Días vino con Miguel y Gabriel, Rafael y Fanuel, miles y diez miles de ángeles sin número. [Pasaje perdido en el que el Hijo del Hombre era descrito como acompañando a la Cabeza de los Días, y Enoc preguntó a uno de los ángeles (como en 46[3]) acerca del Hijo del Hombre en cuanto a quién era.] Y él (es decir, el ángel) vino a mí y me saludó con Su voz, y me dijo: «Este es el Hijo del Hombre que ha nacido para justicia; y la justicia permanece sobre él,
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y la justicia de la Cabeza de los Días no lo abandona.» 15
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Y me dijo: «Él te proclama paz en el nombre del mundo venidero; porque desde aquí ha procedido la paz desde la creación del mundo, y así te será para siempre jamás y siempre. Y todos andarán en sus caminos ya que la justicia nunca lo abandona: con él estarán sus moradas, y con él su heredad, y no serán separados de él para siempre jamás y siempre. Y así habrá largura de días con aquel Hijo del Hombre, y los justos tendrán paz y un camino recto, en el nombre de Yahweh de los Espíritus para siempre jamás.»
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EL LIBRO DE ENOC
EL LIBRO DE LOS CURSOS DE LAS LUMINARIAS CELESTIALES. (LXXII-LXXXII.)
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Capítulo LXXII
LXXII. El Sol. 1
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El Libro de los cursos de las luminarias del cielo, las relaciones de cada una, según sus clases, su dominio y sus estaciones, según sus nombres y lugares de origen, y según sus meses, que Uriel, el santo ángel, que estaba conmigo, que es su guía, me mostró; y me mostró todas sus leyes exactamente como son, y cómo es con respecto a todos los años del mundo y hasta la eternidad, hasta que se cumpla la nueva creación que dura hasta la eternidad. Y esta es la primera ley de las luminarias: la luminaria el Sol tiene su salida en los portales orientales del cielo, y su puesta en los portales occidentales del cielo. Y vi seis portales en los que sale el sol, y seis portales en los que se pone el sol: y la luna sale y se pone en estos portales, y los líderes de las estrellas y aquellos a quienes conducen: seis en el oriente y seis en el occidente, y todos siguiéndose unos a otros en orden exactamente correspondiente: también muchas ventanas a la derecha y a la izquierda de estos portales. Y primero sale la gran luminaria, llamada el Sol, y su circunferencia es como la circunferencia del cielo, y está completamente llena de fuego iluminante y calentador. El carro en el que asciende, el viento lo impulsa, y el sol desciende del cielo y regresa por el norte para llegar al oriente, y es guiado de tal modo que llega al portal apropiado (lit. «aquel») y resplandece en la faz del cielo. De esta manera sale en el primer mes en el gran portal, que es el cuarto [aquellos seis portales en el oriente]. 139
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Y en aquel cuarto portal del que sale el sol en el primer mes hay doce aberturas de ventana, de las que procede una llama cuando se abren en su estación. Cuando el sol sale en el cielo, sale por aquel cuarto portal treinta mañanas seguidas, y se pone exactamente en el cuarto portal en el occidente del cielo. Y durante este período el día se vuelve cada día más largo y la noche cada noche más corta hasta la trigésima mañana. En aquel día el día es más largo que la noche por una novena parte, y el día asciende exactamente a diez partes y la noche a ocho partes. Y el sol sale de aquel cuarto portal, y se pone en el cuarto y regresa al quinto portal del oriente treinta mañanas, y sale de él y se pone en el quinto portal. Y entonces el día se vuelve más largo por †dos† partes y asciende a once partes, y la noche se vuelve más corta y asciende a siete partes. Y regresa al oriente y entra en el sexto portal, y sale y se pone en el sexto portal treinta y una mañanas a causa de su signo. En aquel día el día se vuelve más largo que la noche, y el día se vuelve el doble de la noche, y el día se vuelve doce partes, y la noche se acorta y se vuelve seis partes. Y el sol sube para hacer el día más corto y la noche más larga, y el sol regresa al oriente y entra en el sexto portal, y sale de él y se pone treinta mañanas. Y cuando se cumplen treinta mañanas, el día disminuye exactamente por una parte, y se vuelve once partes, y la noche siete.
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Y el sol sale de aquel sexto portal en el occidente, y va al oriente y sale en el quinto portal por treinta mañanas, y se pone en el occidente de nuevo en el quinto portal occidental. En aquel día el día disminuye por †dos† partes, y asciende a diez partes y la noche a ocho partes. Y el sol sale de aquel quinto portal y se pone en el quinto portal del occidente, y sale en el cuarto portal por treinta y una mañanas a causa de su signo, y se pone en el occidente. En aquel día el día se iguala con la noche, [y se vuelve de igual longitud], y la noche asciende a nueve partes y el día a nueve partes. Y el sol sale de aquel portal y se pone en el occidente, y regresa al oriente y sale treinta mañanas en el tercer portal y se pone en el occidente en el tercer portal. Y en aquel día la noche se vuelve más larga que el día, y la noche se vuelve más larga que la noche, y el día más corto que el día hasta la trigésima mañana, y la noche asciende exactamente a diez partes y el día a ocho partes. Y el sol sale de aquel tercer portal y se pone en el tercer portal en el occidente y regresa al oriente, y por treinta mañanas sale en el segundo portal en el oriente, y de igual manera se pone en el segundo portal en el occidente del cielo. Y en aquel día la noche asciende a once partes y el día a siete partes. Y el sol sale en aquel día de aquel segundo portal y se pone en el occidente en el segundo portal, y regresa al oriente al primer portal por treinta y una mañanas, y se pone en el primer portal en el occidente del cielo.
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Y en aquel día la noche se vuelve más larga y asciende al doble del día: y la noche asciende exactamente a doce partes y el día a seis. Y el sol ha (con ello) recorrido las divisiones de su órbita y vuelve de nuevo sobre aquellas divisiones de su órbita, y entra en aquel portal treinta mañanas y se pone también en el occidente opuesto a él. Y en aquella noche la noche ha disminuido en longitud por una †novena† parte, y la noche se ha vuelto once partes y el día siete partes. Y el sol ha regresado y ha entrado en el segundo portal en el oriente, y regresa sobre aquellas divisiones suyas de su órbita por treinta mañanas, saliendo y poniéndose. Y en aquel día la noche disminuye en longitud, y la noche asciende a diez partes y el día a ocho. Y en aquel día el sol sale de aquel portal, y se pone en el occidente, y regresa al oriente, y sale en el tercer portal por treinta y una mañanas, y se pone en el occidente del cielo. En aquel día la noche disminuye y asciende a nueve partes, y el día a nueve partes, y la noche es igual al día y el año es exactamente en cuanto a sus días trescientos sesenta y cuatro. Y la longitud del día y de la noche, y la cortedad del día y de la noche surgen — por el curso del sol se hacen estas distinciones (lit. «son separadas»). Así sucede que su curso se vuelve cada día más largo, y su curso cada noche más corto. Y esta es la ley y el curso del sol, y su regreso tantas veces como regresa sesenta veces y sale, es decir, la gran luminaria que es llamada el Sol, para siempre jamás.
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Y lo que (así) sale es la gran luminaria, y es llamada así según su apariencia, según Yahweh mandó. Como sale, así se pone y no disminuye, y no reposa, sino que corre día y noche, y su luz es siete veces más brillante que la de la luna; pero en cuanto a tamaño ambos son iguales.
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Capítulo LXXIII
LXXIII. La Luna y sus Fases. 1
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Y después de esta ley vi otra ley que trata de la luminaria menor, que es llamada la Luna. Y su circunferencia es como la circunferencia del cielo, y su carro en el que cabalga es impulsado por el viento, y se le da luz en medida (definida). Y su salida y su puesta cambian cada mes: y sus días son como los días del sol, y cuando su luz es uniforme (es decir, plena) asciende a la séptima parte de la luz del sol. Y así sale. Y su primera fase en el oriente sale en la trigésima mañana: y en aquel día se vuelve visible, y constituye para vosotros la primera fase de la luna en el día trigésimo junto con el sol en el portal donde sale el sol. Y la una mitad de ella sale por una séptima parte, y toda su circunferencia está vacía, sin luz, con excepción de una séptima parte de ella, (y) la decimocuarta parte de su luz. Y cuando recibe una séptima parte de la mitad de su luz, su luz asciende a una séptima parte y la mitad de ella. Y se pone con el sol, y cuando el sol sale la luna sale con él y recibe la mitad de una parte de luz, y en aquella noche en el principio de su mañana [en el comienzo del día lunar] la luna se pone con el sol, y es invisible aquella noche con las catorce partes y la mitad de una de ellas. Y sale en aquel día con exactamente una séptima parte, y sale y retrocede de la salida del sol, y
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en sus días restantes se vuelve brillante en las (restantes) trece partes.
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Capítulo LXXIV
LXXIV. LXXV. El Año Lunar. 1
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Y vi otro curso, una ley para ella, (y) cómo según aquella ley realiza su revolución mensual. Y todo esto Uriel, el santo ángel que es el líder de todos ellos, me mostró, y sus posiciones, y escribí sus posiciones como él me las mostró, y escribí sus meses como eran, y la apariencia de sus luces hasta que se cumplieron quince días. En séptimas partes individuales completa toda su luz en el oriente, y en séptimas partes individuales completa toda su oscuridad en el occidente. Y en ciertos meses altera sus puestas, y en ciertos meses sigue su propio curso peculiar. En dos meses la luna se pone con el sol en aquellos dos portales medios, el tercero y el cuarto. Sale por siete días, y da la vuelta y regresa de nuevo por el portal donde sale el sol, y completa toda su luz: y retrocede del sol, y en ocho días entra en el sexto portal del que sale el sol. Y cuando el sol sale del cuarto portal ella sale siete días, hasta que sale del quinto y vuelve de nuevo en siete días al cuarto portal y completa toda su luz: y retrocede y entra en el primer portal en ocho días. Y regresa de nuevo en siete días al cuarto portal del que sale el sol. Así vi su posición — cómo salían las lunas y se ponía el sol en aquellos días. 146
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Y si se suman cinco años el sol tiene un excedente de treinta días, y todos los días que le corresponden por uno de esos cinco años, cuando están completos, ascienden a 364 días. Y el excedente del sol y de las estrellas asciende a seis días: en 5 años 6 días cada año vienen a ser 30 días: y la luna queda detrás del sol y las estrellas por el número de 30 días. Y el sol y las estrellas introducen todos los años exactamente, de modo que no adelantan ni retrasan su posición ni por un solo día hasta la eternidad; sino que completan los años con perfecta justicia en 364 días. En 3 años hay 1092 días, y en 5 años 1820 días, de modo que en 8 años hay 2912 días. Solo para la luna los días ascienden en 3 años a 1062 días, y en 5 años queda 50 días detrás: [es decir, a la suma (de 1770) hay que añadir (1000 y) 62 días]. Y en 5 años hay 1770 días, de modo que para la luna los días en 8 años ascienden a 2832 días. [Porque en 8 años queda detrás por la cantidad de 80 días], todos los días que queda detrás en 8 años son 80. Y el año se completa con exactitud conforme a sus estaciones del mundo y las estaciones del sol, que salen de los portales por los que (el sol) sale y se pone 30 días.
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Capítulo LXXV
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Y los líderes de los jefes de los miles, que están puestos sobre toda la creación y sobre todas las estrellas, tienen también que ver con los cuatro días intercalares, siendo inseparables de su oficio, según el cómputo del año, y estos prestan servicio en los cuatro días que no se cuentan en el cómputo del año. Y a causa de ellos los hombres se equivocan en ello, porque aquellas luminarias prestan verdaderamente servicio en las estaciones del mundo, una en el primer portal, una en el tercer portal del cielo, una en el cuarto portal, y una en el sexto portal, y la exactitud del año se cumple por medio de sus trescientas sesenta y cuatro estaciones separadas. Porque las señales y los tiempos y los años y los días me mostró el ángel Uriel, a quien Yahweh de gloria ha puesto para siempre sobre todas las luminarias del cielo, en el cielo y en el mundo, para que gobiernen sobre la faz del cielo y sean vistas en la tierra, y sean líderes para el día y la noche, es decir, el sol, la luna y las estrellas, y todas las criaturas ministrantes que hacen su revolución en todos los carros del cielo. De igual manera Uriel me mostró doce puertas, abiertas en la circunferencia del carro del sol en el cielo, por las que salen los rayos del sol: y de ellas se difunde calor sobre la tierra, cuando se abren en sus estaciones señaladas. [Y para los vientos y el espíritu del rocío† cuando se abren, permaneciendo abiertas en los cielos en los extremos.] En cuanto a los doce portales en el cielo, en los extremos de la tierra, de los que salen el sol, la luna y las estrellas, y todas las obras del cielo en el oriente y en el occidente.
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Hay muchas ventanas abiertas a su izquierda y derecha, y una ventana en su estación (señalada) produce calor, correspondiendo (como estas lo hacen) a aquellas puertas de las que salen las estrellas según Él les ha mandado, y en las que se ponen correspondiendo a su número. Y vi carros en el cielo, corriendo en el mundo, sobre aquellos portales en los que giran las estrellas que nunca se ponen. Y uno es más grande que todos los demás, y es el que hace su curso por el mundo entero.
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Capítulo LXXVI
LXXVI. Los Doce Vientos y sus Portales. 1
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Y en los confines de la tierra vi doce portales abiertos a todas las regiones (del cielo), de los cuales salen los vientos y soplan sobre la tierra. Tres de ellos están abiertos sobre la faz (es decir, el oriente) de los cielos, y tres en el occidente, y tres a la derecha (es decir, el sur) del cielo, y tres a la izquierda (es decir, el norte). Y los tres primeros son los del oriente, y tres son del †norte, y tres [después de los de la izquierda] del sur†, y tres del occidente. Por cuatro de estos vienen vientos de bendición y prosperidad, y de aquellos ocho vienen vientos dañinos: cuando son enviados, traen destrucción sobre toda la tierra y sobre el agua que está sobre ella, y sobre todos los que moran en ella, y sobre todo lo que está en el agua y sobre la tierra. Y el primer viento de esos portales, llamado el viento del oriente, sale por el primer portal que está en el oriente, inclinándose hacia el sur: de él salen desolación, sequía, calor y destrucción. Y por el segundo portal, en el medio, viene lo que es apropiado, y de él vienen lluvia y fecundidad y prosperidad y rocío; y por el tercer portal, que está hacia el norte, vienen frío y sequía. Y después de estos salen los vientos del sur por tres portales: por el primer portal de ellos, inclinándose hacia el oriente, sale un viento caliente. Y por el portal del medio, junto a él, salen olores fragantes, y rocío y lluvia, y prosperidad y salud. 150
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Y por el tercer portal, situado hacia el occidente, salen rocío y lluvia, langostas y desolación. Y después de estos, los vientos del norte: desde el séptimo portal, en el oriente, vienen rocío y lluvia, langostas y desolación. Y desde el portal del medio vienen, en dirección directa, salud y lluvia y rocío y prosperidad; y por el tercer portal, en el occidente, vienen nube y escarcha, y nieve y lluvia, y rocío y langostas. Y después de estos [cuatro] están los vientos del occidente: por el primer portal, contiguo al norte, salen rocío y escarcha, y frío y nieve y helada. Y desde el portal del medio salen rocío y lluvia, y prosperidad y bendición; y por el último portal, contiguo al sur, salen sequía y desolación, e incendio y destrucción. Y los doce portales de las cuatro regiones del cielo quedan así completos, y todas sus leyes y todas sus plagas y todos sus beneficios te he mostrado, hijo mío Matusalén.
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Capítulo LXXVII
LXXVII. Las Cuatro Regiones del Mundo: las Siete Montañas, los Siete Ríos, &c. 1
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Y la primera región se llama el oriente, porque es la primera; y la segunda, el sur, porque el Altísimo descenderá allí, sí, allí, en un sentido muy especial, descenderá Aquel que es bendito para siempre. Y la región del occidente se llama la disminuida, porque allí todas las luminarias del cielo menguan y descienden. Y la cuarta región, llamada el norte, está dividida en tres partes: la primera de ellas es para morada de los hombres; y la segunda contiene mares de agua, y los abismos y los bosques y los ríos, y tinieblas y nubes; y la tercera parte contiene el jardín de la justicia. Vi siete montañas altas, más altas que todas las montañas que hay sobre la tierra; y de allí sale la escarcha, y los días, las estaciones y los años pasan. Vi siete ríos sobre la tierra, más grandes que todos los ríos: uno de ellos, que viene del †occidente†, vierte sus aguas en el Gran Mar. Y estos dos vienen del norte hasta el mar y vierten sus aguas en el Mar Eritreo, en el oriente. Y los cuatro restantes salen por el lado del norte hacia su propio mar, ‹dos de ellos hacia› el Mar Eritreo, y dos al Gran Mar, y se descargan allí [y algunos dicen: en el desierto]. Vi siete grandes islas en el mar y en tierra firme: dos en tierra firme y cinco en el Gran Mar.
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Capítulo LXXVIII
LXXVIII. El Sol y la Luna: el Crecimiento y el Menguante de la Luna. 1
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Y los nombres del sol son los siguientes: el primero, Orjârês, y el segundo, Tômâs. Y la luna tiene cuatro nombres: el primer nombre es Asônjâ, el segundo Eblâ, el tercero Benâsê y el cuarto Erâe. Estas son las dos grandes luminarias: su circunferencia es como la circunferencia del cielo, y el tamaño de la circunferencia de ambas es igual. En la circunferencia del sol hay siete porciones de luz que se le añaden más que a la luna, y en medidas definidas se transfiere hasta que se agota la séptima porción del sol. Y se ponen y entran en los portales del occidente, y hacen su revolución por el norte, y salen por los portales orientales sobre la faz del cielo. Y cuando la luna sale, aparece una catorceava parte en el cielo: [la luz se hace plena en ella]: en el día catorce completa su luz. Y quince partes de luz se le transfieren hasta el día quince (cuando) su luz se completa, según la señal del año, y se hace quince partes, y la luna crece por (la adición de) catorceavas partes. Y en su menguante (la luna) disminuye el primer día a catorce partes de su luz, el segundo a trece partes de luz, el tercero a doce, el cuarto a once, el quinto a diez, el sexto a nueve, el séptimo a ocho, el octavo a siete, el noveno a seis, el décimo a cinco, el undécimo a cuatro, el duodécimo a tres, el decimotercero a dos, el 153
decimocuarto a la mitad de una séptima, y toda su luz restante desaparece por completo el decimoquinto. 9
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Y en ciertos meses el mes tiene veintinueve días y una vez veintiocho. Y Uriel me mostró otra ley: cuándo se transfiere la luz a la luna, y por qué lado se la transfiere el sol. Durante todo el período en que la luna crece en su luz, ella se la va transfiriendo a sí misma cuando está frente al sol durante catorce días [su luz se completa en el cielo], y cuando es iluminada por completo, su luz se completa en el cielo. Y en el primer día se la llama luna nueva, porque en ese día la luz se levanta sobre ella. Se hace luna llena exactamente en el día en que el sol se pone en el occidente, y desde el oriente ella sale de noche, y la luna brilla durante toda la noche hasta que el sol sale frente a ella y la luna es vista frente al sol. Por el lado de donde sale la luz de la luna, allí de nuevo mengua hasta que toda la luz se desvanece y todos los días del mes llegan a su fin, y su circunferencia está vacía, desprovista de luz. Y tres meses hace de treinta días, y a su tiempo hace tres meses de veintinueve días cada uno, en los cuales completa su menguante en el primer período de tiempo, y en el primer portal durante ciento setenta y siete días. Y en el tiempo de su salida aparece durante tres meses de treinta días cada uno, y durante tres meses aparece de veintinueve cada uno.
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De noche aparece como un hombre durante veinte días cada vez, y de día aparece como el cielo, y no hay nada más en ella sino su luz.
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Capítulo LXXIX
LXXIX-LXXX. 1. Recapitulación de varias de las Leyes. 1
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Y ahora, hijo mío, te he mostrado todo, y la ley de todas las estrellas del cielo está completa. Y él me mostró todas las leyes de estas para cada día, y para cada estación de dominio, y para cada año, y para su salida, y para el orden que le está prescrito cada mes y cada semana: Y el menguante de la luna que tiene lugar en el sexto portal: porque en este sexto portal su luz se completa, y después de eso está el comienzo del menguante: ‹Y el menguante› que tiene lugar en el primer portal en su estación, hasta que se completan ciento setenta y siete días: contados según semanas, veinticinco (semanas) y dos días. Ella se queda atrás del sol y del orden de las estrellas exactamente cinco días en el curso de un período, y cuando este lugar que ves ha sido atravesado. Tal es la imagen y el bosquejo de cada luminaria que Uriel el arcángel, que es su caudillo, me mostró.
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Capítulo LXXX
1
Y en aquellos días el ángel Uriel respondió y me dijo: ‘He aquí, te he mostrado todo, Enoc, y te he revelado todo para que veas este sol y esta luna, y a los caudillos de las estrellas del cielo y a todos los que las hacen girar, sus tareas y tiempos y salidas. LXXX. 2-8. Perversión de la naturaleza y de los cuerpos celestes a causa del pecado de los hombres.
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Y en los días de los pecadores los años se acortarán, y su simiente se tardará en sus tierras y campos, y todas las cosas sobre la tierra se alterarán, y no aparecerán en su tiempo; y la lluvia será retenida, y el cielo la retendrá. Y en aquellos tiempos los frutos de la tierra se retrasarán, y no crecerán en su tiempo, y los frutos de los árboles serán retenidos en su tiempo. Y la luna alterará su orden, y no aparecerá en su tiempo. [Y en aquellos días el sol será visto y viajará al atardecer †sobre la extremidad del gran carro en† el occidente] y brillará con más resplandor del que corresponde al orden de la luz. Y muchos jefes de las estrellas transgredirán el orden (prescrito); y estos alterarán sus órbitas y tareas, y no aparecerán en las estaciones que les están prescritas.
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Y todo el orden de las estrellas quedará oculto a los pecadores, y los pensamientos de los que están sobre la tierra errarán acerca de ellas, [y serán alterados de todos sus caminos], sí, errarán y las tomarán por dioses. Y el mal se multiplicará sobre ellos, y el castigo vendrá sobre ellos para destruirlos a todos.’
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Capítulo LXXXI
LXXXI. Las Tablas Celestiales y la Misión de Enoc. 1
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Y él me dijo: ‘Observa, Enoc, estas tablas celestiales, y lee lo que está escrito en ellas, y fíjate en cada hecho en particular.’ Y observé las tablas celestiales, y leí todo lo que estaba escrito (en ellas) y entendí todo, y leí el libro de todas las obras de la humanidad, y de todos los hijos de carne que habrá sobre la tierra hasta las generaciones más remotas. Y de inmediato bendije al gran Yahweh, el Rey de gloria para siempre, porque Él ha hecho todas las obras del mundo. Y ensalcé a Yahweh por su paciencia, y lo bendije a causa de los hijos de los hombres. Y después de eso dije: ‘Bienaventurado el hombre que muere en justicia y bondad, acerca del cual no hay escrito ningún libro de injusticia, y contra el cual no se hallará ningún día de juicio.’ Y aquellos siete santos me trajeron y me colocaron sobre la tierra ante la puerta de mi casa, y me dijeron: ‘Declara todo a tu hijo Matusalén, y muestra a todos tus hijos que ninguna carne es justa ante los ojos de Yahweh, porque Él es su Creador. Un año te dejaremos con tu hijo, hasta que des tus (últimas) órdenes, para que enseñes a tus hijos y lo registres para ellos, y des testimonio a todos tus hijos; y en el segundo año te tomarán de en medio de ellos.
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Que tu corazón sea fuerte, porque los buenos anunciarán justicia a los buenos; los justos con los justos se regocijarán, y se felicitarán unos a otros. Pero los pecadores morirán con los pecadores, y el apóstata descenderá con el apóstata. Y los que practican la justicia morirán a causa de las obras de los hombres, y serán llevados a causa de las acciones de los impíos.’ Y en aquellos días cesaron de hablarme, y vine a mi pueblo, bendiciendo a Yahweh del mundo.
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Capítulo LXXXII
LXXXII. Encargo dado a Enoc: los cuatro Días Intercalares: las Estrellas que guían las Estaciones y los Meses. 1
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Y ahora, hijo mío Matusalén, todas estas cosas te estoy relatando y escribiendo para ti, y te he revelado todo, y te he dado libros acerca de todo esto: conserva, pues, hijo mío Matusalén, los libros de mano de tu padre, y (procura) entregarlos a las generaciones del mundo. Te he dado sabiduría a ti y a tus hijos, [y a tus hijos que habrán de ser tuyos], para que la den a sus hijos por generaciones, esta sabiduría (es decir) que sobrepasa su pensamiento. Y los que la entiendan no dormirán, sino que escucharán con el oído para aprender esta sabiduría, y agradará a los que coman de ella más que un buen alimento. Bienaventurados todos los justos, bienaventurados todos los que caminan en el camino de la justicia y no pecan como los pecadores en la cuenta de todos sus días en que el sol recorre el cielo, entrando y saliendo por los portales durante treinta días con los jefes de miles del orden de las estrellas, junto con los cuatro que están intercalados, que dividen las cuatro porciones del año, que los guían y entran con ellos cuatro días. A causa de ellos los hombres errarán y no los tendrán en cuenta en toda la cuenta del año; sí, los hombres errarán y no los reconocerán con exactitud. Porque pertenecen a la cuenta del año y están verdaderamente registrados (en ella) para siempre, uno en el primer portal y uno en el tercero, y uno en el cuarto y uno en el 161
sexto, y el año se completa en trescientos sesenta y cuatro días. 7
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Y su cuenta es exacta y el cómputo registrado de ella es preciso; porque las luminarias, y los meses y las fiestas, y los años y los días, me los ha mostrado y revelado Uriel, a quien Yahweh de toda la creación del mundo ha sometido la hueste del cielo. Y él tiene poder sobre la noche y el día en el cielo para hacer que la luz dé luz a los hombres: sol, luna y estrellas, y todos los poderes del cielo que giran en sus carros circulares. Y estos son los órdenes de las estrellas, que se ponen en sus lugares, y en sus estaciones y fiestas y meses. Y estos son los nombres de los que las guían, que vigilan que entren en sus tiempos, en sus órdenes, en sus estaciones, en sus meses, en sus períodos de dominio y en sus posiciones. Sus cuatro caudillos, que dividen las cuatro partes del año, entran primero; y después de ellos, los doce caudillos de los órdenes que dividen los meses; y para los trescientos sesenta (días) hay jefes sobre miles que dividen los días; y para los cuatro días intercalares están los caudillos que separan las cuatro partes del año. Y estos jefes sobre miles están intercalados entre caudillo y caudillo, cada uno detrás de una estación, pero sus caudillos hacen la división. Y estos son los nombres de los caudillos que dividen las cuatro partes del año que están ordenadas: Mîlkî’êl, Hel’emmêlêk, y Mêl’êjal, y Nârêl. Y los nombres de los que los guían: Adnâr’êl, e Îjâsûsa’êl, y ‘Elômê’êl; estos tres siguen a los caudillos de los órdenes, y hay uno que sigue a los tres
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caudillos de los órdenes que siguen a aquellos caudillos de estaciones que dividen las cuatro partes del año. 15
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Al principio del año, Melkejâl se levanta primero y gobierna, el cual es llamado †Tam’âinî, y sol†, y todos los días de su dominio, mientras ejerce el gobierno, son noventa y un días. Y estas son las señales de los días que han de verse en la tierra en los días de su dominio: sudor, y calor, y calmas; y todos los árboles dan fruto, y se producen hojas en todos los árboles, y la cosecha de trigo, y las rosas, y todas las flores que salen en el campo, pero los árboles de la estación de invierno se marchitan. Y estos son los nombres de los caudillos que están bajo ellos: Berka’êl, Zêlebs’êl, y otro que se añade, un jefe de mil, llamado Hîlûjâsěph; y los días del dominio de este (caudillo) llegan a su fin. El siguiente caudillo después de él es Hêl’emmêlêk, a quien se llama el sol resplandeciente, y todos los días de su luz son noventa y un días. Y estas son las señales de (sus) días sobre la tierra: calor resplandeciente y sequedad, y los árboles maduran sus frutos y producen todos sus frutos maduros y listos, y las ovejas se aparean y quedan preñadas, y todos los frutos de la tierra son recogidos, y todo lo que hay en los campos, y el lagar; estas cosas tienen lugar en los días de su dominio. Estos son los nombres, y los órdenes, y los caudillos de esos jefes de miles: Gîdâ’îjal, Kê’êl, y Hê’êl, y el nombre del jefe de mil que se les añade, Asfâ’êl’; y los días de su dominio llegan a su fin.
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EL LIBRO DE ENOC
LAS VISIONES EN SUEÑOS. (LXXXIII-XC.)
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Capítulo LXXXIII
LXXXIII. LXXXIV. Primera Visión en Sueños sobre el Diluvio. 1
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Y ahora, hijo mío Matusalén, te mostraré todas mis visiones que he visto, relatándolas delante de ti. Dos visiones vi antes de tomar mujer, y la una era muy distinta de la otra: la primera, cuando estaba aprendiendo a escribir; la segunda, antes de tomar a tu madre, (cuando) vi una visión terrible. Y acerca de ellas oré a Yahweh. Me había acostado en la casa de mi abuelo Mahalalel, (cuando) vi en una visión cómo el cielo se desplomó y fue removido y cayó a la tierra. Y cuando cayó a la tierra, vi cómo la tierra fue tragada en un gran abismo, y las montañas quedaron suspendidas sobre las montañas, y las colinas se hundieron sobre las colinas, y los árboles altos fueron arrancados de sus troncos, y arrojados abajo y hundidos en el abismo. Y entonces una palabra cayó en mi boca, y alcé (mi voz) para gritar en voz alta, y dije: ‘La tierra está destruida.’ Y mi abuelo Mahalalel me despertó mientras yacía cerca de él, y me dijo: ‘¿Por qué gritas así, hijo mío, y por qué haces tal lamentación?’ Y le relaté toda la visión que había visto, y él me dijo: ‘Algo terrible has visto, hijo mío, y de grave importancia es tu visión en sueños en cuanto a los secretos de todo el pecado de la tierra: debe hundirse en el abismo y ser destruida con una gran destrucción. Y ahora, hijo mío, levántate y haz petición a Yahweh de gloria, ya que eres un creyente, para que un remanente pueda
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permanecer sobre la tierra, y que Él no destruya toda la tierra. 9
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Hijo mío, desde el cielo todo esto vendrá sobre la tierra, y sobre la tierra habrá gran destrucción.’ Después de eso me levanté y oré e imploré y supliqué, y escribí mi oración para las generaciones del mundo, y te mostraré todo, hijo mío Matusalén. Y cuando salí abajo y vi el cielo, y el sol saliendo por el oriente, y la luna poniéndose en el occidente, y unas pocas estrellas, y toda la tierra, y todo como †Él lo había conocido† al principio, entonces bendije a Yahweh del juicio y lo ensalcé porque Él había hecho salir el sol por las ventanas del oriente, †y ascendió y se levantó sobre la faz del cielo, y emprendió y siguió recorriendo el camino que le fue mostrado.
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Capítulo LXXXIV
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Y alcé mis manos en justicia y bendije al Santo y Grande, y hablé con el aliento de mi boca, y con la lengua de carne, que Yahweh ha hecho para los hijos de la carne de los hombres, para que hablen con ella, y Él les dio aliento y una lengua y una boca para que hablen con ella: ‘Bendito seas Tú, oh Yahweh, Rey, Grande y poderoso en tu grandeza, Yahweh de toda la creación del cielo, Rey de reyes y Yahweh de todo el mundo. Y tu poder y reinado y grandeza permanecen para siempre jamás, y a través de todas las generaciones tu dominio; y todos los cielos son tu trono para siempre, y toda la tierra el escabel de tus pies para siempre jamás. Porque Tú has hecho y Tú gobiernas todas las cosas, y nada es demasiado difícil para Ti; la Sabiduría no se aparta del lugar de tu trono, ni se aleja de tu presencia. Y Tú conoces y ves y oyes todo, y nada hay oculto de Ti [porque Tú lo ves todo]. Y ahora los ángeles de tus cielos son culpables de transgresión, y sobre la carne de los hombres permanece tu ira hasta el gran día del juicio. Y ahora, oh Yahweh y Yahweh y Gran Rey, imploro y te suplico que cumplas mi oración: que me dejes una posteridad en la tierra, y no destruyas toda la carne del hombre, ni hagas la tierra sin habitantes, de modo que haya una destrucción eterna.
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Y ahora, Yahweh mío, destruye de la tierra la carne que ha provocado tu ira, pero la carne de justicia y rectitud establécela como planta de la simiente eterna, y no escondas tu rostro de la oración de tu siervo, oh Yahweh.’
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Capítulo LXXXV
LXXXV-XC. La Segunda Visión en Sueños de Enoc: la Historia del Mundo hasta la Fundación del Reino Mesiánico. 1
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Y después de esto vi otro sueño, y te mostraré todo el sueño, hijo mío. Y Enoc alzó (su voz) y habló a su hijo Matusalén: ‘A ti, hijo mío, hablaré: escucha mis palabras, inclina tu oído a la visión en sueños de tu padre. Antes de tomar a tu madre Edna, vi en una visión sobre mi lecho, y he aquí que un toro salió de la tierra, y ese toro era blanco; y después de él salió una novilla, y junto con esta (última) salieron dos toros, uno de ellos negro y el otro rojo. Y ese toro negro corneó al rojo y lo persiguió sobre la tierra, y entonces ya no pude ver más a ese toro rojo. Pero ese toro negro creció y esa novilla fue con él, y vi que muchos bueyes procedían de él, que se le parecían y lo seguían. Y esa vaca, la primera, se apartó de la presencia de ese primer toro para buscar a aquel rojo, pero no lo halló, y se lamentó con gran lamentación por él y lo buscó. Y miré hasta que ese primer toro vino a ella y la tranquilizó, y desde ese momento en adelante ya no lloró más. Y después de eso ella dio a luz otro toro blanco, y después de él dio a luz muchos toros y vacas negras. Y vi en mi sueño que ese toro blanco también creció y se convirtió en un gran toro blanco, y de él procedieron muchos toros blancos, y se le parecían. 169
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Y comenzaron a engendrar muchos toros blancos, que se les parecían, uno tras otro, (incluso) muchos.
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Capítulo LXXXVI
LXXXVI. La Caída de los Ángeles y la Desmoralización de la Humanidad. 1
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Y de nuevo vi con mis ojos mientras dormía, y vi el cielo arriba, y he aquí que una estrella cayó del cielo, y se levantó y comió y pastó entre aquellos bueyes. Y después de eso vi los bueyes grandes y los negros, y he aquí que todos cambiaron sus establos y pastos y su ganado, y comenzaron a vivir unos con otros. Y de nuevo vi en la visión, y miré hacia el cielo, y he aquí que vi muchas estrellas descender y arrojarse desde el cielo hasta aquella primera estrella, y se convirtieron en toros entre aquel ganado y pastaron con ellos [entre ellos]. Y los miré y vi, y he aquí que todos sacaron sus miembros viriles, como caballos, y comenzaron a cubrir a las vacas de los bueyes, y todas quedaron preñadas y parieron elefantes, camellos y asnos. Y todos los bueyes les temieron y se asustaron de ellos, y comenzaron a morder con sus dientes y a devorar, y a cornear con sus cuernos. Y comenzaron además a devorar a aquellos bueyes; y he aquí que todos los hijos de la tierra comenzaron a temblar y a estremecerse ante ellos y a huir de ellos.
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Capítulo LXXXVII
LXXXVII. La Llegada de los Siete Arcángeles. 1
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Y de nuevo vi cómo comenzaron a cornearse unos a otros y a devorarse unos a otros, y la tierra comenzó a gritar en voz alta. Y alcé de nuevo mis ojos al cielo, y vi en la visión, y he aquí que salieron del cielo unos seres que eran como hombres blancos; y cuatro salieron de aquel lugar y tres con ellos. Y aquellos tres que habían salido al final me tomaron de la mano y me levantaron, lejos de las generaciones de la tierra, y me elevaron a un lugar alto, y me mostraron una torre levantada en alto sobre la tierra, y todas las colinas eran más bajas. Y uno me dijo: ‘Permanece aquí hasta que veas todo lo que les suceda a esos elefantes, camellos y asnos, y a las estrellas y a los bueyes, y a todos ellos.’
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Capítulo LXXXVIII
LXXXVIII. El Castigo de los Ángeles Caídos por los Arcángeles. 1
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Y vi a uno de aquellos cuatro que habían salido primero, y tomó a aquella primera estrella que había caído del cielo, y la ató de manos y pies y la arrojó en un abismo; ahora bien, aquel abismo era estrecho y profundo, y horrible y oscuro. Y uno de ellos sacó una espada, y se la dio a aquellos elefantes y camellos y asnos; entonces comenzaron a herirse unos a otros, y toda la tierra tembló a causa de ellos. Y mientras contemplaba en la visión, he aquí que uno de los cuatro que habían salido apedreó (a aquellos) desde el cielo, y reunió y tomó a todas las grandes estrellas cuyos miembros viriles eran como los de los caballos, y las ató a todas de manos y pies, y las arrojó en un abismo de la tierra.
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Capítulo LXXXIX
LXXXIX. 1-9. El Diluvio y la Liberación de Noé. 1
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Y uno de aquellos cuatro fue a aquel toro blanco y le instruyó en un secreto, sin que él se aterrorizara: había nacido toro y se convirtió en hombre, y construyó para sí un gran navío y moró en él; y tres toros moraron con él en aquel navío y estuvieron cubiertos dentro. Y alcé de nuevo mis ojos hacia el cielo y vi un techo elevado, con siete torrentes de agua sobre él, y aquellos torrentes fluían con mucha agua hacia un recinto. Y vi de nuevo, y he aquí que se abrieron fuentes sobre la superficie de aquel gran recinto, y aquella agua comenzó a hincharse y a subir sobre la superficie, y vi aquel recinto hasta que toda su superficie estuvo cubierta de agua. Y el agua, las tinieblas y la niebla aumentaron sobre él; y mientras miraba la altura de aquella agua, aquella agua había subido por encima de la altura de aquel recinto, y corría sobre aquel recinto, y permanecía sobre la tierra. Y todo el ganado de aquel recinto se reunió hasta que vi cómo se hundían y eran tragados y perecían en aquella agua. Pero aquel navío flotaba sobre el agua, mientras todos los bueyes y elefantes y camellos y asnos se hundían hasta el fondo con todos los animales, de modo que ya no pude verlos más, y no pudieron escapar, (sino que) perecieron y se hundieron en las profundidades. Y de nuevo vi en la visión hasta que aquellos torrentes de agua fueron retirados de aquel techo alto, y las simas de la tierra fueron niveladas y se abrieron otros abismos.
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Entonces el agua comenzó a descender a estos, hasta que la tierra se hizo visible; pero aquel navío se asentó sobre la tierra, y las tinieblas se retiraron y apareció la luz. Pero aquel toro blanco que se había convertido en hombre salió de aquel navío, y los tres toros con él, y uno de aquellos tres era blanco como aquel toro, y uno de ellos era rojo como la sangre, y uno negro; y aquel toro blanco se apartó de ellos. LXXXIX. 10-27. Desde la Muerte de Noé hasta el Éxodo.
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Y comenzaron a dar a luz bestias del campo y aves, de modo que surgieron géneros diferentes: leones, tigres, lobos, perros, hienas, jabalíes, zorros, ardillas, cerdos, halcones, buitres, milanos, águilas y cuervos; y entre ellos nació un toro blanco. Y comenzaron a morderse unos a otros; pero aquel toro blanco que nació entre ellos engendró un asno salvaje y un toro blanco con él, y los asnos salvajes se multiplicaron. Pero aquel toro que nació de él engendró un jabalí negro y una oveja blanca; y el primero engendró muchos jabalíes, pero aquella oveja engendró doce ovejas. Y cuando aquellas doce ovejas hubieron crecido, entregaron una de ellas a los asnos, y aquellos asnos entregaron de nuevo aquella oveja a los lobos, y aquella oveja creció entre los lobos. Y Yahweh trajo a las once ovejas a vivir con ella y a pastar con ella entre los lobos; y se multiplicaron y se convirtieron en muchos rebaños de ovejas. Y los lobos comenzaron a temerlas, y las oprimieron hasta que destruyeron a sus pequeños, y arrojaron a sus crías a un río de mucha agua; pero aquellas ovejas comenzaron a gritar en voz alta a causa de sus pequeños, y a quejarse a su Yahweh.
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Y una oveja que había sido salvada de los lobos huyó y escapó a los asnos salvajes; y vi a las ovejas cómo se lamentaban y lloraban, y suplicaban a su Yahweh con todas sus fuerzas, hasta que aquel Yahweh de las ovejas descendió a la voz de las ovejas desde una morada elevada, y vino a ellas y las apacentó. Y llamó a aquella oveja que había escapado de los lobos, y habló con ella acerca de los lobos, para que les advirtiera que no tocaran a las ovejas. Y la oveja fue a los lobos según la palabra de Yahweh, y otra oveja la encontró y fue con ella, y las dos fueron y entraron juntas en la asamblea de aquellos lobos, y hablaron con ellos y les advirtieron que no tocaran a las ovejas desde entonces en adelante. Y entonces vi a los lobos, y cómo oprimían a las ovejas en extremo con todo su poder; y las ovejas gritaron en voz alta. Y Yahweh vino a las ovejas y comenzaron a herir a aquellos lobos; y los lobos comenzaron a hacer lamentación; pero las ovejas se quedaron quietas y en seguida cesaron de gritar. Y vi a las ovejas hasta que salieron de entre los lobos; pero los ojos de los lobos fueron cegados, y aquellos lobos salieron en persecución de las ovejas con todo su poder. Y Yahweh de las ovejas fue con ellas, como su caudillo, y todas sus ovejas lo siguieron; y su rostro era deslumbrante y glorioso y terrible de contemplar. Pero los lobos comenzaron a perseguir a aquellas ovejas hasta que llegaron a un mar de agua. Y aquel mar se dividió, y el agua se mantuvo a un lado y a otro ante su rostro, y su Yahweh las guio y se colocó entre ellas y los lobos. 176
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Y como aquellos lobos aún no veían a las ovejas, avanzaron hasta el medio de aquel mar, y los lobos siguieron a las ovejas, y [aquellos lobos] corrieron tras ellas dentro de aquel mar. Y cuando vieron a Yahweh de las ovejas, se volvieron para huir ante su rostro, pero aquel mar se reunió, y se hizo como había sido creado, y el agua se hinchó y subió hasta cubrir a aquellos lobos. Y vi hasta que todos los lobos que perseguían a aquellas ovejas perecieron y se ahogaron. LXXXIX. 28-40. Israel en el Desierto, la Entrega de la Ley, la Entrada en Palestina.
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Pero las ovejas escaparon de aquella agua y salieron a un desierto, donde no había agua ni hierba; y comenzaron a abrir sus ojos y a ver; y vi a Yahweh de las ovejas apacentándolas y dándoles agua y hierba, y a aquella oveja yendo y guiándolas. Y aquella oveja ascendió a la cima de aquella roca elevada, y Yahweh de las ovejas la envió a ellas. Y después de eso vi a Yahweh de las ovejas, que estaba de pie ante ellas, y su aspecto era grande y terrible y majestuoso, y todas aquellas ovejas lo vieron y tuvieron miedo ante su rostro. Y todas temieron y temblaron a causa de Él, y gritaron a aquella oveja que estaba con ellas [que estaba entre ellas]: “No podemos estar de pie ante nuestro Yahweh ni contemplarlo.” Y aquella oveja que las guiaba ascendió de nuevo a la cima de aquella roca, pero las ovejas comenzaron a ser cegadas y a apartarse del camino que él les había mostrado, pero aquella oveja no lo supo.
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Y Yahweh de las ovejas se encolerizó en extremo contra ellas, y aquella oveja lo descubrió, y descendió de la cima de la roca, y vino a las ovejas, y halló a la mayor parte de ellas cegadas y apartadas. Y cuando la vieron, temieron y temblaron ante su presencia, y desearon volver a sus rediles. Y aquella oveja tomó otras ovejas consigo, y vino a aquellas ovejas que se habían apartado, y comenzó a matarlas; y las ovejas temieron su presencia, y así aquella oveja trajo de vuelta a aquellas ovejas que se habían apartado, y volvieron a sus rediles. Y vi en esta visión hasta que aquella oveja se convirtió en hombre y construyó una casa para Yahweh de las ovejas, y colocó a todas las ovejas en aquella casa. Y vi hasta que esta oveja que se había encontrado con aquella oveja que las guiaba se durmió; y vi hasta que todas las ovejas grandes perecieron y surgieron pequeñas en su lugar, y vinieron a un pasto, y se acercaron a un arroyo de agua. Entonces aquella oveja, su caudillo, que se había convertido en hombre, se apartó de ellas y se durmió, y todas las ovejas lo buscaron y lloraron por él con gran llanto. Y vi hasta que dejaron de llorar por aquella oveja y cruzaron aquel arroyo de agua, y surgieron las dos ovejas como caudillos en el lugar de aquellas que las habían guiado y se habían dormido (lit. “se habían dormido y las habían guiado”). Y vi hasta que las ovejas llegaron a un lugar bueno, y una tierra agradable y gloriosa, y vi hasta que aquellas ovejas quedaron satisfechas; y aquella casa estaba entre ellas en la tierra agradable.
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LXXXIX. 41-50. Desde el Tiempo de los Jueces hasta la Construcción del Templo. 41
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Y a veces sus ojos fueron abiertos, y a veces cegados, hasta que otra oveja surgió y las guio y las trajo a todas de vuelta, y sus ojos fueron abiertos. Y los perros y los zorros y los jabalíes comenzaron a devorar a aquellas ovejas hasta que Yahweh de las ovejas levantó [otra oveja] un carnero de entre ellas, que las guiaba. Y aquel carnero comenzó a topar por ambos lados a aquellos perros, zorros y jabalíes hasta que los hubo destruido †a todos†. Y aquella oveja cuyos ojos fueron abiertos vio a aquel carnero, que estaba entre las ovejas, hasta que †abandonó su gloria† y comenzó a topar a aquellas ovejas, y las pisoteó, y se comportó de manera impropia. Y Yahweh de las ovejas envió al cordero a otro cordero y lo levantó a ser carnero y caudillo de las ovejas en lugar de aquel carnero que había †abandonado su gloria†. Y fue a él y le habló a solas, y lo levantó a ser carnero, e hizo de él el príncipe y caudillo de las ovejas; pero durante todas estas cosas aquellos perros oprimían a las ovejas. Y el primer carnero persiguió a aquel segundo carnero, y aquel segundo carnero se levantó y huyó ante él; y vi hasta que aquellos perros derribaron al primer carnero. Y aquel segundo carnero se levantó y guio a las [pequeñas] ovejas. Y aquellas ovejas crecieron y se multiplicaron; pero todos los perros, y zorros, y jabalíes temieron y huyeron ante él, y aquel carnero topaba y mataba a las bestias salvajes, y aquellas bestias salvajes ya no tenían ningún poder entre las ovejas ni les robaban nada más. 48[b]. Y aquel carnero engendró muchas ovejas y se durmió; y una oveja pequeña se convirtió en carnero en su lugar, y se convirtió en príncipe y caudillo de aquellas ovejas.
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Y aquella casa se hizo grande y ancha, y fue construida para aquellas ovejas: ‹y› una torre elevada y grande fue construida sobre la casa para Yahweh de las ovejas, y aquella casa era baja, pero la torre era elevada y alta, y Yahweh de las ovejas estaba de pie sobre aquella torre y le ofrecieron una mesa llena ante Él. LXXXIX. 51-67. Los Dos Reinos de Israel y Judá, hasta la Destrucción de Jerusalén.
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Y de nuevo vi a aquellas ovejas, que de nuevo erraron y fueron por muchos caminos, y abandonaron aquella casa suya, y Yahweh de las ovejas llamó a algunas de entre las ovejas y las envió a las ovejas, pero las ovejas comenzaron a matarlas. Y una de ellas se salvó y no fue muerta, y se apresuró a alejarse y gritó en voz alta sobre las ovejas; y trataron de matarla, pero Yahweh de las ovejas la salvó de las ovejas, y la trajo hasta mí, e hizo que morara allí. Y a muchas otras ovejas Él envió a aquellas ovejas para darles testimonio y lamentarse por ellas. Y después de eso vi que cuando abandonaron la casa de Yahweh y su torre, cayeron por completo, y sus ojos fueron cegados; y vi a Yahweh de las ovejas cómo obró mucha matanza entre ellas en sus rebaños, hasta que aquellas ovejas invitaron a aquella matanza y traicionaron su lugar. Y Él las entregó en manos de los leones y tigres, y lobos y hienas, y en mano de los zorros, y a todas las bestias salvajes, y aquellas bestias salvajes comenzaron a despedazar a aquellas ovejas. Y vi que Él abandonó aquella casa de ellas y su torre y las entregó a todas en mano de los leones, para despedazarlas y devorarlas, en mano de todas las bestias salvajes. 180
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Y comencé a gritar en voz alta con todo mi poder, y a apelar a Yahweh de las ovejas, y a exponerle acerca de las ovejas que eran devoradas por todas las bestias salvajes. Pero Él permaneció impasible, aunque lo vio, y se regocijó de que fueran devoradas y tragadas y robadas, y las dejó para ser devoradas en mano de todas las bestias. Y llamó a setenta pastores, y les entregó aquellas ovejas para que las apacentaran, y habló a los pastores y a sus compañeros: “Que cada uno de ustedes apaciente las ovejas en adelante, y todo lo que yo les ordene, eso hagan. Y yo se las entregaré a ustedes debidamente contadas, y les diré cuáles de ellas han de ser destruidas, y a esas destruyan.” Y Él les entregó aquellas ovejas. Y llamó a otro y le habló: “Observa y registra todo lo que los pastores harán a aquellas ovejas; porque destruirán más de ellas de las que yo les he ordenado. Y todo exceso y la destrucción que será obrada por medio de los pastores, regístralos (es decir), cuántas destruyen según mi orden, y cuántas según su propio capricho: registra contra cada pastor en particular toda la destrucción que efectúe. Y lee delante de mí por número cuántas destruyen, y cuántas entregan para destrucción, para que yo tenga esto como testimonio contra ellos, y conozca cada obra de los pastores, para que pueda comprender y ver lo que hacen, si acaso permanecen o no en mi mandato que yo les he ordenado.
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Pero ellos no lo sabrán, y no se lo declararás a ellos, ni los amonestarás, sino que solo registra contra cada uno en particular toda la destrucción que los pastores efectúen, cada uno en su tiempo, y preséntalo todo delante de mí.” Y vi hasta que aquellos pastores apacentaron en su estación, y comenzaron a matar y a destruir más de lo que se les había ordenado, y entregaron aquellas ovejas en mano de los leones. Y los leones y tigres comieron y devoraron la mayor parte de aquellas ovejas, y los jabalíes comieron junto con ellos; y quemaron aquella torre y demolieron aquella casa. Y me entristecí en extremo por aquella torre, porque aquella casa de las ovejas fue demolida, y después no pude ver si aquellas ovejas entraban en aquella casa. LXXXIX. 68-71. Primer Período de los Gobernantes Angélicos: desde la Destrucción de Jerusalén hasta el Regreso de la Cautividad.
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Y los pastores y sus asociados entregaron aquellas ovejas a todas las bestias salvajes, para devorarlas, y cada uno de ellos recibió en su tiempo un número definido: fue escrito por el otro en un libro cuántas destruyó cada uno de ellos. Y cada uno mató y destruyó muchas más de las que estaban prescritas; y comencé a llorar y a lamentarme a causa de aquellas ovejas. Y así en la visión vi a aquel que escribía, cómo escribía cada una que era destruida por aquellos pastores, día tras día, y llevaba arriba y presentaba y mostraba en realidad todo el libro a Yahweh de las ovejas: (incluso) todo lo que habían hecho, y todo lo que cada uno de ellos había hecho desaparecer, y todo lo que habían entregado a la destrucción.
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Y el libro fue leído ante Yahweh de las ovejas, y Él tomó el libro de su mano y lo leyó y lo selló y lo dejó.
LXXXIX. 72-77. Segundo Período: desde el tiempo de Ciro hasta el de Alejandro Magno. 72
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Y en seguida vi cómo los pastores apacentaron durante doce horas, y he aquí que tres de aquellas ovejas volvieron y vinieron y entraron y comenzaron a edificar todo lo que había caído de aquella casa; pero los jabalíes trataron de impedírselo, pero no pudieron. Y comenzaron de nuevo a edificar como antes, y levantaron aquella torre, y fue llamada la torre alta; y comenzaron de nuevo a colocar una mesa ante la torre, pero todo el pan sobre ella estaba contaminado y no era puro. Y en cuanto a todo esto, los ojos de aquellas ovejas fueron cegados de modo que no veían, y (los ojos de) sus pastores igualmente; y los entregaron en gran número a sus pastores para destrucción, y pisotearon a las ovejas con sus pies y las devoraron. Y Yahweh de las ovejas permaneció impasible hasta que todas las ovejas se dispersaron sobre el campo y se mezclaron con ellas (es decir, las bestias), y ellos (es decir, los pastores) no las salvaron de mano de las bestias. Y este que escribió el libro lo llevó arriba, y lo mostró y lo leyó ante Yahweh de las ovejas, y le imploró por causa de ellas, y le suplicó por causa de ellas mientras le mostraba todas las acciones de los pastores, y dio testimonio ante Él contra todos los pastores. Y tomó el libro mismo y lo dejó junto a Él y partió.
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Capítulo XC
XC. 1-5. Tercer Período: desde Alejandro Magno hasta la Dominación Grecosiria. 1
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Y vi hasta que, de esta manera, treinta y cinco pastores emprendieron el apacentamiento (de las ovejas), y cada uno completó su período como lo hicieron los primeros; y otros los recibieron en sus manos para apacentarlas durante su período, cada pastor en su propio período. Y después de eso vi en mi visión venir a todas las aves del cielo: las águilas, los buitres, los milanos, los cuervos; pero las águilas guiaban a todas las aves; y comenzaron a devorar a aquellas ovejas, y a arrancarles los ojos y a devorar su carne. Y las ovejas gritaron porque su carne estaba siendo devorada por las aves, y en cuanto a mí, miré y me lamenté en mi sueño por aquel pastor que apacentaba a las ovejas. Y vi hasta que aquellas ovejas fueron devoradas por los perros y las águilas y los milanos, y no les dejaron ni carne ni piel ni tendón sobre ellas, hasta que solo quedaron allí sus huesos; y sus huesos también cayeron a la tierra y las ovejas se hicieron pocas. Y vi hasta que veintitrés habían emprendido el apacentamiento y completado en sus respectivos períodos cincuenta y ocho veces.
XC. 6-12. Cuarto Período: desde la Dominación Grecosiria hasta la Revuelta Macabea. 6
Pero he aquí que corderos fueron dados a luz por aquellas ovejas blancas, y comenzaron a abrir sus ojos y a ver, y a gritar a las ovejas.
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Sí, gritaron a ellas, pero ellas no escucharon lo que les decían, sino que estaban en extremo sordas, y sus ojos estaban muy en extremo cegados. Y vi en la visión cómo los cuervos volaron sobre aquellos corderos, y tomaron a uno de aquellos corderos, y despedazaron a las ovejas y las devoraron. Y vi hasta que crecieron cuernos sobre aquellos corderos, y los cuervos derribaron sus cuernos; y vi hasta que brotó un gran cuerno de una de aquellas ovejas, y sus ojos fueron abiertos. Y †miró† a ellas [y sus ojos se abrieron], y gritó a las ovejas, y los carneros lo vieron y todos corrieron a él. Y a pesar de todo esto, aquellas águilas y buitres y cuervos y milanos seguían desgarrando a las ovejas y abalanzándose sobre ellas y devorándolas; aun así las ovejas permanecieron en silencio, pero los carneros se lamentaron y gritaron en voz alta. Y aquellos cuervos pelearon y batallaron con él y trataron de derribar su cuerno, pero no tuvieron poder sobre él.
XC. 13-19. El último Asalto de los Gentiles sobre los Judíos (donde los vv. 13-15 y 16-18 son duplicados). 13
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Y vi hasta que los †pastores y† águilas y aquellos buitres y milanos vinieron, y †gritaron a los cuervos† que quebraran el cuerno de aquel carnero, y batallaron y pelearon con él, y él batalló con ellos y gritó para que viniera su ayuda. Todas las águilas y buitres y cuervos y milanos se reunieron, y vinieron con ellos todas las ovejas del campo, sí, todas vinieron juntas, y se ayudaron unas a otras para quebrar aquel cuerno del carnero. Y vi hasta que una gran espada fue dada a las ovejas, y las ovejas avanzaron contra todas las bestias del campo
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para matarlas, y todas las bestias y las aves del cielo huyeron ante su rostro. 14
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Y vi hasta que aquel hombre, que escribía los nombres de los pastores [y] los llevaba arriba a la presencia de Yahweh de las ovejas [vino y le ayudó y le mostró todo: había descendido para ayuda de aquel carnero]. Y vi hasta que Yahweh de las ovejas vino a ellas en ira, y todos los que lo vieron huyeron, y todos cayeron †en su sombra† ante su rostro. Y vi a aquel hombre, que escribió el libro según la orden de Yahweh, hasta que abrió aquel libro acerca de la destrucción que aquellos doce últimos pastores habían obrado, y mostró que habían destruido mucho más que sus predecesores, ante Yahweh de las ovejas. Y vi hasta que Yahweh de las ovejas vino a ellas y tomó en su mano la vara de su ira, y golpeó la tierra, y la tierra se hendió, y todas las bestias y todas las aves del cielo cayeron de entre aquellas ovejas, y fueron tragadas en la tierra y esta las cubrió.
XC. 20-27. Juicio de los Ángeles Caídos, los Pastores y los Apóstatas. 20
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Y vi hasta que un trono fue erigido en la tierra agradable, y Yahweh de las ovejas se sentó en él, y el otro tomó los libros sellados y abrió aquellos libros ante Yahweh de las ovejas. Y Yahweh llamó a aquellos hombres, los siete primeros blancos, y ordenó que trajeran ante Él, comenzando con la primera estrella que iba a la cabeza, a todas las estrellas cuyos miembros viriles eran como los de los caballos, y las trajeron todas ante Él.
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Y Él dijo a aquel hombre que escribía ante Él, siendo uno de aquellos siete blancos, y le dijo: “Toma a aquellos setenta pastores a quienes entregué las ovejas, y que, tomándolas por su propia autoridad, mataron más de lo que yo les ordené.” Y he aquí que todos estaban atados, lo vi, y todos estaban de pie ante Él. Y el juicio se celebró primero sobre las estrellas, y fueron juzgadas y halladas culpables, y fueron al lugar de condenación, y fueron arrojadas a un abismo, lleno de fuego y llamas, y lleno de columnas de fuego. Y aquellos setenta pastores fueron juzgados y hallados culpables, y fueron arrojados a aquel abismo ardiente. Y vi en aquel tiempo cómo un abismo semejante fue abierto en medio de la tierra, lleno de fuego, y trajeron a aquellas ovejas cegadas, y todas fueron juzgadas y halladas culpables y arrojadas a este abismo ardiente, y ardieron; ahora bien, este abismo estaba a la derecha de aquella casa. Y vi a aquellas ovejas ardiendo †y sus huesos ardiendo†.
XC. 28-38. La Nueva Jerusalén, la Conversión de los Gentiles sobrevivientes, la Resurrección de los Justos, el Mesías. 28
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Y me levanté para ver hasta que plegaron aquella casa antigua; y retiraron todos los pilares, y todas las vigas y adornos de la casa fueron al mismo tiempo plegados con ella, y la retiraron y la pusieron en un lugar en el sur de la tierra. Y vi hasta que Yahweh de las ovejas trajo una casa nueva, mayor y más elevada que aquella primera, y la erigió en el lugar de la primera que había sido plegada: todos sus pilares eran nuevos, y sus adornos eran nuevos y mayores que los de la primera, la antigua que Él había retirado, y todas las ovejas estaban dentro de ella. 187
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Y vi a todas las ovejas que habían quedado, y a todas las bestias sobre la tierra, y a todas las aves del cielo, cayendo y rindiendo homenaje a aquellas ovejas y haciéndoles petición y obedeciéndolas en todo. Y después de eso, aquellos tres que estaban vestidos de blanco y me habían tomado de mi mano [que me habían levantado antes], y la mano de aquel carnero tomándome también, me levantaron y me pusieron en medio de aquellas ovejas †antes de que tuviera lugar el juicio†. Y aquellas ovejas eran todas blancas, y su lana era abundante y limpia. Y todo lo que había sido destruido y dispersado, y todas las bestias del campo, y todas las aves del cielo, se reunieron en aquella casa, y Yahweh de las ovejas se regocijó con gran gozo porque todas eran buenas y habían vuelto a su casa. Y vi hasta que depusieron aquella espada, que había sido dada a las ovejas, y la trajeron de vuelta a la casa, y fue sellada ante la presencia de Yahweh, y todas las ovejas fueron invitadas a aquella casa, pero esta no las contenía. Y los ojos de todas fueron abiertos, y vieron el bien, y no hubo ninguna entre ellas que no viera. Y vi que aquella casa era grande y ancha y muy llena. Y vi que nació un toro blanco, con grandes cuernos, y todas las bestias del campo y todas las aves del aire le temieron y le hicieron petición todo el tiempo. Y vi hasta que todas sus generaciones fueron transformadas, y todas se convirtieron en toros blancos; y el primero entre ellos se convirtió en un cordero, y aquel cordero se convirtió en un gran animal y tenía grandes cuernos negros sobre su cabeza; y
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Yahweh de las ovejas se regocijó por ello y por todos los bueyes. 39
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Y dormí en medio de ellas; y desperté y vi todo. Esta es la visión que vi mientras dormía, y desperté y bendije a Yahweh de justicia y le di gloria. Entonces lloré con gran llanto, y mis lágrimas no cesaron hasta que ya no pude soportarlo más: cuando vi, fluyeron a causa de lo que había visto; porque todo vendrá y se cumplirá; y todas las obras de los hombres en su orden me fueron mostradas. En aquella noche recordé el primer sueño, y a causa de él lloré y estuve turbado, porque había visto aquella visión.’
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EL LIBRO DE ENOC
LA SECCIÓN FINAL DEL LIBRO. (XCII-CV.)
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Capítulo XCII
XCII. XCI. 1-10, 18-19. Libro de Admonición de Enoc para sus Hijos. 1
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El libro escrito por Enoc—[Enoc en verdad escribió esta doctrina completa de sabiduría, (que es) alabada por todos los hombres y un juez de toda la tierra] para todos mis hijos que habitarán en la tierra; y para las generaciones futuras que observarán la rectitud y la paz. No se turbe vuestro espíritu a causa de los tiempos; Porque el Santo y Grande ha señalado días para todas las cosas. Y el justo se levantará del sueño, [Se levantará] y andará en los caminos de la justicia, Y todo su camino y su conversación serán en bondad y gracia eternas. Él será misericordioso con el justo y le dará rectitud eterna, Y le dará poder para que sea (dotado) de bondad y justicia, Y andará en luz eterna. Y el pecado perecerá en las tinieblas para siempre, Y ya no será visto desde ese día para siempre jamás.
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Capítulo XCI
XCI. 1-11, 18-19. Admonición de Enoc a sus Hijos. 1
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‘Y ahora, hijo mío Matusalén, llámame a todos tus hermanos, Y reúne junto a mí a todos los hijos de tu madre, Porque la palabra me llama, Y el espíritu es derramado sobre mí, Para que os muestre todo Lo que os sucederá para siempre.’ Y entonces Matusalén fue y llamó junto a sí a todos sus hermanos y reunió a sus parientes. Y habló a todos los hijos de la justicia y dijo: ‘Escuchad, hijos de Enoc, todas las palabras de vuestro padre, Y prestad atención recta a la voz de mi boca; Porque os exhorto y os digo, amados: Amad la rectitud y andad en ella. Y no os acerquéis a la rectitud con corazón doble, Y no os asociéis con los de corazón doble, Sino andad en justicia, hijos míos. Y ella os guiará por buenos caminos, Y la justicia será vuestra compañera. Porque sé que la violencia debe aumentar sobre la tierra, Y un gran castigo será ejecutado sobre la tierra, Y toda injusticia llegará a su fin: Sí, será cortada de sus raíces, Y toda su estructura será destruida. Y la injusticia será consumada de nuevo sobre la tierra, Y todas las obras de injusticia y de violencia Y transgresión prevalecerán en grado doble. Y cuando aumenten el pecado y la injusticia y la blasfemia Y la violencia en toda clase de obras,
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Y aumenten la apostasía y la transgresión y la impureza, Un gran castigo vendrá del cielo sobre todos estos, Y el santo Yahweh saldrá con ira y castigo Para ejecutar juicio sobre la tierra. 8
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En aquellos días la violencia será cortada de sus raíces, Y las raíces de la injusticia junto con el engaño, Y serán destruidas de debajo del cielo. Y todos los ídolos de los paganos serán abandonados, Y los templos quemados con fuego, Y los quitarán de toda la tierra, Y ellos (es decir, los paganos) serán arrojados al juicio de fuego, Y perecerán en ira y en grave juicio para siempre. Y los justos se levantarán de su sueño, Y la sabiduría se levantará y les será dada. Y después de eso las raíces de la injusticia serán cortadas, y los pecadores serán destruidos por la espada ... serán cortados de entre los blasfemos en todo lugar, y los que planean violencia y los que cometen blasfemia perecerán por la espada.] Y ahora os digo, hijos míos, y os muestro Los caminos de la justicia, y los caminos de la violencia. Sí, os los mostraré de nuevo, Para que sepáis lo que sucederá. Y ahora, escuchadme, hijos míos, Y andad en los caminos de la justicia, Y no andéis en los caminos de la violencia; Porque todos los que andan en los caminos de la injusticia perecerán para siempre.’
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Capítulo XCIII
XCIII, XCI. 12-17. El Apocalipsis de las Semanas. 1
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Y después de eso Enoc †dio† y comenzó a relatar de los libros. Y Enoc dijo: ‘Acerca de los hijos de la justicia y acerca de los elegidos del mundo, Y acerca de la planta de rectitud, hablaré estas cosas, Sí, yo, Enoc, (las) declararé a vosotros, hijos míos: Según lo que me apareció en la visión celestial, Y que he conocido por la palabra de los santos ángeles, Y he aprendido de las tablas celestiales.’ Y Enoc comenzó a relatar de los libros y dijo: ‘Nací el séptimo en la primera semana, Mientras aún perduraban el juicio y la justicia. Y después de mí surgirá en la segunda semana gran maldad, Y habrá brotado el engaño; Y en ella habrá el primer fin. Y en ella un hombre será salvado; Y después que termine, crecerá la injusticia, Y se hará una ley para los pecadores. Y después de eso, en la tercera semana, a su cierre, Un hombre será elegido como la planta del juicio justo. Y su posteridad llegará a ser la planta de justicia para siempre jamás. Y después de eso, en la cuarta semana, a su cierre, Se verán visiones de los santos y justos,
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Y se hará para ellos una ley para todas las generaciones y un cercado. 7
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Y después de eso, en la quinta semana, a su cierre, La casa de gloria y dominio será edificada para siempre. Y después de eso, en la sexta semana, todos los que viven en ella serán cegados, Y los corazones de todos ellos abandonarán impíamente la sabiduría. Y en ella un hombre ascenderá; Y a su cierre la casa de dominio será quemada con fuego, Y toda la raza de la raíz elegida será dispersada. Y después de eso, en la séptima semana, surgirá una generación apóstata, Y muchas serán sus obras, Y todas sus obras serán apóstatas. Y a su cierre serán elegidos Los elegidos justos de la planta eterna de justicia, Para recibir instrucción séptuple acerca de toda Su creación. Porque ¿quién hay de todos los hijos de los hombres que sea capaz de oír la voz del Santo sin turbarse? ¿Y quién puede pensar Sus pensamientos? ¿y quién hay que pueda contemplar todas las obras del cielo? ¿Y cómo habría alguien que pudiera contemplar el cielo, y quién hay que pudiera entender las cosas del cielo y ver un alma o un espíritu y pudiera hablar de ello, o ascender y ver todos sus fines y pensarlos o hacer como ellos? ¿Y quién hay de todos los hombres que pudiera saber cuál es la anchura y la longitud de la tierra, y a quién se ha mostrado la medida de todas ellas? 195
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¿O hay alguien que pudiera discernir la longitud del cielo y cuán grande es su altura, y sobre qué está fundado, y cuán grande es el número de las estrellas, y dónde descansan todas las luminarias?]
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CAPÍTULO XCI (CONTINUACIÓN) XCI. 12-17. Las Últimas Tres Semanas. 12
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Y después de eso habrá otra, la octava semana, la de la justicia, Y le será dada una espada para que se ejecute un juicio justo sobre los opresores, Y los pecadores serán entregados en manos de los justos. Y a su cierre adquirirán casas por su justicia, Y se edificará una casa para el Gran Rey en gloria para siempre jamás, Y toda la humanidad mirará al camino de la rectitud. Y después de eso, en la novena semana, el juicio justo será revelado a todo el mundo, b. Y todas las obras de los impíos desaparecerán de toda la tierra, c. Y el mundo será inscrito para destrucción. Y después de esto, en la décima semana, en la séptima parte, Habrá el gran juicio eterno, En el cual Él ejecutará venganza entre los ángeles. Y el primer cielo partirá y pasará, Y aparecerá un cielo nuevo, Y todos los poderes de los cielos darán luz séptuple. Y después de eso habrá muchas semanas sin número para siempre, Y todo será en bondad y justicia, Y el pecado ya no será mencionado para siempre.
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Capítulo XCIV
XCIV. 1-5. Admoniciones a los Justos. 1
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Y ahora os digo, hijos míos, amad la justicia y andad en ella; Porque los caminos de la justicia son dignos de aceptación, Pero los caminos de la injusticia serán de repente destruidos y desaparecerán. Y a ciertos hombres de una generación les serán revelados los caminos de la violencia y de la muerte, Y se mantendrán lejos de ellos, Y no los seguirán. Y ahora os digo a vosotros, los justos: No andéis en los caminos de la maldad, ni en los caminos de la muerte, Y no os acerquéis a ellos, no sea que seáis destruidos. Sino buscad y elegid para vosotros la justicia y una vida elegida, Y andad en los caminos de la paz, Y viviréis y prosperaréis. Y retened firmemente mis palabras en los pensamientos de vuestros corazones, Y no permitáis que sean borradas de vuestros corazones; Porque sabed que los pecadores tentarán a los hombres a maltratar la sabiduría, De modo que no se halle lugar para ella, Y ninguna clase de tentación pueda disminuirla. XCIV. 6-11. Ayes para los Pecadores.
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¡Ay de los que edifican injusticia y opresión, Y ponen el engaño como fundamento; Porque serán de repente derribados, Y no tendrán paz.
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¡Ay de los que edifican sus casas con pecado; Porque desde todos sus cimientos serán derribados, Y por la espada caerán. [Y los que adquieren oro y plata en juicio perecerán de repente.] ¡Ay de vosotros, ricos, porque habéis confiado en vuestras riquezas, Y de vuestras riquezas partiréis, Porque no habéis recordado al Altísimo en los días de vuestras riquezas. Habéis cometido blasfemia e injusticia, Y os habéis preparado para el día de la matanza, Y el día de las tinieblas y el día del gran juicio. Así hablo y os declaro: Él, que os ha creado, os derribará, Y por vuestra caída no habrá compasión, Y vuestro Creador se regocijará en vuestra destrucción. Y vuestros justos en aquellos días serán Un oprobio para los pecadores y los impíos.
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Capítulo XCV
XCV. El Dolor de Enoc: nuevos Ayes contra los Pecadores. 1
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¡Oh, si mis ojos fueran [una nube de] aguas Para que pudiera llorar sobre vosotros, Y derramar mis lágrimas como una nube †de† aguas: Para que así pudiera descansar de mi turbación de corazón! †¿Quién os ha permitido practicar oprobios y maldad? Y así el juicio os alcanzará, pecadores.† No temáis a los pecadores, vosotros, justos; Porque de nuevo Yahweh los entregará en vuestras manos, Para que ejecutéis juicio sobre ellos según vuestros deseos. ¡Ay de vosotros que fulmináis anatemas que no pueden ser revocados: Por tanto, la sanidad estará lejos de vosotros a causa de vuestros pecados. ¡Ay de vosotros que retribuís a vuestro prójimo con mal; Porque seréis retribuidos según vuestras obras. ¡Ay de vosotros, testigos mentirosos, Y de los que pesan la injusticia, Porque de repente pereceréis. ¡Ay de vosotros, pecadores, porque perseguís a los justos; Porque seréis entregados y perseguidos a causa de la injusticia, Y pesado será su yugo sobre vosotros.
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Capítulo XCVI
XCVI. Motivos de Esperanza para los Justos: Ayes para los Malvados. 1
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Tened esperanza, vosotros, justos; porque de repente los pecadores perecerán delante de vosotros, Y tendréis señorío sobre ellos según vuestros deseos. Y en el día de la tribulación de los pecadores, Vuestros hijos se remontarán y se alzarán como águilas, Y más alto que los buitres estará vuestro nido, Y ascenderéis y entraréis en las grietas de la tierra, Y en las hendiduras de la roca para siempre como conejos ante los injustos, Y las sirenas suspirarán a causa de vosotros y llorarán.] Por tanto, no temáis, vosotros que habéis sufrido; Porque la sanidad será vuestra porción, Y una luz brillante os iluminará, Y oiréis del cielo la voz del reposo. ¡Ay de vosotros, pecadores, porque vuestras riquezas os hacen parecer como los justos, Pero vuestros corazones os convencen de que sois pecadores, Y este hecho será un testimonio contra vosotros como memorial de (vuestras) malas obras. ¡Ay de vosotros que devoráis lo más fino del trigo, Y bebéis vino en grandes tazones, Y pisoteáis a los humildes con vuestro poder. ¡Ay de vosotros que bebéis agua de toda fuente, Porque de repente seréis consumidos y os marchitaréis, Porque habéis abandonado la fuente de la vida. ¡Ay de vosotros que obráis injusticia, Y engaño y blasfemia: Será un memorial contra vosotros para mal.
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¡Ay de vosotros, poderosos, Que con poder oprimís a los justos; Porque el día de vuestra destrucción viene. En aquellos días vendrán a los justos muchos y buenos días—en el día de vuestro juicio.
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Capítulo XCVII
XCVII. Los Males que aguardan a los Pecadores y a los Poseedores de riqueza injusta. 1
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Creed, vosotros, justos, que los pecadores llegarán a ser una vergüenza, Y perecerán en el día de la injusticia. Sabed vosotros (pecadores) que el Altísimo tiene presente vuestra destrucción, Y los ángeles del cielo se regocijan sobre vuestra destrucción. ¿Qué haréis, pecadores, Y adónde huiréis en ese día de juicio, Cuando oigáis la voz de la oración de los justos? Sí, os irá como a ellos, Contra quienes esta palabra será un testimonio: “Habéis sido compañeros de pecadores.” Y en aquellos días la oración de los justos llegará hasta Yahweh. Y para vosotros vendrán los días de vuestro juicio, Y todas las palabras de vuestra injusticia serán leídas en voz alta ante el Gran Santo; Y vuestros rostros serán cubiertos de vergüenza, Y Él rechazará toda obra que esté fundada en la injusticia. ¡Ay de vosotros, pecadores, que vivís en medio del océano y en la tierra seca, Cuyo recuerdo es malo contra vosotros. ¡Ay de vosotros que adquirís plata y oro en injusticia, y decís: “Nos hemos hecho ricos con riquezas y tenemos posesiones, Y hemos adquirido todo lo que hemos deseado.
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Y ahora hagamos lo que nos propusimos: Porque hemos reunido plata, 9[d] Y muchos son los labradores en nuestras casas, 9[c] Y nuestros graneros están (rebosantemente) llenos como de agua.” Sí, y como agua vuestras mentiras fluirán y se irán; Porque vuestras riquezas no permanecerán, Sino que rápidamente ascenderán de vosotros; Porque lo habéis adquirido todo en injusticia, Y seréis entregados a una gran maldición.
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Capítulo XCVIII
XCVIII. La Autoindulgencia de los Pecadores: el Pecado originado por el Hombre: todo Pecado registrado en el Cielo: Ayes para los Pecadores. 1
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Y ahora os juro, a los sabios y a los necios, Porque tendréis muchas experiencias sobre la tierra. Porque vosotros, los hombres, os pondréis más adornos que una mujer, Y vestidos de colores más que una virgen: En realeza y en grandeza y en poder, Y en plata y en oro y en púrpura, Y en esplendor y en alimento serán derramados como agua. Por tanto, les faltará doctrina y sabiduría, Y perecerán por ello junto con sus posesiones; Y con toda su gloria y su esplendor, Y en vergüenza y en matanza y en gran indigencia, Sus espíritus serán arrojados al horno de fuego. Os he jurado, pecadores, que como una montaña no se ha hecho esclava, Y una colina no se hace sierva de una mujer, Así tampoco el pecado ha sido enviado sobre la tierra, Sino que el hombre por sí mismo lo ha creado, Y bajo una gran maldición caerán los que lo cometen. Y la esterilidad no ha sido dada a la mujer, Sino que a causa de las obras de sus propias manos ella muere sin hijos. Os he jurado, pecadores, por Yeshua, el Santo Grande, Que todas vuestras malas obras son reveladas en los cielos, Y que ninguna de vuestras obras de opresión está cubierta ni oculta.
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Y no penséis en vuestro espíritu, ni digáis en vuestro corazón, que no sabéis y que no veis que todo pecado es registrado cada día en el cielo en presencia del Altísimo. Desde ahora sabéis que toda vuestra opresión con la que oprimís es escrita cada día hasta el día de vuestro juicio. ¡Ay de vosotros, necios, porque por vuestra necedad pereceréis: y transgredís contra los sabios, y así la buena fortuna no será vuestra porción. Y ahora, sabed que estáis preparados para el día de la destrucción: por tanto, no esperéis vivir, pecadores, sino que partiréis y moriréis; porque no conocéis rescate; porque estáis preparados para el día del gran juicio, para el día de tribulación y gran vergüenza para vuestros espíritus. ¡Ay de vosotros, obstinados de corazón, que obráis maldad y coméis sangre: ¿De dónde tenéis cosas buenas para comer y beber y saciaros? De todas las cosas buenas que Yahweh el Altísimo ha puesto en abundancia sobre la tierra; por tanto, no tendréis paz. ¡Ay de vosotros que amáis las obras de injusticia: ¿por qué esperáis buena fortuna para vosotros? Sabed que seréis entregados en manos de los justos, y ellos os cortarán el cuello y os matarán, y no tendrán misericordia de vosotros. ¡Ay de vosotros que os regocijáis en la tribulación de los justos; porque no se cavará sepultura para vosotros. ¡Ay de vosotros que tenéis en nada las palabras de los justos; porque no tendréis esperanza de vida.
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¡Ay de vosotros que escribís palabras mentirosas e impías; porque escriben sus mentiras para que los hombres las oigan y actúen impíamente hacia (su) prójimo. Por tanto, no tendrán paz, sino que morirán de muerte repentina.
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Capítulo XCIX
XCIX. Ayes pronunciados sobre los Impíos, los Transgresores de la Ley: la desdichada Situación de los Pecadores en los últimos Días: más Ayes. 1
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¡Ay de vosotros que obráis impiedad, Y os gloriáis en la mentira, y la exaltáis: Pereceréis, y ninguna vida feliz será vuestra. ¡Ay de los que pervierten las palabras de rectitud, Y transgreden la ley eterna, Y se transforman a sí mismos en lo que no eran [en pecadores]: Serán pisoteados sobre la tierra. En aquellos días preparaos, vosotros, justos, para elevar vuestras oraciones como memorial, Y ponedlas como testimonio ante los ángeles, Para que pongan el pecado de los pecadores como memorial ante el Altísimo. En aquellos días las naciones serán agitadas, Y las familias de las naciones se levantarán en el día de la destrucción. Y en aquellos días los indigentes saldrán y se llevarán a sus hijos, Y los abandonarán, de modo que sus hijos perecerán por medio de ellos: Sí, abandonarán a sus hijos (que aún son) lactantes, y no volverán a ellos, Y no tendrán piedad de sus amados. Y de nuevo os juro, pecadores, que el pecado está preparado para un día de derramamiento de sangre incesante. Y los que adoran piedras, y graban imágenes de oro y plata y madera ‹y piedra› y arcilla, y los que adoran espíritus impuros y demonios, y toda clase
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de ídolos no según conocimiento, no obtendrán ninguna clase de ayuda de ellos. 8
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Y se harán impíos a causa de la necedad de sus corazones, Y sus ojos serán cegados por el temor de sus corazones, Y por visiones en sus sueños. Por medio de estas se harán impíos y temerosos; Porque habrán hecho toda su obra en mentira, Y habrán adorado una piedra: Por tanto, en un instante perecerán. Pero en aquellos días bienaventurados son todos los que aceptan las palabras de sabiduría, y las entienden, Y observan los caminos del Altísimo, y andan en el camino de Su justicia, Y no se hacen impíos con los impíos; Porque serán salvados. ¡Ay de vosotros que extendéis el mal a vuestros prójimos; Porque seréis muertos en el Seol. ¡Ay de vosotros que hacéis medidas engañosas y falsas, Y (de los) que causan amargura en la tierra; Porque por ello serán totalmente consumidos. ¡Ay de vosotros que edificáis vuestras casas mediante el penoso trabajo de otros, Y todos sus materiales de construcción son los ladrillos y piedras del pecado; Os digo que no tendréis paz. ¡Ay de los que rechazan la medida y la herencia eterna de sus padres, Y cuyas almas siguen tras los ídolos; Porque no tendrán reposo. ¡Ay de los que obran injusticia y ayudan a la opresión,
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Y matan a sus prójimos hasta el día del gran juicio. 16
Porque Él derribará vuestra gloria, Y traerá aflicción sobre vuestros corazones, Y despertará Su fiera indignación, Y os destruirá a todos con la espada; Y todos los santos y justos recordarán vuestros pecados.
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Capítulo C
C. Los Pecadores se destruyen entre sí: Juicio de los Ángeles caídos: la Seguridad de los Justos: más Ayes para los Pecadores. 1
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Y en aquellos días, en un solo lugar, los padres junto con sus hijos serán heridos, Y los hermanos unos con otros caerán en muerte, Hasta que los arroyos fluyan con su sangre. Porque un hombre no retirará su mano de matar a sus hijos y a los hijos de sus hijos, Y el pecador no retirará su mano de su hermano honrado: Desde el amanecer hasta la puesta del sol se matarán unos a otros. Y el caballo caminará hasta el pecho en la sangre de los pecadores, Y el carro quedará sumergido hasta su altura. En aquellos días los ángeles descenderán a los lugares secretos, Y reunirán en un solo lugar a todos los que hicieron descender el pecado, Y el Altísimo se levantará en ese día de Juicio, Para ejecutar gran juicio entre los pecadores. Y sobre todos los justos y santos Él designará guardianes de entre los santos ángeles, Para guardarlos como a la niña de un ojo, Hasta que Él ponga fin a toda maldad y a todo pecado, Y aunque los justos duerman un largo sueño, nada tienen que temer. Y (entonces) los hijos de la tierra verán a los sabios en seguridad, Y entenderán todas las palabras de este libro, Y reconocerán que sus riquezas no podrán salvar
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los En la caída de sus pecados. 7
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¡Ay de vosotros, pecadores, en el día de fuerte angustia, Vosotros que afligís a los justos y los quemáis con fuego: Seréis retribuidos según vuestras obras. ¡Ay de vosotros, obstinados de corazón, Que vigiláis para maquinar maldad: Por tanto, el temor vendrá sobre vosotros, Y no habrá nadie que os ayude. ¡Ay de vosotros, pecadores, a causa de las palabras de vuestra boca, Y a causa de las obras de vuestras manos que vuestra impiedad ha obrado, En llamas ardientes que arden peor que el fuego arderéis. Y ahora, sabed que Él inquirirá de los ángeles acerca de vuestras obras en el cielo, del sol y de la luna y de las estrellas en referencia a vuestros pecados, porque sobre la tierra ejecutáis juicio sobre los justos. Y Él llamará a testificar contra vosotros a toda nube y niebla y rocío y lluvia; porque todos serán retenidos a causa de vosotros para no descender sobre vosotros, y tendrán presentes vuestros pecados. Y ahora dad presentes a la lluvia para que no sea retenida de descender sobre vosotros, ni tampoco el rocío, cuando haya recibido de vosotros oro y plata para que pueda descender. Cuando la escarcha y la nieve con su frialdad, y todas las tormentas de nieve con todas sus plagas caigan sobre vosotros, en aquellos días no podréis estar en pie ante ellas.
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Capítulo CI
CI. Exhortación al Temor de Yahweh: toda la Naturaleza le teme, pero no los Pecadores. 1
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Observad el cielo, vosotros, hijos del cielo, y toda obra del Altísimo, y temedle y no obréis mal en Su presencia. Si Él cierra las ventanas del cielo, y retiene la lluvia y el rocío de descender sobre la tierra a causa de vosotros, ¿qué haréis entonces? Y si Él envía Su ira sobre vosotros a causa de vuestras obras, no podéis suplicarle; porque hablasteis palabras orgullosas e insolentes contra Su justicia: por tanto, no tendréis paz. ¿Y no veis a los marineros de los barcos, cómo sus barcos son zarandeados de un lado a otro por las olas, y son sacudidos por los vientos, y están en grave apuro? Y por tanto temen porque todas sus buenas posesiones van sobre el mar con ellos, y tienen malos presentimientos de corazón de que el mar los tragará y perecerán en él. ¿No son todo el mar y todas sus aguas, y todos sus movimientos, obra del Altísimo, y no ha Él puesto límites a sus obras, y lo ha confinado en todo por la arena? Y ante Su reprensión tiene miedo y se seca, y todos sus peces mueren y todo lo que hay en él; pero vosotros, pecadores que estáis sobre la tierra, no le teméis. ¿No ha hecho Él el cielo y la tierra, y todo lo que hay en ellos? ¿Quién ha dado entendimiento y sabiduría a todo lo que se mueve sobre la tierra y en el mar? ¿No temen los marineros de los barcos al mar? Sin embargo, los pecadores no temen al Altísimo. 213
Capítulo CII
CII. Terrores del Día del Juicio: las adversas Fortunas de los Justos sobre la Tierra. 1
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En aquellos días, cuando Él haya traído un fuego grave sobre vosotros, ¿Adónde huiréis, y dónde hallaréis liberación? Y cuando Él lance Su palabra contra vosotros, ¿No os asustaréis y temeréis? Y todas las luminarias se asustarán con gran temor, Y toda la tierra se asustará y temblará y se alarmará. Y todos los †ángeles ejecutarán sus órdenes† Y buscarán esconderse de la presencia de la Gran Gloria, Y los hijos de la tierra temblarán y se estremecerán; Y vosotros, pecadores, seréis malditos para siempre, Y no tendréis paz. No temáis, vosotras, almas de los justos, Y tened esperanza vosotros que habéis muerto en justicia. Y no os aflijáis si vuestra alma ha descendido al Seol en aflicción, Y que en vuestra vida vuestro cuerpo no prosperó según vuestra bondad, Sino esperad el día del juicio de los pecadores, Y el día de la maldición y el castigo. Y sin embargo, cuando morís, los pecadores hablan sobre vosotros: “Como morimos nosotros, así mueren los justos, ¿Y qué beneficio obtienen por sus obras? He aquí, como nosotros, así mueren ellos en aflicción y tinieblas, ¿Y qué tienen más que nosotros? Desde ahora somos iguales.
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¿Y qué recibirán y qué verán para siempre? He aquí, ellos también han muerto, Y desde ahora para siempre no verán luz.” Os digo, pecadores, estáis contentos de comer y beber, y robar y pecar, y desnudar a los hombres, y adquirir riqueza y ver días buenos. ¿Habéis visto a los justos cómo resulta su fin, que ninguna clase de violencia se halla en ellos hasta su muerte? “Sin embargo, perecieron y llegaron a ser como si no hubieran sido, y sus espíritus descendieron al Seol en tribulación.”
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Capítulo CIII
CIII. Destinos Diferentes de los Justos y los Pecadores: nuevas Objeciones de los Pecadores. 1
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Ahora, por tanto, os juro a vosotros, los justos, por la gloria del Grande y Honrado y Poderoso en dominio, y por Su grandeza os juro: Conozco un misterio Y he leído las tablas celestiales, Y he visto los libros santos, Y he hallado escrito en ellos e inscrito acerca de ellos: Que toda bondad y gozo y gloria están preparados para ellos, Y escritos para los espíritus de los que han muerto en justicia, Y que múltiple bien os será dado en recompensa por vuestros trabajos, Y que vuestra suerte es abundantemente más allá de la suerte de los vivos. Y los espíritus de vosotros que habéis muerto en justicia vivirán y se regocijarán, Y sus espíritus no perecerán, ni su memoria de ante el rostro del Grande Hasta todas las generaciones del mundo: por tanto, no temáis más su ultraje. ¡Ay de vosotros, pecadores, cuando hayáis muerto, Si morís en la riqueza de vuestros pecados; Y los que son como vosotros dicen acerca de vosotros: “Bienaventurados los pecadores: han visto todos sus días. Y ahora han muerto en prosperidad y en riqueza, Y no han visto tribulación ni asesinato en su vida; Y han muerto en honor,
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Y no se ha ejecutado juicio sobre ellos durante su vida.” 7
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Sabed que sus almas serán hechas descender al Seol, Y serán desdichadas en su gran tribulación. Y en tinieblas y cadenas y una llama ardiente donde hay grave juicio entrarán vuestros espíritus; Y el gran juicio será para todas las generaciones del mundo. ¡Ay de vosotros, porque no tendréis paz. No digáis acerca de los justos y buenos que están en vida: “En nuestros días turbados hemos trabajado laboriosamente y experimentado toda turbación, Y nos hemos encontrado con mucho mal y hemos sido consumidos, Y hemos llegado a ser pocos y nuestro espíritu pequeño. Y hemos sido destruidos y no hemos hallado a nadie que nos ayude ni siquiera con una palabra: Hemos sido torturados [y destruidos], y no esperábamos ver vida de día en día. Esperábamos ser la cabeza y nos hemos hecho la cola: Hemos trabajado laboriosamente y no hemos tenido satisfacción en nuestro trabajo; Y nos hemos hecho alimento de los pecadores y de los injustos, Y ellos han puesto su yugo pesadamente sobre nosotros. Han tenido dominio sobre nosotros los que nos odiaban †y nos golpeaban; Y ante los que nos odiaban† hemos inclinado nuestros cuellos, Pero no se compadecieron de nosotros. Deseábamos alejarnos de ellos para poder escapar y estar en reposo, Pero no hallamos lugar adonde pudiéramos huir y estar a salvo de ellos. 217
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Y nos quejamos a los gobernantes en nuestra tribulación, Y clamamos contra los que nos devoraban; Pero no atendieron a nuestros clamores, Y no quisieron escuchar nuestra voz. Y ayudaron a los que nos robaban y nos devoraban y a los que nos hacían pocos; y ocultaron su opresión, y no quitaron de nosotros el yugo de los que nos devoraban y nos dispersaban y nos asesinaban, y ocultaron su asesinato, y no recordaron que habían levantado sus manos contra nosotros.”
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Capítulo CIV
CIV. Garantías dadas a los Justos: Admoniciones a los Pecadores y a los Falsificadores de las Palabras de Rectitud. 1
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Os juro que en el cielo los ángeles os recuerdan para bien ante la gloria del Grande: y vuestros nombres están escritos ante la gloria del Grande. Tened esperanza; porque antes fuisteis puestos en vergüenza por el mal y la aflicción; pero ahora brillaréis como las luces del cielo, brillaréis y seréis vistos, y los portales del cielo os serán abiertos. Y en vuestro clamor, clamad por juicio, y os aparecerá; porque toda vuestra tribulación será visitada sobre los gobernantes, y sobre todos los que ayudaron a los que os saquearon. Tened esperanza, y no desechéis vuestra esperanza; porque tendréis gran gozo como los ángeles del cielo. ¿Qué estaréis obligados a hacer? No tendréis que esconderos en el día del gran juicio y no seréis hallados como pecadores, y el juicio eterno estará lejos de vosotros por todas las generaciones del mundo. Y ahora no temáis, vosotros, justos, cuando veáis a los pecadores fortalecerse y prosperar en sus caminos: no seáis compañeros de ellos, sino manteneos lejos de su violencia; porque llegaréis a ser compañeros de las huestes del cielo. Y, aunque vosotros, pecadores, decís: “Todos nuestros pecados no serán investigados ni escritos”, sin embargo escribirán todos vuestros pecados cada día. Y ahora os muestro que la luz y las tinieblas, el día y la noche, ven todos vuestros pecados. No seáis impíos en vuestros corazones, y no mintáis ni alteréis las palabras de rectitud, ni acuséis de mentir las 219
palabras de Yeshua, el Santo Grande, ni tengáis en cuenta vuestros ídolos; porque toda vuestra mentira y toda vuestra impiedad no resultan en justicia, sino en gran pecado. 10
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Y ahora conozco este misterio, que los pecadores alterarán y pervertirán las palabras de justicia de muchas maneras, y hablarán palabras malvadas, y mentirán, y practicarán grandes engaños, y escribirán libros acerca de sus palabras. Pero cuando escriban verazmente todas mis palabras en sus lenguas, y no cambien ni disminuyan nada de mis palabras, sino que las escriban todas verazmente—todo lo que primero testifiqué acerca de ellos. Entonces, conozco otro misterio, que se darán libros a los justos y a los sabios para que lleguen a ser causa de gozo y rectitud y mucha sabiduría. Y a ellos les serán dados los libros, y creerán en ellos y se regocijarán sobre ellos, y entonces todos los justos que han aprendido de ellos todos los caminos de rectitud serán recompensados.’
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Capítulo CV
CV. Yahweh y el Mesías habitarán con el Hombre. 1
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En aquellos días Yahweh ordenó (a ellos) convocar y testificar a los hijos de la tierra acerca de su sabiduría: Mostrad(la) a ellos; porque vosotros sois sus guías, y una recompensa sobre toda la tierra. Porque Yo y Mi Hijo estaremos unidos con ellos para siempre en los caminos de rectitud en sus vidas; y tendréis paz: regocijaos, hijos de rectitud. Así sea.
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EL LIBRO DE ENOC
FRAGMENTO DEL LIBRO DE NOÉ. (CVI-CVII.)
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Capítulo CVI
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Y después de algunos días mi hijo Matusalén tomó esposa para su hijo Lamec, y ella quedó embarazada de él y dio a luz un hijo. Y su cuerpo era blanco como la nieve y rojo como el florecer de una rosa, y el cabello de su cabeza †y sus largos mechones eran blancos como lana, y sus ojos hermosos†. Y cuando abrió sus ojos, iluminó toda la casa como el sol, y toda la casa estaba muy brillante. Y entonces se levantó en las manos de la partera, abrió su boca, y †conversó con† Yahweh de justicia. Y su padre Lamec tuvo miedo de él y huyó, y vino a su padre Matusalén. Y le dijo: ‘He engendrado un hijo extraño, diverso y diferente del hombre, y semejante a los hijos de Yahweh del cielo; y su naturaleza es diferente, y no es como nosotros, y sus ojos son como los rayos del sol, y su rostro es glorioso. Y me parece que no ha brotado de mí sino de los ángeles, y temo que en sus días pueda obrarse una maravilla sobre la tierra. Y ahora, padre mío, estoy aquí para pedirte e implorarte que vayas a Enoc, nuestro padre, y aprendas de él la verdad, porque su morada está entre los ángeles.’ Y cuando Matusalén oyó las palabras de su hijo, vino a mí a los confines de la tierra; porque había oído que yo estaba allí, y clamó en voz alta, y oí su voz y vine a él. Y le dije: ‘He aquí, aquí estoy, hijo mío, ¿por qué has venido a mí?’
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Y él respondió y dijo: ‘A causa de una gran causa de ansiedad he venido a ti, y a causa de una visión perturbadora me he acercado. Y ahora, padre mío, escúchame: a Lamec, mi hijo, le ha nacido un hijo, como el cual no hay ninguno, y su naturaleza no es como la naturaleza del hombre, y el color de su cuerpo es más blanco que la nieve y más rojo que el florecer de una rosa, y el cabello de su cabeza es más blanco que la lana blanca, y sus ojos son como los rayos del sol, y abrió sus ojos y entonces iluminó toda la casa. Y se levantó en las manos de la partera, y abrió su boca y bendijo a Yahweh del cielo. Y su padre Lamec tuvo miedo y huyó a mí, y no creyó que hubiera brotado de él, sino que era a semejanza de los ángeles del cielo; y he aquí que he venido a ti para que me des a conocer la verdad.’ Y yo, Enoc, respondí y le dije: ‘Yahweh hará una cosa nueva sobre la tierra, y esto ya lo he visto en una visión, y te doy a conocer que en la generación de mi padre Jared algunos de los ángeles del cielo transgredieron la palabra de Yahweh. Y he aquí que cometen pecado y transgreden la ley, y se han unido con mujeres y cometen pecado con ellas, y se han casado con algunas de ellas, y han engendrado hijos en ellas. Y producirán sobre la tierra gigantes no según el espíritu, sino según la carne, y habrá un gran castigo sobre la tierra, y la tierra será limpiada de toda impureza. Sí, vendrá una gran destrucción sobre toda la tierra, y habrá un diluvio y una gran destrucción por un año. 224
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Y este hijo que te ha nacido será dejado sobre la tierra, y sus tres hijos serán salvados con él: cuando toda la humanidad que está sobre la tierra muera [él y sus hijos serán salvados]. Y ahora da a conocer a tu hijo Lamec que el que ha nacido es en verdad su hijo, y llama su nombre Noé; porque él te será dejado, y él y sus hijos serán salvados de la destrucción, que vendrá sobre la tierra a causa de todo el pecado y toda la injusticia, que serán consumados sobre la tierra en sus días. Y después de eso habrá aún más injusticia que la que primero fue consumada sobre la tierra; porque conozco los misterios de los santos; porque Él, Yahweh, me los ha mostrado e informado, y los he leído en las tablas celestiales.
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Capítulo CVII
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Y vi escrito en ellas que generación tras generación transgredirá, hasta que surja una generación de justicia, y la transgresión sea destruida y el pecado pase de la tierra, y toda clase de bien venga sobre ella. Y ahora, hijo mío, ve y da a conocer a tu hijo Lamec que este hijo, que ha nacido, es en verdad su hijo, y que (esto) no es mentira.’ Y cuando Matusalén hubo oído las palabras de su padre Enoc—porque le había mostrado todo en secreto— volvió y se (las) mostró a él y llamó el nombre de ese hijo Noé; porque él consolará la tierra después de toda la destrucción.
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Capítulo CVIII
CVIII. UN APÉNDICE AL LIBRO DE ENOC. 1
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Otro libro que Enoc escribió para su hijo Matusalén y para los que vendrán después de él, y guardarán la ley en los últimos días. Vosotros que habéis hecho el bien esperaréis esos días hasta que se ponga fin a los que obran el mal, y un fin al poder de los transgresores. Y esperad en verdad hasta que el pecado haya pasado, porque sus nombres serán borrados del libro de la vida y de los libros santos, y su simiente será destruida para siempre, y sus espíritus serán muertos, y clamarán y harán lamentación en un lugar que es un desierto caótico, y en el fuego arderán; porque allí no hay tierra. Y vi allí algo como una nube invisible; porque a causa de su profundidad no pude †mirar por encima†, y vi una llama de fuego que ardía brillantemente, y cosas como montañas resplandecientes que giraban y barrían de un lado a otro. Y pregunté a uno de los santos ángeles que estaba conmigo y le dije: ‘¿Qué es esta cosa resplandeciente? porque no es un cielo, sino solo la llama de un fuego ardiente, y la voz de llanto y clamor y lamentación y fuerte dolor.’ Y me dijo: ‘Este lugar que ves—aquí son arrojados los espíritus de los pecadores y blasfemos, y de los que obran maldad, y de los que pervierten todo lo que Yahweh ha hablado por boca de los profetas—(aun) las cosas que habrán de ser. Porque algunos de ellos están escritos e inscritos arriba en el cielo, para que los ángeles los lean y sepan lo que sucederá a los pecadores, y a los espíritus
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de los humildes, y de los que han afligido sus cuerpos, y han sido recompensados por Yahweh; y de los que han sido avergonzados por hombres malvados: 8
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Que aman a Yahweh y no amaron ni oro ni plata ni ninguna de las cosas buenas que hay en el mundo, sino que entregaron sus cuerpos a la tortura. Que, desde que vinieron a la existencia, no anhelaron alimento terrenal, sino que consideraron todo como un soplo pasajero, y vivieron en consecuencia, y Yahweh los probó mucho, y sus espíritus fueron hallados puros para que bendijeran Su nombre. Y todas las bendiciones destinadas a ellos las he relatado en los libros. Y Él les ha asignado su recompensa, porque han sido hallados tales que amaron el cielo más que su vida en el mundo, y aunque fueron pisoteados por hombres malvados, y experimentaron abuso e insulto de ellos y fueron avergonzados, sin embargo me bendijeron. Y ahora convocaré a los espíritus de los buenos que pertenecen a la generación de luz, y transformaré a los que nacieron en tinieblas, que en la carne no fueron recompensados con el honor que su fidelidad merecía. Y haré salir en luz resplandeciente a los que han amado Mi santo nombre, y sentaré a cada uno en el trono de su honor. Y serán resplandecientes por tiempos sin número; porque la justicia es el juicio de Yahweh; porque a los fieles Él dará fidelidad en la morada de caminos rectos. Y verán a los que nacieron en tinieblas ser llevados a las tinieblas, mientras los justos serán resplandecientes. Y los pecadores clamarán en voz alta y los verán resplandecientes, y ellos en verdad irán donde días y 228
estaciones les están prescritos.’ Impreso en Gran Bretaña por Richard Clay and Company, Ltd., Bungay, Suffolk.
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199
APROBADO - revisadas y registradas
Tokens residuales en el texto de lectura de las convenciones anteriores
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APROBADO - materia de historia de la fuente por separado
Política rectora de alteraciones La integridad textual prevalece sobre la automatización. Las decisiones sobre el nombre sagrado y los títulos son contextuales, no mecánicas. La lectura fuente de 1917 se conserva en los datos de alteración, y los archivos fuente intactos permanecen conservados por separado. El hablante, el destinatario, el referente, la cronología, el estado textual y la redacción fuente controlan cada representación editada. El título exacto Santo Grande es identificado como Yeshua, el Santo Grande, bajo la convención declarada del usuario. Títulos similares pero no idénticos, incluido Santo y Grande, no se convierten mecánicamente. Hijo del Hombre, Elegido, Mesías, Cabeza de los Días y Altísimo permanecen como los títulos propios de la fuente. Solo la Palabra personificada en LXVII:1 es identificada como Yeshua. Los usos ordinarios de palabra, habla divina, habla humana y palabras escritas permanecen como usos léxicos y no se convierten en un nombre personal.
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Los símbolos textuales de Charles, las lagunas, las lecturas paralelas, los capítulos divididos, el orden inusual de los versículos y la dicción histórica se conservan en lugar de ser reconstruidos o armonizados.
Resumen de alteraciones Identificación del Santo Grande: 4 ubicaciones registradas Yahweh: 196 ubicaciones registradas Palabra personificada: 1 ubicación registrada
Registro completo de ubicaciones del nombre sagrado I: I:2, I:4, I:8 II: II:2 V: V:2, V:4 VI: VI:heading IX: IX:4 X: X:4, X:9, X:11 XII: XII:3 XIII: XIII:4 XIV: XIV:1, XIV:24 XVIII: XVIII:8, XVIII:15 XX: XX:8 XXI: XXI:6 XXII: XXII:14, XXII:14-parallel XXV: XXV:3, XXV:5, XXV:7 XXVII: XXVII:2, XXVII:3, XXVII:3-parallel, XXVII:5 XXXVI: XXXVI:4 XXXVII: XXXVII:2, XXXVII:4 XXXVIII: XXXVIII:2, XXXVIII:4, XXXVIII:6 XXXIX: XXXIX:2, XXXIX:7a, XXXIX:7b, XXXIX:8, XXXIX:9, XXXIX:12, XXXIX:13 XL: XL:1, XL:2, XL:3, XL:4, XL:5, XL:6, XL:7, XL:10 XLI: XLI:2, XLI:6, XLI:7, XLI:8 XLIII: XLIII:4 XLV: XLV:1, XLV:2 XLVI: XLVI:3, XLVI:6, XLVI:7, XLVI:8 XLVII: XLVII:1, XLVII:2, XLVII:4 XLVIII: XLVIII:2, XLVIII:3, XLVIII:5, XLVIII:7, XLVIII:10 XLIX: XLIX:2, XLIX:4 L: L:2, L:3, L:5 LI: LI:3 LII: LII:5, LII:9 LIII: LIII:2, LIII:6 LIV: LIV:5, LIV:6, LIV:7 LV: LV:3, LV:4 LVII: LVII:3
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LVIII: LVIII:4, LVIII:6 LIX: LIX:1, LIX:2 LX: LX:6, LX:5-parallel, LX:8, LX:24 LXI: LXI:heading, LXI:3, LXI:5, LXI:8, LXI:9, LXI:10, LXI:11, LXI:13 LXII: LXII:1, LXII:2, LXII:10, LXII:12, LXII:14, LXII:16 LXIII: LXIII:1, LXIII:2, LXIII:4, LXIII:7, LXIII:8, LXIII:12 LXV: LXV:6, LXV:9, LXV:11 LXVI: LXVI:2 LXVII: LXVII:heading, LXVII:1, LXVII:3, LXVII:8, LXVII:9, LXVII:10 LXVIII: LXVIII:4 LXIX: LXIX:4, LXIX:5, LXIX:24, LXIX:29 LXX: LXX:1 LXXI: LXXI:1, LXXI:2, LXXI:17 LXXII: LXXII:36 LXXV: LXXV:3 LXXXI: LXXXI:3, LXXXI:5, LXXXI:10 LXXXII: LXXXII:7 LXXXIII: LXXXIII:2, LXXXIII:8, LXXXIII:11 LXXXIV: LXXXIV:1, LXXXIV:2, LXXXIV:5, LXXXIV:6 LXXXIX: LXXXIX:14, LXXXIX:15, LXXXIX:16, LXXXIX:18, LXXXIX:20, LXXXIX:22, LXXXIX:24, LXXXIX:26, LXXXIX:28, LXXXIX:29, LXXXIX:30, LXXXIX:31, LXXXIX:33, LXXXIX:36, LXXXIX:42, LXXXIX:45, LXXXIX:50, LXXXIX:51, LXXXIX:52, LXXXIX:54, LXXXIX:57, LXXXIX:70, LXXXIX:71, LXXXIX:75, LXXXIX:76 XC: XC:14, XC:15, XC:17, XC:18, XC:20, XC:21, XC:29, XC:33, XC:34, XC:38, XC:40 XCI: XCI:7 XCV: XCV:3 XCVII: XCVII:5 XCVIII: XCVIII:6, XCVIII:11 CI: CI:heading CIV: CIV:9 CV: CV:heading, CV:1 CVI: CVI:3, CVI:5, CVI:11, CVI:13, CVI:19 CVIII: CVIII:6, CVIII:7, CVIII:8, CVIII:9, CVIII:13
Registro de identificación contextual XIV:1 - Fuente: El libro de las palabras de justicia, y de la reprensión de los Vigilantes eternos de acuerdo con el mandato del Santo Grande en esa visión. | Editado: El libro de las palabras de justicia, y de la reprensión de los Vigilantes eternos de acuerdo con el mandato de Yeshua, el Santo Grande, en esa visión. XXV:3 - Fuente: Y él respondió, diciendo: ‘Esta alta montaña 〚que has visto〛, cuya cumbre es como el trono de [el término genérico de la fuente], es Su trono, donde el Santo Grande, el Señor de Gloria, el Rey Eterno se sentará, cuando descienda a visitar la tierra con bondad. | Editado: Y él respondió, diciendo: ‘Esta alta montaña 〚que has visto〛, cuya cumbre es como el trono de Yahweh, es
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Su trono, donde Yeshua, el Santo Grande, Yahweh de Gloria, el Rey Eterno se sentará, cuando descienda a visitar la tierra con bondad. LXVII:1 - Fuente: Y en aquellos días la palabra de [el término genérico de la fuente] vino a mí, y Él me dijo: ‘Noé, tu suerte ha subido ante Mí, una suerte sin culpa, una suerte de amor y rectitud. | Editado: Y en aquellos días Yeshua, la Palabra de Yahweh, vino a mí, y Él me dijo: ‘Noé, tu suerte ha subido ante Mí, una suerte sin culpa, una suerte de amor y rectitud. XCVIII:6 - Fuente: Os he jurado, pecadores, por el Santo Grande, Que todas vuestras malas obras son reveladas en los cielos, Y que ninguna de vuestras obras de opresión está cubierta ni oculta. | Editado: Os he jurado, pecadores, por Yeshua, el Santo Grande, Que todas vuestras malas obras son reveladas en los cielos, Y que ninguna de vuestras obras de opresión está cubierta ni oculta. CIV:9 - Fuente: No seáis impíos en vuestros corazones, y no mintáis ni alteréis las palabras de rectitud, ni acuséis de mentir las palabras del Santo Grande, ni tengáis en cuenta vuestros ídolos; porque toda vuestra mentira y toda vuestra impiedad no resultan en justicia, sino en gran pecado. | Editado: No seáis impíos en vuestros corazones, y no mintáis ni alteréis las palabras de rectitud, ni acuséis de mentir las palabras de Yeshua, el Santo Grande, ni tengáis en cuenta vuestros ídolos; porque toda vuestra mentira y toda vuestra impiedad no resultan en justicia, sino en gran pecado.
Registro de fuente y producción Base numerada primaria: R. H. Charles, trad., The Book of Enoch (1 Enoch), con una introducción de W. O. E. Oesterley (Londres: Society for Promoting Christian Knowledge, 1917). Transcripción de trabajo: Project Gutenberg eBook 77935, publicado el 14 de febrero de 2026; HTML, texto plano y EPUB de la fuente conservados con el proyecto editorial. Comparador de imagen de página: escaneo de Internet Archive de la edición SPCK de 1917, 155 páginas; conservado con el proyecto editorial. Límite de alcance: solo 1 Enoc. El Libro de los Gigantes, 2 Enoc, 3 Enoc, Génesis, Jubileos y exposiciones posteriores no se fusionan en este volumen. Derechos territoriales: se requiere verificación del editor antes de la publicación comercial. Sello y ISBN: a asignar por el editor. Prueba final de impresión: requerida después de que se suministren las especificaciones de encuadernación, papel, densidad de tinta y PDF/X.
CV:2 — corrección del Nombre Sagrado que conserva la fuente (v02). La fuente cierra con “Amén”. La capa de lectura editada cierra “Así sea” para cumplir con la regla de términos prohibidos de la colección, conservando al mismo tiempo la expresión fuente
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en este registro de alteraciones. Ningún hablante, referente, doctrina, límite de versículo ni redacción circundante fue cambiado. Nota de comparación de la fuente (v02). El texto de R. H. Charles de 1917 confirma independientemente que CV:2 termina con el término fuente y que LXVII:1 lee “la palabra de [el término genérico de la fuente] vino a mí, y Él me dijo”. Estas formas fuente permanecen documentadas por separado de la capa editada del Nombre Sagrado.
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Acerca de esta edición — fuente y material editorial
THE SACRED NAME COLLECTION
EL LIBRO DE ENOC 1 Enoc | Traducción de R. H. Charles Máster Editorial del Nombre Sagrado Preparado para David Farkas
Declaración de Fuente y Editorial Este volumen presenta 1 Enoc como una obra antigua distinta. No mezcla su texto con 2 Enoc, 3 Enoc, el Libro de los Gigantes, Génesis, Jubileos ni comentarios posteriores. Fijación de la fuente. El texto de lectura numerado sigue la traducción de R. H. Charles en The Book of Enoch (Londres: Society for Promoting Christian Knowledge, 1917), con la introducción de W. O. E. Oesterley. La transcripción electrónica de Project Gutenberg (eBook 77935) es la base de trabajo. Un escaneo de la edición de 1917 conservado por Internet Archive se conserva como comparador de imagen de página. Límites textuales. Los capítulos I a CVIII están presentes. La fuente contiene 1.062 localizadores numéricos distintos de versículos, 12 registros de subversículos con letras y 14 lecturas fuente explícitamente paralelas. La presentación dividida y transpuesta de Charles de los capítulos XCI-XCIII y las lecturas no secuenciales en los capítulos V, XXXIX, LI, XC y CVI permanecen en su orden impreso. Ningún capítulo, versículo, lectura entre corchetes ni marcador de laguna ha sido armonizado silenciosamente. Tratamiento del nombre sagrado. Los términos del nombre sagrado en la capa de lectura editada se resuelven contextualmente, y no por sustitución general. Yahweh se usa donde la fuente se refiere al Creador; las autoridades humanas u otras conservan un papel o título preciso respaldado por la fuente. El título exacto Santo Grande es identificado como Yeshua, el Santo Grande, bajo la convención rectora de la colección, mientras que títulos similares pero no idénticos no se convierten mecánicamente. La Palabra personificada en LXVII:1 es identificada como Yeshua en la capa editada, con la redacción fuente de 1917 conservada en el registro de alteraciones. Las distinciones Padre/Hijo, las variantes textuales, las lagunas y los usos léxicos ordinarios permanecen distintos. El término litúrgico de cierre en CV:2 se traduce «Así sea» en la capa de lectura editada y se conserva literalmente en el registro fuente. Notación de la fuente. Se conservan los corchetes de Charles, las dagas, los corchetes de esquina, los dobles corchetes, los puntos suspensivos, las distinciones en negrita, las distinciones en cursiva, los encabezados de sección y las lecturas paralelas. El
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El Prefacio de los Editores, la Introducción, las abreviaturas y símbolos, y veintidós notas fuente-editoriales se reproducen por separado y no se cuentan como el texto de lectura numerado antiguo. Contención editorial. Se conservan la dicción histórica, la ortografía, la puntuación, las mayúsculas y la incertidumbre textual. No se ha inventado ningún material antiguo faltante. Cada ubicación del nombre sagrado e identificación contextual se registra en el registro de alteraciones. Estado de publicación. Este máster ha sido preparado para revisión editorial y de producción. La publicación comercial aún requiere la imprenta e ISBN suministrados por el editor, la confirmación de derechos territoriales y la aprobación de una prueba específica para la imprenta.
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Contenido Capítulo I. Parábola de Enoc sobre la suerte futura de los malvados y los justos
Capítulo V
Capítulo VI. La Caída de los Ángeles: la Desmoralización de la Humanidad: la Intercesión de los Ángeles en favor de la Humanidad. Las Sentencias pronunciadas por Yahweh sobre los Ángeles: el Reino Mesiánico (un fragmento de Noé)
Capítulo XI
Capítulo XII. Visión en Sueños de Enoc: su intercesión por Azâzêl y los Ángeles caídos: y su anuncio a ellos de su primera y final sentencia
Capítulo XVI
Capítulo XVII. El Primer Viaje
Capítulo XIX
Capítulo XX. Nombres y Funciones de los Siete Arcángeles Capítulo XXI. Lugar preliminar y final de castigo de los ángeles caídos (estrellas) Capítulo XXII. Seol, o el Inframundo Capítulo XXIII. El Fuego que se ocupa de las Luminarias del Cielo Capítulo XXIV. XXV. Las Siete Montañas en el Noroeste y el Árbol de la Vida
Capítulo XXV
Capítulo XXVI. Jerusalén y las Montañas, Barrancos y Arroyos Capítulo XXVII. El Propósito del Valle Maldito Capítulo XXVIII. Viaje ulterior hacia el Este
Capítulo XXXIII
Capítulo XXXIV. XXXV. El Viaje de Enoc hacia el Norte
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Capítulo XXXV
Capítulo XXXVI. El Viaje hacia el Sur
Capítulo XXXVII
Capítulo XXXVIII. El Juicio Venidero de los Malvados Capítulo XXXIX. La Morada de los Justos y del Elegido: las Alabanzas de los Bienaventurados Capítulo XL. XLI. 2. Los Cuatro Arcángeles
Capítulo XLI
Capítulo XLII. Las Moradas de la Sabiduría y de la Injusticia Capítulo XLIII. XLIV. Secretos Astronómicos
Capítulo XLIV
Capítulo XLV. La Suerte de los Apóstatas: el Cielo Nuevo y la Tierra Nueva Capítulo XLVI. La Cabeza de los Días y el Hijo del Hombre Capítulo XLVII. La Oración de los Justos por Venganza y su Gozo ante su llegada Capítulo XLVIII. La Fuente de la Justicia: el Hijo del Hombre—el Apoyo de los Justos: Juicio de los Reyes y los Poderosos Capítulo XLIX. El Poder y la Sabiduría del Elegido Capítulo L. La Glorificación y Victoria de los Justos: el Arrepentimiento de los Gentiles Capítulo LI. La Resurrección de los Muertos, y la Separación por el Juez de los Justos y los Malvados Capítulo LII. Las Siete Montañas de Metal y el Elegido Capítulo LIII. LIV. 6. El Valle del Juicio: los Ángeles del Castigo: las Comunidades del Elegido
Capítulo LVI
Capítulo LVII. El Regreso de la Dispersión Capítulo LVIII. La Bienaventuranza de los Santos Capítulo LIX. Las Luces y el Trueno Capítulo LX. Temblor del Cielo: Behemot y Leviatán: los Elementos Capítulo LXI. Los ángeles parten para medir el Paraíso: el Juicio de los Justos por el Elegido: la Alabanza del Elegido y de Yahweh Capítulo LXII. Juicio de los Reyes y los Poderosos: Bienaventuranza de los Justos Capítulo LXIII. El inútil Arrepentimiento de los Reyes y los Poderosos Capítulo LXIV. Visión de los Ángeles caídos en el Lugar de Castigo Capítulo LXV. Enoc predice a Noé el Diluvio y su propia Preservación Capítulo LXVI. A los Ángeles de las Aguas se les ordena contenerlas
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Capítulo LXVII. La Promesa de Yahweh a Noé: Lugares de Castigo de los Ángeles y de los Reyes Capítulo LXVIII. Miguel y Rafael atónitos ante la Severidad del Juicio Capítulo LXIX. Los Nombres y Funciones de los (Ángeles caídos y) Satanes: el Juramento secreto Capítulo LXX. La Traslación final de Enoc Capítulo LXXI. Dos Visiones anteriores de Enoc Capítulo LXXII. El Sol Capítulo LXXIII. La Luna y sus Fases Capítulo LXXIV. LXXV. El Año Lunar
Capítulo LXXV
Capítulo LXXVI. Los Doce Vientos y sus Portales Capítulo LXXVII. Las Cuatro Regiones del Mundo: las Siete Montañas, los Siete Ríos, &c Capítulo LXXVIII. El Sol y la Luna: el Crecimiento y el Menguante de la Luna Capítulo LXXIX. Recapitulación de varias de las Leyes
Capítulo LXXX
Capítulo LXXXI. Las Tablas Celestiales y la Misión de Enoc Capítulo LXXXII. Encargo dado a Enoc: los cuatro Días Intercalares: las Estrellas que guían las Estaciones y los Meses Capítulo LXXXIII. LXXXIV. Primera Visión en Sueños sobre el Diluvio
Capítulo LXXXIV
Capítulo LXXXV. La Segunda Visión en Sueños de Enoc: la Historia del Mundo hasta la Fundación del Reino Mesiánico Capítulo LXXXVI. La Caída de los Ángeles y la Desmoralización de la Humanidad Capítulo LXXXVII. La Llegada de los Siete Arcángeles Capítulo LXXXVIII. El Castigo de los Ángeles Caídos por los Arcángeles Capítulo LXXXIX. El Diluvio y la Liberación de Noé Capítulo XC. Tercer Período—desde Alejandro Magno hasta la Dominación Grecosiria Capítulo XCI. , 18-19. Admonición de Enoc a sus Hijos Capítulo XCII. XCI. 1-10, 18-19. Libro de Admonición de Enoc para sus Hijos Capítulo XCIII. , XCI. 12-17. El Apocalipsis de las Semanas Capítulo XCIV. Admoniciones a los Justos Capítulo XCV. El Dolor de Enoc: nuevos Ayes contra los Pecadores Capítulo XCVI. Motivos de Esperanza para los Justos: Ayes para los Malvados Capítulo XCVII. Los Males reservados para los Pecadores y los Poseedores de riqueza injusta
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Capítulo XCVIII. La Autoindulgencia de los Pecadores: el Pecado originado por el Hombre: todo Pecado registrado en el Cielo: Ayes para los Pecadores Capítulo XCIX. Ayes pronunciados sobre los Impíos, los Transgresores de la Ley: la desdichada Situación de los Pecadores en los últimos Días: más Ayes Capítulo C. Los Pecadores se destruyen entre sí: Juicio de los Ángeles caídos: la Seguridad de los Justos: más Ayes para los Pecadores Capítulo CI. Exhortación al Temor de Yahweh: toda la Naturaleza le teme a Él, pero no los Pecadores Capítulo CII. Terrores del Día del Juicio: las adversas Fortunas de los Justos en la Tierra Capítulo CIII. Destinos diferentes de los Justos y los Pecadores: nuevas Objeciones de los Pecadores Capítulo CIV. Garantías dadas a los Justos: Admoniciones a los Pecadores y a los Falsificadores de las Palabras de Rectitud Capítulo CV. Yahweh y el Mesías morarán con el Hombre
Capítulo CVII
Capítulo CVIII. UN APÉNDICE AL LIBRO DE ENOC
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Material Editorial de la Fuente El siguiente material editorial de 1917 se mantiene separado del texto numerado antiguo y se reproduce sin alteración del nombre sagrado.
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PREFACIO DE LOS EDITORES El objeto de esta serie de traducciones es principalmente proporcionar a los estudiantes libros de texto breves, baratos y manejables, que, se espera, facilitarán el estudio de los textos particulares en clase bajo maestros competentes. Pero también se espera que los volúmenes sean aceptables para el lector general que pueda estar interesado en los temas que tratan. Se ha considerado aconsejable, como regla general, restringir las notas y comentarios a un ámbito reducido; más especialmente porque, en la mayoría de los casos, hay disponibles excelentes obras de carácter más elaborado. En efecto, es muy deseable que estas traducciones puedan tener el efecto de inducir a los lectores a estudiar las obras más amplias. Nuestro objetivo principal, en una palabra, es hacer algunos textos difíciles, importantes para el estudio de los orígenes cristianos, más generalmente accesibles en traducciones fieles y eruditas. En la mayoría de los casos estos textos no están disponibles en una forma barata y manejable. En uno o dos casos se han incluido textos de libros que están disponibles en los Apócrifos oficiales; pero en cada uno de esos casos existen razones para publicar estos textos en una nueva traducción, con una Introducción, en esta serie. W. O. E. Oesterley. G. H. Box.
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INTRODUCCIÓN La Literatura Apocalíptica Como el Libro de Enoc es, en algunos aspectos, la obra apocalíptica existente más notable fuera de las Escrituras canónicas, no será inapropiado ofrecer aquí algunas observaciones sobre la Literatura Apocalíptica en general. Al escribir sobre los libros que pertenecen a esta literatura, el Prof. Burkitt dice muy acertadamente que «son el vestigio más característico de lo que me atreveré a llamar, con toda su estrechez y su incoherencia, la edad heroica de la historia judía, la edad en que la nación intentó realizar en la acción el papel del pueblo peculiar de Yahweh. Terminó en catástrofe, pero la nación dejó dos sucesores, la Iglesia Cristiana y las Escuelas Rabínicas, cada uno de los cuales continuó algunos de los antiguos fines nacionales. Y de los dos fue la Iglesia Cristiana la más fiel a las ideas consagradas en los Apocalipsis, y sí se consideró a sí misma, no sin alguna razón, el cumplimiento de esas ideas. Lo que se necesita, por tanto, al estudiar los Apocalipsis es, ante todo, simpatía con las ideas que subyacen en ellos, y especialmente con la creencia en la Nueva Era. Y quienes creen que en el cristianismo amaneció realmente para nosotros una nueva Era deberían, creo, tener esa simpatía.... Estudiamos los Apocalipsis para aprender cómo nuestros antepasados espirituales esperaron contra toda esperanza que Yahweh al final pondría todo en orden; y que nosotros, sus hijos, estemos hoy aquí estudiándolos es una indicación de que su esperanza no fue del todo infundada».[[1]] La esperanza es, en verdad, la principal fuerza motriz subyacente que impulsó a los escritores de los Apocalipsis. Y esta esperanza es tanto más intensa y ardiente cuanto que brilla desde un trasfondo oscuro de desesperación; porque los apocaliptistas desesperaban del mundo en el que vivían, un mundo en el que los piadosos no contaban para nada, mientras que los malvados parecían con demasiada frecuencia triunfantes y prósperos. Con el mal por todas partes a su alrededor, los apocaliptistas no veían esperanza para el mundo tal como era; para tal mundo no había remedio, solo destrucción; si el bien había de triunfar alguna vez, tendría que ser en un mundo nuevo. Desesperando, por tanto, del mundo que los rodeaba, los apocaliptistas centraron su esperanza en un mundo venidero, donde los justos recibirían lo suyo y el mal no encontraría lugar. Es este pensamiento el que subyace en las palabras iniciales del Libro de Enoc: «Las palabras de la bendición de Enoc, con las que bendijo a los elegidos y justos, que estarán vivos en el día de la tribulación, cuando todos los malvados e impíos hayan de ser removidos». En ningún lugar de este libro se expresa la esencia de esta esperanza con mayor belleza que en una breve pieza métrica del primer capítulo: «Pero con los justos Él hará paz, Y protegerá a los elegidos, Y la misericordia estará sobre ellos.
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«Y todos pertenecerán a Yahweh, Y todos prosperarán, Y todos serán bendecidos. «Y Él los ayudará a todos, Y la luz les aparecerá, Y Él hará paz con ellos». (1 Enoc i. 8). En todos los libros pertenecientes a esta literatura que han llegado hasta nosotros, esta esperanza se expresa con mayor o menor viveza; tampoco falta el trasfondo oscuro, con profecías de la ira venidera. Se comprenderá, por tanto, que la Literatura Apocalíptica se ocupa casi por entero del futuro; es cierto que una y otra vez el apocaliptista echa un vistazo a la historia contemporánea del mundo que lo rodea, a la que se hacen muchas referencias crípticas —un hecho que hace necesario cierto conocimiento de la historia de este período (circa 200 a. C.-100 d. C.) para una comprensión plena de los libros en cuestión—, pero estas referencias se hacen solo con el fin de consolar a los oprimidos y afligidos con el pensamiento de que incluso los más poderosos poderes terrenales serán derribados en breve por el advenimiento de la nueva y gloriosa era en la que toda injusticia y todas las incongruencias de la vida serán eliminadas. De modo que toda referencia al presente es meramente una posición adoptada desde la cual señalar hacia el futuro. Ahora bien, dado que, como hemos visto, los apocaliptistas desesperan de cualquier mejora del mundo presente, y por tanto contemplan su destrucción como el preliminar del nuevo orden de cosas, apartan la mirada de este mundo en sus visiones del futuro; conciben fuerzas de otro mundo que entran en juego en la reconstitución de las cosas, y de la sociedad en general; y dado que estas son fuerzas de otro mundo, lo sobrenatural desempeña un gran papel en la Literatura Apocalíptica. Esta coloración sobrenatural a menudo parecerá fantástica al lector de esta literatura, y a veces extraña; pero no debe permitirse que esto oscurezca la realidad que a menudo yace detrás de estas sombras extrañas. Las visiones mentales no siempre se expresan fácilmente en palabras; el vidente que en una visión ha recibido un mensaje bajo alguna forma fantástica necesariamente tiene impresa en su mente lo que ha visto al dar su mensaje; y cuando describe su visión, el cuadro que presenta es, por la naturaleza del caso, más fantástico al oído del oyente que al ojo de quien lo vio. Debe tenerse en cuenta esto; especialmente por nosotros los occidentales, que carecemos tanto de la rica imaginación del oriental. Nuestro amor por la literalidad obstaculiza el juego de la imaginación porque tendemos a «materializar» un cuadro mental presentado por otro. Los Apocalipsis fueron escritos por y para orientales, y no podemos hacerles justicia a menos que lo recordemos; pero lo mejor sería que pudiéramos entrar en la mente oriental y mirar las cosas desde ese punto de vista. Otra cosa para la que el lector de la Literatura Apocalíptica debe estar preparado es la frecuente inconsistencia de pensamiento que se encuentra allí,
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junto con la variabilidad de enseñanza que a menudo implica contradicción. La razón de esto no debe buscarse simplemente en el hecho de que en los Apocalipsis se discierne frecuentemente la mano de más de un autor, un hecho que fácilmente explicaría la divergencia de opiniones en un mismo libro —no, la razón principal es que, por una parte, las mentes de los apocaliptistas estaban saturadas de los pensamientos e ideas tradicionales del Antiguo Testamento, y, por otra, absorbían ávidamente las concepciones más nuevas que el espíritu de la época había traído a la existencia. Esto ocasionó un continuo conflicto de pensamiento en sus mentes; el empeño por armonizar lo antiguo y lo nuevo no siempre tendría éxito, y en consecuencia a menudo resultó un compromiso ilógico que presentaba contradicciones. La inconsistencia de enseñanza en ciertos puntos no es, por tanto, sorprendente dadas las circunstancias. Además, para darse cuenta de la importancia de mucho de lo que se encuentra en estos Apocalipsis hay que contar con un rígido predestinacionismo que fue característico de los apocaliptistas en su conjunto. Partieron de la convicción absoluta de que todo el curso del mundo, desde el principio hasta el fin, tanto en lo que respecta a sus cambios físicos como en todo lo que concierne a la historia de las naciones, su crecimiento y declive, y a cada individuo en particular, estaba en todo respecto predeterminado por Yahweh Todopoderoso antes de todos los tiempos. Esta creencia de los apocaliptistas está bien ilustrada en uno de los Apocalipsis posteriores con estas palabras: «Porque Él ha pesado la era en la balanza, Y por número ha contado las estaciones; Ni moverá ni agitará las cosas, Hasta que se cumpla la medida señalada». (ii. (iv.) Esdras iv. 36, 37.) Así, «los tiempos y períodos del curso de la historia del mundo han sido predeterminados por Yahweh. Los números de los años han sido fijados con exactitud. Este fue un postulado fundamental de los apocaliptistas, quienes dedicaron gran parte de su energía a cálculos, basados en un estudio atento de la profecía, en cuanto al período exacto en que la historia debería alcanzar su consumación... la idea subyacente es predestinacionista».[[2]] Pero todas estas cosas, según los apocaliptistas, eran secretos divinos ocultos desde el principio del mundo, pero revelados a hombres temerosos de Yahweh a quienes se les concedió la facultad de escudriñar las cosas ocultas de Yahweh y de entenderlas; sobre estos hombres recayó el privilegio y el deber de revelar los secretos divinos a otros, de ahí su nombre de apocaliptistas o «reveladores». Fue porque los apocaliptistas creían tan firmemente en este poder que poseían de mirar en las profundidades de Yahweh que afirmaban ser capaces de medir la importancia de lo que había sucedido en el pasado y de lo que estaba sucediendo en el presente; y sobre la base de este conocimiento creían que también tenían el poder, dado por Yahweh, de prever la marcha de
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los acontecimientos futuros; sobre todo, de saber cuándo vendría el fin del mundo, una consumación hacia la cual toda la historia del mundo había estado tendiendo desde el principio. A pesar de todo el misticismo, a veces de un tipo bastante fantástico, y de la frecuente visión supramundana en la que abunda la Literatura Apocalíptica, los apocaliptistas se dieron plena cuenta de la necesidad de la religión práctica; eran defensores de la Ley, cuya leal observancia consideran una necesidad para todos los hombres temerosos de Yahweh. En esto los apocaliptistas estaban de acuerdo, en principio, con el fariseísmo; pero su concepción de lo que constituía la leal observancia de la Ley difería de la de los fariseos, porque, a diferencia de estos, los apocaliptistas ponían todo el énfasis en el espíritu de su observancia más que en la letra. Características de su actitud aquí son las palabras de 1 Enoc v. 4: «Pero ustedes —ustedes no han sido constantes, ni han hecho los mandamientos del Señor, Sino que se han apartado, y han hablado palabras orgullosas y duras Con sus bocas impuras contra Su grandeza, Oh corazones duros, no encontrarán paz». Y de nuevo, en xcix. 2: «¡Ay de los que pervierten las palabras de rectitud, Y transgreden la Ley eterna!». No encontramos en esta Literatura esa insistencia en el cumplimiento literal de los más mínimos preceptos de la Ley que fue característica del fariseísmo. La veneración por la Ley es de todo corazón; es la verdadera guía de la vida; el castigo espera a quienes ignoran su guía; pero la interpretación farisaica de la Ley y sus requerimientos es ajena al espíritu de los apocaliptistas. En su conjunto, la Literatura Apocalíptica presenta una actitud universalista muy diferente de la estrechez nacionalista de los fariseos. Es cierto que los apocaliptistas no siempre son consistentes en esto, pero normalmente abrazan a los gentiles por igual con los hombres de su propia nación en el plan divino de salvación; y, del mismo modo, los malvados que son excluidos no se limitan a los gentiles, sino que los judíos, por igual con ellos, sufrirán tormento en el más allá según sus merecimientos.[[3]] La Literatura Apocalíptica, a diferencia del Movimiento Apocalíptico al que debe su surgimiento, comenzó a existir alrededor del período 200-150 a. C.; en todo caso, el ejemplo existente más antiguo de esta Literatura —las porciones más antiguas del Libro de Enoc— pertenece a este período. Obras de carácter apocalíptico continuaron escribiéndose durante unos tres siglos; el Segundo (Cuarto) Libro de Esdras, uno de los Apocalipsis más notables, pertenece aproximadamente al final del primer siglo cristiano. Hay Apocalipsis de fecha posterior, algunos de
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interés subordinado son de fecha mucho posterior; pero el período real de la Literatura Apocalíptica es desde aproximadamente 200 a. C. hasta aproximadamente 100 d. C.; sus comienzos datan, por tanto, de un tiempo anterior a ese gran hito en la historia judía, la Era Macabea.
El Libro de Enoc: sus Partes Componentes y sus Fechas El Libro de Enoc se designa ahora usualmente como 1 Enoc, para distinguirlo del Apocalipsis posterior, Los Secretos de Enoc, conocido como 2 Enoc. El primero también es llamado el Enoc Etiópico, el segundo el Enoc Eslavónico, por las lenguas de las versiones más antiguas existentes de cada uno respectivamente. No se conoce la existencia de ningún manuscrito de la lengua original de ninguno de los dos. Según el canónigo Charles, los diversos elementos de los que nuestro libro en su forma presente está compuesto pertenecen a fechas diferentes. La siguiente tabla mostrará las fechas de las diferentes partes del libro. El canónigo Charles cree que estas son aproximadamente correctas, sin comprometerse a la certeza de esto en cada caso: CAPÍTULOS
xii.-xxxvi.
Las más antiguas premacabeas
xciii., xci. 12-17
«El Apocalipsis de las Semanas».
porciones
vi.-xi., liv. 7-lv. 2, lx., lxv.-lxix. 25, cvi., cvii.
Fragmentos de «El Libro de Noé».
Premacabeo a más tardar.
lxxxiii.-xc.
«Las Visiones en Sueños»
165-161 a. C.
lxxii.-lxxxii.
«El Libro
Antes de 110 a. C.
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CAPÍTULOS de las Luminarias Celestiales». xxxvii.-lxxi.
«Las Parábolas», o «Similitudes».
circa 105-64 a. C.
xci. 1-11, 18, 19; civ.
circa 105-64 a. C.
i.-v.
La porción más reciente, pero precristiana.
El capítulo cv, que consta de solo dos versículos, no puede ser fechado; mientras que cviii. es a modo de un apéndice, probablemente añadido posteriormente, a toda la obra. Aunque estas fechas pueden considerarse aproximadamente correctas, debe señalarse que existen diferencias de opinión entre los eruditos sobre el tema. Schürer sostiene, por ejemplo, que, con la excepción de los capítulos xxxvii.-lxxi. (las «Parábolas», o «Similitudes»), todo el libro pertenece al período 130-100 a. C.; las «Parábolas» las asigna a un tiempo no anterior a Herodes el Grande. Beer piensa que las «Visiones en Sueños» (capítulos lxxxiii.-xc.) pertenecen al tiempo de Juan Hircano (135-105 a. C.), e incluye entre las porciones premacabeas solo xci. 12-17, xcii. xciii. 1-14; y sostiene que el resto del libro fue escrito antes de 64 a. C. Dalman mantiene que no puede probarse que la importante sección xxxvii.-lxxi. (las «Similitudes») sea «el producto del período precristiano», aunque reconoce plenamente su carácter judío, Burkitt considera al escritor «casi contemporáneo» del filósofo Posidonio (135-51 a. C.). Hay así cierta diversidad de opinión en cuanto a la fecha del libro entre las principales autoridades. Que es, en su conjunto, precristiano, puede considerarse definitivamente establecido. Más difícil es la cuestión de si algunas porciones de él son premacabeas; Charles da varias razones para su creencia de que partes considerables son premacabeas; nos inclinamos a estar de acuerdo con él, aunque puede cuestionarse si se ha dicho la última palabra sobre el tema.
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Autoría Como las diversas partes del libro[[4]] pertenecen claramente a fechas diferentes, la diversidad de autoría es lo que naturalmente cabe esperar; y de esto no puede haber, en verdad, ni sombra de duda. El autor de las porciones más antiguas fue un judío que vivió, como Burkitt ha demostrado, en el norte de Palestina, en la tierra de Dan, al suroeste de la cordillera del Hermón, cerca de las cabeceras del Jordán. Esto es importante, ya que tiende a mostrar que el libro, o los libros, es realmente palestino, y uno que, por tanto, circuló entre los judíos en Palestina. «Si, además, el autor procedía del norte, eso ayuda a explicar la influencia que el libro tuvo sobre la Religión que tuvo su cuna en Galilea».[[5]] De los autores de los otros tres libros de los que está compuesto «Enoc» (a saber, «Las Visiones en Sueños», «El Libro de las Luminarias Celestiales» y «Las Similitudes») no sabemos nada salvo lo que puede recogerse de sus escritos en cuanto a su posición religiosa. Charles sostiene que aunque no hay unidad de autoría hay, no obstante, uniformidad; porque, según él, todos los libros fueron escritos por jasidim,[[6]] o por sus sucesores, los fariseos. Esta afirmación ha sido fuertemente atacada y muy debilitada por Leszynsky en una obra reciente sobre los saduceos.[[7]] Aunque reconoce francamente el carácter compuesto del libro, Leszynsky sostiene que sus porciones originales[[8]] emanaron de círculos saduceos; y que el objeto especial del libro originalmente fue lograr una reforma del calendario. Señala la atribución del libro a Enoc como apoyo a su afirmación, porque Enoc vivió 365 años,[[9]] es decir, sus años corresponden al número de días del año solar; la base del cómputo del tiempo fue uno de los puntos fundamentales de diferencia entre los fariseos y los saduceos, porque mientras los primeros contaban el tiempo por el año lunar (360 días), los segundos lo hacían por el año solar. Vale la pena recordar aquí una significativa observación de Burkitt; al escribir sobre los títulos falsos dados a todos los libros apocalípticos, dice: «Hay otro aspecto de la autoría seudónima al que me atrevo a pensar que no se ha dado suficiente atención. Es este, que los nombres no fueron elegidos por mero capricho; indicaban hasta cierto punto qué temas serían tratados y el punto de vista del escritor».[[10]] Además, el hecho de que «Enoc caminó con Yahweh; y no fue; porque Yahweh se lo llevó»,[[11]] es decir, que ascendió a los cielos, también es significativo; porque así sería precisamente quien sabría todo sobre las luminarias celestiales; fue precisamente el autor más apropiado de un libro que trataría cuestiones astronómicas. «El carácter saduceo de la obra original», dice Leszynsky, «se ve más claramente en la discusión referente al calendario; los capítulos lxxii.—lxxxii. son llamados con razón el Libro de Astronomía:[[12]] ‘el libro de los cursos de las luminarias del
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cielo, las relaciones de cada una, según sus clases, su dominio y sus estaciones, según sus nombres y lugares de origen, y según sus meses... con respecto a todos los años del mundo y hasta la eternidad, hasta que se cumpla la nueva creación que perdura hasta toda la eternidad’ (lxxii. 1). Eso suena casi como si lo hubiera escrito el autor del Libro de los Jubileos. Que no es un interés meramente científico lo que impulsa al escritor a dar expresión a sus teorías astronómicas puede verse en las palabras al concluir la sección: ‘Bienaventurados todos los justos, bienaventurados todos los que caminan en el camino de la rectitud, y no pecan como los pecadores en el cómputo de todos sus días, en los que el sol atraviesa el cielo, entrando y saliendo por los portales durante treinta días...’ (lxxxii. 4-7). Aquí se puede discernir con bastante claridad la tendencia del escritor. Desea la adopción del año solar, mientras que sus contemporáneos seguían erróneamente un cómputo diferente, y por tanto celebraban las fiestas en el tiempo equivocado. Los ‘pecadores que pecan en el cómputo del año’ son los fariseos; y los justos que son bendecidos, los Zaddîkim,[[13]] que caminan sobre las sendas de la rectitud (Zedek), como el nombre lo da a entender, son los saduceos».[[14]] El punto puede parecernos pequeño, pero podemos compararlo con la controversia cuartodecimana en la Iglesia durante el siglo segundo. Es, en todo caso, un punto fuerte a favor de la autoría saducea de «El Libro de las Luminarias Celestiales». Las porciones premacabeas (suponiendo que algunas porciones de él sean premacabeas) del libro de Enoc deben ciertamente atribuirse a los jasidim; pero no es por ello necesario atribuir todas las porciones posteriores a los fariseos. Tres puntos militan especialmente contra esto: parte de la enseñanza referente al Mesías; el espíritu, en términos generales, universalista, que es del todo no farisaico; y la actitud hacia la Ley, que no es la de los fariseos. No puede negarse que algunas porciones (p. ej. cii. 6 y ss.) provienen de manos de fariseos; ni puede dudarse que toda la colección en su forma presente ha sido reelaborada por un fariseo, o fariseos; pero que todas las porciones postmacabeas en su forma original emanaran de círculos farisaicos no parece haber sido probado. Parece más probable que, con las excepciones ya referidas, las diversas partes componentes del libro fueron escritas por apocaliptistas que no pertenecían ni a círculos farisaicos ni tampoco saduceos.
Lengua El Libro de Enoc existe solo en la Versión Etiópica; esta fue traducida de la Versión Griega, de la cual solo existen unas pocas porciones.[[15]] La Versión Latina, que también fue hecha del griego, no existe, con la excepción de i. 9, y cvi. 1-18; el fragmento que contiene estos dos pasajes fue descubierto por el Rev. M. R. James, del King's College, Cambridge, en el Museo Británico. El libro fue
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escrito originalmente en hebreo o en arameo; Charles piensa que los capítulos vi.-xxxvi., lxxxiii.-xc. eran arameos, el resto hebreos. Es, sin embargo, muy difícil decir con certeza cuál de estas dos lenguas fue realmente la original, porque, como dice Burkitt, «la mayoría de las pruebas más convincentes de que el texto griego de Enoc es una traducción de una lengua semítica encajan igualmente bien con un original hebreo o arameo»; su opinión es que el arameo fue la lengua original, «pero que unos pocos pasajes sí parecen sugerir un origen hebreo, aunque no de manera decisiva».[[16]]
Contenido General El lector que llega a leer el Libro de Enoc por primera vez encontrará mucho que le parecerá extraño y poco atractivo; no debe, sin embargo, dejarse repeler por esto; porque a su debido tiempo llegará a otras partes del libro que pronto verá que son de verdadero valor desde muchos puntos de vista. Pero incluso en cuanto a las partes menos atractivas, encontrará que cuando estas se estudian cuidadosamente contienen más interés del que aparece en la superficie. Desafortunadamente, la porción inicial (i.—xxxvi.), que naturalmente se lee primero, contiene buena parte de las partes menos importantes de todo el libro; algunos pasajes son incluso repelentes. Es bueno recordar el punto, ya referido, de que hay al menos cuatro libros bastante independientes incluidos en el «Libro de Enoc», aparte de ciertos fragmentos de «Noé» y otras piezas (véase más abajo); se aconseja, por tanto, al estudiante que trate estos como obras separadas, y que las lea como tales. No hay razón para comenzar con el libro que resulta estar primero, especialmente porque los primeros treinta y seis capítulos no pertenecen todos juntos.[[17]] Pero, en cualquier caso, resultará de gran utilidad tener alguna idea general del contenido de cada uno de los diferentes libros antes de comenzar a leerlos. Con este fin se da aquí un breve resumen de cada uno. i. El Libro de Enoc (capítulos xii.-xxxvi.). El libro se abre con una Visión en Sueños de Enoc. En este sueño se le pide a Enoc que interceda por los vigilantes del cielo, es decir, los ángeles, que habían dejado su morada celestial para cometer iniquidad con las hijas de los hombres. Él escribe la petición (cf. el título «Enoc el Escriba») que hacen los ángeles caídos, y luego se retira a esperar la respuesta, que le llega en una serie de visiones. Estas visiones no son del todo fáciles de seguir; son evidentemente incompletas y algo confusas; con toda probabilidad el texto ha sufrido en la transmisión. En todo caso, la petición es rechazada; Enoc declara a los ángeles caídos la sentencia que, como se le ha enseñado en las visiones, será su suerte; las palabras finales del mensaje que se le ordena darles son: «No tienen paz» (xii.-xvi.). Siguen luego los relatos de los diferentes viajes que hace Enoc, conducido por ángeles de luz, a través de ciertas partes de la tierra, y a través del Seol. Después del relato del primer viaje (xvii.-xix.) una breve
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enumeración se hace de los arcángeles, siete en número, y sus funciones (xx.). En el segundo viaje se describe el lugar de castigo final de los ángeles caídos: «Este lugar es la prisión de los ángeles y aquí serán encarcelados para siempre». De allí Enoc es llevado al Seol; luego al oeste, donde ve las luminarias del cielo. Después de eso los ángeles le muestran «siete montañas magníficas», sobre una de las cuales está el trono de Yahweh; ve también el Árbol de la Vida, que ha de ser dado a los santos y justos después del gran Juicio. De allí regresa al centro de la tierra y ve el «lugar bendito», Jerusalén, y el «valle maldito» (xxi.-xxvii.). El libro concluye con lo que parecen ser fragmentos de otros viajes, al este, al norte y al sur. De especial interés aquí es la mención del Jardín de la Rectitud, y del Árbol de la Sabiduría (xxviii.-xxxvi.). Mucho de lo escrito en estos capítulos puede parecer sin sentido y desalentador; pero debemos tener presente el propósito que yace detrás de todo ello. Se creía que los ángeles caídos habían traído el pecado a la tierra; toda la maldad del mundo el apocaliptista la remonta a ellos. Esta causa del pecado debe ser totalmente destruida antes de que la rectitud pueda verdaderamente recibir lo suyo. Por tanto, el apocaliptista tiene un fin práctico en vista al describir con mucho detalle el lugar final de castigo de los ángeles caídos; porque también aquí han de venir todos los que por el pecado son descendencia de esta raza. No menos se deleita en contar la morada de gozo preparada para los justos. Que todas estas descripciones fueron construidas con la imaginación del apocaliptista, basadas en gran medida, sin duda, en la tradición popular, no restó valor práctico para la gente de su tiempo. Era un predicador de la rectitud que esperaba con convicción absoluta el derrocamiento final del pecado; y todas sus visiones tienen como fuerza motriz el anhelo y la creencia en el triunfo de la rectitud sobre el pecado. Alguien de mente similar escribió más adelante, en una especie de prefacio a su libro, estas significativas palabras, que resumen la esencia de la enseñanza de este libro: Y destruye a todos los espíritus de los réprobos, y a los hijos de los Vigilantes, porque han hecho mal a la humanidad. Destruye todo mal de la faz de la tierra, y que toda obra maligna llegue a su fin: y que aparezca la planta de la rectitud y la verdad: y resultará una bendición: las obras de rectitud y verdad serán plantadas en verdad y gozo para siempre. ii. Las Parábolas (capítulos xxxvii.-lxxi.). Hay tres Parábolas, o Similitudes, y todas tienen como pensamiento subyacente la destrucción del mal y el triunfo de la rectitud, como en el libro precedente. Pero aquí se introducen algunos elementos nuevos e importantes que dan un valor especial a este libro.
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La primera parábola (xxxviii.-xliv.) es una profecía del juicio venidero sobre los malvados, y especialmente los reyes y poderosos de la tierra. Por otra parte, el apocaliptista ve en su visión la morada y los lugares de reposo de los justos que alaban continuamente al «Señor de los Espíritus»; este es el título usual dado a Yahweh en este libro. Aquí ocurre la primera mención del «Elegido» (cf. Lucas xxiii. 35). En presencia del Señor de los Espíritus están también los cuatro Arcángeles e innumerables compañías de otros ángeles. Aquí aprende muchos secretos de los cielos; un fragmento sobre la Sabiduría (xlii.), que recuerda algunos pasajes de Eclus. xxiv., viene en medio de los secretos, y está claramente fuera de lugar. La segunda parábola (xlv.-lvii.) continúa el mismo tema y lo desarrolla más. De especial importancia es que el Elegido se sienta en el trono de gloria como Juez (xlv. 3), y la mención de Su título, «Hijo del Hombre» (xlvi. 2). El pensamiento de la vindicación de los justos se ve empañado por su gozo ante la venganza sobre los malvados. Un pasaje particularmente llamativo es el capítulo xlviii. 1-7, que habla de la fuente inagotable de rectitud reservada para los santos y elegidos en presencia del Hijo del Hombre y del Señor de los Espíritus. El apocaliptista profetiza además del arrepentimiento de los gentiles (capítulo l.), una nota universalista de importancia, y habla de la Resurrección de los muertos en un pasaje notable: Y en aquellos días la tierra también devolverá lo que se le ha confiado, Y el Seol también devolverá lo que ha recibido, Y el Infierno devolverá lo que debe. La parábola termina con un relato del Juicio, seguido por dos breves pasajes sobre la lucha final de los poderes paganos contra Israel (lvi. 5-8), y el regreso de la Dispersión (lvii.), que no parecen estar en su lugar original. La tercera parábola (lviii.-lxxi.) ha sufrido claramente en gran medida por la intrusión de materia ajena, y probablemente está incompleta. Su tema principal es el Juicio final sobre toda carne, y especialmente sobre los grandes de la tierra; el Juez es el Hijo del Hombre. Algunos de los pasajes que hablan de la recompensa futura de los justos están llenos de belleza; el siguiente bien merece ser citado: Y los justos y elegidos se habrán levantado de la tierra, Y cesado de tener el semblante abatido. Y habrán sido vestidos con vestiduras de gloria, Y serán vestiduras de vida del Señor de los Espíritus: Y sus vestiduras no envejecerán, Ni su gloria pasará ante el Señor de los Espíritus. Un gran fragmento de Noé viene en medio de la Parábola (véase p. xxvi más abajo). El cierre de esta Parábola está contenido en lxix. 26-29; el relato de la traslación final de Enoc (lxx.), y dos de las visiones de Enoc (lxxi.) están fuera de lugar.
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iii. El Libro de los Cursos de las Luminarias Celestiales (capítulos lxxii.-lxxxii.). En lxxiv. 12 dice: «Y el sol y las estrellas traen todos los años con exactitud, de modo que no avanzan ni retrasan su posición ni por un solo día hasta la eternidad; sino que completan los años con perfecta justicia en 364 días».[[18]] Esto da la nota clave de este libro, a saber, que el tiempo debe contarse por el sol, no por la luna (véase más sobre esto la sección sobre Autoría, arriba). Hasta que llegamos al capítulo lxxx. este libro es en extremo poco interesante; pretende contar en detalle las leyes por las que se rigen el sol, la luna, las estrellas y los vientos; son descritas por Uriel, «el ángel santo», al apocaliptista. También se tratan las cuatro regiones del mundo, las siete montañas y los siete ríos. «El autor no tiene otro interés salvo uno científico teñido de concepciones y creencias judías».[[19]] Es, sin embargo, diferente cuando llegamos al capítulo lxxx. 2-8; el tono cambia por completo en estos versículos, en los que se dice que a causa del pecado de los hombres la luna y el sol los extraviarán. Se introduce así un pensamiento ético que falta por completo en los capítulos anteriores de este libro; esto también es cierto del capítulo lxxxi.; es probable que ninguno de estos capítulos estuviera aquí originalmente. En cuanto al punto de los 364 días del año que plantea el escritor de este libro, Charles dice que «lo hizo solo por pura incapacidad para apreciar algo mejor; porque debe haber conocido el año solar de 365¼ días. Su conocimiento de los ciclos griegos lo muestra... El cálculo del autor del año en 364 días puede deberse en parte a su oposición a los sistemas paganos, y en parte al hecho de que 364 es divisible por siete, y suma exactamente cincuenta y dos semanas».[[20]] En todo caso, se opone al año lunar, la manera farisaica de contar el tiempo; y este es un punto importante a favor de la autoría saducea. Se notará que este libro fue escrito en tiempos postmacabeos; fue después de la lucha macabea que los saduceos y fariseos aparecieron como partidos definitivamente opuestos entre sí.[[21]] iv. Las Visiones en Sueños (capítulos lxxxiii.-xc.). Este libro consta de dos visiones en sueños; la primera trata del juicio traído sobre el mundo por el diluvio a causa del pecado; el origen del pecado se remonta de nuevo a los ángeles que cayeron. Concluye con un himno de alabanza a Yahweh en el que se ofrece una oración para que no sea destruida toda carne (lxxxiii.-lxxxiv.). La segunda visión en sueños es mucho más larga; da en breve esbozo la historia del mundo hasta la fundación del Reino Mesiánico. Primero, los patriarcas, simbolizados por toros, etc. (lxxxv.); luego los ángeles caídos, también descritos en lenguaje simbólico, y su castigo (lxxxvi.-lxxxviii.). La historia procede luego a tratar más específicamente de Israel desde el tiempo de Noé hasta la revuelta macabea (lxxxix.-xc. 19). A lo largo de la visión en sueños se usa lenguaje simbólico;
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los fieles en Israel son llamados las ovejas, mientras que los gentiles son simbolizados por bestias salvajes y aves de presa. La visión en sueños concluye con algunas notas escatológicas familiares: el juicio y la condenación de los malvados; el establecimiento de la Nueva Jerusalén; la conversión de los gentiles, que se someten a Israel; la reunión de los israelitas dispersos; la resurrección de los justos muertos, y el establecimiento del Reino Mesiánico con la aparición del Mesías (xc. 20-38). v. La Sección Final del Libro (xcii.-cv.; xci. 1-10, 18, 19 también pertenecen aquí) es una obra completa, aunque breve; pero hay algunas interpolaciones evidentes, y es muy posible que algunas partes del texto estén dislocadas. Esto hace difícil la comprensión del libro; pero si seguimos aquí la guía de Charles las dificultades desaparecerán. Él dice que esta pieza final ha «sufrido en cierto grado a manos del editor final del libro, tanto en la vía de interpolación directa como de severas dislocaciones del texto. Las interpolaciones son: xci. 11, xciii. 11-14, xciv. 7[d], xcvi. 2. Las dislocaciones del texto son un rasgo más importante del libro. Están confinadas (con la excepción de xciii. 13-14, y de cvi. 17[a] que debería leerse inmediatamente después de cvi. 14) a xci.-xciii. Todos los críticos están de acuerdo en cuanto a la principal de estas. xci. 12-17 debería indudablemente leerse directamente después de xciii.... Tomados juntos, xciii. 1-10, xci. 12-17 forman un todo independiente —el Apocalipsis de las Semanas— que ha sido incorporado en xci.-civ.... Las demás dislocaciones solo necesitan ser señaladas para ser reconocidas. Por otros motivos encontramos que xci.-civ. es un libro de autoría diferente a la del resto de las secciones. Ahora bien, siendo esto así, esta sección obviamente comienza con xcii.: ‘Escrito por Enoc el Escriba’, etc. A xcii. sigue xci. 1-10, 18, 19 como una secuela natural, donde Enoc convoca a sus hijos para recibir sus palabras de despedida. Luego viene el Apocalipsis de las Semanas, xciii. 1-10, xci. 12-17. El orden original del texto, por tanto, fue: xcii. xci. 1-10, 18, 19, xciii. 1-10, xci. 12-17, xciv. Estas dislocaciones fueron obra del editor, que reunió los diferentes libros de Enoc, y añadió lxxx. y lxxxi.».[[22]] Este libro se ocupa de la cuestión de la recompensa final de los justos y el castigo final de los malvados. Pero aquí se presenta una nueva enseñanza de gran importancia. Hasta ahora se había enseñado que aunque mucha incongruencia y aparente injusticia se encontraban en esta tierra a causa del sufrimiento de los justos y la prosperidad de los malvados, sin embargo todas las cosas serían enderezadas en el mundo venidero, donde los malvados recibirían sus merecimientos, y los justos recibirían lo suyo. En este libro se enseña que la retribución alcanzará a los malvados, y los justos tendrán paz y prosperidad, aun en esta tierra, con el establecimiento del Reino Mesiánico; y que al final vendrá, con el juicio final, la destrucción del cielo y la tierra anteriores, y la creación de un nuevo
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cielo. Seguirá luego la resurrección de los espíritus de los justos muertos, que vivirán para siempre en paz y gozo, mientras que los malvados perecerán eternamente. El punto importante, que es un desarrollo, es la idea del castigo de los malvados teniendo lugar en esta tierra, la misma escena de sus triunfos injustos. vi. Los Fragmentos de Noé (vi.-xi. lvii. 7-lv. 2, lx. lxv.-lxix. 25, cvi., cvii.). Estos fragmentos no son de mucha importancia; los principales temas tratados son la caída de los ángeles y el pecado entre los hombres en consecuencia; el juicio sobre la humanidad, es decir, el Diluvio, y la preservación de Noé. Los primeros cinco capítulos se consideran generalmente tan tardíos como cualquier parte de toda la colección; tratan del castigo en el más allá de los malvados y la bienaventuranza de los justos. El capítulo cviii., que se lee como una palabra final a toda la colección, toca el mismo tema.
La Importancia del Libro para el Estudio de los Orígenes Cristianos Este es un tema que no puede apreciarse cabalmente sin estudiar el libro en detalle, especialmente desde su punto de vista doctrinal, y ver en cuántos aspectos representa la doctrina y las concepciones populares de los judíos durante los dos últimos siglos precristianos. Hacer esto aquí implicaría una investigación demasiado extensa; debe bastar indicar algunos de los muchos puntos que deberían estudiarse; de estos se verá cuán importante es el libro para el estudio de los orígenes cristianos. Charles dice que «la influencia de 1 Enoc en el Nuevo Testamento ha sido mayor que la de todos los demás libros apócrifos y seudepigráficos juntos»; y da una formidable lista de pasajes del Nuevo Testamento que «ya sea en fraseología o en idea dependen directamente de, o son ilustrativos de, pasajes de 1 Enoc», así como una lista adicional que muestra que varias doctrinas en 1 Enoc tuvieron «una participación indudable en la formación de las correspondientes doctrinas del Nuevo Testamento». Estos pasajes deberían estudiarse —y se encontrará que son un estudio de lo más interesante— en la obra de Charles ya referida varias veces, pp. xcv.-ciii.; y con estos debería leerse la sección sobre la Teología del Libro de Enoc, pp. ciii-cx. Otro libro de gran valor e interés —también ya citado— es Jewish and Christian Apocalypses de Burkitt. Al tratar el tema de 1 Enoc y los Evangelios, este escritor señala que el primero «contiene un intento serio de explicar la presencia del Mal en la historia humana, y este intento reclama nuestra atención, porque es en lo esencial el punto de vista presupuesto en los Evangelios, especialmente en los Evangelios Sinópticos. Es cuando se estudian Mateo, Marcos y Lucas contra el trasfondo de los Libros de Enoc que se los ve en su verdadera perspectiva. Al decir esto no tengo intención de restar importancia a lo que los Evangelios nos reportan. Al contrario, pone palabras familiares en su marco propio. En verdad, me parece que algunos de los Dichos más conocidos de Yeshua solo aparecen en su verdadera luz si se los considera como
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Midrash sobre palabras y conceptos que eran familiares para quienes oyeron al Profeta de Galilea, aunque ahora han sido olvidados tanto por judíos como por cristianos» (p. 21). Luego da una ilustración de esto de Mat. xii. 43-45, Lucas xi. 24-26. De interés aún mayor son sus observaciones sobre la relación entre 1 Enoc lxii. y Mat. xxv. 31-46; él cree que «las Similitudes de Enoc son presupuestas en la escena de Mateo». Debe leerse toda la discusión que sigue. Los puntos especiales de interés que deberían estudiarse al buscar darse cuenta de la importancia de estos libros de Enoc para el estudio de los orígenes cristianos son los problemas del mal, incluyendo, por supuesto, los temas de la demonología, y el juicio futuro; el Mesías y el Reino Mesiánico —el título «Hijo del Hombre» es de especial importancia— y la Resurrección. Hay, por supuesto, otros temas que se sugerirán al estudiar el libro.
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ABREVIATURAS, CORCHETES Y SÍMBOLOS USADOS ESPECIALMENTE EN LA TRADUCCIÓN DE 1 ENOC E denota la Versión Etiópica. G[s] denota los fragmentos de la Versión Griega conservados en Sincelo: en el caso de 8[b]-9[b] hay dos formas del texto, G[s1] G[s2]. G[g] denota el gran fragmento de la Versión Griega descubierto en Akhmîm, y depositado en el Museo de Gizeh, El Cairo. Los siguientes corchetes se usan en la traducción de 1 Enoc: ⌜ ⌝. El uso de estos corchetes significa que las palabras así encerradas se encuentran en G[g] pero no en E. 〚 〛. El uso de estos corchetes significa que las palabras así encerradas se encuentran en E pero no en G[g] o G[s]. ‹ ›. El uso de estos corchetes significa que las palabras así encerradas son restauradas. [ ]. El uso de estos corchetes significa que las palabras así encerradas son interpolaciones. ( ). El uso de estos corchetes significa que las palabras así encerradas son suplidas por el editor. El uso de tipo grueso denota que las palabras así impresas están enmendadas. † † = corrupción en el texto. Una serie de puntos, ... = algunas palabras que se han perdido.
Notas de la Fuente al Material Editorial de 1917 1. Jewish and Christian Apocalypses, pp. 15, 16 (1913). 2. G. H. Box, The Ezra Apocalypse, pp. 35, 36 (1912). 3. El punto de vista farisaico general respecto a esto puede recogerse de Mat. iii. 7-10. 4. Burkitt insiste con razón en que deberíamos hablar de la colección como los libros, no el libro, de Enoc. 5. Burkitt, op. cit., 28-30. 6. es decir, los «Piadosos», o «Santos». 7. Die Sadduzäer (1912).
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8. es decir, según él, i.-xxxvi., lxxii.-lxxxii., lxxxiii.-xc., xci. 12-17, xciii. 9. Véase Gén. v. 21-23. 10. Op. cit., p. 18. 11. Gén. v. 24. 12. es decir, «El Libro de las Luminarias Celestiales», como lo llama Charles. 13. es decir, «los justos»; un juego de palabras con Zaddûkim, los «hijos de Sadoc», es decir, los saduceos. 14. Leszynsky, op. cit., pp. 253 y ss. 15. Los caps. i.-xxxii. 6, y xix. 3-xxi. 9 en forma duplicada fueron descubiertos en Akhmîm en 1886-1887; vi.-x. 14, xv. 8-xvi. 1, y viii. 4-ix. 4 en forma duplicada, han sido conservados en Sincelo; lxxxix. 42-49 ocurre en un MS. griego del Vaticano. (N.º 1809); también hay unas pocas citas en escritos eclesiásticos griegos antiguos; y i. 9, v. 4, xxvii. 2 son citados en la Epístola de San Judas 14, 15. 16. Op. cit., p. 27. 17. Es una gran lástima que un sistema de numeración de capítulos recorra todo el volumen; si cada libro separado comenzara con el cap. i. sería mucho mejor. Por razones obvias esto no puede hacerse aquí; véase el Prefacio General de los Editores. 18. Véase también lxxxii. 4-6, 11. 19. Charles, The Book of Enoch, p. 147 (1912). 20. Op. cit., p. 150. 21. Para los puntos de diferencia entre los fariseos y los saduceos véase la obra del presente escritor The Books of the Apocrypha, their Origin, Teaching, and Contents, cap. vii. (1914). 22. Op. cit., p. 218.
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EL LIBRO DE ENOC
EL LIBRO DE ENOC I-XXXVI.
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